Aquí, el Camarón por fandangos.
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domingo, 19 de junio de 2016
En la Isla yo nací, me crié al pie de una fragua...
El Turronero, Paco de Lucía, Cepero y José... Cuatro monstruos.
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domingo, 8 de marzo de 2015
AmorLiebeLoveAmour
jueves, 14 de octubre de 2010
PASEANDO POR LA MEZQUITA

S
us muros remiten a un glorioso pasado en la que la Corduba omeya se granjeaba la admiración de algunos pueblos y el odio de otros. La gran mezquita, convertida por el paso del tiempo también en catedral, es una de las maravillas del mundo, uno de los tesoros de nuestro patrimonio histórico-artístico y una cita ineludible si se visita la bellísima capital de los califas. Para todo español, orgulloso de su historia, la mezquita debería ser un hito del que acordarnos que una vez esta España cainita fue mora durante ochocientos años, y que aquí, la integración de culturas, la ciencia, la cultura y el progreso eran constantes de dominio exclusivo de los de la media luna.
Seis siglos después de que el fulgor de la Córdoba musulmana sucumbiera ante los brillos de las espadas de los reyes cristianos, la ciudad andaluza mira con orgullo su pasado. Y lo hace sabedora de que su riqueza monumental y su lustrosa historia es el principal activo de su economía. Cuando decimos Córdoba, pensamos en mezquita (amén de en otros lugares singulares que no conviene perderse), cuando pensamos en mezquita, nos viene a la cabeza Córdoba. Por eso el que el señor obispo de aquella diócesis mee fuera del tiesto hablando de prohibiciones o eliminaciones, suena a rancio, a pasado de moda, a políticamente incorrecto en los tiempos que estamos. Y es que el prelado habla de que se conozca a la mezquita-catedral de Córdoba, SÓLO como catedral, puesto que es un templo cristiano. ¡Zas! En toda la boca. Se carga el ministro de Dios, siglos de historia porque así le viene en gana, afeando además, lo que piensan todos los cordobeses que están a gusto llamando a su catedral mezquita, porque en su génesis, así lo fue.
Las palabras del obispo (del que ni siquiera merece la pena referir su nombre) denotan, además de una falta de sensibilidad absoluta, unos prejuicios contra el diferente del tamaño de la propia mezquita. A buen seguro, el religioso camina con la testuz gacha por las amplias naves de este templo obviando los arcos de herradura, los versos del Corán pintados o esculpidos en la piedra, el imponente mihrab, la curiosa qibla (que no mira directamente a La Meca) o la exuberante decoración de las techumbres colocada por los maestros albañiles que participaron en su laboriosa construcción. Quizás quiera imponer credos, tal y como se hacía hace siglos, quizás quiera dar un paso más e imponer que todos llamemos a un edificio con otro nombre con el que sólo se corresponde a medias, rompiendo los lazos de integración que a lo largo de los siglos ha tendido este monumento. Después de que prohibieran cualquier otro tipo de culto en las salas de este majestuoso edificio, ahora el obispo de Córdoba quiere obligarnos a que hablemos como a él le parezca.
Como siempre, la Iglesia, a la última.
viernes, 13 de agosto de 2010
PASOS DE GIGANTE

O
jo al dato. Castilla-La Mancha crece (y mucho) como destino de turismo rural. En concreto, en un año particularmente malo para este sector productivo (aunque se ha notado un prometedor repunte en los últimos meses), la región se ha colocado en el segundo lugar en cuanto a número de visitantes en turismo rural mientras que es la tercera en cuota de mercado. Pasos de gigante. Trabajo bien hecho. A las pruebas nos remitimos. Hace escasamente una década, Castilla-La Mancha no podía ni soñar con estar en esta posición.
Pero los parabienes tienen que servir como acicate para seguir ahondando en un modelo productivo basado en ofrecer a los turistas el rico patrimonio histórico-artístico, las tradiciones, el impresionante entorno natural de sus cinco provincias, la oferta gastronómica y el calor de sus gentes. La autocomplacencia sería en estos momentos el peor enemigo para un despegue programado y que debe continuar en los próximos años para mejorar las estadísticas que hoy analizamos.
El problema de la región es que llegó tarde al reparto de la tarta. A pesar de los progresos realizados, deben existir herramientas que canalicen los esfuerzos encaminados a hacer del turismo rural una industria con cimientos fuertes. En este sentido, la aprobación del Plan Estratégico de Turismo es una prueba de la apuesta decidida que la sociedad castellanomanchega (el documento ha obtenido un respaldo unánime de las fuerzas políticas, económicas y sociales de la comunidad), quiere hacer por un modo productivo que puede colocar a la región en el mapa de los principales destinos de interior.
Toca convencer de las bondades que ofrecemos. Hay otro tipo de turismo: sostenible, concienciado, cultural... Un turismo, que además, crea riqueza. ¿Quién da más?
martes, 20 de octubre de 2009
LO QUE EL TIEMPO SE LLEVÓ

V
a a resultar que es un “tesoro oculto”, algo que estaba ahí, que todos sabemos que está ahí, pero que en resumidas cuentas, no conocemos aunque sepamos de su existencia. Estamos con lo de siempre, con que no valoramos lo que tenemos y que los que vienen a visitarnos conocen más lo que una ciudad como Albacete puede ofrecer.
La mañana del domingo fue atípica. Tras el desayuno, decidí encaminarme a descubrir ese “tesoro oculto”. Llevo ya un tiempo en esta ciudad como para decidirme a conocer un sitio que tenía a tiro de piedra y que resume entre sus paredes, buena parte de la historia social y económica de la villa. Previo pago de la entrada, me adentré a conocer los secretos de la que ha sido hasta hace bien poco la principal industria albaceteña. Por fin estaba en el Museo de la Cuchillería y de lo primero que me sorprendí fue de lo animado que estaba aquello. Bastante gente en sus instalaciones, aprovechando el soleado domingo para “culturizarse” un poco.
La segunda parte vino echando un vistazo somero a las instalaciones y a cómo está montado el museo. En estos casos suelen darse dos casos: uno, que no haya un proyecto museográfico definido y que el caos impere en la muestra, o que exista un hilo conductor que introduzca los contenidos a los visitantes. Aprueba con nota en este aspecto el museo cuchillero, porque además tampoco agobia con la información que ofrece. Exacta, justa, precisa y divulgativa.
La navaja, el cuchillo, el punzón, la puntilla... Todos estos objetos que han dado fama a Albacete durante siglos son los protagonistas. Desde la obtención de las materias primas hasta el uso cotidiano, pasando por las expertas manos del artesano que moldea el metal, afila la hoja y embellece el producto final que debe llegar a las manos del comprador. Artesanía en estado puro que gracias a la muestra que se hace de los utensilios de labor, llega al visitante para hablar de un tiempo pasado en el que algunas de las calles más céntricas de la ciudad estaban pobladas de talleres, de maestros y de aprendices.
Las nuevas tecnologías también se implican al servicio de la cuchillería y de su museo, un punto que le da a este edificio un aire innovador que pretende enlazar el vetusto oficio con las posibilidades de futuro. Sí, sí, futuro. Porque quizás la enseñanza más importante que se saca de una visita a este museo es que la cuchillería tiene vocación de futuro, y de eso se encargan entidades cono la Escuela de Cuchillería Amós Núñez, que desde hace unos años viene haciendo una labor loable para que este oficio no desaparezca. Nuevas generaciones se vienen formando en estos años para continuar con la más perfecta tradición albaceteña.
Terminada la visita, llega la reflexión, obvia por otro lado en una ciudad donde el patrimonio histórico ha ido desapareciendo paulatinamente. ¿Por qué somos tan cazurros como para colgarle el cartel de deshechable a oficios tradicionales, a industrias del pasado, o a nuestro patrimonio (ya sea oral, escrito, arquitectónico o artístico? Pasa aquí y en muchos sitios. Por ejemplo, se confunde el progreso con el terrorismo estético y tomando este camino nos quedamos poco a poco sin las esencias que han hecho a ciudades como ésta, ser lo que es. ¿Qué quedará de Albacete si el tiempo se lleva lo que tenemos?
lunes, 13 de abril de 2009
EL FUTURO MOTOR DE LA ECONOMÍA

E
n repetidas ocasiones hemos cantado desde esta misma tribuna las excelencias que la provincia de Albacete ofrece tanto al lugareño como al forastero. El turismo rural es, indudablemente, una de las bazas con la que se cuenta para mitigar los efectos de esta crisis de la que ya ni siquiera nos acordamos de cuándo y cómo empezó.
El escaparate que ofreció Fitur a finales del mes de enero fue inmejorable. Allí se presentó una ruta que tomando como pretexto la película de José Luis Cuerda, Amanece que no es poco, trataba de acercar al “gran público”, lugares desconocidos incluso para albaceteños del resto de la provincia, no digamos ya para el que viene de fuera.
Pero a falta de atractivos más “mundanos” como el sol o la playa, creemos que la fuerza del turismo en la provincia está en su patrimonio natural, en sus tradiciones, en su historia. Ahí es donde se debe incidir, aunque el camino ya se está recorriendo y hoy reconocemos en el turismo rural, una buena piedra de toque para hacer de esta industria una de las punteras en Albacete.
Faltan por mejorar muchos aspectos. Uno de ellos es fundamental para el desarrollo turístico. No hay “avalancha” de visitantes si no hay buenas comunicaciones y siendo sinceros, a la provincia le hace falta una mejora sensible en sus infraestructuras. Aunque la conexión ferrea con el corredor Madrid-Levante es óptima, queda mucho trabajo por hacer en las vías terrestres que nos conectan con Andalucía. A buen seguro, la sierra del Segura agradecería un aporte importante de visitantes de las provincias más cercanas de la vecina comunidad.
Vistas las carencias, el turismo en la provincia sigue pasos firmes y seguros. La calidad en el servicio es una de las banderas que se enarbolan para pensar en un futuro prometedor. Si entre todos conseguimos mejorar los defectos que aún se detectan, Albacete y su provincia pueden encontrarse con una gallina que puede poner valiosos huevos de oro.
lunes, 19 de enero de 2009
TERRORISMO ESTÉTICO

U
n polígono industrial de las afueras... las vías del tren... una estación típicamente sesentera (o setentera, no lo sé)... una avenida propia del crecimiento de la ciudad... edificios altos... más edificios altos... una fuente (con ranas)... otra avenida con edificios algo más bajos y algún que otro lugar de interés... Don Quijote y Sancho... esculturas de tias y tios gordos... y por fin, llegamos a El Altozano.
Aquí vemos las primeras muestras de lo que puede denominarse "casco histórico de Albacete", si exceptuamos que antes hemos pasado por el paseo de La Libertad y nos hemos topado con la Diputación y su reja tiroteada. En El Altozano, tenemos el Ayuntamiento viejo, el Gran Hotel, La Unión y El Fénix y... pare usted de contar. La calle Ancha no está mal, conserva algo de encantos de principios de siglo pasado. Si nos vamos en dirección al Ayuntamiento, tenemos la catedral, a la que yo, profano de lo de aquí pero entendido en otras cuestiones, sí que encuentro algún que otro aliciente a pesar de que más de un albaceteño ha renegado de ella. Y me pongo a buscar y más allá veo la Casa Perona, de la que algún día alguien muy cercano me dijo que allí vivía la Defensora del Pueblo (hoy el cargo ha cambiado de sexo).
Lo tiene chungo aquel historiador, aquel licenciado en Bellas Artes, aquel experto en este trocito de la cultura que se dedica al estudio del patrimonio arquitectónico, cuando llega a Albacete. Me cuentan que hace años era otra cosa. Leo y veo en libros imágenes pretéritas del esplendor de la ciudad en lo tocante a su casco histórico. Y no me lo creo, de verdad que no me lo creo. No concibo como una ciudad con lugares, rincones, balconadas, ventanales, vitrinas, lámparas, fuentes, espacios públicos, inmuebles singulares, etcétera, haya perdido todo ese esplendor y lo haya trocado por la más absoluta nadería, arquitectónicamente hablando claro.
Existió una grave enfermedad en la España del desarrollismo que luego se contagió a aquellos adeptos a la cultura del pelotazo basado en la teoría del ladrillo y en la práctica de llevarse el dinero a espuertas. Ese grave desorden significó el fin de un estilo urbano, el deceso de una forma de construir ciudades y de mantener patrimonios que no daba dinero, pero sí prestigio, no daba riqueza, pero sí status de ciudad bien considerada y bien mirada. Ese terrorismo estético que cambió edificios suntuosos por zafiedades funcionales es el que acabó con una ciudad que a mi, como albaceteño de adopción, me hubiese encantado conocer. Pero es lo que hemos tenido en este país. Mucho malandrín con ganas de pasarse de listo que con la connivencia de algunos le ha dado a Albacete una de sus señas de identidad cuando uno de fuera pregunta como es la ciudad: es fea. Los culpables... búsquenlos en la historia.
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