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viernes, 7 de octubre de 2011

POLÍTICAS INSÍPIDAS


U
n dirigente nunca puede decir que no a un proyecto beneficioso para sus representados, y menos aún si la institución a la que representa es municipal. En Albacete, muchos se sorprendieron de que hace unos días, la concejala de Medio Ambiente se descolgara con unas declaraciones en las que apuntaba que la construcción de la planta de ósmosis que el Gobierno central levantaba a las afueras de la ciudad, se ha paralizado. Si es así, tal y como cuenta Rosa González, mala cosa para todos los albaceteños que veían bien un proyecto que vendría a mejorar el aprovechamiento y la calidad del agua que consumimos. Pero si no es así, la alcaldesa debe rendir cuentas de por qué se ha anunciado la paralización de un proyecto que no depende del Ayuntamiento y sí de la Confederación Hidrográfica del Júcar.

Según la información del Gobierno de España, la ejecución del presupuesto para 2011 de la planta de ósmosis se va a cumplir conforme a lo previsto y esta infraestructura estará concluida en 2012, cumpliendo también con su plazo de ejecución. Eso es lo que dice una parte (la que tiene que apoquinar para que la planta sea una realidad). El equipo de Gobierno tiene que reunirse de urgencia con la CHJ para dar sentido a un proyecto que parece estar ahora en el limbo a pesar del claro interés de la ciudadanía por contar con una instalación que, salvando el mantenimiento futuro, le va a salir por cero euros a la ciudad.

Carmen Bayod y su equipo de Gobierno tienen ante sí una magnífica oportunidad para aprovechar las sinergias del anterior Ejecutivo municipal y apuntarse un tanto al no renunciar a lo que es bueno para la ciudad. De políticas insípidas no se vive, pues toca ahora protagonizar hechos que la conviertan en un instrumento útil.

Foto: agarevalo.blogspot.com



miércoles, 21 de abril de 2010

ESTATUTOS, JUEGO POLÍTICO Y LA JUSTICIA EN MEDIO


E
n la semana en la que podemos saber (o no) si la ponencia del Estatuto de Autonomía de Castilla-La Mancha sale adelante (hoy mismo se debería votar), otro texto estatutario provoca los desvelos de muchos: el de Cataluña.

Dos documentos distintos y polémicas políticas semejantes en medio de todo. En el caso castellano-manchego todo parece ser cuestión de unas “gotas” de agua: las que algunos dicen que sobran por aquí ya que por allá no llueve, a pesar de los húmedos ejemplos que hemos tenido en el último invierno. La reserva hídrica de 4.000 hectómetros cúbicos parece ser el punto de discordia, aunque a estas alturas del partido no sabemos si es así o no, puesto que PP y PSOE dicen lo mismo: defensa de los intereses de los castellano-manchegos y agua para todos. En el Levante, lo mismo pero cambiando el origen de los destinatarios de ese agua, donde parece que además se quiere “para todo”.

Sin embargo, al ciudadano le debe extrañar por qué el Estatuto lleva un año encallado en el Congreso sin atisbos de solución. Si dos partidos están pensando lo mismo, ¿por qué no se aprueba la ponencia? ¿Quién pone las trabas? ¿Existen intereses ajenos a los de los castellano-manchegos que vetan un acuerdo? ¿Quién tiene que tirar del carro?

En el caso catalán, la justicia juega un papel fundamental. Los magistrados del Constitucional miran del derecho y del revés un texto al que le ven muchas pegas... unos, porque otros lo ven perfecto. Mientras tanto, socialistas (junto a nacionalistas catalanes) y populares, andan a la gresca por el recurso de inconstitucionalidad presentado por el PP. En el fondo del asunto se halla la politización de un órgano que la Constitución consagra como independiente y que en modo alguno lo es: los jueces del Constitucional son elegidos por preferencias ideológicas y no por su valía y su independencia.

Se cumplen los peores presagios. El interés de los dos grandes partidos por imponer sus posiciones debilita dos textos de desarrollo legislativo. Esperemos que la prosperidad de los ciudadanos no se vea también menoscabada.



domingo, 3 de enero de 2010

COMO AGUA DE DICIEMBRE


D
espués de la nieve, llegó la lluvia. Los servicios de emergencias están en alerta permanente desde hace aproximadamente un mes y aunque la población en general sufra los efectos de las inclemencias meteorológicas, a posteriori, las bondades de tanta nieve y tanta precipitación en forma de lluvia, serán acogidas con regocijo, sobre todo en tiempos donde la ausencia de agua es más palpable.

Se llenan los embalses de Castilla-La Mancha cuando tienen que llenarse. Obviando los desperfectos causados en algunas zonas de la comunidad autónoma (nunca deseados), la subida del nivel de embalses y pantanos es una buenísima noticia en época de escasez hídrica. Parajes como las Tablas de Daimiel, en la UVI desde hace tiempo, también agradece este aporte de agua que ha venido que ni pintado para saciar la sed de este entorno natural único.

Sin embargo, este nuevo panorama, con embalses llenos y con un verano (al parecer), más tranquilo en cuanto a la pertinaz sequía que siempre se asocia a estas tierras, nos debe hacer reflexionar sobre el momento trascendental que vive el planeta. El indiscutible calentamiento global provoca cambios en la climatología tan tajantes como el que hemos vivido en apenas dos semanas. De la nieve y temperaturas bajísimas, a la lluvia y el viento incesante. Los políticos hablan, los líderes actúan, dicen desde Greenpeace, y suficiente razón llevan para dar un tirón de orejas a nuestros gobernantes.

Por otro lado, con nuestras reservas hídricas algo más altas que hace un mes es momento de hablar de la utilización que hacemos del agua. La errática política hidrológica seguida por los sucesivos gobiernos españoles debe descubrirnos una realidad. En el conjunto del país, el agua no sobra. Por lo tanto, la racionalidad debe aplicarse para asegurarnos un bien que se cotiza a precio de oro. Eso, en una región que tiene un Estatuto empantanado por la cuestión del agua, debe ser una tarea en la que debemos poner todo nuestro empeño.



lunes, 13 de julio de 2009

LOS NUEVOS AGUADORES


L
astimoso era que en pleno siglo XX un camión cisterna tuviera que llevar agua para el abastecimiento humano a muchas poblaciones de la provincia. Impropio de un país (de una región) que se consideraba moderno. La mano y la gestión de los políticos tenía que notarse. Era lo mínimo que se le podía exigir a quienes con nuestros votos, aupamos al poder.

Han pasado los años y las circunstancias por fortuna han cambiado. Hace unos días se firmaba en Diputación un convenio entre la institución provincial y la Consejería de Vivienda y Ordenación del Territorio para acometer por valor de 10 millones de euros, obras de carácter hidráulico en 51 municipios de la provincia, todo con el interés de modernizar las infraestructuras en materia de agua, y así adaptarlas a las nuevas necesidades de la población. Con esta actuación, tan sólo los núcleos de Las Muelas (Bogarra), Casa Rosa (Paterna del Madera), Fuentes del Taif y Ornociego (Elche de la Sierra), estarán asistidos por camiones cisternas.

Un esfuerzo ímprobo de los servidores ciudadanos que no debe caer en el olvido (desde esta tribuna alabamos este tipo de acciones por parte de la Diputación como del Gobierno regional), tiene que tener necesaria continuación para solucionar esos problemas de abastecimiento que aún tienen algunos de nuestros convecinos (por suerte, cada vez menos numerosos por el desarrollo de esas infraestructuras).

A menudo se atiza a los políticos con razón por circunstancias que nada tienen que ver con el servicio público. Pero también nos llegan noticias que nos reconcilian con ellos. Este convenio suscrito en el Palacio provincial, sin duda alguna supone un elemento para la satisfacción porque después de las necesarias obras de acondicionamiento, varios municipios contarán con sistemas de conducciones renovados. Esperemos que el ejemplo se repita en otras necesidades imperiosas que aún tenemos.