C
uando una banda es capaz de llenar estadios con 70.000 u 80.000 acólitos sólo puedes pensar en que han pasado a otra categoría, a esa en la que se encuentras dioses del rock como los Rolling Stones, U2 o Bruce Springsteen. Iconos de la música popular que han cebado durante largos años la vitola que tienen ahora de “llenaestadios”.
Lo que los anteriormente mencionados han conseguido en un lapso de tiempo ciertamente prolongado (los Stones no fueron los Stones que conocemos ahora hasta mediados los 70), los cuatro integrantes de Coldplay lo han obtenido en menos de una década, concretamente en el tiempo que va desde la fundación de la banda en 1998 hasta la publicación de un disco como X&Y en 2005. Su último trabajo, Viva la vida or death and all his friends, ratifica la condición de megaestrellas del pop-rock, algo que pudo comprobarse el pasado día 4 en el Estadio Olímpico Lluís Companys de Barcelona. Las entradas (63.500) se agotaron en pocas semanas. De toda España (y del extranjero), vinieron las hordas coldplaynianas a contemplar el potente show de la banda liderada por Chris Martin. Las gargantas de los asistentes comenzaron a calentarse con el pop indie de los Sunday Drivers y también con los inclasificables The Flaming Lips.
Con las letras bien aprendidas en el zurrón, empezó a sonar a especie de guiño cómplice un tema de U2, Magnificent (los ingleses son a menudos comparados con Bono y sus chicos), para luego dejar paso a los compases iniciales del Danubio Azul, que actuaron a modo de intro para un concierto que se presumía vibrante, emocionante e histórico (incluso quedará para la posteridad con su edición en DVD). Pero a las primeras de cambio, las cosas no iban bien. Poca modulación y escaso volumen en el mastodóntico equipo de sonido. El desastre vino con el estribillo de Violet hill, primer single de su último trabajo. La cara de Chris Martin mirando a uno de los técnicos situados en el lateral del escenario durante el percance, lo decía todo.
Para compensar el desastre técnico, al tercer tema Coldplay decidió poner en órbita al personal rescatando la excelente Clocks aunque ésta sonó demasiado fría. In my place sería la siguiente, con un Chris Martin que se agitaba espasmódicamente sobre la tarima. En ocasiones, ese afán por incluir al público en los fraseos de temas como In my place o Yellow restan impacto a los mismos y te dejan con la sensación de que le están robando la posibilidad de gozar de una enérgica interpretación, a favor de un karaoke masivo que sólo sirve para alimentar el ego del que lo provoca.
A diferencia de giras anteriores, Martin (vigilado de cerca por su esposa, una Gwyneth Paltrow a la que vimos merodear al lado del escenario), parece haber dejado de lado la introspección que caracterizaba la interpretación de muchos temas, para potenciar una mayor pose de frontman invadido por la falsa modestia, aunque es de agradecer su constante búsqueda de complicidad con el público. Glass of water fue uno de los pocos temas que deslumbró en directo a nivel instrumental y que demuestran el poderío musical de esta musculosa formación británica a la hora de fabricar temazos, cuando prescinden de los absurdos arrebatos de estrella que parecen apoderarse de su líder. En temas como este, sin una melodía destinada a nacer con voluntad de hit, es en los que se puede identificar la huella de Brian Eno (productor del último disco) y cuánta razón tenía al querer potenciar el sonido del grupo, sin supeditarse a los falsetes de Martin.
Fallos e himnos
Por desgracia, el romance sonoro no iba a durar mucho más y después de la enérgica Cemeteries of London, que revela curiosos parecidos rítmicos y quizá algunas enseñanzas provenientes de formaciones como Radiohead, llegaría la azucarada balada 42. Fix you fue a ser el siguiente instante de karaoke multitudinario, un tema que ya ha quedado como uno de los buques insignia de la formación. Después de Strawberry swing, el grupo hizo su primera incursión en uno de los pequeños escenarios ubicados en plena pista y comenzó una reinterpretación poco lucida de dos grandes temas como God put a smile upon your face y Talk que quedaron un poco sin cuerpo ni alma. Al mismo tiempo que esto sucedía, empezó a escucharse una fuerte pitada proveniente de la sección media-derecha del estadio, aderezada con gritos de “¡No se oye!”.
Los miembros de la banda se miran sin saber muy bien qué sucede. Esta vez en solitario y provisto de un pequeño piano, Martin desgrana los versos de otro buen tema como The hardest part que suena endeble y deslucido en esta modalidad acústica. Tres temas mutilados que nos limitamos a intuir entre el murmullo. Más decepciones que alegrías pero llegó Viva La vida, canción tótem y la auténtica estrella de la función. Pensando en la cuota de participación que el tema tuvo en el triplete del Barça y en el coreo masivo que del estribillo hace el respetable, Coldplay volvió a otra de esas incursiones en otro escenario ubicado en mitad del estadio. Otra pausa para una interpretación desvahída de la bella Green eyes, que ejecutan también en modo acústico, como si de un ensayo se tratase. Luego llegó el numerito de montar la ola con el público teléfono móvil en mano, mientras sorprendían al personal con el clásico de Michael Jackson, Billie Jean. Luego sufrimos un techno medley infumable de Viva la vida que algunos presentes parecieron recibir con gran alegría.
Al final llegó lo bueno. El sonido explotó, pero con calidad, rudeza rockera y los vellos de punta en el personal en canciones como la poderosa Politik, Lovers in Japan, The scientist y Life in technicolor, que iban a ser la última remesa de temas destacados, dejándose imperdonablemente en el tintero himnos como Trouble o Speed of sound, single incontestable del álbum que les catapultaría definitivamente hacia una fama, que quizá viendo la calidad de éste, puede parecer inmerecida. Sin embargo, la excelencia musical y la pose de megaestrellas suplen los defectos técnicos, por imperdonables que estos fueran. Globitos, fuegos artificiales y mariposas de colores aparte, Coldplay demostró en la noche barcelonesa que saben encajar esa insoportable levedad de quien se sabe grande.
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domingo, 13 de septiembre de 2009
domingo, 1 de marzo de 2009
UNA ASIGNATURA A APROBAR

D
ejémonos de hipocresías y reconozcámos, que con sus fallos, sus defectos y deficiencias, el sistema educativo español no es de los peores de Europa. Quizás hayan faltado partidas presupuestarias para hacer del nuevo ordenamiento educativo algo más eficaz. O quizás la cesión de competencias a según qué comunidades autónomas, ha hecho que el modelo haya quedado desprovisto de una vertebración deseable (por lo menos para que el alumnado atienda a unas nociones básicas y comunes en todo el Estado).
Sin embargo, el logro en los últimos treinta años ha sido el de universalizar la educación hasta el punto de hacer desaparecer (o casi) el analfabetismo en un país que se caracterizaba precisamente por tener una rémora importante en este capítulo.
Sin lugar a dudas, la difusión de un modelo de escuela pública ha tenido mucha culpa de ello. Frente a la educación privada (o concertada), la instrucción estatal pasa por ser el modelo ideal por cuanto provee de formación global al alumnado por mucho que el Partido Popular se empeñe en eliminar una asignatura tan necesaria en los tiempos que corren como es Educación para la Ciudadanía.
Sin embargo, el caballo de batalla de los padres en la actualidad es el aumento del gasto en educación. ¿Lo público es gratis o no? En teoría lo es, pero en estos tiempos que corren, entre material, libros, comedores, uniformes, etcétera, algunas familias se echan las manos a la cabeza cuando llega el mes de septiembre.
Por ello son loables ciertas iniciativas de algunos gobiernos autonómicos que buscan aliviar esa carga económica familiar proporcionando libros de texto gratuitos. Pero, el quid de la cuestión reside en que algunos padres aún desconfían de un modelo público que a pesar de lo que algunos creen, aún tiene cuerda para rato. La opción de un concertado está ahí, pero el librepensamiento no se compra con dinero.
martes, 30 de diciembre de 2008
LAS IDEOLOGÍAS ¿GUIANDO? AL PUEBLO

L
levaba ya varios días rumiando el ocuparme de la polémica generada por el presidente de la Federación Españolas de Municipios y Provincias. Pedro Castro llamó "tontos de los cojones" a los votantes de derecha, y claro, se ha formado un circo impresionante. Entre las tibias disculpas del socialista, el ataque en bandada de los populares y la cobertura mediática que se le ha dado al asunto (nimiedad por otro lado, de los millones de muertos por hambre que hay en el mundo o de los cientos de personas que cada día pierden la vida en Irak, nadie dice nada), hemos convertido un asuntillo menor en tema de conversación nacional.
Hay que rechazar que un representante de lo público y además presidente de una organización municipalista, se exprese de esa manera insultando a los votantes conservadores, pero lo que me extraña es que el Partido Popular se haya molestado. Total, no son de derechas, ¿o sí?
A ver que yo me entere. Cuando ese señor de melena ondulada al viento y mostacho ya casi inapreciable que dice ser sumo pensador de esa cosa llamada FAES, que en su día incluso llegó a ser presidente de este nuestro país y que responde al nombre de José María Aznar, hacía como que gobernaba, no se cansaba de repetir que su partido era de centro y rehusaba calificarse como de derechas. Vale Josemari. Oído cocina.
Luego cuando el de barba entrecana y voz atiplada que creía que los chorreones de petróleo del Prestige eran "hilillos de plastilina", que hace caso cuando se le nombra como Mariano Rajoy, asumió el poder, también reiteró su compromiso de "centralidad". Centrados pues en lo que no es derecha ni izquierda, el PP pasó a ser un partido "modelno" y ahuyentó pajarracos del pasado y fantasmas desvaídos.
Hete aquí que recuperamos al crucificado señor Castro al que de nuevo afeamos la conducta para con el contrario, pero al que absolvemos en parte, puesto que si el PP es un partido de centro, ¿a qué viene molestarse por lo de los votantes de derechas?¿Es que insunúan los próceres populares que ellos son de derechas?¿Qué pensará de ello el atribulado Mariano?¿Y Josemari?¿En qué mar de dudas ideológicas se halla sumido el electorado del PP? Dudas, dudas, dudas...
Izquierdas, derechas, centros, extremismos. Ideas para ser devotamente consideradas pero que en un país donde manda el pragmatismo más recalcitrante y el resultadismo más insultante, parecen más pasadas de moda que los tapetes de ganchillo del sofá de la familia Alcántara... ¡Ay!, si es que a veces creo que contra Franco se vivía mejor...
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