Mostrando entradas con la etiqueta iglesia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta iglesia. Mostrar todas las entradas

miércoles, 24 de marzo de 2010

EL (ENÉSIMO) PERDÓN DE LA IGLESIA


E
l papa de Roma pide perdón. Otra vez. Estemos de acuerdo en que la Iglesia Católica ha evolucionado. Ahora reconoce errores, algo que amplía la imagen y el carácter humano de la institución por encima de que aún se crea en conceptos dogmáticos como la infalibilidad del santo padre. Pero el Vaticano rectifica, acusa remordimientos, pide mil perdones y se pone a actuar. Parece que a Benedicto XVI los escandalosos casos de pederastia y de abusos a menores que están sacudiendo los cimientos de la milenaria institución por doquier (Estados Unidos, Alemania, Irlanda, Australia, por no hablar de nuestro país que tras cuarenta años de educación nacional-catolicista, ha enterrado con toneladas de desprecio los leves indicios de abusos que algunos se han atrevido a denunciar), le ha causado tal zozobra que ya no puede echar tierra sobre los rescoldos y ha decidido tirar de manguera para apagar el incendio antes de que sigan saliendo más brasas.

Envía el sucesor de Pedro una nítida pastoral a la iglesia irlandesa conminando a pedir perdón por los excesos cometidos durante años de silencio y de permisividad. Siente Ratzinger “vergüenza” y “remordimientos”, aunque cabe preguntarse si cuando hace años los padres de esos niños empezaban a hablar de los abusos y comenzaban las denuncias, el silencio mantenido tanto por la Iglesia de Irlanda como por el propio Vaticano, fue cómplice de una actuación harto reprochable.

Desgraciadamente, pedir perdón implica que se hacen mal las cosas. Que los comportamientos no son los deseables en una entidad que predica la bonhomía como camino para llegar a la virtud. Y la Iglesia Católica se está viendo abocada de forma irremediable a pedir disculpas por demasiadas cosas en muy pocos años.

El arrepentimiento es un valor supremo de redención. Debemos aplaudir al papa por el valiente paso de coger el toro por los cuernos ante estos hechos intolerables. Ovejas negras hay en todas las familias y no podemos generalizar. La Iglesia tiene su fin, que puede ser compartido o no, y algunos lo han manchado de forma miserable.



miércoles, 10 de marzo de 2010

COMO USTED BIEN SABE


H
oy es de esos días en que uno no sabe de qué escribir. Lo digo por la multitud de ideas y de temas que pululan por mi mente para darles la brasa desde mi Reino de Taifa. Pero coincidiendo esta semana el Día Internacional de la Mujer Trabajadora con las manifestaciones en toda España contra la reciente aprobación de la reforma de la Ley del Aborto, voy a mezclar churras con merinas ya que aquí el tocino sí que tiene que ver con la velocidad... Espero que me sigan...

Miles de personas clamaron el pasado fin de semana contra la aprobación de la nueva legislación. Ya saben, miles de globitos rojos, mucho niño con sus papis, unas cuantas monjas que siempre quedan bien en las fotos (también salen majas cuando van a votar) y algún político del PP clamando contra ZP. Las cifras... dispares, como siempre. Más de medio millón en Madrid según la organización y apenas 10.000 para una empresa de recuento de manifestantes. Da igual. Había gente en la calle que es lo que nos importa.

Nos centramos. La cosa iba de decir “sí a la vida” y no al aborto, y aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid (ciudad natal del presidente) llamar de todo menos bonito a Zapatero. De “asesino” para arriba. Como usted bien sabe, amigo lector, el Congreso de los Diputados, que es el sitio donde reside la soberanía nacional, ha refrendado la reforma de la Ley del Aborto, equiparándola a las legislaciones más usuales en nuestros vecinos europeos, incluidos países con gobiernos tan progresistas como Francia o Alemania, que optan también por un sistema de plazos. El matiz español apunta que una joven con 16 años puede abortar libremente sin tener que pedir permiso paterno, tan sólo informarles de sus intenciones. Ahí nos quedamos. Esa es la ley y la realidad es que la mayoría parlamentaria la ha aprobado. Punto pelota.

Pero, amigos, aparece la temible demagogia. Aquella que dice que no pasa nada ante una legislación que permite el matrimonio a una chiquilla adolescente (que para eso por lo visto, no hace falta madurez alguna) y que impide el decidir sobre el tener un niño o no. O aquella que soslaya el hecho de que con 13 años se puedan tener relaciones sexuales siempre que sean consentidas (también se es maduro a esas edades).

Si hablamos de la Iglesia Católica, ferviente defensora del derecho a la vida, la Conferencia Episcopal también ha apelado a la inmadurez de las jóvenes ante el trance de abortar. Como usted bien sabe, la madurez es un rasgo que se pide a los que quieran ingresar en el catolicismo... Por eso a los niños se les invita a bautizarse a esas edades maduras de ¿3 meses?...

Y luego está el matiz político. Como usted bien sabe, hablar de aborto es hacerlo de una decisión que antes que nadie, tiene que tomarla la mujer, precisamente quien menos ha hablado en toda esta película. Aquí han expresado sus opiniones políticos (casi todos hombres como el señor Mayor Oreja), cardenales y obispos y presidentes varios de asociaciones pro-vida (que me hace mucha gracia eso de pro-vida, ya que a mi que no estoy con ellos me catalogarán como pro-muerte). La mujer ni mu, bueno sí, las pro-vida para afirmar que lo que dice el Papa de Roma es dogma de fe. Ya ven. Por eso, demos una oportunidad a las libertades personales. A la mujer que quiera interrumpir su embarazo, ahí tiene las herramientas legales. Las que sean pro-vida, que no aborten y que ayuden a aumentar el índice de natalidad, puesto que parece que es lo que les preocupa. Y de la maternidad, otro día hablaremos... o le preguntamos a los señores cardenales y obispos que son grandes conocedores del tema. Sólo tienen que fijarse en la concepción de la virgen María gracias al “aliento” divino. Muy científico todo... como usted bien sabe.



martes, 22 de septiembre de 2009

BELÉN ESTEBAN EN EL CONFESIONARIO

¿Te acuerdas? Los curas casados




L
a Iglesia Católica y sus contradicciones. Una institución que se mira de cara a un espejo y descubre sus propias debilidades, aunque no hace nada por hacerles frente. Uno de los grandes problemas que tienen actualmente sobre la mesa los señores obispos, cardenales y en última (aunque puede que primera) instancia el Papa, es la falta de vocaciones. Ya saben ese típico y plañidero discurso de que los jóvenes se alejan de Dios, que no hay sustitutos para los sacerdotes que están a punto de dejar su labor doctrinal y “bla bla bla”. Pero curiosamente sólo queda la queja, pero no hay atisbo de soluciones. Es algo lógico cuando lo que se promociona es el boato y la pompa vaticana en detrimento de la abnegada y valiosísima labor de clérigos en ese otro mundo que está aquí a la vuelta de la esquina pero al que le volvemos la cara una vez sí y otra también.

Viene esto al pelo por el asunto del celibato sacerdotal. ¿Saben que en España más de 5.000 curas están casados? ¿Y que estos representan a algo más del 20 por ciento del clero? Sorprenden estas cifras, pero más aún la ceguera absoluta de la jerarquía que desaprovecha este capital humano por la insensatez de prohibir el ministerio a alguien que se haya desposado. ¿En qué quedamos? Alabamos el sacramento del matrimonio, pero lo prohibimos para los nuestros. ¿Por qué? En lo fundamental, por una interpretación unidireccional de las Sagradas Escrituras, textos no olvidemos que en su mayoría alcanzan ya casi los 20 siglos de historia. Curioso que desde nuestra visión etnocentrista, luego critiquemos las interpretaciones y las aplicaciones de preceptos religiosos en otras confesiones como si fueran ley de debido cumplimiento. ¿Nos creemos mejor que otros?

Pues ahí los tienen. Más de 5.000 curas casados en España que se cansan de esperar a que sus jefes les digan que sí valen. Ellos desean ponerse manos a la obra (de Dios), pero sus superiores les coartan. Los vientos de cambio que surgieron del Concilio Vaticano II han amainado hasta dejar paso a una calma chicha que viene bien para mentes adocenadas y los amantes de pocos cambios, aquellos que con manu militari se han dedicado en los últimos treinta años a echar abajo el edificio reformista propuesto durante el papado de Juan XXIII.

La reflexión por tanto, es clara. Si existen escasas vocaciones, si el estamento clerical está mayor y hace falta savia nueva, ¿qué intereses mueven a la Iglesia Católica a no permitir a sus futuros empleados a decidir si quieren estar casados o no? ¿A qué tiene miedo el papado? ¿Por qué no da muestras de adaptación a los tiempos en los que vive? Puede que el permitir el apostolado a aquellos a los que ahora se les prohíbe ayude a construir Iglesia. Falta les hace.

Por cierto, lo de la Esteban simplemente era para llamarles la atención... Espero que haya triunfado mi propuesta. Gracias Be, tienes ganado el cielo.



lunes, 6 de abril de 2009

INDIGENTES MORALES


A
l parecer soy un indigente moral. Yo y todos los pseudo progresistas que pensamos que la Iglesia Católica no debe meterse donde no la llaman, que no debe hacer llamamientos a la vida la misma semana que Benedicto XVI hace apología de la muerte con su “no al preservativo”. Pero para los que opinamos diferente, los que vemos la vida (y la muerte) de otra forma, los que tenemos capacidad de libre pensamiento sin ser coaccionados por un ente espiritual, ni lo que es peor, por sus acólitos aquí en la Tierra, somos los indigentes morales, los que no podemos rechistar cuando una ¿marea humana? sale a las calles azuzados por los obispos (esos que se dedican a saltarse a las torera leyes sin que nadie les afee su conducta), a comparar bebés con linces ibéricos.

Estoy completamente convencido de que en algún lugar de este mundo hay personas que verán la pertinencia de la existencia de una institución caduca como la Iglesia Católica. Una institución acostumbrada a manosear y a intentar influir en asuntos políticos. ¿Y si no, a qué vienen sus soflamas contra la asignatura de Educación para la Ciudadanía? ¿Qué desean intentando coartar la libertad de la mujer a decidir qué quiere hacer con sus embarazos? ¿Por qué niegan a ciertas personas optar por SU vida y SU muerte diciendo no a la eutanasia? Va en contra de la vida, estoy de acuerdo. Pero, ¿no iba en contra de la vida apoyar un golpe de estado fascista que originó una cruenta guerra en este país? ¿No va contra la vida silenciar el Holocausto nazi? ¿No va contra la vida prohibir el uso del condón en África permitiendo así que millones de personas muriesen en ese continente por seguir las “enseñanzas” del actual pontífice y del anterior? ¿Qué es genocidio según los “ricos morales”?

Esto es lo que le ocurre a los que hablan de “universalidad de la Iglesia” (obviando que hay millones de creyentes en otras religiones), y de la “infabilidad de los dogmas”, que como todo el mundo sabe, han sido comprobados empíricamente. Así nos luce el pelo señores, en un país que quiere ser de la Primera División, pero que con sus carpetovetónicos y cerriles planteamientos basados en anacronismos como la fe en este Iglesia Católica que tan poco se parece a la que alumbraron los primeros cristianos, estamos anclados en una Tercera División en la que no vamos a alcanzar el play off de la “salvación”.

Una Iglesia, que no olvidemos, sostenemos todos, a pesar de que algún “rico moral” exclama a los cuatro vientos que es autónoma e independiente. Impuestos de todos los españoles, prebendas a través del Concordato con la Santa Sede (que habría que revisar ya si alguien tuviera bemoles), privilegios como “única religión española” (eso es lo que parece),... Ahí tenemos la autonomía de esta Iglesia.

Y es que “la vida es bella” como decía Roberto Benigni, pero claro los trapos sucios de la casa de cada uno, mejor no lavarlos y así surgen escándalos de pederastia y abusos cometidos en nombre de la fe per saecula saeculorum. La memoria, al igual que la mentira, tiene las patas muy cortas. Doy fe de ello.



sábado, 28 de febrero de 2009

FE, ESPERANZA Y CARIDAD


L
as virtudes teologales son tres por los siglos de los siglos, amén: fe, esperanza y caridad. Durante siglos, la Iglesia Católica como único motor asistencial que existía, desplegó esta teoría para atender a los sectores más desfavorecidos trazando un detallado plan basado en una simple ecuación/transacción: el asistido se compromete a “creer”, mientras que el asistente le ayuda. El modelo contó con grandes errores y algunos pocos aciertos (el papel de las órdenes que curiosamente estaban más alejadas de la curia vaticana).

Desde mediados del siglo XIX, otro tipo de entidades empezaron a relevar a la Iglesia en su papel de asistente social. Las cajas de ahorro comenzaron a desarrollar un entramado de ayudas que en pleno siglo XXI tiene su verdadera razón de ser. Hoy día, las cajas de ahorro de todo el país tienen programas detallados de aportaciones económicas a colectivos de índole social cuyo ámbito de acción abarca a un número importante de personas en situación de exclusión social o simplemente necesitados de alguna ayuda (v.g. discapacitados o enfermos).

En tiempos de crisis, la importancia de estas contribuciones se torna esencial. Es por ello que un programa de asistencia como el ofrecido por Caja Castilla La Mancha debe ser suficientemente loado por llegar a más de 500 entidades que engloba a un amplio número de casuísticas en lo tocante a la atención a los sectores más necesitados de la población. Destinar más de dos millones de euros es una tarea de titanes, incluso para una entidad financiera, tal como está el patio. La CCM ha demostrado que a pesar de la desaceleración, crisis, recesión... (llámele como quiera el querido lector), tiene arrestos suficientes para dedicar una parte importante de sus beneficios a la ayuda del prójimo como si del buen samaritano se tratase. Y es que en los tiempos que corren, la principal esperanza que podemos tener es creer con suficiente fe para que la caridad no sea una limosna que llegue tan sólo a unos pocos.