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jueves, 24 de mayo de 2018
Palabra de Dios
-Te adoramos señor... Te adoramos por contarnos la Verdad, así con mayúscula grandota. La Verdad de tu obra, que no es sino la más perfecta de las creaciones. Una y trina.... Trinaranjus... Espera, espera, que me he liado. Es que a ver, esto de la religión como que lógica no tiene mucha, ¿no?
-No, pero como es la Palabra de Dios, hay que creerla.
-¿Por qué?
-Porque sí. Lo dice Dios y Dios es Dios.
-Ah... No lo entiendo.
-Tú haz como que crees y ya.
El ser humano es algo maravilloso. Es capaz de inventarse un ente para dar una explicación poco convicente de por qué -a su vez- ha sido creado por ese mismo ente. No me digan que no es algo divino. Lo es y punto. Dogma de fe. Créanselo. No hay más...
Pero es lógico que ustedes tengan ciertas reservas, algunas preguntas, someras dudas que plantear cuando se trata de analizar fríamente, al espejo de los datos objetivos, todo el asunto (trivial) de la Creación y de todo lo que la religión trae tras de sí. Quizás si nos ponemos estupendos y trascendentes, acabemos montando una guerra santa, pero si lo tomamos con humor, puede ser mucho más fácil. Eso es lo que pensó David Jaberbaum al escribir Obra de Dios, un montaje exitoso en Broadway que ha traspasado fronteras y que en España lleva dos años de gira gracias a una fantástica adaptación de Tamzin Towsend, Chema Rodríguez-Calderón y Mariano Peña. Precisamente, los dos últimos junto con Bernabé Fernández forman parte del trío de actores que lleva el peso de la función, aunque para hablar de pesos pesados nos tenemos que referir al intérprete que hace las veces de Dios. Mariano Peña es el encargado de conducir con soltura un papel que le viene como anillo al dedo. Dotado de gracia infinita, de sobriedad interpretativa (un personaje que puede darse fácilmente al histrionismo, está muy bien atemperado) y le secundan con eficacia, presteza y salero divino, Rodríguez-Calderón y Fernández, ambos arcángeles; uno muy fiel y el otro, un tanto díscolo y preguntón.
El cuasi monólogo de Peña avanza por desmontar tópicos con humor y claridad de ideas. No se equivoquen. No es una comedia desmadrada. Es un texto con amplias cargas de profundidad, con mucho donde rascar porque aunque el cariz de comedia que pasea por toda la obra haga de este espectáculo algo muy agradecido de ver, sales con la sensación de que te han cogido por las solapas y te han dado un baño de realidad. ¿Es que el ser humano es estúpido? ¿Es que se ha creído su propia creación? ¿Hemos inventado un ser para que se haga cargo de nuestras culpas como hijoputas que somos? Obra de Dios es un renovado catecismo de moral y de comportamiento humanista. No busca sentar cátedra, no quiere imponer dogmas. Persigue la liberación mental, el huir de presidios mentales. Pelea para que por encima de todo, la palabra que tenga más fuerza sea la nuestra, la del esfuerzo personal. Y con eso, poca broma, que estamos hablando de algo muy serio.
Fuente: www.berenjenacompany.blogspot.com
martes, 26 de septiembre de 2017
Los rincones de Fernando
Fernando nunca fue chiclanero. Quiñones no era de aquí. Él amaba Cádiz...
Fernando Quiñones nació en Chiclana, cosa puntual y anecdótica. Circunstancia puramente casual como lo es el nacimiento de todos ustedes. Nos dicen que debemos participar de cierto sentimiento de pertenencia. Ser de tal o cual sitio. Luego aparecen fronteras, límites, himnos, banderas y las ínfulas patrióticas. Pero como dice el refrán, uno no es de donde nace, sino de donde pace. Y Fernando pacía en muchos sitios porque se dio cuenta que el ser gaditano, el ser chiclanero podía disfrutarse mucho más estando en la otra punta del mundo.
Afortunadamente hoy debe quedar pocos irreductibles que creen que Fernando Quiñones no pertenece a Chiclana. Es un lujo poder decir que uno proviene del mismo sitio que el escritor que más y mejor pregonó las bondades de ser de aquí, que dedicó un soneto intenso y sobrehumano a su lugar de origen, que predicó con maestría el buen nombre del cante jondo, que cantó las alabanzas de bodegas y caldos de la zona, que dio voz a los que habitualmente no la tienen.
Fernando es Chiclana y Cádiz, es Hortensia Romero, Conchi Galán y el Cantueso. Canta y bebe como Miguel Pantalón y busca a Glori como lo hace la Nardi. Se inclina ante la poesía de Ibn Jaqan mientras celebra el arte de un torero en una tarde de faena en la plaza de El Puerto. Quiñones es único y es de todos.
Con esa premisa salieron a la calle las bravas gentes de la asociación cultural Taetro, entidad con casi 30 años de existencia dedicada a la promoción de las artes escénicas en la provincia de Cádiz. Ellos nunca tienen un no por respuesta y al requerimiento de la Fundación que lleva el nombre del literato chiclanero, respondieron con grandes dosis de ganas, desparpajo y conocimiento de la vida y la obra quiñonesca.
Precisamente, con ese adjetivo nombraron a la ruta que prepararon hace unos días y cuyo objetivo no era otro que el de acercar los aconteceres vitales de Fernando. Unos personajes escogidos, impregnados de pura esencia callejera fueron los protagonistas de la I Ruta Quiñonesca, que fue preparada e interpretada por los integrantes de Taetro, dejando un buen sabor de boca entre el numeroso público presente.
Un trasunto de Fernando Quiñones convertido en periodista investigador de la propia labor del escritor, dos (una no, dos) Hortensia Romero -una mayor, otra más joven, en un juego que dio mucho que hablar-, Miguel Pantalón (protagonista de El testigo), la Nardi (otro personaje francamente quiñonesco), Ibn Jaqan y Juan Cantueso, protagonista de La canción del pirata, fueron los guías de tan histórica ruta por las calles del casco histórico de Chiclana hasta desembocar en el Museo Taurino Paquiro, lugar de excepción que acogió el baile de una puella gaditana, aquella que tanto celebrara Fernando como primeras exaltadoras del arte gaditano.
Una ruta bien trenzada y elaborada, preñada de humor, de personajes de gracia quiñonesca, malhablados en ciertos momentos, emotivos en otros, orgullosos de pertenecer al imaginario de una literatura, la de Fernando, que está ahí para ser degustada. Porque esta ruta ha tenido a bien conseguir algo: poner la primera piedra de un edificio mayor, que no es otro que el de descubrir para la mayoría la voz de un narrador, un contador de historias, un poeta nacido por y para el pueblo, sea este el que sea.
Foto: @zuhmalheur
martes, 22 de agosto de 2017
La mujer de verde (crónica sentimental del No Sin Música)
Para acompañar la lectura, la galería gráfica de Berenjena Company:

Apostada en primera fila del concierto, se balanceaba cadenciosamente mientras movía al compás la cabeza azuzada por el rock transgresor y fronterizo de Furia Trinidad. De vez en cuando regalaba una mirada hacia su esposo que estaba escorado en una esquina, manos atrás, mirando con una sonrisa de felicidad cómo su mujer, la mujer vestida de verde a la que había querido todos esos años, se divertía con una música que no le pertenecía. Él, que no se veía con ganas (o con fuerzas) de participar en la alquimia sonora de los portuenses, sonreía satisfecho porque su chica se mostraba feliz en la noche gaditana.
El rock and roll tiene estas cosas. Es la comunión perfecta entre cuerpo y alma. La curación de todos los males, la transmisión del buen rollo y de la felicidad. Unas cuantas notas, un buen punteo, un riff certero y el postrero aullido del cantante (en este caso, los de Goli Supersummer, frontman de Furia Trinidad), son los ingredientes concretos con los que fundar nuestra alquimia, con los que conseguir el efecto deseado. Todo se suma y a los pocos minutos estamos hipnotizados, bailando como la mujer de verde, en pleno trance, en mayestático gozo.
Buscábamos en la quinta edición del No Sin Música, el festival de Cádiz, aquel que ha sabido crecer de forma progresiva y cauta, una confirmación: la de la sabia elección de artistas en los tres días de celebración mística del rock. En los cuatro pases anteriores, ha sido una tónica definitoria del evento que comenzó en el colegio de San Felipe Neri para desembocar en el Muelle y parecía que el primer lustro de su historia no se iba a clausurar con una disminución del nivel. La organización apostó sobre seguro: viejos conocidos como Rosendo y Amaral, promesas efervescentes en el escenario del Tricentenario (donde se vivieron momentos fantásticos) y realidades consolidadas en el panorama rockero nacional como Iván Ferreiro o Lori Meyers.
Y por fin, hemos encontrado la razón de ser de este festival entre tanto marasmo de iniciativas similares en los que solo cambia el nombre, puesto que poco más pueden ofrecer: la amalgama de estilos. Rock en distintas vertientes: desde el más popero al más tradicional y arraigado a las raíces, pasando por propuestas sonoras que derivaron en más de un éxtasis del personal asistente, que por cierto, fue mucho, señal de la buena salud del No Sin Música y de que las cosas se están haciendo bien.
LEONES RAMPANTES
Con diez segundos sabíamos que iban a ser una de las sensaciones del fin de semana. León Benavente arrasan en directo, elevando el listón del sonido que emiten empaquetado en sus discos. Son otros, suenan como otros, como zeppelines de plomo arrolladores auspiciados por el carisma de Abraham Boba, su cantante. El de ellos es un show eléctrico asentado en una marca sonora espectacular que queda indeleble en un público que se entrega desde el minuto uno. Letras ácidas, repletas de poesía urbana y que buscan huir de simbolismos, un arquetipo tan indie que hace que León Benavente deje de estar catalogado inmediatamente como tal.
Sensaciones eléctricas también nos depararon dos bandas del escenario Tricentenario. Ambas con estilos definidos, clásicos pero que fueron los primeros en avisar que en ese emplazamiento se iban a vivir emociones fuertes. Rock garajero, bonito de escuchar, de atinada viveza el de Sex Museum y sonidos acrisolados, pegados a la tierra, entre el tango, el rock y el folk de El Twanguero, un músico tan excelso como (desgraciadamente) desconocido. Y es que uno solo de sus fingerpicking equivale a carreras enteras de algunas estrellas firmadas por multinacionales. Ambos conciertos pecaron de lo mismo: fueron cortos para nuestro antojo.
Con Iván Ferreiro se apuesta a ganador. El gallego es un auténtico profesional de la escena y en esta gira de presentación de Casa, su último trabajo, cuenta con una banda maravillosa y solvente. Iván es detallista, perfeccionista y ama que el directo transfiera el espíritu de sus álbumes de estudio. Es un espectáculo que toca la fibra sensible del espectador, que busca la conexión física y química con el oyente y que rebusca en el alma de cada uno de los que asistimos a sus conciertos. En definitiva, Iván es un romántico empedernido, aunque no lo aparente y nosotros quedamos prendados de su sutileza, de su ética y de su épica desde el primer momento en que pisa el escenario hasta el lastimoso momento en que lanza ese triste verso... "y digámonos adiós...".
Un hola gigantesco le dimos a quien es historia del No Sin Música por derecho propio. Eva y Juan. Amaral. Potentes, descarnados, estrellas aunque haya pasado el furor y la presencia en medios de hace diez años. Una carrera más reposada, un acertado acercamiento intimista en Nocturnal, aunque en directo son la banda resolutiva que hace honor a su cartel de favoritos del público. Su show fue dinámico, centelleante, sin dejar atisbo al descanso y la presencia de Eva es lo más similar a un huracán que puede haber sobre un escenario. Otra gran profesional que busca la conexión permanente con la audiencia. Amaral lo logra. Es contar con un seguro de vida en cualquier evento. Por eso vuelven, ahora más veteranos, más experimentados, igual de impactantes que el primer día.
La primera noche deparó destellos de impresión en bandas como Sidonie, bien pertrechados en un show bien calculado y perfectamente ejecutado o en la eficacia de El Kanka.
DÉJAME QUE BAILE PARA TI
El día del rock. Un surtido de artistas empeñados en demostrar la vigencia de un estilo, de un modo de vida. Promesas en ciernes como Rocknrolla o Guillermo Alvah y Los Predicadores. Lobos con muchos tiros dados como Los Zigarros o Quique González e instituciones como Rosendo. Para acompañarles, gente como Pájaro, Mario Díaz o MClan. Se coló en la fiesta rockera El Langui, que aunó el flow de Pan Bendito con sonidos más comerciales y que gustó al personal.
Contratar a Quique González (en esta ocasión con la espalda cubierta por Los Detectives) es sinónimo de tranquilidad. De contar con un músico de excepción que hace soñar incluso al neófito en su ya larga carrera. Lo mismo podríamos decir de MClan, que firmaron un buen show... a secas. Gran ritmo de inicio pero que fue perdiendo fuelle en una parte central del concierto demasiado tranquila para lo que se presupone a una banda de corte rockero. Eso sí, el final fue hacia arriba con el colofón (y el acompañamiento de Los Zigarros) de ese himno que es Concierto salvaje. El dinamismo, el ritmo... ese pecado que ni en teatro ni en la música se puede uno permitir el lujo de cometer.
Pero para ritmo y tablas los de Rosendo. El de Carabanchel es patrimonio nacional. Demostró que él solo necesita su guitarra para montar un jolgorio de categoría. Sigue sacando discos, humildes, honestos y cañeros y en directo se muestra tal y como es. Sonidos sencillos, distorsión a tope, volumen al máximo y la voz convertida en aullido en aquellos himnos que calan entre la gente. Flojos de pantalón, Masculino singular, No dudaría, Agradecido y el colofón espléndido del recuerdo a Leño con Maneras de vivir. Fueron los 80 de nuevo, los 80 más golfos, más comprometidos con la sociedad y con la música. Algo con lo que Taburete (!), el grupito del niño de Bárcenas, jamás podrá soñar. Porque Rosendo solo hay uno y es patrimonio de todos.
EL RUIDO Y LA FURIA
Sonaban espléndidos los sevillanos Full cuando llegábamos al recinto portuario prestos a vivir una noche intensa... Pero no sabíamos que íbamos a vivir una de las grandes jornadas del No Sin Música en sus cinco años de vida. Nos pusieron sobre aviso Ángel y Aurora, integrantes de Random Thinking, una de las grandes revelaciones musicales de los últimos años. Se nos hizo corto, muy corto el concierto de un dúo que mezcla con tesón y sabiduría folk, blues, pop y rock con unas letras bien trabajadas. La sencillez encumbrada a niveles sonoros de gran calado. Lo dicho, tan corto se nos hizo que ya tenemos ganas de verlos de nuevo.
Buscamos más sensaciones fuertes cuando la tarde iba cayendo. Y Depedro dio con la clave. De menos a más fue su trabajo sobre el escenario principal. Un concierto convertido en ritual del rock, efectivo, sin alharacas ni poses, pero con un gusto esencial por el buen trato en directo al material de partida del músico madrileño. Envolviendo con cariño su vieja guitarra acústica, Jairo Zavala (alter ego de Depedro) da una clase soberana de qué debe ser la música: trabajo, dedicación, paciencia y saber colocar el producto. Vestigios americanos en la música, letras cercanas, un cóctel del que es imposible no enamorarse. Nubes de papel, Como el viento... Temas donde demuestra la sapiencia que ha ido atesorando en sus múltiples viajes sonoros, algunos de ellos acompañando a Calexico...
¡Ah, Calexico! Establecemos nexo de unión entre Depedro y Furia Trinidad a través de la banda liderada por Joey Burns y John Convertino. Porque ambos han trabajado con los de Arizona y porque también son deudores de un sonido fronterizo, americano, desértico y rabioso. Precisamente, el ratito que compartimos con Furia Trinidad es lo mejor que vimos en el No Sin Música 2017. Qué corto se nos hizo, qué maravilloso el esfuerzo de la banda portuense sobre un escenario al que poco a poco se fueron acercando acólitos del rock, fieles de la distorsión, creyentes en la palabra propagada por She and the sunshine, segundo largo de Furia Trinidad. Ya decíamos en nuestra previa que teníamos muchas ganas de presenciar la comunión entre artista y público y no nos equivocamos. Una experiencia bestial, trepidante y contagiosa. La música de Furia Trinidad, tomando retazos de grunge, de rock garajero, de post rock, huele a triunfo, a majestad. Tuvimos irremediablemente que ponernos de rodillas y saludar a nuestros nuevos apóstoles de la buena nueva del rock.
Por mantenernos en tensión también hicieron lo suyo los gaditanos Detergente Líquido (qué bien sonaron, oiga) y The Grooves, madrileñas que aunaron clase con potencia para depararnos un producto muy controlado, muy medido y del que aún estamos relamiéndonos. Otra banda a seguir con atención.
Y para el final dejamos a los tres cabezas de cartel de la última jornada...
Miss Cafeina envuelven un producto bonito, bien estructurado y bien trabajado aunque adolecen de riesgo. Gustan, son resolutivos en escena y enganchan con el público pero hay demasiados peces similares en el estanque.
Coque Malla es otro currante de la escena. Su show mantuvo un perfil muy estable durante la hora y algo de duración. Rock y pop bien engarzado, que se deja escuchar bien y que estimuló lo suficiente al personal tanto como para saber que no podemos vivir sin Lori Meyers. Los de Loja pusieron la pica en el Puerto de Cádiz y salvo un momentín en que quizás se pasaron de solemnidad, convirtieron Cádiz en una fiesta. Primero con una puesta de escena apabullante, tanto como lo es En la espiral, su último trabajo. Se nota la evolución, se nota el gusto por sonidos más progresivos, por letras enjundiosas. El resultado en vivo es espectacular en su traslación visual y sonora. Puro goce para los sentidos. La segunda parte del concierto se transformó en una gran fiesta a lomos de los himnos de los granadinos. Emborracharme, Mi realidad o Alta fidelidad sonaron épicos, tremendos y catárquicos bajo el manto estrellado de Cádiz.
Una noche, la del fin de fiesta del No Sin Música, que vio bailar a la mujer de verde. Empezó con Depedro, terminó con Lori Meyers y supo disfrutar de la música con la locura de Furia Trinidad. Al final, ella y él se echaron un bailecito. No recuerdo qué canción sonaba. Solo veía la felicidad en sus rostros. A veces sueño en ser como ellos.
Fotos: @zuhmalheur

Apostada en primera fila del concierto, se balanceaba cadenciosamente mientras movía al compás la cabeza azuzada por el rock transgresor y fronterizo de Furia Trinidad. De vez en cuando regalaba una mirada hacia su esposo que estaba escorado en una esquina, manos atrás, mirando con una sonrisa de felicidad cómo su mujer, la mujer vestida de verde a la que había querido todos esos años, se divertía con una música que no le pertenecía. Él, que no se veía con ganas (o con fuerzas) de participar en la alquimia sonora de los portuenses, sonreía satisfecho porque su chica se mostraba feliz en la noche gaditana.
El rock and roll tiene estas cosas. Es la comunión perfecta entre cuerpo y alma. La curación de todos los males, la transmisión del buen rollo y de la felicidad. Unas cuantas notas, un buen punteo, un riff certero y el postrero aullido del cantante (en este caso, los de Goli Supersummer, frontman de Furia Trinidad), son los ingredientes concretos con los que fundar nuestra alquimia, con los que conseguir el efecto deseado. Todo se suma y a los pocos minutos estamos hipnotizados, bailando como la mujer de verde, en pleno trance, en mayestático gozo.
Buscábamos en la quinta edición del No Sin Música, el festival de Cádiz, aquel que ha sabido crecer de forma progresiva y cauta, una confirmación: la de la sabia elección de artistas en los tres días de celebración mística del rock. En los cuatro pases anteriores, ha sido una tónica definitoria del evento que comenzó en el colegio de San Felipe Neri para desembocar en el Muelle y parecía que el primer lustro de su historia no se iba a clausurar con una disminución del nivel. La organización apostó sobre seguro: viejos conocidos como Rosendo y Amaral, promesas efervescentes en el escenario del Tricentenario (donde se vivieron momentos fantásticos) y realidades consolidadas en el panorama rockero nacional como Iván Ferreiro o Lori Meyers.
Y por fin, hemos encontrado la razón de ser de este festival entre tanto marasmo de iniciativas similares en los que solo cambia el nombre, puesto que poco más pueden ofrecer: la amalgama de estilos. Rock en distintas vertientes: desde el más popero al más tradicional y arraigado a las raíces, pasando por propuestas sonoras que derivaron en más de un éxtasis del personal asistente, que por cierto, fue mucho, señal de la buena salud del No Sin Música y de que las cosas se están haciendo bien.
LEONES RAMPANTES
Con diez segundos sabíamos que iban a ser una de las sensaciones del fin de semana. León Benavente arrasan en directo, elevando el listón del sonido que emiten empaquetado en sus discos. Son otros, suenan como otros, como zeppelines de plomo arrolladores auspiciados por el carisma de Abraham Boba, su cantante. El de ellos es un show eléctrico asentado en una marca sonora espectacular que queda indeleble en un público que se entrega desde el minuto uno. Letras ácidas, repletas de poesía urbana y que buscan huir de simbolismos, un arquetipo tan indie que hace que León Benavente deje de estar catalogado inmediatamente como tal.
Sensaciones eléctricas también nos depararon dos bandas del escenario Tricentenario. Ambas con estilos definidos, clásicos pero que fueron los primeros en avisar que en ese emplazamiento se iban a vivir emociones fuertes. Rock garajero, bonito de escuchar, de atinada viveza el de Sex Museum y sonidos acrisolados, pegados a la tierra, entre el tango, el rock y el folk de El Twanguero, un músico tan excelso como (desgraciadamente) desconocido. Y es que uno solo de sus fingerpicking equivale a carreras enteras de algunas estrellas firmadas por multinacionales. Ambos conciertos pecaron de lo mismo: fueron cortos para nuestro antojo.
Con Iván Ferreiro se apuesta a ganador. El gallego es un auténtico profesional de la escena y en esta gira de presentación de Casa, su último trabajo, cuenta con una banda maravillosa y solvente. Iván es detallista, perfeccionista y ama que el directo transfiera el espíritu de sus álbumes de estudio. Es un espectáculo que toca la fibra sensible del espectador, que busca la conexión física y química con el oyente y que rebusca en el alma de cada uno de los que asistimos a sus conciertos. En definitiva, Iván es un romántico empedernido, aunque no lo aparente y nosotros quedamos prendados de su sutileza, de su ética y de su épica desde el primer momento en que pisa el escenario hasta el lastimoso momento en que lanza ese triste verso... "y digámonos adiós...".
Un hola gigantesco le dimos a quien es historia del No Sin Música por derecho propio. Eva y Juan. Amaral. Potentes, descarnados, estrellas aunque haya pasado el furor y la presencia en medios de hace diez años. Una carrera más reposada, un acertado acercamiento intimista en Nocturnal, aunque en directo son la banda resolutiva que hace honor a su cartel de favoritos del público. Su show fue dinámico, centelleante, sin dejar atisbo al descanso y la presencia de Eva es lo más similar a un huracán que puede haber sobre un escenario. Otra gran profesional que busca la conexión permanente con la audiencia. Amaral lo logra. Es contar con un seguro de vida en cualquier evento. Por eso vuelven, ahora más veteranos, más experimentados, igual de impactantes que el primer día.
La primera noche deparó destellos de impresión en bandas como Sidonie, bien pertrechados en un show bien calculado y perfectamente ejecutado o en la eficacia de El Kanka.
DÉJAME QUE BAILE PARA TI
El día del rock. Un surtido de artistas empeñados en demostrar la vigencia de un estilo, de un modo de vida. Promesas en ciernes como Rocknrolla o Guillermo Alvah y Los Predicadores. Lobos con muchos tiros dados como Los Zigarros o Quique González e instituciones como Rosendo. Para acompañarles, gente como Pájaro, Mario Díaz o MClan. Se coló en la fiesta rockera El Langui, que aunó el flow de Pan Bendito con sonidos más comerciales y que gustó al personal.
Contratar a Quique González (en esta ocasión con la espalda cubierta por Los Detectives) es sinónimo de tranquilidad. De contar con un músico de excepción que hace soñar incluso al neófito en su ya larga carrera. Lo mismo podríamos decir de MClan, que firmaron un buen show... a secas. Gran ritmo de inicio pero que fue perdiendo fuelle en una parte central del concierto demasiado tranquila para lo que se presupone a una banda de corte rockero. Eso sí, el final fue hacia arriba con el colofón (y el acompañamiento de Los Zigarros) de ese himno que es Concierto salvaje. El dinamismo, el ritmo... ese pecado que ni en teatro ni en la música se puede uno permitir el lujo de cometer.
Pero para ritmo y tablas los de Rosendo. El de Carabanchel es patrimonio nacional. Demostró que él solo necesita su guitarra para montar un jolgorio de categoría. Sigue sacando discos, humildes, honestos y cañeros y en directo se muestra tal y como es. Sonidos sencillos, distorsión a tope, volumen al máximo y la voz convertida en aullido en aquellos himnos que calan entre la gente. Flojos de pantalón, Masculino singular, No dudaría, Agradecido y el colofón espléndido del recuerdo a Leño con Maneras de vivir. Fueron los 80 de nuevo, los 80 más golfos, más comprometidos con la sociedad y con la música. Algo con lo que Taburete (!), el grupito del niño de Bárcenas, jamás podrá soñar. Porque Rosendo solo hay uno y es patrimonio de todos.
EL RUIDO Y LA FURIA
Sonaban espléndidos los sevillanos Full cuando llegábamos al recinto portuario prestos a vivir una noche intensa... Pero no sabíamos que íbamos a vivir una de las grandes jornadas del No Sin Música en sus cinco años de vida. Nos pusieron sobre aviso Ángel y Aurora, integrantes de Random Thinking, una de las grandes revelaciones musicales de los últimos años. Se nos hizo corto, muy corto el concierto de un dúo que mezcla con tesón y sabiduría folk, blues, pop y rock con unas letras bien trabajadas. La sencillez encumbrada a niveles sonoros de gran calado. Lo dicho, tan corto se nos hizo que ya tenemos ganas de verlos de nuevo.
Buscamos más sensaciones fuertes cuando la tarde iba cayendo. Y Depedro dio con la clave. De menos a más fue su trabajo sobre el escenario principal. Un concierto convertido en ritual del rock, efectivo, sin alharacas ni poses, pero con un gusto esencial por el buen trato en directo al material de partida del músico madrileño. Envolviendo con cariño su vieja guitarra acústica, Jairo Zavala (alter ego de Depedro) da una clase soberana de qué debe ser la música: trabajo, dedicación, paciencia y saber colocar el producto. Vestigios americanos en la música, letras cercanas, un cóctel del que es imposible no enamorarse. Nubes de papel, Como el viento... Temas donde demuestra la sapiencia que ha ido atesorando en sus múltiples viajes sonoros, algunos de ellos acompañando a Calexico...
¡Ah, Calexico! Establecemos nexo de unión entre Depedro y Furia Trinidad a través de la banda liderada por Joey Burns y John Convertino. Porque ambos han trabajado con los de Arizona y porque también son deudores de un sonido fronterizo, americano, desértico y rabioso. Precisamente, el ratito que compartimos con Furia Trinidad es lo mejor que vimos en el No Sin Música 2017. Qué corto se nos hizo, qué maravilloso el esfuerzo de la banda portuense sobre un escenario al que poco a poco se fueron acercando acólitos del rock, fieles de la distorsión, creyentes en la palabra propagada por She and the sunshine, segundo largo de Furia Trinidad. Ya decíamos en nuestra previa que teníamos muchas ganas de presenciar la comunión entre artista y público y no nos equivocamos. Una experiencia bestial, trepidante y contagiosa. La música de Furia Trinidad, tomando retazos de grunge, de rock garajero, de post rock, huele a triunfo, a majestad. Tuvimos irremediablemente que ponernos de rodillas y saludar a nuestros nuevos apóstoles de la buena nueva del rock.
Por mantenernos en tensión también hicieron lo suyo los gaditanos Detergente Líquido (qué bien sonaron, oiga) y The Grooves, madrileñas que aunaron clase con potencia para depararnos un producto muy controlado, muy medido y del que aún estamos relamiéndonos. Otra banda a seguir con atención.
Y para el final dejamos a los tres cabezas de cartel de la última jornada...
Miss Cafeina envuelven un producto bonito, bien estructurado y bien trabajado aunque adolecen de riesgo. Gustan, son resolutivos en escena y enganchan con el público pero hay demasiados peces similares en el estanque.
Coque Malla es otro currante de la escena. Su show mantuvo un perfil muy estable durante la hora y algo de duración. Rock y pop bien engarzado, que se deja escuchar bien y que estimuló lo suficiente al personal tanto como para saber que no podemos vivir sin Lori Meyers. Los de Loja pusieron la pica en el Puerto de Cádiz y salvo un momentín en que quizás se pasaron de solemnidad, convirtieron Cádiz en una fiesta. Primero con una puesta de escena apabullante, tanto como lo es En la espiral, su último trabajo. Se nota la evolución, se nota el gusto por sonidos más progresivos, por letras enjundiosas. El resultado en vivo es espectacular en su traslación visual y sonora. Puro goce para los sentidos. La segunda parte del concierto se transformó en una gran fiesta a lomos de los himnos de los granadinos. Emborracharme, Mi realidad o Alta fidelidad sonaron épicos, tremendos y catárquicos bajo el manto estrellado de Cádiz.
Una noche, la del fin de fiesta del No Sin Música, que vio bailar a la mujer de verde. Empezó con Depedro, terminó con Lori Meyers y supo disfrutar de la música con la locura de Furia Trinidad. Al final, ella y él se echaron un bailecito. No recuerdo qué canción sonaba. Solo veía la felicidad en sus rostros. A veces sueño en ser como ellos.
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| La mujer de verde |
jueves, 20 de julio de 2017
Aquí llega el sol del No Sin Música
Here comes the sun...
Tenemos debilidad por el más joven de todos, por aquel chico enclenque que entró en los Beatles cuando apenas le asomaba una pelusilla en el rostro. Agazapado ante los talentos creadores de Lennon y McCartney, despuntó poco en los principios, pero cuando empezó a hacerlo, su figura se agigantó. Y entonces, George Harrison compuso Here comes the sun. Aquí llega el sol. En un verso de este clásico, el beatle más tímido dice que "parece que hace años que estás aquí". Desde ya, es lo que sentimos con el No Sin Música Tan joven, tan nuestro. Y su crecimiento ha sido muy similar al de Harrison. Humilde en sus principios, casi sin hacer ruido. Asentándose hasta alcanzar la madurez. Y ya llevamos cinco años...
Menos mal que tenemos al No Sin Música porque es la prueba fehaciente de lo que tiene que ser un festival. Ante el pantagruélico desfile de artistas por dos, tres y hasta cuatro escenarios en otros festivales que creen que más es mejor, el festival del Puerto de Cádiz busca la mesura como medio de alcanzar la virtud. Pocos artistas, sin atosigar al público asistente, pero con un nivel de calidad muy equilibrado. Ese es el modelo a seguir porque de lo contrario, los festivales "mastodónticos" morirán de éxito. Y si no al tiempo.
Pero los inquietos chicos que organizan el No Sin Música saben qué ofrecer al personal. El line up que nos ha preparado el festival gaditano este año está preñado de grandes figuras, de nombres emergentes, de realidades consolidadas, todo con un denominador común: que los tres días de festival sean una celebración de la música por encima de todo. Ya lo decíamos en la previa del primer festival al que este medio asistió. Aquí, rezuma orgullo por la música.
Y vamos a meternos en harina. Tres días y tres cabezas de cartel: pop-rock que se balancea entre la furia y los medios tiempos; rock puro y castizo y sonidos indies. Amaral, Rosendo y Lori Meyers. No puede ser más acertada la elección ya que hay para todos los gustos. Además, tendremos delante nuestra a tres auténticas máquinas del directo, de esas que masacran (para bien) al espectador.
Y para acompañar a los primeros espadas, lujo tras lujo. Iván Ferreiro y Sidonie, magos del directo con nuevo material bajo el brazo, MClan, El Langui y Quique González (con Los Detectives), que adobarán otras salsas sonoras y que siempre son fiables y confiables en concierto, Coque Malla y Miss Caffeína, clásicos festivaleros y que arriban al Puerto de Cádiz con ganas de dejar su indeleble huella en este festival. Pero el público no dejará de disfrutar con las propuestas que completan el festival donde hay desde realidades contundentes como las de León Benavente y El Kanka (que vuelve después de su visita hace un par de ediciones) a Marío Díaz, Los Zigarros, Pájaro, The Electric Alley, Full, Depedro, Varry Brava o los portuenses de Furia Trinidad (qué ganas de escucharlos con She and the sunshine). En el cartel, podéis ver que la oferta no decae con gente como Sex Museum, Twanguero, Santísima, Man or Ants, Enseco, Guillermo Alvah y Los Predicadores, Detergente Líquido, The Grooves, Champagne o Random Thinking. Experiencias sonoras para todos y para todos los gustos.
La presencia de Furia Trinidad revela (por ejemplo) otro de los detalles por los que al No Sin Música se le tiene como uno de los mejores festivales del país: su gusto por cuidar, mimar y dar chance a los que juegan en el equipo local. Desde la experiencia del Off No Sin Música, donde plazas de la ciudad de Cádiz se llenan de conciertos de bandas de la zona, hasta la oportunidad que se le da a gente de aquí como Rock'n rolla, que tendrá ocasión de demostrarnos ese sonido tan contundente y americano. Ese cuidado del artista es definitorio de por qué este festival siente orgullo por la música.
Zarpa el No Sin Música y lo hace con un sol resplandeciente, como el que canta Furia Trinidad, como el que musitaba el gran George Harrison. Con inusitada expectación estaremos esperando la llegada del festival (del 20 al 22 de julio) que nos hace brillar en mitad del verano gaditano.
Para más info: https://www.nosinmusicafestival.es/
Tenemos debilidad por el más joven de todos, por aquel chico enclenque que entró en los Beatles cuando apenas le asomaba una pelusilla en el rostro. Agazapado ante los talentos creadores de Lennon y McCartney, despuntó poco en los principios, pero cuando empezó a hacerlo, su figura se agigantó. Y entonces, George Harrison compuso Here comes the sun. Aquí llega el sol. En un verso de este clásico, el beatle más tímido dice que "parece que hace años que estás aquí". Desde ya, es lo que sentimos con el No Sin Música Tan joven, tan nuestro. Y su crecimiento ha sido muy similar al de Harrison. Humilde en sus principios, casi sin hacer ruido. Asentándose hasta alcanzar la madurez. Y ya llevamos cinco años...
Menos mal que tenemos al No Sin Música porque es la prueba fehaciente de lo que tiene que ser un festival. Ante el pantagruélico desfile de artistas por dos, tres y hasta cuatro escenarios en otros festivales que creen que más es mejor, el festival del Puerto de Cádiz busca la mesura como medio de alcanzar la virtud. Pocos artistas, sin atosigar al público asistente, pero con un nivel de calidad muy equilibrado. Ese es el modelo a seguir porque de lo contrario, los festivales "mastodónticos" morirán de éxito. Y si no al tiempo.
Pero los inquietos chicos que organizan el No Sin Música saben qué ofrecer al personal. El line up que nos ha preparado el festival gaditano este año está preñado de grandes figuras, de nombres emergentes, de realidades consolidadas, todo con un denominador común: que los tres días de festival sean una celebración de la música por encima de todo. Ya lo decíamos en la previa del primer festival al que este medio asistió. Aquí, rezuma orgullo por la música.
Y vamos a meternos en harina. Tres días y tres cabezas de cartel: pop-rock que se balancea entre la furia y los medios tiempos; rock puro y castizo y sonidos indies. Amaral, Rosendo y Lori Meyers. No puede ser más acertada la elección ya que hay para todos los gustos. Además, tendremos delante nuestra a tres auténticas máquinas del directo, de esas que masacran (para bien) al espectador.
Y para acompañar a los primeros espadas, lujo tras lujo. Iván Ferreiro y Sidonie, magos del directo con nuevo material bajo el brazo, MClan, El Langui y Quique González (con Los Detectives), que adobarán otras salsas sonoras y que siempre son fiables y confiables en concierto, Coque Malla y Miss Caffeína, clásicos festivaleros y que arriban al Puerto de Cádiz con ganas de dejar su indeleble huella en este festival. Pero el público no dejará de disfrutar con las propuestas que completan el festival donde hay desde realidades contundentes como las de León Benavente y El Kanka (que vuelve después de su visita hace un par de ediciones) a Marío Díaz, Los Zigarros, Pájaro, The Electric Alley, Full, Depedro, Varry Brava o los portuenses de Furia Trinidad (qué ganas de escucharlos con She and the sunshine). En el cartel, podéis ver que la oferta no decae con gente como Sex Museum, Twanguero, Santísima, Man or Ants, Enseco, Guillermo Alvah y Los Predicadores, Detergente Líquido, The Grooves, Champagne o Random Thinking. Experiencias sonoras para todos y para todos los gustos.La presencia de Furia Trinidad revela (por ejemplo) otro de los detalles por los que al No Sin Música se le tiene como uno de los mejores festivales del país: su gusto por cuidar, mimar y dar chance a los que juegan en el equipo local. Desde la experiencia del Off No Sin Música, donde plazas de la ciudad de Cádiz se llenan de conciertos de bandas de la zona, hasta la oportunidad que se le da a gente de aquí como Rock'n rolla, que tendrá ocasión de demostrarnos ese sonido tan contundente y americano. Ese cuidado del artista es definitorio de por qué este festival siente orgullo por la música.
Zarpa el No Sin Música y lo hace con un sol resplandeciente, como el que canta Furia Trinidad, como el que musitaba el gran George Harrison. Con inusitada expectación estaremos esperando la llegada del festival (del 20 al 22 de julio) que nos hace brillar en mitad del verano gaditano.
Para más info: https://www.nosinmusicafestival.es/
jueves, 5 de enero de 2017
No es lupus. Es Ron Lalá
La culpa ha sido de ellos. No he podido ponerme a escribir antes por Papa Noel, Scrooge, la carne mechá y el puchero de mi hermana. Tampoco por el maldito constipado que no me ha dejado, pero tranquilos, no me había olvidado que hace un par de semanas me pasé por el Teatro Falla (que siempre es un placer ir y esta vez más, gracias a Teatros de Cádiz) a ver a los amigos de Ron Lalá. Ya son unas cuantas veces que apuesto por ellos y siempre resultamos ganadores. Ellos y yo.
Parece que la han tomado con el pobre de Cervantes. Ya hace un par de años, los vimos con En un lugar del Quijote (aquí la crónica del momento), un repaso bestial a la obra más conocida del Manco de Lepanto. Pero esta vez cogieron al personaje y lo revistieron de sus otras obras. Aquellas que son tanto como el relato del valeroso hidalgo pero que no le han procurado tanta fama y estima al complutense universal. Y el recorrido no pudo ser más didáctico a la par que divertido (marca de la casa) con un sentido musical apabullante (también marca de la casa). Y es que las cosas con música entran mejor... Uh, perdón, no se me entienda mal.
Cervantina por cierto es el nombre del espectáculo que Ron Lalá presentaba en co producción con la Compañía Nacional de Teatro Clásico y con la dirección de Yayo Cáceres. Una "dolencia" de la que nos aconsejaron... infectarnos. El objetivo de este montaje ronlalero fue ese. Enfermar de Cervantina, caer rendidos a sus efectos, sufrir altas fiebres que nos hagan delirar y acercarnos a la obra menos conocida de don Miguel... abrir sus libros, olerlos, sentirlos, disfrutarlos y tomar conciencia de cuan grande es la sombra de Cervantes. Quedarnos en cama con la manta hasta la cabeza con sus Novelas ejemplares o con sus Entremeses por poner dos ejemplos que Ron Lalá nos pusieron en bandeja en la noche gaditana.
Y la cosa es que estos chicos lo hacen soberanamente bien. Y sí, se me nota que soy muy ronlalero, pero es que al neófito le ocurrirá tres cuartos de lo mismo. Sin entrar a valorar el texto (bueno), el montaje (excelente), la iluminación (narrativa), el humor y la música (que ya se esperan), hay tres cosas que destaco de Cervantina y por extensión de los montajes de la compañía. A saber:
-El dinamismo: como aficionado a montar obras de teatro es uno de los rasgos que más valoro. Lo de Ron Lalá es puro milagro. Saben construir un edificio con muchos retazos, incluirle música y el texto y durante hora y media no dejarte respiro. Las risas se superponen y hay ocasiones en que incluso notas que los actores tienen que echar pie al freno para darle un segundito al espectador para que digiera tanto como se ofrece. Un dinamismo efervescente y excelentemente trabajado.
-La versatilidad: Actores cantantes y clowns. Yo por Reyes me pido ser como los intérpretes de Ron Lalá, porque saben dar facilidad a su trabajo. Naturalmente que les habrá costado años de preparación pero sobre el escenario todo fluye de la mejor manera, tanto que hace muy cercanos a los personajes aunque el espectador no se haya leído ninguna de las obras que se citan (que no nos las hemos leído).
-Respeto escrupuloso por los textos. El acercamiento a Cervantes y su obra es tan libre, tan despreocupado por las convenciones y los academicismos, que casi no se percibe el exhaustivo tratamiento literario que se le da en el texto a los escritos del autor. Sale uno de la función con algo claro. Hay que trabajar mucho la documentación para poder poner en marcha un espectáculo de estas características. Y uno, aficionado a la cosa teatral, se siente pequeño, muy pequeño ante estas magnitudes.
Al final todos quedamos infectados. Ningún doctor nos puede curar. El diagnóstico está claro y no es lupus (porque como bien decía el doctor Gregory House, nunca lo es). Es Cervantina. Algo peligroso... para los mentecatos, para los parcos de ideas, para los pazguatos, para los resignados... Para todos lo demás, Ron Lalá.
Parece que la han tomado con el pobre de Cervantes. Ya hace un par de años, los vimos con En un lugar del Quijote (aquí la crónica del momento), un repaso bestial a la obra más conocida del Manco de Lepanto. Pero esta vez cogieron al personaje y lo revistieron de sus otras obras. Aquellas que son tanto como el relato del valeroso hidalgo pero que no le han procurado tanta fama y estima al complutense universal. Y el recorrido no pudo ser más didáctico a la par que divertido (marca de la casa) con un sentido musical apabullante (también marca de la casa). Y es que las cosas con música entran mejor... Uh, perdón, no se me entienda mal.
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| Foto: ronlala.com |
Cervantina por cierto es el nombre del espectáculo que Ron Lalá presentaba en co producción con la Compañía Nacional de Teatro Clásico y con la dirección de Yayo Cáceres. Una "dolencia" de la que nos aconsejaron... infectarnos. El objetivo de este montaje ronlalero fue ese. Enfermar de Cervantina, caer rendidos a sus efectos, sufrir altas fiebres que nos hagan delirar y acercarnos a la obra menos conocida de don Miguel... abrir sus libros, olerlos, sentirlos, disfrutarlos y tomar conciencia de cuan grande es la sombra de Cervantes. Quedarnos en cama con la manta hasta la cabeza con sus Novelas ejemplares o con sus Entremeses por poner dos ejemplos que Ron Lalá nos pusieron en bandeja en la noche gaditana.
Y la cosa es que estos chicos lo hacen soberanamente bien. Y sí, se me nota que soy muy ronlalero, pero es que al neófito le ocurrirá tres cuartos de lo mismo. Sin entrar a valorar el texto (bueno), el montaje (excelente), la iluminación (narrativa), el humor y la música (que ya se esperan), hay tres cosas que destaco de Cervantina y por extensión de los montajes de la compañía. A saber:
-El dinamismo: como aficionado a montar obras de teatro es uno de los rasgos que más valoro. Lo de Ron Lalá es puro milagro. Saben construir un edificio con muchos retazos, incluirle música y el texto y durante hora y media no dejarte respiro. Las risas se superponen y hay ocasiones en que incluso notas que los actores tienen que echar pie al freno para darle un segundito al espectador para que digiera tanto como se ofrece. Un dinamismo efervescente y excelentemente trabajado.
-La versatilidad: Actores cantantes y clowns. Yo por Reyes me pido ser como los intérpretes de Ron Lalá, porque saben dar facilidad a su trabajo. Naturalmente que les habrá costado años de preparación pero sobre el escenario todo fluye de la mejor manera, tanto que hace muy cercanos a los personajes aunque el espectador no se haya leído ninguna de las obras que se citan (que no nos las hemos leído).
-Respeto escrupuloso por los textos. El acercamiento a Cervantes y su obra es tan libre, tan despreocupado por las convenciones y los academicismos, que casi no se percibe el exhaustivo tratamiento literario que se le da en el texto a los escritos del autor. Sale uno de la función con algo claro. Hay que trabajar mucho la documentación para poder poner en marcha un espectáculo de estas características. Y uno, aficionado a la cosa teatral, se siente pequeño, muy pequeño ante estas magnitudes.
Al final todos quedamos infectados. Ningún doctor nos puede curar. El diagnóstico está claro y no es lupus (porque como bien decía el doctor Gregory House, nunca lo es). Es Cervantina. Algo peligroso... para los mentecatos, para los parcos de ideas, para los pazguatos, para los resignados... Para todos lo demás, Ron Lalá.
miércoles, 7 de septiembre de 2016
Los paseos de Quiñones
Todo me falla, hasta la muerte
Al-Mutasim, rey andalusí de la taifa de Almería (1037-1091)
Palabras dichas cuando en su propia alcoba reñían quienes lo destronaban.
Era yo un pipiolo en la Universidad. No recuerdo si aún estaba en mi primer año en la carrera de Historia o en el segundo. Qué más da...
Por aquellos días era yo propenso a faltar a clases (por aburridas y poco interesantes) y a pasear por las calles de Cádiz, parándome en rincones y en tascas, a veces incluso acompañado de libros que sacaba de la biblioteca del centro. Libros que casi nunca eran de la temática que estudiaba y sí de conocidos como Shakespeare, Nicolás Guillén, Kavafis, Vázquez Montalbán... y Fernando Quiñones.
Era yo un pipiolo universitario que una tarde fresca de otoño cruzaba la plaza del Mentidero en dirección a la Facultad cuando me cruzo con Quiñones, el padre de Cantueso y de la Legionaria, el viajero y narrador de crónicas, el amante del cine y el flamenco acompañado con unos vasos de fino, el desaliñado muñidor de géneros, el escritor...
-Buenas tardes, don Fernando...
-Muy buenas, muchacho.
Ese fue el día en que conocí a Fernando Quiñones. Y me bastó con eso. Desde entonces, ardo en sus palabras.
lunes, 1 de agosto de 2016
Pulgares arriba
| Vinila von Bismark (Foto: Zúh Malheur). |
El fastuoso concierto de Loquillo fue el paradigma de esta nueva edición del No Sin Música Festival, una gozosa celebración de cómo deben hacerse las cosas. Si ya el año pasado fue un acierto la mudanza al Muelle de Cádiz, este año se ha mejorado en organización, en coordinación y en ubicación del Local Stage, uno de los puntos a mejorar de la edición pasada. Por allí pasaron bandas que han dejado un grato recuerdo y una senda que habrá que seguir y sin querer menospreciar a nadie, puesto que la calidad ha sido la tónica generalizada en este escenario, los directos de Julio Cable, Turmalina y Smokers Die Young pusieron al público con ese necesario nivel de excitación que encaminan hacia emociones, aún si cabe, más fuertes.
| Arriba, Izal. Abajo, pose Johnny Cash de uno de los guitarristas de Loquillo (Fotos: Zúh Malheur). |
Emociones que llegaron desde el escenario principal con tres días fastuosos. Sí, tres, porque el inicial (con entrada gratuita), fue un aperitivo de confirmaciones y que dejó la sensación de que no desentonaría para nada con los supuestos platos fuertes de viernes y sábado. Sobre todo con una Vinila von Bismark sobrenatural, hiperactiva, soberbia en su dominio del escenario y pletórica en su comunión con las esencias puras del rock. Con una banda potente y amante de los sonidos americanos, la gran Vinila se metió al público desde primera hora con su descaro y su teatralidad. Puro oro sobre las tablas y un concierto que supo a tan poco. Ya desde aquí proponemos a la organización que debería repescarla para el próximo año. El aliño en forma de fiesta y sonidos bailongos vino de la mano de Los Vivos, La F.R.A.C., Lollypop o Ley Dj.
El fresco del viernes vino bien para una maratoniana jornada nacida bajo el signo del pop, aunque la jornada tuvo sus altibajos a pesar de contar con pesos pesados como Izal o Love of Lesbian, fulgurantes e intensos los primeros y un tanto monótonos los catalanes. Eso sí, ambos conciertos rayaron a gran altura aunque los de Santi Balmes quizás fueron con el piloto automático y dejaron extraviado del set list algunos clásicos imperecederos y muy esperados por el público. Pero claro, el formato festival tampoco da para muchos bises. Aún así fueron conciertos que tomaron el relevo del show de Vetusta Morla del año pasado. Modelo de Respuesta Polar, aportando su lirismo aunque quizás también cayendo en cierta monotonía y Second, con un directo rotundo, fueron escoltas de campanillas para una noche de triunfo de los sonidos más poperos y típicamente festivaleros.
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| Shuarma, de Elefantes (Foto: Zúh Malheur). |
Lo de Bunbury no tiene ya calificativos porque sabemos que nos puede ofrecer. Podemos alegrarnos de que empiece a cantar temas de Héroes junto a sus Santos Inocentes, temas a los que da una interesante vuelta de tuerca para hacerlos más del sonido bunburiano y menos de Héroes, aunque ya de por si son temas universales. Su directo es potente, vibrante, orgásmico y épico y realmente se hizo corto, muy corto. Su show fue todo un ejemplo de lo que debe ser un directo festivalero... y dejó satisfecho al público entregado con la pasión del aragonés errante.
| Bunbury, sentando cátedra (Foto: Zúh Malheur). |
Y no podemos obviar el último gran acierto del festival. El Off No Sin Música, con escenarios repartidos en recovecos de la ciudad que llevaron la música de bandas jóvenes y emergentes al público que cada verano puebla las calles de la capital. Fantástica iniciativa, que agranda el festival, que hace de Cádiz una gran pasarela de talento y de pasión por la música. Así, sí que sí nos sentimos orgullosos de tener un festival como este al que le deseamos larga vida... y que nosotros lo veamos. Levantamos nuestro pulgar por el No Sin Música. El festival de Cádiz.
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| Loquillo (Foto: Zúh Malheur). |
martes, 19 de julio de 2016
La respuesta está en el No Sin Música (y III)
Vuélvase usted loco viendo a los Smokers Die Young en el Local Stage para luego encaminarse unos pasitos al principal donde estarán los jerezanos de G.A.S. Drummers y el chispeante punk y hardcore que practican desde hace casi veinte años. Otra vuelta por el Local Stage que allí estará otro viejo conocido, el gran Julio Cable para retornar al principal donde repiten por segundo año consecutivo, los Elefantes de Shuarma, que el año pasado dejaron un gratísimo sabor de boca y este año quieren renovar sus lazos con Cádiz. Sin descanso, alternamos una subidón con los Hymalaya para alegrarnos de la presencia una vez más en tierras gaditanas (que hacía tiempo que no venía) con Bunbury metido de lleno en una supergira a ambos lados del charco con sus Santos Inocentes. Mutaciones Tour se llama la gira mundial del zaragozano que a sus casi 50 años, sigue en plena demostración de facultades rockeras y de sonidos fronterizos. Es un monstruo escénico, un clásico frontman, y esos ya escasean. Élite del Eter, que también merecen su huequito serán los últimos en pasar por el escenario auxiliar del No Sin Música Festival, mientras que en el Cruzcampo Stage, aterrizará otro clásico, un tótem del rock español, una referencia para todos los que tenemos ya cierta edad y otro espectáculo en escena. Loquillo, artista inconformista, rockero de tradición y militancia, abrirá la madrugada para demostrarnos que el rock sigue más vivo que nunca.
Deep End, muy acertadamente, cerrará el Local Stage, mientras que Molotov trae de México fusión, pasión y mensaje. Todo ello para cerrar una nueva edición del No Sin Música que alabaremos en doce meses como una de las mejores propuestas del verano patrio.
Deep End, muy acertadamente, cerrará el Local Stage, mientras que Molotov trae de México fusión, pasión y mensaje. Todo ello para cerrar una nueva edición del No Sin Música que alabaremos en doce meses como una de las mejores propuestas del verano patrio.
lunes, 18 de julio de 2016
La respuesta está en el No Sin Música (II)
Día dos. Día para el pop, para los sonidos elegantes de Julián Maeso, la contención musical y la explosión lírica de Modelo de Respuesta Polar, la excitación sensorial de Love of Lesbian, el estilo rutilante de Izal y la pureza y sequedad del sonido de Second. Se me hace cada vez más difícil catalogar de indies a quienes incluso rechazan estas etiquetas, pero sí que flota en el ambiente del Muelle de Cádiz, un cierto halo a ese estilo popero agradecido a las multitudes (sobre todo en el caso de las tres últimas bandas que no hace falta ni presentarlas). Lo de Maeso es puro milagro. Un milagro porque hemos recuperado su música, su gusto por los sonidos americanos, por su carácter sincero y sus melodías incandescentes. Los valencianos Modelo de Respuesta Polar, te regalan letras llenas de una prosa muy lírica y una composición sostenida. Grandes precedentes para un fin de fiesta del viernes noche que terminará con Izal y Second en un mano a mano espectacular por dominar la excitación que traerá el público de lo que les ha regalado una banda de lesbianos recalcitrantes un poquito antes...
Love of Lesbian vienen muy siderales con El Poeta Halley, su último trabajo discográfico con el que han conseguido mantener el idilio con crítica y público. Es uno de los platos fuertes de este festival, no podemos negarlo, porque su directo es atractivo, divertido, siempre gozoso. Nos llevarán a la estratosfera, nos dejarán allí colgados de un globito atado a nuestra mano y miraremos hacia abajo donde ellos seguirán encandilando al personal. Esa es su magia, de domingos astrománticos y de días en el parque. Esta vez los escucharemos bajo la luna gaditana.
Y echen un vistacito al Local Stage. Porque algunos de estos grupos, cualquier día cambiarán de escenario y estarán donde se posan todas las miradas. El viernes tocan Atómica, Dientes Largos, Turmalina, Nuk y Mor.
domingo, 17 de julio de 2016
La respuesta está en el No Sin Música (I)
Algún día tendremos que preguntar a los organizadores del No Sin Música cómo han conseguido hacer de este festival una referencia a nivel nacional con tan pocas ediciones a sus espaldas. También podríamos preguntarles cómo han logrado congeniar un cartel tan diverso como apetecible en tan poco espacio de tiempo (que luego tenemos por ahí festivales con carteles kilométricos que no sabes a qué acudir). Y también tendrían que apuntar cómo pudiendo tirar por la vía fácil, siempre toman el camino arriesgado pero certero de potenciar escenarios alternativos donde bandas locales pueden foguearse y mostrar su trabajo. La respuesta no está en el aire, amigo Dylan. Está en el No Sin Música Festival 2016. Y este año, toca buscar esas respuestas los días 21, 22 y 23 de julio, en el Puerto de Cádiz.
Son preguntas cuasi retóricas, también en este 2016, donde nos sentimos orgullosos de un festival como el gaditano que en sus anteriores convocatorias dejó el listón bien elevado y que en la presente edición, sube unos centímetros más el grado de exigencia y de calidad (si cabe aún). Y todo ello, para postularse entre los favoritos a una medalla de oro que nosotros se la concederíamos sin dudar.
Tres jornadas de gloria que comienzan con un aperitivo fiestero y donde los ritmos pop, hip hop, funky, soul y otras amalgamas sonoras más son los protagonistas para otorgar continuidad al festival con sus jornadas de viernes y sábado. Los Vivos, La Frac, Vinilla von Bismarck, Ley Dj, Lollypop, Martín Alonso (estos ya, veteranos del Festival) y Blackmouth buscarán meter velocidad de crucero a la primera jornada de festival. Ritmos vivaces, eclécticos, frescos y festivos para poner en marcha un No Sin Música 2016 que promete emociones de altos vuelos.
Son preguntas cuasi retóricas, también en este 2016, donde nos sentimos orgullosos de un festival como el gaditano que en sus anteriores convocatorias dejó el listón bien elevado y que en la presente edición, sube unos centímetros más el grado de exigencia y de calidad (si cabe aún). Y todo ello, para postularse entre los favoritos a una medalla de oro que nosotros se la concederíamos sin dudar.
Tres jornadas de gloria que comienzan con un aperitivo fiestero y donde los ritmos pop, hip hop, funky, soul y otras amalgamas sonoras más son los protagonistas para otorgar continuidad al festival con sus jornadas de viernes y sábado. Los Vivos, La Frac, Vinilla von Bismarck, Ley Dj, Lollypop, Martín Alonso (estos ya, veteranos del Festival) y Blackmouth buscarán meter velocidad de crucero a la primera jornada de festival. Ritmos vivaces, eclécticos, frescos y festivos para poner en marcha un No Sin Música 2016 que promete emociones de altos vuelos.
lunes, 13 de junio de 2016
En Cádiz hay muchos maricones
Y en Madrid, Cuenca, Calasparra, Chiclana, Moscú... y en Orlando, aunque desde hace un par de días hay unos cuantos menos debido al fanatismo, al odio y a las balas.
Digo lo de Cádiz porque históricamente se ha dicho que en la ciudad en la que nací siempre ha habido mucho marica suelto. Desde siempre. Bueno, no desde siempre. Fundamentalmente, el mito surgió en el siglo XIX cuando el entonces gobernador civil de Cádiz, Pascual Ribot, legalizó en la provincia la prostitución masculina y claro, la capital con su puerto era el sitio más proclive para que la población homosexual creciera. Lo cierto es que la norma fue muy progresista para la época porque incluso los prostitutos tenían seguro médico aunque a la par, también tenían que pagar impuestos. Al lío. Por eso siempre Cádiz ha tenido esa especie de sambenito de ser una ciudad más mariquita que otras, pero ya ven. Mariquitas hay en todos lados. Por cierto, si quieren ampliar un poco la información, pinchen aquí.
También hay gilipollas en todos lados. Incluso en Cádiz. Un día antes de la masacre del bar Pulse en Orlando, donde por si ustedes no lo saben, han muerto medio centenar de personas (sí, también eran gays pero eso es secundario), se paseaba uno de estos gilipollas gaditanos precisamente por el sitio de Cádiz donde históricamente paseaban más homosexuales, el Muelle (para los foráneos, así llamamos nosotros al Puerto de la ciudad). Este tonto supino se grababa con el móvil después de haber salido del gym de "hacer piernas" -porque lo de "hacer neuronas" no lo tenía contemplado en su agenda diaria-, y señalando la bandera arcoiris que ondeaba en la plaza de Sevilla, arremetía contra el alcalde José María González, instándole a cambiarla por la bandera de España, la rojigualda. Y lo hacía con una riqueza del lenguaje inusitada, habida cuenta de la gilipollez mostrada por el personaje, es decir, insultando a la comunidad gay, a la máxima institución de la ciudad, a todos los gaditanos que pregonan que Cádiz es cuna de la libertad y de paso, insultando al buen gusto.
Este tipo de personajes es el que hay que combatir, no porque vayan a liarse a tiros en un bar de gays cualquiera, aquí o en Orlando. Sino porque demuestra qué es lo que falla cuando hablamos de homofobia. Y lo que falla se encuentra en la base de nuestro sistema: la educación, tanto la que viene dada por la formación que se nos enseña en la escuela, como la de valores que debe ser estipulada por la familia. Y ahí es donde fracasamos estrepitosamente. Esa Educación para la Ciudadanía que la derecha se cargó por creer que era una mala influencia para nuestros jóvenes, era una herramienta fundamental para el desarrollo en valores de nuestra sociedad.
Y desde luego no ayuda para nada el machismo y la homofobia latente en la sociedad: en la política, en el deporte, en la religión. El terrorismo no solo se comete con balas. Las ideas suelen ser muy peligrosas y en este caso, se demuestra prácticamente cada semana.
Es triste lo de Orlando. Es triste también que un chiquillo de 14 años se suicidara hace unos meses en España por sentirse "diferente". Es triste esa idiocia que hace del hombre un ser que tiene que ser macho para demostrar no sabemos muy bien qué. Es triste que para colmo, haya gilipollas en Cádiz que busquen la fama buscando gresca.
En Cádiz hay muchos maricones. Afortunadamente la mayoría saben que antes que eso, son seres humanos como tú y como yo.
martes, 3 de mayo de 2016
Intruso
Soy periodista. Entre las muchas cosas que he hecho en mi vida laboral, la de periodista es de la que me siento más orgulloso. Les voy a contar una historia.
Verán. Trabajaba en Albacete para un periódico de ámbito provincial y lo hacía muy a gusto, la verdad. Antes de que me echaran para poner en mi puesto a la redactora que se estaba beneficiando al que por entonces era director de la publicación (sí, es bastante triste, qué quieren que les diga), yo me encargaba de varias cosas. Primero fui el jefe de Suplementos y Especiales y me lo pasé muy bien. Luego añadí a esa labor la de jefe de Local y también me lo pasé pipa a pesar de la cantidad de mierda que tuve que tragar (esas maravillosas reuniones mañaneras con el susodicho director) para que mis redactores no se llevaran el disgusto de cada día. Y no es que hiciéramos las cosas mal, que no. Todo lo contrario, pero es que allí era norma de la casa echar la bronca al trabajador para tapar la inoperancia propia.
Que me disperso. El caso es que otra de las atribuciones que acogí de buen grado (y sin cobrarlo) fue la de formador de los redactores que llegaban a la empresa. Gentes con su título de licenciado bajo el brazo pero que se tenían que enfrentar a algo que no habían vivido en las aulas: una redacción. Porque en las facultades de Periodismo o de Ciencias de la Información (o como quieran llamarle), les enseñaban la cara afable de este trabajo. La importancia del Cuarto Poder, la integridad y la libertad del periodista, el gran papel social que juegan los medios, blablabla... Y terminaban poniendo a los alumnos Todos los hombres del presidente como ejemplo de qué era el periodismo de verdad. O sea, el periodismo que nunca se van a encontrar en una redacción de un periódico de Albacete. En serio, deberían repensarse qué materias dan en Periodismo porque sirve de bien poco en la rutina diaria de un periódico, tele o radio.
Ahora les cuento una anécdota que me ocurrió con una de estas redactoras a la que tuve el honor de "formar" (buena trabajadora y buena amiga, por lo demás). Tras llevar varios meses en la redacción, un día estuve explicándole no sé qué cosa a cuenta de la importancia de conformar un buen titular para dejar en segundo plano el subtítulo con algún detalle que enriquezca a la información principal. Y en ese momento, me preguntó en qué facultad había estudiado yo. Viendo por dónde iban los tiros le dije que Cádiz a lo que ella, sorprendida, me espetó que en Cádiz no había facultad de Periodismo. Yo me volví a mi mesa respondiéndole que yo no le había dicho que había estudiado Periodismo...
El caso es que al parecer la tuve engañada unos cuantos meses creyendo que yo sí había estudiado Periodismo. Como bien indican los colegios profesionales del ramo es lo que debe hacer todo buen periodista y quien no lo haya hecho, es un intruso. No merece llamarse periodista, informador, plumilla, gacetillero, reportero, investigador... Es un puto intruso que no merece trabajar en esto y menos con lo mal que ha tratado la crisis al sector. Es cierto. Soy un intruso y lo acepto...
Lo que no acepto es que los colegios profesionales sean unos "racistas" al aceptar entre sus miembros solo a los que hayan estudiado la carrera. Es decir, pueden aceptar a alguien que no haya trabajado nunca en una redacción, que no se haya pateado las calles, que no haya seguido una noticia hasta la extenuación, que no haya recibido insultos de ciertos políticos, que no se haya matado por este trabajo, pero que sí a aquel que haya aprobado con un Suficiente los estudios conducentes a obtener un título que tienen colgado en el salón de su casa.
Lo que no acepto es que los colegios profesionales "obliguen" a las administraciones públicas a contratar a periodistas de carrera aunque estos cometan barbaridades en su día a día tales como esta y se queden tan panchos. "Da igual, aunque se redacte mal una nota de prensa, la ha redactado un periodista de carrera". Flaco favor a una profesión donde algunos de sus más brillantes ejemplos, no han pisado nunca los pasillos de esas facultades.
Lo que no acepto es que cuando el periodismo está muriendo a base de empresarios sin escrúpulos, periodistas mal formados, falta de libertad, escasez de medios y community managers, los colegios profesionales no se dediquen a poner las bases de un periodismo de futuro y sí a meterse en imbecilidades como en decirle a una persona a quién tienen que contratar.
Soy un intruso, lo sé. Lo siento, pero en el Día de la Libertad de Prensa, déjenme decir libremente que lo soy con mucho orgullo porque amo más que nadie el arte de informar a la gente. Y eso, no hay colegio profesional que me lo pueda quitar.
Verán. Trabajaba en Albacete para un periódico de ámbito provincial y lo hacía muy a gusto, la verdad. Antes de que me echaran para poner en mi puesto a la redactora que se estaba beneficiando al que por entonces era director de la publicación (sí, es bastante triste, qué quieren que les diga), yo me encargaba de varias cosas. Primero fui el jefe de Suplementos y Especiales y me lo pasé muy bien. Luego añadí a esa labor la de jefe de Local y también me lo pasé pipa a pesar de la cantidad de mierda que tuve que tragar (esas maravillosas reuniones mañaneras con el susodicho director) para que mis redactores no se llevaran el disgusto de cada día. Y no es que hiciéramos las cosas mal, que no. Todo lo contrario, pero es que allí era norma de la casa echar la bronca al trabajador para tapar la inoperancia propia.
Que me disperso. El caso es que otra de las atribuciones que acogí de buen grado (y sin cobrarlo) fue la de formador de los redactores que llegaban a la empresa. Gentes con su título de licenciado bajo el brazo pero que se tenían que enfrentar a algo que no habían vivido en las aulas: una redacción. Porque en las facultades de Periodismo o de Ciencias de la Información (o como quieran llamarle), les enseñaban la cara afable de este trabajo. La importancia del Cuarto Poder, la integridad y la libertad del periodista, el gran papel social que juegan los medios, blablabla... Y terminaban poniendo a los alumnos Todos los hombres del presidente como ejemplo de qué era el periodismo de verdad. O sea, el periodismo que nunca se van a encontrar en una redacción de un periódico de Albacete. En serio, deberían repensarse qué materias dan en Periodismo porque sirve de bien poco en la rutina diaria de un periódico, tele o radio.
Ahora les cuento una anécdota que me ocurrió con una de estas redactoras a la que tuve el honor de "formar" (buena trabajadora y buena amiga, por lo demás). Tras llevar varios meses en la redacción, un día estuve explicándole no sé qué cosa a cuenta de la importancia de conformar un buen titular para dejar en segundo plano el subtítulo con algún detalle que enriquezca a la información principal. Y en ese momento, me preguntó en qué facultad había estudiado yo. Viendo por dónde iban los tiros le dije que Cádiz a lo que ella, sorprendida, me espetó que en Cádiz no había facultad de Periodismo. Yo me volví a mi mesa respondiéndole que yo no le había dicho que había estudiado Periodismo...
El caso es que al parecer la tuve engañada unos cuantos meses creyendo que yo sí había estudiado Periodismo. Como bien indican los colegios profesionales del ramo es lo que debe hacer todo buen periodista y quien no lo haya hecho, es un intruso. No merece llamarse periodista, informador, plumilla, gacetillero, reportero, investigador... Es un puto intruso que no merece trabajar en esto y menos con lo mal que ha tratado la crisis al sector. Es cierto. Soy un intruso y lo acepto...
Lo que no acepto es que los colegios profesionales sean unos "racistas" al aceptar entre sus miembros solo a los que hayan estudiado la carrera. Es decir, pueden aceptar a alguien que no haya trabajado nunca en una redacción, que no se haya pateado las calles, que no haya seguido una noticia hasta la extenuación, que no haya recibido insultos de ciertos políticos, que no se haya matado por este trabajo, pero que sí a aquel que haya aprobado con un Suficiente los estudios conducentes a obtener un título que tienen colgado en el salón de su casa.
Lo que no acepto es que los colegios profesionales "obliguen" a las administraciones públicas a contratar a periodistas de carrera aunque estos cometan barbaridades en su día a día tales como esta y se queden tan panchos. "Da igual, aunque se redacte mal una nota de prensa, la ha redactado un periodista de carrera". Flaco favor a una profesión donde algunos de sus más brillantes ejemplos, no han pisado nunca los pasillos de esas facultades.
Lo que no acepto es que cuando el periodismo está muriendo a base de empresarios sin escrúpulos, periodistas mal formados, falta de libertad, escasez de medios y community managers, los colegios profesionales no se dediquen a poner las bases de un periodismo de futuro y sí a meterse en imbecilidades como en decirle a una persona a quién tienen que contratar.
Soy un intruso, lo sé. Lo siento, pero en el Día de la Libertad de Prensa, déjenme decir libremente que lo soy con mucho orgullo porque amo más que nadie el arte de informar a la gente. Y eso, no hay colegio profesional que me lo pueda quitar.
domingo, 24 de abril de 2016
Visit Chiclana
Un poco de autobombo...
Nace Visit Chiclana, una nueva dimensión de los tours turísticos
Emprender desde lo cultural. Es el objetivo de un grupo de chiclaneros que se ha lanzado a crear una marca –Visit Chiclana-, a través de la cual ofrecen tours guiados por el centro de la ciudad pero con un marcado cariz cultural. Es uno de los atractivos que ofrece esta iniciativa y que la hacen diferenciarse de otras propuestas que existen actualmente. La visita guiada por el centro de Chiclana que ofrecen estos emprendedores se configura como un paseo calmado, con momentos para detenerse en los detalles de las explicaciones y con tiempo para que el turista que opte por este tour, observe con detenimiento la arquitectura, el patrimonio artístico, la distribución de nuestras calles, a la par que aprende datos esenciales sobre la milenaria Historia de Chiclana y comprende mejor nuestra forma de ser con el anecdotario más clásico de nuestras vivencias.
Visit Chiclana se compone de una ruta que todos los martes, jueves y viernes parte a las 10.30 horas desde la parada de autobuses de Paciano del Barco para luego sumergirse en un paseo de unos 3,5 kilómetros en el que se emplean unas dos horas que mostrará lugares como la ermita de Santa Ana, la iglesia y convento de Jesús Nazareno o el complejo arquitectónico de la Plaza Mayor, para concluir rindiendo visita a una de las históricas bodegas chiclaneras, Vélez, fundada en 1857, donde los usuarios serán agasajados con una copa de fino elaborado en las barricas de tan añeja empresa. Las visitas, de momento, pueden realizarse en español e inglés, y están abiertas a toda clase de público. El precio por persona es de 15 euros (diez en caso de jóvenes entre 12 y 18 años, mientras que es gratuito para menores de 12).
Visit Chiclana. Una caminata con el que poder hacer ejercicio en una ruta fácil y amena aprendiendo además lo esencial de nuestra Historia, nuestros personajes y nuestras tradiciones.
Para más información:
www.visitchiclana.com
Nace Visit Chiclana, una nueva dimensión de los tours turísticos
Emprender desde lo cultural. Es el objetivo de un grupo de chiclaneros que se ha lanzado a crear una marca –Visit Chiclana-, a través de la cual ofrecen tours guiados por el centro de la ciudad pero con un marcado cariz cultural. Es uno de los atractivos que ofrece esta iniciativa y que la hacen diferenciarse de otras propuestas que existen actualmente. La visita guiada por el centro de Chiclana que ofrecen estos emprendedores se configura como un paseo calmado, con momentos para detenerse en los detalles de las explicaciones y con tiempo para que el turista que opte por este tour, observe con detenimiento la arquitectura, el patrimonio artístico, la distribución de nuestras calles, a la par que aprende datos esenciales sobre la milenaria Historia de Chiclana y comprende mejor nuestra forma de ser con el anecdotario más clásico de nuestras vivencias.
Visit Chiclana se compone de una ruta que todos los martes, jueves y viernes parte a las 10.30 horas desde la parada de autobuses de Paciano del Barco para luego sumergirse en un paseo de unos 3,5 kilómetros en el que se emplean unas dos horas que mostrará lugares como la ermita de Santa Ana, la iglesia y convento de Jesús Nazareno o el complejo arquitectónico de la Plaza Mayor, para concluir rindiendo visita a una de las históricas bodegas chiclaneras, Vélez, fundada en 1857, donde los usuarios serán agasajados con una copa de fino elaborado en las barricas de tan añeja empresa. Las visitas, de momento, pueden realizarse en español e inglés, y están abiertas a toda clase de público. El precio por persona es de 15 euros (diez en caso de jóvenes entre 12 y 18 años, mientras que es gratuito para menores de 12).
Visit Chiclana. Una caminata con el que poder hacer ejercicio en una ruta fácil y amena aprendiendo además lo esencial de nuestra Historia, nuestros personajes y nuestras tradiciones.
Para más información:
www.visitchiclana.com
domingo, 7 de febrero de 2016
BoCabulario XVII
Trisnina: Forma gaditana de decir que eres mu hijoputa. V.g. Tú tieneh trisnina.
Nota: Trisnina=Estricnina.
Nota: Trisnina=Estricnina.
domingo, 25 de octubre de 2015
El cante por fatigas de Rancapino
Mi cante es un cante por fatigas...
Rancapino
Los pies descalzos y los catarros constantes. El soniquete reverberaba en la garganta de Alonsito que ya empezaba a darse cuenta a temprana edad, cuál sería su sustento. A los siete años, Alonsito, Alonso Núñez Rancapino dejó el colegio y se echó a la calle a cantar. Había que comer en esa España en blanco y negro y si uno tenía algo con lo que valerse, había que explotarlo. Rancapino y su familia comieron de la voz rota del cante flamenco. Desde que era chiquitito. Qué buena escuela del flamenco esa. Las puñalás de la vida y la necesidad fueron sus maestras y el fino oído del chiclanero culminó su formación como cantaor escuchando a los más grandes: Aurelio Sellés, Chano Lobato, Caracol... Estuvo con los más grandes y recuerda con especial cariño a Fernanda y Bernarda de Utrera, dos gigantes del cante jondo.
Alonso ya no canta mucho. Su hijo recoge el testigo separándose del estilo paterno para crear el suyo propio, personal e intransferible. Pero a Rancapino padre le hacen los ojos chiribitas cuando habla de aquellos años de gloria junto a Camarón, de tablao en tablao, de ciudad en ciudad, de avión en avión, llevando por esos mundos de Dios, los caminos del cante más puro ese, que unos pies descalzos y el hambre, le hicieron descubrir cuando era niño.
Hoy Alonso canta para los amigos. Unas alegrías, una soleá inacabada o una bulería requebrada en su voz arenosa y sabes que ante ti está un genio del flamenco.
Rancapino
Los pies descalzos y los catarros constantes. El soniquete reverberaba en la garganta de Alonsito que ya empezaba a darse cuenta a temprana edad, cuál sería su sustento. A los siete años, Alonsito, Alonso Núñez Rancapino dejó el colegio y se echó a la calle a cantar. Había que comer en esa España en blanco y negro y si uno tenía algo con lo que valerse, había que explotarlo. Rancapino y su familia comieron de la voz rota del cante flamenco. Desde que era chiquitito. Qué buena escuela del flamenco esa. Las puñalás de la vida y la necesidad fueron sus maestras y el fino oído del chiclanero culminó su formación como cantaor escuchando a los más grandes: Aurelio Sellés, Chano Lobato, Caracol... Estuvo con los más grandes y recuerda con especial cariño a Fernanda y Bernarda de Utrera, dos gigantes del cante jondo.
Alonso ya no canta mucho. Su hijo recoge el testigo separándose del estilo paterno para crear el suyo propio, personal e intransferible. Pero a Rancapino padre le hacen los ojos chiribitas cuando habla de aquellos años de gloria junto a Camarón, de tablao en tablao, de ciudad en ciudad, de avión en avión, llevando por esos mundos de Dios, los caminos del cante más puro ese, que unos pies descalzos y el hambre, le hicieron descubrir cuando era niño.
Hoy Alonso canta para los amigos. Unas alegrías, una soleá inacabada o una bulería requebrada en su voz arenosa y sabes que ante ti está un genio del flamenco.
lunes, 27 de julio de 2015
El tango y las lunas del arrabal
"Vuelvo al Sur,
como se vuelve siempre al amor"...
Fernando Pino Solanas/ Astor Piazzolla
Durante muchos, muchos años, desde el Puerto de Cádiz, -el Muelle, para los que somos de aquí-, salieron demasiados barcos con rumbo al futuro. Dejando atrás la España en blanco y negro, la España de la autarquía, de la "una, grande y libre", pero esa España paupérrima que al fin y al cabo era lo que había. Los emigrantes cogieron el barquito para ultramar en busca de una vida mejor y llegaron a lejanas tierras donde se llevaron consigo un trocito de su país. Los españoles sabemos muy bien qué significa ser foráneos en otros mundos. Fuimos gentes del arrabal con un pie en tierra extraña y el corazón en la madre patria. Y a donde fuera qué íbamos, llevábamos en el hatillo nuestras costumbres, nuestra forma de ser, nuestras tradiciones. Ahí en el arrabal...
Ahí surgió el tango, en un arrabal. Fue una especie de maravillosa criatura de Frankenstein, construida a base de retales de distintas culturas de países que vieron como sus naturales iban a labrarse un futuro mejor a la Argentina, tierra de promisión para muchos de aquellos emigrantes. Y ahí, con ciertos sones, con algunos instrumentos llegados de lejos, con ciertos bailes y muchas maneras, se alumbró el tango, apareció la milonga... comenzó un nuevo mundo.
Bien presente tienen este origen, humilde pero glorioso, los chicos de La Porteña Tango Trío que tan felizmente acompañan a Mariel Martínez desde hace unos años, en un cóctel exquisito. Quizás son de los mejores embajadores del tango a nivel mundial (su gira por países europeos, así lo demuestra), pero como ya dijimos en su visita a Chiclana el pasado mes de enero, van más allá, puesto que no se quedan en el regocijo de cantar siempre lo mismo. Hay diez, no más, tangos famosos, pero lo de Mariel, Federico, Alejandro y Matías, es pura labor investigadora. Bucean en los archivos sonoros de Argentina en busca de las raíces del son que los hace grandes, tratando de sacar a la luz aquel tango escondido, aquella milonga que no se canta, el vals que ya nadie quería bailar. Y lo hacen con estilo propios. Su último disco, Buenos Aires cuando lejos me ví, es un retrato preciso y amoroso de aquellos que siendo emigrantes (ellos residen en Madrid), usan la nostalgia en un poderoso ejercicio de exposición de ese viejo tango que suena nuevo.
Los volvimos a ver bajo la luna de Cádiz, con la escenografía espectacular del Castillo de Santa Catalina y con un recital de campanillas donde hubo tiempo para todo, incluso para bailar, si es que alguien se hubiese atrevido. El tango se vio recompensando en las bellísimas recreaciones vocales de Mariel Martínez, especialmente intensa cuando Alejandro Picciano la acompañaba a solas, mientras que con Federico Peuvrel y Matías Picciano, la magia sonora se complementó con maestría absoluta. Me permitirán que le lance flores al más pequeño, pero es que el bandoneón del benjamín de la banda es puro gozo: en Vuelvo al Sur se pudo vivir y sentir. Esa composición de Solanas y Piazzolla fue un tremendo momento del concierto. Hubo otros: Yo no sé qué me han hecho tus ojos, del maestro Canaro, los tangos de Manzi como ese delicado Recién (y lo que no son tangos... cómo duele esa Milonga triste, pero qué bellísima que es). Y sinceramente, lo de Mariel y su versatilidad vocal, no es noticia. Su voz nos sabe llevar por los vericuetos emocionales que están plasmados en las partituras. Si fue una sorpresa encontrárnosla en Chiclana, en Cádiz nos llevó a los terrenos de la gran emoción. En resumidas cuentas, podríamos destacar todo el repertorio sin ápice de estar exagerando y es que todo este espléndido material que nos han legado los maestros porteños fue homenajeado con mimo por estos cuatro argentinos que tan nuestros son ya. Ansiosos estamos de repetir esta experiencia bajo esta u otras lunas del arrabal.
como se vuelve siempre al amor"...
Fernando Pino Solanas/ Astor Piazzolla
Durante muchos, muchos años, desde el Puerto de Cádiz, -el Muelle, para los que somos de aquí-, salieron demasiados barcos con rumbo al futuro. Dejando atrás la España en blanco y negro, la España de la autarquía, de la "una, grande y libre", pero esa España paupérrima que al fin y al cabo era lo que había. Los emigrantes cogieron el barquito para ultramar en busca de una vida mejor y llegaron a lejanas tierras donde se llevaron consigo un trocito de su país. Los españoles sabemos muy bien qué significa ser foráneos en otros mundos. Fuimos gentes del arrabal con un pie en tierra extraña y el corazón en la madre patria. Y a donde fuera qué íbamos, llevábamos en el hatillo nuestras costumbres, nuestra forma de ser, nuestras tradiciones. Ahí en el arrabal...
| (Foto: Zúh Malheur) |
Ahí surgió el tango, en un arrabal. Fue una especie de maravillosa criatura de Frankenstein, construida a base de retales de distintas culturas de países que vieron como sus naturales iban a labrarse un futuro mejor a la Argentina, tierra de promisión para muchos de aquellos emigrantes. Y ahí, con ciertos sones, con algunos instrumentos llegados de lejos, con ciertos bailes y muchas maneras, se alumbró el tango, apareció la milonga... comenzó un nuevo mundo.
Bien presente tienen este origen, humilde pero glorioso, los chicos de La Porteña Tango Trío que tan felizmente acompañan a Mariel Martínez desde hace unos años, en un cóctel exquisito. Quizás son de los mejores embajadores del tango a nivel mundial (su gira por países europeos, así lo demuestra), pero como ya dijimos en su visita a Chiclana el pasado mes de enero, van más allá, puesto que no se quedan en el regocijo de cantar siempre lo mismo. Hay diez, no más, tangos famosos, pero lo de Mariel, Federico, Alejandro y Matías, es pura labor investigadora. Bucean en los archivos sonoros de Argentina en busca de las raíces del son que los hace grandes, tratando de sacar a la luz aquel tango escondido, aquella milonga que no se canta, el vals que ya nadie quería bailar. Y lo hacen con estilo propios. Su último disco, Buenos Aires cuando lejos me ví, es un retrato preciso y amoroso de aquellos que siendo emigrantes (ellos residen en Madrid), usan la nostalgia en un poderoso ejercicio de exposición de ese viejo tango que suena nuevo.
| (Foto: Zúh Malheur) |
viernes, 10 de julio de 2015
La mariposa y la abeja
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| Pucho |
Volvemos a ese caluroso fin de semana gaditano en el que hubo hasta presentación de lujo a cargo de un ramillete de artistas que esbozaban lo que serían las dos jornadas grandes de festival. Lollypop, Martín Alonso, El Kanka y Carlos Jean ejecutaron a la perfección la partitura de bienvenida de los visitantes. Se calentaron los motores de un festival que anhelaba hacerse grande, no solo en lo físico (con el traslado de ubicación), sino también en lo espiritual. Y a fe que lo veríamos en las dos jornadas siguientes.
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| Homeless |
Otro de los grandes aciertos del No Sin Música Festival es el apoyo a los emergentes. Y a los locales. No a la Policía, no. A los grupos que en un escenario alternativo atraían las miradas interesadas de muchos que habían estado pendientes de los primeros espadas. Y a fe que lo consiguieron tanto en viernes como en un sábado que vivió un espectacular lleno. De ello se beneficiaron grupos como Los News o Homeless que dieron en un limitado tiempo (un poquito más para ellos en próximas ediciones, amigos de la organización,... por cariá), sobradas muestras del material que tratan de sacar adelante en bares, salas pequeñas o festivales que no han tenido la fortaleza de este en tan poco tiempo. Por ese lado, ya digo, acierto pleno de los organizadores que han sabido recolectar frutos en una zona donde tenemos madera para sacar oro en forma de buenas piezas musicales.
Ahora, los que tienen que partir la pana. Dos grandes triunfadores el viernes con Furia y los maravillosos Arizona Baby, dos que cumplieron las expectativas gustando al respetable y a sus incondicionales (La Mala y Miguel Campello) y una cierta desilusión en la actuación de MClan, rockeros de amplio recorrido con un repertorio que suelen definir a la perfección en el cara a cara con el público pero que no sabemos si por indefinición de la banda de acompañamiento o por poco ensayo del track list, la desilusión ganó a la esperanza de ver un gran show a cargo de Carlos Tarque y compañía. Esperemos verlos en el futuro para comprobar que esto solo ha sido un traspié.
Si de solvencia hablamos, Arizona Baby son nuestros hombres. Crecen a pasos agigantados, se instalan con serenidad como reyes de un estilo musical que no es para grandes mayorías pero sí para amplias minorías. Gustan en estudio y sobrecogen en directo. La cuota rockera está bien cubierta con estos vallisoletanos que siguen con Subterfuge. Secret fires es una delicia de disco.
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| Shuarma en plena faena |
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| Elefantes |
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| Dover, Dover... |
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| Pucho, enseñando cómo se hicieron grandes... |
Tampoco tuvieron nada que demostrar Los Hermanos Dalton, punto y final de un festival que está llamado a marcar un hito en el verano gaditano. Los isleños son de otra pasta. Son de otra generación pero saben enganchar con los recién llegados a esto. Se las saben todas Josema y sus hermanos, perros viejos en este negocio. Dieron tanto que hasta consiguieron la heroica de hacer que muchos se quedaran a escucharlos. Llaman a la Revolución en su último trabajo y lo suyo puede tildarse de desafío ante lo establecido. El rock es progreso, es presente y futuro, es mensaje y es rebelión ante los acontecimientos. El rock es útil y de la mano de estos tipos nada malvados, vemos más cerca la salvación. Glorioso colofón.
Salimos del Puerto bailando, danzando, moviéndonos cadenciosamente hacia la noche gaditana pensando en que el No Sin Música Festival es una fantástica noticia y que su legado es importante. No puede ser de otra manera si consiguen hacerlos volar como mariposas después de habernos aguijoneado como abejas con un puñado de buenas canciones.
Fotos: Zúh Malheur
lunes, 29 de junio de 2015
El orgullo de la música
El No Sin Música Festival se hace grande con un cartel que aglutina a consagrados, esperados regresos y un abanico de grupos locales que convierten al evento en una de las principales referencias del verano andaluz
Difícil es aglutinar en un solo cartel (sin que resulte kilométrico), influencias tan distintas, artistas tan dispares y trayectorias tan contrarias como el que nos propone el No Sin Música Festival que un año más se celebra en Cádiz. Tres días (2, 3 y 4 de julio en el Puerto de la capital gaditana) en los que Cádiz se convertirá en referente de las grandes corrientes músicales de nuestra era, con un ramillete de bandas y solistas abanderados del hip hop, la electrónica, el pop, el rock... La música popular, los sones de nuestro tiempo, que llenarán el recinto portuario de la Tacita de Plata de la más variada oferta musical que podamos encontrar este verano.
No solo de los grandes nombres vive el festival. A los Vetusta Morla, Mala Rodríguez, Carlos Jean, Miguel Campello, M Clan o Dover, tenemos que sumar un variado espectro de bandas de amplio recorrido por escenas alternativas de la provincia. Este festival es probablemente, el espaldarazo que necesitan para llegar a hacerse el hueco definitivo dentro de la música nacional. Esperada también es la actuación de los barceloneses Elefantes, que tras un paréntesis demasiado largo, vuelven a la carretera con ganas de volver a epatar como ya hicieron con aquel Azul, conquistando entonces un merecido éxito. Lo de Dover es otro retorno: a las raíces más rockeras, a los sonidos más acerados, a ese camino que dejaron de transitar por el tiempo de dos discos. Se les escuchará con atención...
Junto a la banda de las hermanas Llanos, los Dalton, M Clan y Arizona Baby serán los representantes de las esencias más rockeras. Solventes sobre un escenario, serán sin lugar a dudas el foco de atención de muchos de los asistentes, que vienen con el reclamo de los grandes nombres, caso de Mala Rodríguez y Vetusta Morla. La jerezana glosará parte de su ya extenso repertorio a medio camino (y sin medias tintas) del rap y el flamenco, mientras que los madrileños siguen acumulando kilómetros a una gira, la de La deriva, que va camino de convertirse en hito musical de la década.
Menú impresionante para degustar durante tres días en el Puerto de Cádiz. Si el impenitente calor nos sigue acompañando, los sones del mundo del No Sin Música Festival seguro que actuarán de perfecto apaciguador de los rigores del verano gaditano.
lunes, 9 de marzo de 2015
Otros lugares... otras visiones III: El buzón de los González
Segundo blog de índole parecida que el mismo individuo perpetra. La cosa es contar a través de una foto y un titular su día a día en una ciudad tan maravillosa como Cádiz, donde vive, estudia, come, cuida de un gato y come chuches. Así es él oiga. Sí, el mismo de Zúhmánticos. El año pasado ya dio cumplida cuenta de su aventura gaditana en otro blog, que le dio un poco más de trabajo. El polvorón de Shakespeare se llamó. La razón... Entren y lean.
Este año se lo ha tomado en modo perezoso, pero oiga, queda igual de chulo.
miércoles, 4 de marzo de 2015
Los últimos supervivientes
Prueba de agudeza mental: piensen en una canción, una sola canción de cualquier grupo español de los 80 con moderado éxito por entonces que mantenga en 2015 la misma frescura que hace treinta años. Tic, tac, tic, tac... Vale, puede que algunas hayan salido pero analicen ustedes aquellas letras y comprueben si el paso del tiempo ha jugado a su favor. Segunda prueba de agudeza mental: díganme qué grupo de los 80 puede mantener la frescura después de tres décadas. Pocos, realmente pocos, señal de que la Movida lo único que dejó fue un recuerdo basado en lo bien que se lo pasaron unos cuantos en aquellos años.
Los Toreros están frescos. Y no porque se hayan llevado en la nevera en plan Walt Disney unos cuantos años, sino porque dar carnalidad a la historias de Manolito y sus amigos, de la mamá que tiene bigote, del falangista que se va de excursión o del mono contratado por la NASA, provoca una rápida conexión con su público. Público que deja atrás la nostalgia (que la puede haber, y además no es mala) para acoger estos temas como actuales.
Yo les auguro larga vida en la carretera. Y espero que no cambien un ápice. ¡A la mierda la evolución del artista! Los Toreros Muertos tienen que ser Toreros y Muertos por siempre jamás. Necesitamos su parte lúdica, sus conciertos sin desmayo, su teatralidad, sus canciones. Necesitamos sentir que hoy también es domingo...
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