La misma rutina de siempre. A las 7 de la mañana (bueno 7 y pico, que a uno le gusta dejarse abrazar en la cama un poco un poco más), uno se levantaba, se adecentaba un poco, se tomaba el Cola Cao e iba de camino al instituto. Caras de sueño, cansancio acumulado, sensación de desgana y charla con los amigos. Era el día a día continuo de un estudiante de Bachillerato de la primera mitad de los 90, la época que me tocó vivir en el Poeta. Cientos de momentos viví: muchos buenos, algunos excelentes, otros no tanto (tampoco vamos a mitificar gratuitamente), pero quedan dos momentos en la memoria y uno más de propina que afortunadamente, aún me mantiene ligado al “tuto”.
-Paisaje con figuras
Era por mayo. La calor asomaba y estaba en COU. El curso amenazaba con irse mientras la temida Selectividad avizoraba al incauto grupo que formábamos parte de ese curso 95-96. A última hora nos tocaba Historia del Arte, una de mis asignaturas preferidas de siempre. Además la impartía el Mijita. José Antonio Aguilar, qué gran tipo. Pero por muy buen profesor que seas y mucha paciencia que tengas, aguantar a última hora a 30 adolescentes con ganas de terminar el curso y no ver un aula en tres meses, no era plato de buen gusto.
Para hacer más llevadera esa infame hora, el profe puso un vídeo. Apareció Antonio Gala presentando aquel programa llamado Paisaje con figuras donde mezclaba Historia, Arte, literatura y un poco de mito para contarnos cosas interesantísimas. O al menos, así me lo parece hoy. Pero ese día no prestaríamos la atención debida al bueno de don Antonio. El drama comenzó al poco de musitar las primeras palabras el literato. Las mofas de unos, las risas cómplices de la mayoría y los comentarios jocosos a cuenta de la presumida homosexualidad del presentador del programa provocó la catarsis. Realmente enfadado, José Antonio dejó de ser el Mijita, aquel tipo afable y buena gente, para con el rostro cariacontecido, mandarnos a todos a nuestra casa media hora antes de terminar la clase porque no le había gustado el tono de la burla.
No habíamos sido justos. Aunque personalmente no participé de la broma, sí que reí las gracietas a mis compañeros porque no creía que hubiese nada ofensivo en la chanza (éramos adolescentes, conviene recordarlo). Pensé que eran comentarios inofensivos, que no irían más de una broma simplona y en realidad, carente de sentido. En los 90 aún se hacían chistes de mariquitas y lo veíamos tan normal. Yo llegué a casa con desazón. Algo había cambiado en nuestra (cuasi perfecta) relación con José Antonio.
Al día siguiente, el temor. A primera nos tocaba (sí amigos, lo habéis adivinado) Historia del Arte. Llegamos y durante cinco minutos nadie dijo nada. Nuestro profesor se dedicó a escribir en la pizarra una lista de casi treinta nombres de distinguidas personalidades de diferentes etapas históricas. Todos ellos, señores y señoras respetables por lo que habían conseguido.
-¿Sabéis quienes son?
-Sí -, respondimos la mayoría.
-Son todos maricones. Empezamos la clase.
En realidad, la clase ya nos la había dado. Todos nos quedamos muy callados, repasando el mal que habíamos perpetrado el día anterior. Ese día aprendimos algo realmente valioso que no estaba en ninguna programación de aula. De paso, nos rendimos a un profesor inigualable.
-El comentario es el comentario
Seria, justa, comedida, organizada, exhaustiva, calculadora. Estos adjetivos y algunos otros sirven para calificar a Cristina Gómez, nuestra profesora de Historia en aquellos años. Si hoy tengo que “culpar” a alguien de haber estudiado Historia en la Universidad, indudablemente sería a Cristina. Ella supo dar con la clave para meter en la cabeza de sus alumnos que esta disciplina para nada es aburrida. Ella nos hizo comprender que aplicando el método científico a la Historia le quitábamos las telarañas a una disciplina que lamentablemente hoy vuelve a estar desprestigiada porque no se enseña de forma correcta. Culpen a la burocracia de ello.
Recuerdo cómo eran esas clases. Trabajo constante. Gráficas, tablas, exposición de ideas, poca narrativa “tradicional” y comentario de texto. Mucho comentario de texto. Dentro de esos escritos estaba inserta la Historia, solo había que quitar el polvo y la paja para verla. Cristina supo acertar en el enfoque y puedo decir sin equivocarme a que la gran mayoría de los que formábamos ese grupo disfrutamos esos años con sus clases. Clases en las que la participación era fundamental. Normal que luego sacara sobresaliente tras sobresaliente. No es que uno fuera bueno, es que trabajaba con los mejores mimbres.
-Los lunes grecolatinos
Hace algo más de un lustro volví al Poeta. Y el Poeta me salvó. Pasaba por un mal momento personal y profesional. Sin trabajo y casi sin aspiraciones, de la mano de Taetro (algún día se valorará la nunca bien ponderada labor de esta gente) llegué un día al Poeta junto a Eufrasio Jiménez, otro ex alumno del centro, para hablar con Juan Luis Belizón, a la sazón, director en aquel momento del Poeta. Juanlu, amigo de batallas pasadas, acogió el proyecto que le presentábamos con su habitual predisposición. Aquella cosa que acogió con agrado era el Taller de Teatro Grecolatino, la continuación de esos talleres con alumnos de Secundaria que Taetro llevaba ya desarrollando cinco o seis años. Ahora teníamos sede, el salón de actos de nuestro instituto, teníamos todas las facilidades del centro y teníamos alumnos. Con el pretexto de montar algo de Plauto o Aristófanes, buscábamos inspirar a los alumnos en la cultura clásica: debates, charlas, preguntas, improvisaciones, ejercicios, juegos, texto, texto, texto… y estreno en el Teatro Moderno. Ayudamos a muchos chavales y de paso, nos ayudamos a nosotros mismos.
Hoy, más de un lustro después, mantenemos la chispa del teatro en el Poeta, agarrando el testigo que nos dieron los pioneros en el centro (el grupo Capacha, del que por cierto Juanlu fue integrante) y con la ilusión de estar en nuestra casa, con otra rutina. Esta vez mucho más llevadera que la de levantarse temprano.
Artículo publicado en la revista conmemorativa de los 50 años del IES Poeta García Gutiérrez de Chiclana de la Frontera, centro educativo en el que fui alumno desde 1991 a 1996.
Mostrando entradas con la etiqueta homosexuales. Mostrar todas las entradas
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domingo, 23 de diciembre de 2018
jueves, 18 de mayo de 2017
Las telarañas del movimiento LGTBI
El Día Internacional contra la Homofobia, la Transfobia y la Bifobia se celebra el 17 de mayo. Esto es, ayer. Ese día de hace (solo) 27 años años, la Organización Mundial de la Salud eliminó la homosexualidad de su catálogo de enfermedades mentales. Entre esta fecha y la segunda mitad de junio, cuando se celebre por todo el mundo el Día del Orgullo Gay, este colectivo estará de fiesta, de reivindicación, de actualidad... Será foco de atención, afortunadamente, tras años de represión (muchas veces autoimpuesta), de oscurantismo, de estigmatización.
Es necesario este tipo de manifestaciones a modo de recordatorio. El camino andado, prácticamente empezado, aún está lleno de baches que de vez en cuando nos hacen recordar la importancia de celebrar este 17 de mayo o de festejar en el Orgullo. Yo soy más de lo primero que de lo segundo, qué le voy a hacer. Cosas de ser un tipo más soso o de ir haciéndome mayor.
Pero es curioso cómo en este mundo donde te escuchan más si más seguidores tienes (aunque tu mensaje sea una mierda) y triunfan etiquetas que pregonan aquello de #lovewins o #loveislove caigamos en los tradicionalismos en los que incurre el colectivo gay, bisexual y transexual. Luchamos por igualdad en derechos y ciertamente, se consiguió un avance gracias a algunas iniciativas legislativas propiciadas por el gobierno de Zapatero. Curiosamente lo que tuvo más eco es que desde entonces, los mariquitas nos podíamos casar. Cada cual que haga con su vida lo que le plazca, pero sinceramente no creo que lo más progresista sea conseguir casarse, una institución anquilosada, retrógrada y que esclaviza a los contrayentes mediante una mera relación contractual. Es desear algo que ves que no funciona en la otra acera. Eso no va conmigo, no señor. El amor no es eso.
Hablemos del amor... #lovewins. Sí, queda bonito como eslogan de Benetton pero leía a un compañero poner en una red social que qué pasa con el sexo. ¿Es que tenemos que identificar lucha por igualdad de derechos exclusivamente con el amor? ¿No hay amor entre heterosexuales? ¿Es menos gay alguien como yo que cree que lo del amor es un engañifa y que pone más valor en el sexo como verdadera muestra de cariño hacia otra persona? Si es que hasta la bandera arco iris, símbolo del movimiento, me da la razón. Cada color refleja un sentimiento, un estado de ánimo: no está el amor, el sexo, sí.
En fin, ahí os dejo pensando. No me lapidéis por criticarnos un poco a nosotros mismos. Es sano. Nos sentiremos más libres del guetto en el que a veces, estos comportamientos nos hacen permanecer.
Un beso (con amor) a todos y follad con precaución todo lo que podáis.
Es necesario este tipo de manifestaciones a modo de recordatorio. El camino andado, prácticamente empezado, aún está lleno de baches que de vez en cuando nos hacen recordar la importancia de celebrar este 17 de mayo o de festejar en el Orgullo. Yo soy más de lo primero que de lo segundo, qué le voy a hacer. Cosas de ser un tipo más soso o de ir haciéndome mayor.
Pero es curioso cómo en este mundo donde te escuchan más si más seguidores tienes (aunque tu mensaje sea una mierda) y triunfan etiquetas que pregonan aquello de #lovewins o #loveislove caigamos en los tradicionalismos en los que incurre el colectivo gay, bisexual y transexual. Luchamos por igualdad en derechos y ciertamente, se consiguió un avance gracias a algunas iniciativas legislativas propiciadas por el gobierno de Zapatero. Curiosamente lo que tuvo más eco es que desde entonces, los mariquitas nos podíamos casar. Cada cual que haga con su vida lo que le plazca, pero sinceramente no creo que lo más progresista sea conseguir casarse, una institución anquilosada, retrógrada y que esclaviza a los contrayentes mediante una mera relación contractual. Es desear algo que ves que no funciona en la otra acera. Eso no va conmigo, no señor. El amor no es eso.
Hablemos del amor... #lovewins. Sí, queda bonito como eslogan de Benetton pero leía a un compañero poner en una red social que qué pasa con el sexo. ¿Es que tenemos que identificar lucha por igualdad de derechos exclusivamente con el amor? ¿No hay amor entre heterosexuales? ¿Es menos gay alguien como yo que cree que lo del amor es un engañifa y que pone más valor en el sexo como verdadera muestra de cariño hacia otra persona? Si es que hasta la bandera arco iris, símbolo del movimiento, me da la razón. Cada color refleja un sentimiento, un estado de ánimo: no está el amor, el sexo, sí.
En fin, ahí os dejo pensando. No me lapidéis por criticarnos un poco a nosotros mismos. Es sano. Nos sentiremos más libres del guetto en el que a veces, estos comportamientos nos hacen permanecer.
Un beso (con amor) a todos y follad con precaución todo lo que podáis.
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| Sexo, vida curación, luz del Sol, naturaleza, magia, serenidad, espíritu. |
jueves, 16 de febrero de 2017
Lorca, el homófobo
Un poquito de sensacionalismo en el título de la entrada y lo explico...
Lorca homenajea a Walt Whitman en Poeta en Nueva York (escrito entre 1929 y 1930, pero publicado en México en 1940). El poeta de la libertad ensalzado por su más distinguido seguidor en el panorama literario español. En Oda a Walt Whitman, Lorca pone en una esfera superior el "amor puro" del ser humano sin distinciones sexuales, sin necesidad de categorizar al hombre en tendencias afectivas o sentimentales. Lorca habla de lo sucio de los "maricas" frente a la posición libérrima que frente al amor posee la persona y la obra de Whitman.
Puede parecer homófoba la posición del poeta granadino pero hay que contextualizar su publicación en una época (los terribles años 30) y en un país (la terrible España pre Guerra Civil) donde ser "marica" no era precisamente plato de buen gusto. Y además, qué cojones, ser "marica" está hoy sobrevalorado. Yo soy marica y no quiero compartirlo con el mundo porque al mundo le da igual con quién folle. No quiero hacer proselitismo. Quiero ser yo. Simplemente yo. Así que si por eso soy homófobo, lo soy.
Por cierto, he aquí la Oda a Walt Whitman.
Por el East River y el Bronx
los muchachos cantaban enseñando sus cinturas,
con la rueda, el aceite, el cuero y el martillo.
Noventa mil mineros sacaban la plata de las rocas
y los niños dibujaban escaleras y perspectivas.
Pero ninguno se dormía,
ninguno quería ser el río,
ninguno amaba las hojas grandes,
ninguno la lengua azul de la playa.
Por el East River y el Queensborough
los muchachos luchaban con la industria,
y los judíos vendían al fauno del río
la rosa de la circuncisión
y el cielo desembocaba por los puentes y los tejados
manadas de bisontes empujadas por el viento.
Pero ninguno se detenía,
ninguno quería ser nube,
ninguno buscaba los helechos
ni la rueda amarilla del tamboril.
Cuando la luna salga
las poleas rodarán para tumbar el cielo;
un límite de agujas cercará la memoria
y los ataúdes se llevarán a los que no trabajan.
Nueva York de cieno,
Nueva York de alambres y de muerte.
¿Qué ángel llevas oculto en la mejilla?
¿Qué voz perfecta dirá las verdades del trigo?
¿Quién el sueño terrible de sus anémonas manchadas?
Ni un solo momento, viejo hermoso Walt Whitman,
he dejado de ver tu barba llena de mariposas,
ni tus hombros de pana gastados por la luna,
ni tus muslos de Apolo virginal,
ni tu voz como una columna de ceniza;
anciano hermoso como la niebla
que gemías igual que un pájaro
con el sexo atravesado por una aguja,
enemigo del sátiro,
enemigo de la vid
y amante de los cuerpos bajo la burda tela.
Ni un solo momento, hermosura viril
que en montes de carbón, anuncios y ferrocarriles,
soñabas ser un río y dormir como un río
con aquel camarada que pondría en tu pecho
un pequeño dolor de ignorante leopardo.
Ni un sólo momento, Adán de sangre, macho,
hombre solo en el mar, viejo hermoso Walt Whitman,
porque por las azoteas,
agrupados en los bares,
saliendo en racimos de las alcantarillas,
temblando entre las piernas de los chauffeurs
o girando en las plataformas del ajenjo,
los maricas, Walt Whitman, te soñaban.
¡También ese! ¡También! Y se despeñan
sobre tu barba luminosa y casta,
rubios del norte, negros de la arena,
muchedumbres de gritos y ademanes,
como gatos y como las serpientes,
los maricas, Walt Whitman, los maricas
turbios de lágrimas, carne para fusta,
bota o mordisco de los domadores.
¡También ése! ¡También! Dedos teñidos
apuntan a la orilla de tu sueño
cuando el amigo come tu manzana
con un leve sabor de gasolina
y el sol canta por los ombligos
de los muchachos que juegan bajo los puentes.
Pero tú no buscabas los ojos arañados,
ni el pantano oscurísimo donde sumergen a los niños,
ni la saliva helada,
ni las curvas heridas como panza de sapo
que llevan los maricas en coches y terrazas
mientras la luna los azota por las esquinas del terror.
Tú buscabas un desnudo que fuera como un río,
toro y sueño que junte la rueda con el alga,
padre de tu agonía, camelia de tu muerte,
y gimiera en las llamas de tu ecuador oculto.
Porque es justo que el hombre no busque su deleite
en la selva de sangre de la mañana próxima.
El cielo tiene playas donde evitar la vida
y hay cuerpos que no deben repetirse en la aurora.
Agonía, agonía, sueño, fermento y sueño.
Éste es el mundo, amigo, agonía, agonía.
Los muertos se descomponen bajo el reloj de las ciudades,
la guerra pasa llorando con un millón de ratas grises,
los ricos dan a sus queridas
pequeños moribundos iluminados,
y la vida no es noble, ni buena, ni sagrada.
Puede el hombre, si quiere, conducir su deseo
por vena de coral o celeste desnudo.
Mañana los amores serán rocas y el Tiempo
una brisa que viene dormida por las ramas.
Por eso no levanto mi voz, viejo Walt Whítman,
contra el niño que escribe
nombre de niña en su almohada,
ni contra el muchacho que se viste de novia
en la oscuridad del ropero,
ni contra los solitarios de los casinos
que beben con asco el agua de la prostitución,
ni contra los hombres de mirada verde
que aman al hombre y queman sus labios en silencio.
Pero sí contra vosotros, maricas de las ciudades,
de carne tumefacta y pensamiento inmundo,
madres de lodo, arpías, enemigos sin sueño
del Amor que reparte coronas de alegría.
Contra vosotros siempre, que dais a los muchachos
gotas de sucia muerte con amargo veneno.
Contra vosotros siempre,
Faeries de Norteamérica,
Pájaros de la Habana,
Jotos de Méjico,
Sarasas de Cádiz,
Ápios de Sevilla,
Cancos de Madrid,
Floras de Alicante,
Adelaidas de Portugal.
¡Maricas de todo el mundo, asesinos de palomas!
Esclavos de la mujer, perras de sus tocadores,
abiertos en las plazas con fiebre de abanico
o emboscadas en yertos paisajes de cicuta.
¡No haya cuartel! La muerte
mana de vuestros ojos
y agrupa flores grises en la orilla del cieno.
¡No haya cuartel! ¡Alerta!
Que los confundidos, los puros,
los clásicos, los señalados, los suplicantes
os cierren las puertas de la bacanal.
Y tú, bello Walt Whitman, duerme a orillas del Hudson
con la barba hacia el polo y las manos abiertas.
Arcilla blanda o nieve, tu lengua está llamando
camaradas que velen tu gacela sin cuerpo.
Duerme, no queda nada.
Una danza de muros agita las praderas
y América se anega de máquinas y llanto.
Quiero que el aire fuerte de la noche más honda
quite flores y letras del arco donde duermes
y un niño negro anuncie a los blancos del oro
la llegada del reino de la espiga.
los muchachos cantaban enseñando sus cinturas,
con la rueda, el aceite, el cuero y el martillo.
Noventa mil mineros sacaban la plata de las rocas
y los niños dibujaban escaleras y perspectivas.
Pero ninguno se dormía,
ninguno quería ser el río,
ninguno amaba las hojas grandes,
ninguno la lengua azul de la playa.
Por el East River y el Queensborough
los muchachos luchaban con la industria,
y los judíos vendían al fauno del río
la rosa de la circuncisión
y el cielo desembocaba por los puentes y los tejados
manadas de bisontes empujadas por el viento.
Pero ninguno se detenía,
ninguno quería ser nube,
ninguno buscaba los helechos
ni la rueda amarilla del tamboril.
Cuando la luna salga
las poleas rodarán para tumbar el cielo;
un límite de agujas cercará la memoria
y los ataúdes se llevarán a los que no trabajan.
Nueva York de cieno,
Nueva York de alambres y de muerte.
¿Qué ángel llevas oculto en la mejilla?
¿Qué voz perfecta dirá las verdades del trigo?
¿Quién el sueño terrible de sus anémonas manchadas?
Ni un solo momento, viejo hermoso Walt Whitman,
he dejado de ver tu barba llena de mariposas,
ni tus hombros de pana gastados por la luna,
ni tus muslos de Apolo virginal,
ni tu voz como una columna de ceniza;
anciano hermoso como la niebla
que gemías igual que un pájaro
con el sexo atravesado por una aguja,
enemigo del sátiro,
enemigo de la vid
y amante de los cuerpos bajo la burda tela.
Ni un solo momento, hermosura viril
que en montes de carbón, anuncios y ferrocarriles,
soñabas ser un río y dormir como un río
con aquel camarada que pondría en tu pecho
un pequeño dolor de ignorante leopardo.
Ni un sólo momento, Adán de sangre, macho,
hombre solo en el mar, viejo hermoso Walt Whitman,
porque por las azoteas,
agrupados en los bares,
saliendo en racimos de las alcantarillas,
temblando entre las piernas de los chauffeurs
o girando en las plataformas del ajenjo,
los maricas, Walt Whitman, te soñaban.
¡También ese! ¡También! Y se despeñan
sobre tu barba luminosa y casta,
rubios del norte, negros de la arena,
muchedumbres de gritos y ademanes,
como gatos y como las serpientes,
los maricas, Walt Whitman, los maricas
turbios de lágrimas, carne para fusta,
bota o mordisco de los domadores.
¡También ése! ¡También! Dedos teñidos
apuntan a la orilla de tu sueño
cuando el amigo come tu manzana
con un leve sabor de gasolina
y el sol canta por los ombligos
de los muchachos que juegan bajo los puentes.
Pero tú no buscabas los ojos arañados,
ni el pantano oscurísimo donde sumergen a los niños,
ni la saliva helada,
ni las curvas heridas como panza de sapo
que llevan los maricas en coches y terrazas
mientras la luna los azota por las esquinas del terror.
Tú buscabas un desnudo que fuera como un río,
toro y sueño que junte la rueda con el alga,
padre de tu agonía, camelia de tu muerte,
y gimiera en las llamas de tu ecuador oculto.
Porque es justo que el hombre no busque su deleite
en la selva de sangre de la mañana próxima.
El cielo tiene playas donde evitar la vida
y hay cuerpos que no deben repetirse en la aurora.
Agonía, agonía, sueño, fermento y sueño.
Éste es el mundo, amigo, agonía, agonía.
Los muertos se descomponen bajo el reloj de las ciudades,
la guerra pasa llorando con un millón de ratas grises,
los ricos dan a sus queridas
pequeños moribundos iluminados,
y la vida no es noble, ni buena, ni sagrada.
Puede el hombre, si quiere, conducir su deseo
por vena de coral o celeste desnudo.
Mañana los amores serán rocas y el Tiempo
una brisa que viene dormida por las ramas.
Por eso no levanto mi voz, viejo Walt Whítman,
contra el niño que escribe
nombre de niña en su almohada,
ni contra el muchacho que se viste de novia
en la oscuridad del ropero,
ni contra los solitarios de los casinos
que beben con asco el agua de la prostitución,
ni contra los hombres de mirada verde
que aman al hombre y queman sus labios en silencio.
Pero sí contra vosotros, maricas de las ciudades,
de carne tumefacta y pensamiento inmundo,
madres de lodo, arpías, enemigos sin sueño
del Amor que reparte coronas de alegría.
Contra vosotros siempre, que dais a los muchachos
gotas de sucia muerte con amargo veneno.
Contra vosotros siempre,
Faeries de Norteamérica,
Pájaros de la Habana,
Jotos de Méjico,
Sarasas de Cádiz,
Ápios de Sevilla,
Cancos de Madrid,
Floras de Alicante,
Adelaidas de Portugal.
¡Maricas de todo el mundo, asesinos de palomas!
Esclavos de la mujer, perras de sus tocadores,
abiertos en las plazas con fiebre de abanico
o emboscadas en yertos paisajes de cicuta.
¡No haya cuartel! La muerte
mana de vuestros ojos
y agrupa flores grises en la orilla del cieno.
¡No haya cuartel! ¡Alerta!
Que los confundidos, los puros,
los clásicos, los señalados, los suplicantes
os cierren las puertas de la bacanal.
Y tú, bello Walt Whitman, duerme a orillas del Hudson
con la barba hacia el polo y las manos abiertas.
Arcilla blanda o nieve, tu lengua está llamando
camaradas que velen tu gacela sin cuerpo.
Duerme, no queda nada.
Una danza de muros agita las praderas
y América se anega de máquinas y llanto.
Quiero que el aire fuerte de la noche más honda
quite flores y letras del arco donde duermes
y un niño negro anuncie a los blancos del oro
la llegada del reino de la espiga.
lunes, 13 de junio de 2016
En Cádiz hay muchos maricones
Y en Madrid, Cuenca, Calasparra, Chiclana, Moscú... y en Orlando, aunque desde hace un par de días hay unos cuantos menos debido al fanatismo, al odio y a las balas.
Digo lo de Cádiz porque históricamente se ha dicho que en la ciudad en la que nací siempre ha habido mucho marica suelto. Desde siempre. Bueno, no desde siempre. Fundamentalmente, el mito surgió en el siglo XIX cuando el entonces gobernador civil de Cádiz, Pascual Ribot, legalizó en la provincia la prostitución masculina y claro, la capital con su puerto era el sitio más proclive para que la población homosexual creciera. Lo cierto es que la norma fue muy progresista para la época porque incluso los prostitutos tenían seguro médico aunque a la par, también tenían que pagar impuestos. Al lío. Por eso siempre Cádiz ha tenido esa especie de sambenito de ser una ciudad más mariquita que otras, pero ya ven. Mariquitas hay en todos lados. Por cierto, si quieren ampliar un poco la información, pinchen aquí.
También hay gilipollas en todos lados. Incluso en Cádiz. Un día antes de la masacre del bar Pulse en Orlando, donde por si ustedes no lo saben, han muerto medio centenar de personas (sí, también eran gays pero eso es secundario), se paseaba uno de estos gilipollas gaditanos precisamente por el sitio de Cádiz donde históricamente paseaban más homosexuales, el Muelle (para los foráneos, así llamamos nosotros al Puerto de la ciudad). Este tonto supino se grababa con el móvil después de haber salido del gym de "hacer piernas" -porque lo de "hacer neuronas" no lo tenía contemplado en su agenda diaria-, y señalando la bandera arcoiris que ondeaba en la plaza de Sevilla, arremetía contra el alcalde José María González, instándole a cambiarla por la bandera de España, la rojigualda. Y lo hacía con una riqueza del lenguaje inusitada, habida cuenta de la gilipollez mostrada por el personaje, es decir, insultando a la comunidad gay, a la máxima institución de la ciudad, a todos los gaditanos que pregonan que Cádiz es cuna de la libertad y de paso, insultando al buen gusto.
Este tipo de personajes es el que hay que combatir, no porque vayan a liarse a tiros en un bar de gays cualquiera, aquí o en Orlando. Sino porque demuestra qué es lo que falla cuando hablamos de homofobia. Y lo que falla se encuentra en la base de nuestro sistema: la educación, tanto la que viene dada por la formación que se nos enseña en la escuela, como la de valores que debe ser estipulada por la familia. Y ahí es donde fracasamos estrepitosamente. Esa Educación para la Ciudadanía que la derecha se cargó por creer que era una mala influencia para nuestros jóvenes, era una herramienta fundamental para el desarrollo en valores de nuestra sociedad.
Y desde luego no ayuda para nada el machismo y la homofobia latente en la sociedad: en la política, en el deporte, en la religión. El terrorismo no solo se comete con balas. Las ideas suelen ser muy peligrosas y en este caso, se demuestra prácticamente cada semana.
Es triste lo de Orlando. Es triste también que un chiquillo de 14 años se suicidara hace unos meses en España por sentirse "diferente". Es triste esa idiocia que hace del hombre un ser que tiene que ser macho para demostrar no sabemos muy bien qué. Es triste que para colmo, haya gilipollas en Cádiz que busquen la fama buscando gresca.
En Cádiz hay muchos maricones. Afortunadamente la mayoría saben que antes que eso, son seres humanos como tú y como yo.
miércoles, 16 de marzo de 2016
Lolailo lololá...
Manolo era todo un macho de pelo en pecho
pero estaba algo cansado,
estaba harto de su sexo...
así que se afeitó y se depiló
y ahora Manolo es toda una mujer
desde que va por el lado de la vida más salvaje
-sí Manoli-por el lado más salvaje de la vida.
Natalia era un poco pija, divertida y sin manías
sus amantes mantenían
su pisito de estudiante
pero eso sí,
era muy decente sus clientes eran ricos,
finos y elegantes,y así sobrevive,
por el lado más salvaje de la vida
-sí Natalia-por el lado más bestia de la vida.
Hey lei lerei lerei lei lerei lerei !!
Lai lolai lolai lolai lailo lolai !!
lailololaiiii...
Jaimito el camellito
nunca dio nada,
ni un toque por aquí,
ni un toque por allá,
si te quieres flipar
hay que pagar
y es que en esta ciudad
ya no hay nadie que no diga
Hey amigo
te vienes a dar una vuelta conmigo
Hey Jaimito
Aurelio se fué del pueblo
voy a comerme el mundo
era un poquito palurdo, campechano y aburrido
y si ahora lo vieras
en la discoteca
que marcha lleva
venga, venga, venga
bailando por el lado más bestia
-si l'Aurelio- por la pista más bestia de la vida.
María iba a 1.000 por hora
iba muy deprisa
cuanto más ciega se ponía
más a gusto se sentía
acabó con ella una taquicardia
y su mejor amiga ya me lo decía
que María iba por el lado más bestia de la vida;
Sus amigas le decían:
Vas por el lado más bestia de la vida.
Hey lei lerei lerei lei lerei lerei !!
Lai lolai lolai lolai lailo lolai !!
lailo lolai, lailo lolai lolai lolai !!
lailolaaaaaa...
El lado más bestia de la vida (del disco Supone Fonosolla, 1995).
Albert Pla.
pero estaba algo cansado,
estaba harto de su sexo...
así que se afeitó y se depiló
y ahora Manolo es toda una mujer
desde que va por el lado de la vida más salvaje
-sí Manoli-por el lado más salvaje de la vida.
Natalia era un poco pija, divertida y sin manías
sus amantes mantenían
su pisito de estudiante
pero eso sí,
era muy decente sus clientes eran ricos,
finos y elegantes,y así sobrevive,
por el lado más salvaje de la vida
-sí Natalia-por el lado más bestia de la vida.
Hey lei lerei lerei lei lerei lerei !!
Lai lolai lolai lolai lailo lolai !!
lailololaiiii...
Jaimito el camellito
nunca dio nada,
ni un toque por aquí,
ni un toque por allá,
si te quieres flipar
hay que pagar
y es que en esta ciudad
ya no hay nadie que no diga
Hey amigo
te vienes a dar una vuelta conmigo
Hey Jaimito
Aurelio se fué del pueblo
voy a comerme el mundo
era un poquito palurdo, campechano y aburrido
y si ahora lo vieras
en la discoteca
que marcha lleva
venga, venga, venga
bailando por el lado más bestia
-si l'Aurelio- por la pista más bestia de la vida.
María iba a 1.000 por hora
iba muy deprisa
cuanto más ciega se ponía
más a gusto se sentía
acabó con ella una taquicardia
y su mejor amiga ya me lo decía
que María iba por el lado más bestia de la vida;
Sus amigas le decían:
Vas por el lado más bestia de la vida.
Hey lei lerei lerei lei lerei lerei !!
Lai lolai lolai lolai lailo lolai !!
lailo lolai, lailo lolai lolai lolai !!
lailolaaaaaa...
El lado más bestia de la vida (del disco Supone Fonosolla, 1995).
Albert Pla.
domingo, 21 de febrero de 2016
Cachitos de "periodismo" XIX
Los podemitas de Chiclana se han enfadado por este comentario mio en Facebook. Y con razón. Es de mal periodista:
Un podemita chiclanero muy de izquierdas, ante la falta de argumentos políticos acaba de criticar mi (exquisito) gusto (homo)sexual. Gente muy progresista, vaya. ¿Qué dirán sus compañeros de partido, asamblea, círculo o corral de vecinas?
En efecto no podía inferir de una parte un todo. Y en este caso, no todos los podemitas son homófobos. Intenté buscar el escándalo, el amarillismo y la reacción visceral y así no, amiguitos.
Nunca lo hagáis... Eso sí, podéis seguir adorando pollas si os gustan.
Un podemita chiclanero muy de izquierdas, ante la falta de argumentos políticos acaba de criticar mi (exquisito) gusto (homo)sexual. Gente muy progresista, vaya. ¿Qué dirán sus compañeros de partido, asamblea, círculo o corral de vecinas?
En efecto no podía inferir de una parte un todo. Y en este caso, no todos los podemitas son homófobos. Intenté buscar el escándalo, el amarillismo y la reacción visceral y así no, amiguitos.
Nunca lo hagáis... Eso sí, podéis seguir adorando pollas si os gustan.
martes, 29 de marzo de 2011
INDIGNACIÓN Y RESPETO... A TODOS

A
fortunadamente Albacete es un crisol de culturas donde, en estos días en que tanto se habla de racismo, de integración, de respeto a las minorías que no lo son tanto, y de explicación de las causas de estos fenómenos, conviven en relativa armonía un buen porcentaje de personas venidas de otros países. También con fortuna asistimos a una pacífica convivencia entre las distintas confesiones que en ella habitan, cosa de la que todos nos debemos alegrar.
En los últimos días también hemos asistido a ciertos episodios realmente curiosos. Hace unos días, unos jóvenes entraron en la capilla de la Complutense y se desnudaron para, según ellos, criticar el hecho de la mera existencia de esta instalación. Hecho primero: la mera anécdota del desnudo colectivo ante símbolos religiosos debe tomarse como lo que es, una estupidez que sólo provocó más escándalo en las mentes predispuestas para ello. Hecho segundo: ¿por qué existe en una universidad pública de un estado aconfesional una capilla? (por extensión, lo podemos aplicar a hospitales, cementerios, cuarteles...).
También escuchamos a cierto clérigo de altos vuelos quejarse de persecución por el colectivo gay. ¿Persecución o obsesión? Que yo sepa al estamento religioso no lo han estigmatizado (quizá ellos a sí mismos con ciertas conductas que levemente podemos considerar como indecorosas), perseguido, sojuzgado, aniquilado (piensen en ciertos hornos crematorios en ciertos campos de concentración y exterminio nazis).
Escándalo. En ambos casos se utiliza este concepto para explicar lo que sienten los seguidores de la doctrina católica. Escándalo. Algunos "españoles de buena voluntad", que al parecer son sólo los católicos, se escandalizan de la "profanación" de la capilla universitaria reclamando "respeto" hacia sus creencias, pero curiosamente, negando el pan y la sal hacia el diferente. Me llama la atención lo rápido que algunos desde sus posiciones inmovilistas, se sienten indignados por algo que simplemente, y en cumplimiento de la ley suprema del Estado que es la Constitución, no debería existir. Lo del desnudo es pura anécdota. Lo malo es que "los españoles de buena voluntad" se quedan en eso, y no quieren "respetar" al que no opina o cree como ellos, no quieren entrar en el fondo de la cuestión porque saben que ahí lo tendrían todo perdido. Pero que no se sientan dolidos... Aquí siempre nos quedaremos con unos "pechos desnudados", esto es, con la anécdota, por encima de lo que es realmente importante... sin ánimo ofender... o indignar...
martes, 16 de junio de 2009
EL ALCALDE DE LA CALLE CASTRO
U
n fin de semana da para mucho, incluso para que una película te haga pensar. La tarde del domingo es propicia para perder el tiempo y qué mejor forma de hacerlo que viendo buen cine. En este caso el DVD era de la película Mi nombre es Harvey Milk. Para aquellos que estén perdidos, ese hombre, ese nombre, es el del primer homosexual abiertamente declarado que alcanzó un cargo político de relevancia en Estados Unidos. Lo llamaron el alcalde de la calle Castro. Ocurrió en 1978, el mismo año de su muerte... por asesinato. Hace poco, muy poco.
El papel de Milk lo interpreta de forma soberbia Sean Penn. Ha ganado el Oscar al mejor actor por este papel y lo cierto es que es algo merecido. Pero más allá de conclusiones cinematográficas, este filme deja en el aire ciertas premisas para el análisis y la discusión. Un homosexual en política. Hoy es rara avis. Que yo recuerde, en cargos importantes no hay ninguno en España y pocos, muy pocos en Europa y el resto del mundo (quizás la primera ministra de Islandia, lesbiana fuera del armario hace años). En España sí que se ha avanzado algo en otras esferas de la sociedad. Militares, jueces, periodistas e incuso curas, que han declarado su condición sexual y que viven con cierta normalidad este hecho, pero la política se escapa a este hecho. El ejemplo de Milk no cunde, quizás por ese miedo, esa represalia que puede llegar en forma de anatema social, ese rechazo que aún destila la figura de un homosexual, aunque el colectivo quiera librarse de la imagen díscola y frívola que ha arrastrado.
Ahora que se acerca el mal llamado Día del Orgullo Gay (¿sólo se está orgulloso en ese día?), iniciado precisamente por un el Discurso de la Esperanza que Milk pronunció en San Francisco un 25 de junio de 1978, cabe recordar la herencia de esta figura. El activismo homosexual dio sus primeros pasos con su lucha contra el stablishment político, dominado entonces por los primeros aleteos de la oleada neoconservadora que en los 80 tuvo su principal defensor en Ronald Reagan. Milk, más que luchar por un puesto de concejal (o supervisor, como lo llaman en Estados Unidos), quiso abrir una grieta en el muro del odio y la indiferencia. Y lo consiguió, tanto como para tumbar una iniciativa republicana liderada por el senador John Briggs, por la cual se pretendía restringir al mínimo los derechos laborales (y por ende, sociales), de los gays. Briggs salió perdedor y la comunidad gay vio la luz al final del guetto.
Pero, lo que entonces parecía una cantinela ya pasada de moda, hoy, tres décadas después, sigue sonando en nuestros oídos. La familia, Dios, los hijos, la decencia, la moral... Conceptos que son usados y tergiversados para enfrentarse a todo lo “pernicioso” que representan los gays y lesbianas. Háganse una pregunta, ¿por qué Dios sale siempre a relucir cuando se habla de ciertos derechos (humanos)? ¿Por qué la religión sigue teniendo ese poder coercitivo y castrador hacia ciertas libertades como la elección sexual de cada individuo? Treinta años después, tres décadas de lucha colectiva por una igualdad sexual, con miles de historias terribles tras la ocultación de gays y lesbianas, con el cadáver de Harvey Milk aún caliente, los gays, más allá de la pluma y el cachondeíto de las carrozas del Orgullo, siguen con trabajo pendiente. La cuestión es si el resto de la sociedad puede echarles una mano en su lucha.
viernes, 5 de diciembre de 2008
HOY NO ME QUIERO RETRATAR

P
ues no. No tengo ganas de criticar. No quiero (aunque podría) hablar de la enésima cagada de la Iglesia Católica contra los homosexuales, a los que la ONU quiere "despenalizar" -madre mia- porque en algunos países se les cuelga por soplarle en el cogote a otros tios. Y total, Benedicto y sus colegas pues se apuntan a eso que para eso son unos defensores de cojones del derecho a la vida. Amén.
También podría hablarles de la crisis económica, pero maldita la gracia que me hace tener que hacerlo en este huequecito en el que trato de explayarme. Además, que doctores tiene la Iglesia (¡otra vez ellos por aquí!), para analizar el crash bursátil y su puñetera madre. Podría indagar en las razones por las que un gilipollas sale de la cárcel, se va a ver a su mujer y la mata, mientras el chip que le han colocado no va y el funcionario de turno no se da cuenta de que el sujeto anda suelto. Porca miseria.
Me encantaría tener tiempo para poner a caldo a los cabronazos de ETA que vuelven a sembrar de sangre y vileza una tierra a la que quiero tanto y a la que acompaño en el sentimiento cada vez que uno de sus hijos cae por las balas de esos eunucos mentales de gatillo fácil y poca vergüenza cotidiana. Me encantaría comentarles lo que pienso, o mejor dicho, por donde me paso lo de la Navidad, las lucecitas, los regalos, los Reyes (Magos), y la madre que los parió, pero estoy viendo que me quedo sin tiempo y sin espacio.
Daría lo que fuera por aportarles mi visión de la maldad intrínseca del ser humano al ver cosas como los atentados de Bombay y la ligereza que Espe tuvo en huir del infierno en la Tierra. Entre balas andaba el juego mientras la lideresa por un día fue émula de Usain Bolt y deseó tener a su vera un helicóptero para poner pies en polvorosa, y eso que a ella los aparatejos esos le da un miedo atávico. También, ahora que se acerca esa Navidad de la que no quiero hablar, escribiría algunas palabras sobre el hambre en el mundo ahora que vamos a llenar nuestras barrigas con menús navideños anticrisis. O sobre la paz mundial, en plan Miss de lo que sea.
También tengo sitio para dar mi opinión de la ¿entrevista? a Cachuli y a Luisito Roldán, dos santos varones víctimas de una conspiración socialista-judeo-bolchevique (por lo menos), que hizo que sus bolsillos se llenaran de dinero que ellos no querían. ¡Me cago en la corrupción y en los fondos reservados! A lo sumo podrían compartir conmigo los pensamientos que se me vienen a la cabeza de la forma de hacer televisión (es un decir), de ese invento berlusconiano llamado Tele 5.
Podría... pero no quiero. Hoy no tengo cuerpo de hablarles, ni de opinar, ni de siquiera criticar. Cuando ustedes lean esto, estaré de puente (lo siento por los envidiosos), y ahora mismo lo único que tengo en la cabeza es qué voy a meter en la maleta y dónde voy a estar esta noche después de que tras unas horas en coche llegue a mi destino. ¿Dónde estaré?... Búsquenme el próximo día en cualquier Reino de Taifa. Ciao.
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