¿Qué ha pasado?
Tuve mis reservas al principio sobre la confluencia entre Izquierda Unida y Podemos, pero participé en la consulta interna de IU y les di el beneficio de la duda. Todo sea por echar a Rajoy. Pablo Iglesias nunca tuvo mi confianza (y he aquí la prueba) pero Alberto Garzón sí. Todo sea por echar a Rajoy. La campaña quizá no fue la mejor, pero todo sea por echar a Rajoy. Como votante de IU, probablemente la visibilidad de su marca electoral no fue la mejor, pero todo sea por echar a Rajoy. Como el lema fundamental era echar a Rajoy, echar a la derecha e imponer unas políticas más sociales, no entiendo como "mi" gente de izquierdas, votantes de IU o votantes de Podemos han podido quedarse sin votar a esta opción... por poco que nos gustase.
Remedando a aquel... es la derecha, estúpidos.
Pues ahí tenemos lo que nos merecemos.
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jueves, 30 de junio de 2016
lunes, 27 de junio de 2016
La democracia no nos sienta tan bien
martes, 10 de mayo de 2016
Política ficción
Domingo 26 de junio de 2016. 23.30 horas. Ya se conoce el resultado de las elecciones generales, las segundas en seis meses.
El Partido Popular vuelve a ganar aumentando un poco sus apoyos. La alianza entre Izquierda Unida y Podemos se coloca segunda, seguida tras el PSOE y Ciudadanos. No hay mayorías claras, pero sí dos bloques que uniéndose ideológicamente pueden formar gobierno.
A un lado, la derecha. PP y Ciudadanos pueden coaligarse y optar a la investidura de Rajoy pero... no llegan por poco a la mayoría absoluta y además Albert Rivera no traga con Rajoy. O sea, nada.
Pedro Sánchez está con los cuernos revueltos porque Pablo Iglesias y Alberto Garzón han logrado el sorpasso y se niega a llegar a un acuerdo con los izquierdosos.
Mientras tanto, 47 millones de españoles (casi todos menos los televidentes de Mujeres, hombres y viceversa), se preguntan para qué coño han ido a votar otra vez si todo va a quedarse tal y como estaba...
Menos mal que todo esto es política ficción y nada de esto va a suceder...
miércoles, 27 de abril de 2016
Una jaula de grillos (y II)
Érase una vez un pueblo llamado Chiclana...
Ese pueblo que va al tran tran, a verlas venir, sin un objetivo definido y que se mueve por designios cuasi divinos que al más común de los mortales nos hace palidecer en nuestra candidez. Pero empecemos. Hablamos de la situación política actual de Chiclana, que a muy pocos importará, vertebrando la narración a través de el último espasmódico y surrealista capítulo a cuenta del urbanismo local... Otra jaula de grillos.
Porque, por si no lo saben, Chiclana tiene un grave problema con su urbanismo, mejor dicho, con su falta de ordenación urbanística y con los desastres que desde hace medio siglo vienen consintiendo los que mandan. La última prueba la tienen con la aprobación plenaria del último Plan General de Ordenación Urbana (PGOU), con los votos favorables de casi todos los partidos y la abstención de alguno que otro, cosa inexplicable siendo sabedores todos ellos que va a ser un documento tumbado en cuanto llegue a sede judicial. Tienen razón los ecologistas al hablar de deficiencias en la génesis del documento. Es aquí donde encontramos al primer culpable: Territorio y Ciudad, empresa de diseño y gestión urbanística dirigida por Manuel Ángel González Fustegueras, un señor que ha sido responsable de los últimos planes redactados para Chiclana... y que curiosamente, todos han acabado en la basura, por sus defectos en fondo y forma que la Justicia ha interpretado como ilegalidades contantes y sonantes. Una anécdota para que ustedes se hagan una idea de cómo trabaja este estudio. Fustegueras y su equipo redactan planes urbanísticos para Chiclana y San Fernando. El equipo de Gobierno isleño denuncia que en el documento de ordenación de Chiclana aparece registrado el castillo de Sancti Petri que también lo está en el de la vecina localidad. ¿Ustedes lo comprenden? Yo no. La incógnita es saber por qué una vez tras otra, el dinero de los chiclaneros sirve para pagar el trabajo mal desempeñado de esta empresa.
Pero cojamos la máquina del tiempo y hagamos un poco de Historia, que eso siempre es saludable. Año 1967. El entonces Consistorio tardofranquista chiclanero ordena redactar un documento de ordenación urbanística ante el auge y desarrollo que vive el municipio, recién salido de los efectos de la Riada del 65 y con nuevas infraestructuras en funcionamiento (todo el nuevo entramado de pluviales y de fecales construidos a raíz de ese episodio que marcó el siglo XX del pueblo). Ese plan del 67 legal (con todas las reservas sabiendo en qué tiempo histórico nos encontrábamos) dio pábulo a que algunos chiclaneros empezaran a levantar sus "campitos" y a salirse de los "limites" del casco urbano. Los 70 siguieron el ritmo marcado en la época anterior y con el cambio de dictadura a democracia, poco tiempo se le prestó al descontrol urbanístico que por entonces asomaba.
Los 80 fueron los años clave. Las viñas fueron sustituidas por ladrillo y cemento. El corte de vides auspiciado por el Marco de Jerez a sus zonas de producción ante la amenaza de sanciones de la Comunidad Económica Europea (España también estrenó "europeidad" en esa década) no provocó la reconversión de la tierra en nuevas áreas cultivables, sino en manga ancha para el desarrollo del -sí señores, lo han adivinado-, ladrillo. El dinero corría de buena manera en una Chiclana que crecía y crecía, mientras también aumentaba la especulación, los trapicheos y el dinero negro. Las segundas residencias proliferaban entre los naturales del pueblo y algunos extranjeros ya olían el potencial turístico de la localidad y se asentaban a buenos precios en el extrarradio. Justamente antes del boom turístico y de la venta (a precio irrisorio) de los terrenos del Novo Sancti Petri, en el Ayuntamiento de Chiclana se encendió una luz de alarma -pequeñita, no se vayan a creer ustedes que la gente se volvía loca por tan grave problema-, y se publicaron unas Normas Subsidiarias en 1987 que vinieron a sustituir al PGOU ya anticuado de veinte años antes. Como verán, sustituimos un plan por unas normas, no nos vayamos a poner serios eh...
Con esa normativa del 87 estuvimos sobreviviendo unos cuantos años hasta que el auge turístico primero y el del ladrillo después hizo despertar ciertas alarmas y algún político local empezó a pensar que quizá era momento de arreglar una situación que por entonces -años 90- no había saltado a la opinión pública. Chiclana estaba en boca de todos, sí, pero por su impresionante crecimiento económico y por su riqueza, procedente del turismo... y de la construcción. Muchos chiclaneros y unos cuantos extranjeros habían "ocupado" el extrarradio, zonas sin urbanizar y por lo tanto, sin servicios básicos de luz, agua, recogida de residuos, etcétera y lo habían hecho sin cumplir las más mínimas exigencias previstas en la (escasa) legislación. Aquí hallamos a más culpables. Ese grupo de chiclaneros que sabiendo que estaban cometiendo una ilegalidad, siguieron con sus planes. Esos mismos chiclaneros que en algún momento de esta tétrica historia incluso se atrevieron a pedir una legalización gratuita de sus casas cuando la gran mayoría de sus paisanos pagaba y pagaba por licencias de obra o por impuestos de sus viviendas. Injusto, ¿no creen?
Los 90 pasaron y en los medios de comunicación empezaron a surgir los escándalos de corrupción urbanística. A algún iluminado político chiclanero se le ocurrió que lo de Operación Malaya tenía que ver con que era un dispositivo contra la corrupción urbanística efectuada entre Mal-aga y Aya-monte. Y que por esa regla de tres, Chiclana iba a ser incluida y todos los culpables del desastre urbanístico (o sea, según ellos, el PSOE), se iban a ir a la cárcel cuales vulgares apandadores marbellíes. La cuestión es que eso no pasó, aunque está claro que el PSOE, tanto local como el de la Junta, también tuvieron su gran parte de culpa en este desaguisado. Primero por omisión y luego por una absoluta condescendencia con lo que estaba pasando. Algo que también repitió el equipo de Gobierno del Partido Popular cuando le tocó gobernar. En este último caso, podemos añadir además, la absoluta desidia para arreglar este problema, así como una lamentable falta de ideas. A todo ello hay que añadir la insultante fiebre de la construcción en este pueblo (¿cuántos Porches Cayenne se compraron en esa época, señor mio?), la connivencia de los poderes públicos con constructores, corredores, inmobiliarias y pequeños mafiosos que se han hartado de ganar dinero a costa de muchos chiclaneros que apostaron por ahorrarse algo de pasta para tener la casa de sus sueños en terrenos sin servicios y -ojo al dato-, hasta inundables (léase, la Rana Verde). Daba igual. Ese es el lema de este triste pueblo. Da igual todo.
La cuestión es que entre esas Normas Subsidiarias del 87 y este último PGOU que ha sido aprobado en Pleno pero al que auguro un final abrupto por ilegal, han pasado por nuestro pueblo al menos cuatro ordenamientos jurídicos distintos que no han servido para ofertar soluciones. Documentos elaborados por el mismo equipo redactor, al que nunca se les ha pedido responsabilidades por su falta de celo profesional. Estoy convencido de que el próximo Plan General de Chiclana lo ganará de nuevo en concurso público y en buena lid este gran equipo de trabajadores.
Y los políticos... Ahí están. Ciegos, sordos, mudos ante una realidad palpable, vergonzosa. Y todo ello ante un pueblo, el chiclanero que ni siente ni padece. Solo va al tran tran... a ver cómo pasa el tiempo sin que suceda nada. Y eso es lo que pasa en un pueblo como Chiclana, donde el héroe es aquel que fomenta su empleo a cambio de prostituir ideas. Y aquel que no vende sus ideas es tildado de loco.
Y colorín, colorado, aquí esta historia ha acabado... Aunque espera, ¿todo era ficción?
Ese pueblo que va al tran tran, a verlas venir, sin un objetivo definido y que se mueve por designios cuasi divinos que al más común de los mortales nos hace palidecer en nuestra candidez. Pero empecemos. Hablamos de la situación política actual de Chiclana, que a muy pocos importará, vertebrando la narración a través de el último espasmódico y surrealista capítulo a cuenta del urbanismo local... Otra jaula de grillos.
Porque, por si no lo saben, Chiclana tiene un grave problema con su urbanismo, mejor dicho, con su falta de ordenación urbanística y con los desastres que desde hace medio siglo vienen consintiendo los que mandan. La última prueba la tienen con la aprobación plenaria del último Plan General de Ordenación Urbana (PGOU), con los votos favorables de casi todos los partidos y la abstención de alguno que otro, cosa inexplicable siendo sabedores todos ellos que va a ser un documento tumbado en cuanto llegue a sede judicial. Tienen razón los ecologistas al hablar de deficiencias en la génesis del documento. Es aquí donde encontramos al primer culpable: Territorio y Ciudad, empresa de diseño y gestión urbanística dirigida por Manuel Ángel González Fustegueras, un señor que ha sido responsable de los últimos planes redactados para Chiclana... y que curiosamente, todos han acabado en la basura, por sus defectos en fondo y forma que la Justicia ha interpretado como ilegalidades contantes y sonantes. Una anécdota para que ustedes se hagan una idea de cómo trabaja este estudio. Fustegueras y su equipo redactan planes urbanísticos para Chiclana y San Fernando. El equipo de Gobierno isleño denuncia que en el documento de ordenación de Chiclana aparece registrado el castillo de Sancti Petri que también lo está en el de la vecina localidad. ¿Ustedes lo comprenden? Yo no. La incógnita es saber por qué una vez tras otra, el dinero de los chiclaneros sirve para pagar el trabajo mal desempeñado de esta empresa.
Pero cojamos la máquina del tiempo y hagamos un poco de Historia, que eso siempre es saludable. Año 1967. El entonces Consistorio tardofranquista chiclanero ordena redactar un documento de ordenación urbanística ante el auge y desarrollo que vive el municipio, recién salido de los efectos de la Riada del 65 y con nuevas infraestructuras en funcionamiento (todo el nuevo entramado de pluviales y de fecales construidos a raíz de ese episodio que marcó el siglo XX del pueblo). Ese plan del 67 legal (con todas las reservas sabiendo en qué tiempo histórico nos encontrábamos) dio pábulo a que algunos chiclaneros empezaran a levantar sus "campitos" y a salirse de los "limites" del casco urbano. Los 70 siguieron el ritmo marcado en la época anterior y con el cambio de dictadura a democracia, poco tiempo se le prestó al descontrol urbanístico que por entonces asomaba.
Los 80 fueron los años clave. Las viñas fueron sustituidas por ladrillo y cemento. El corte de vides auspiciado por el Marco de Jerez a sus zonas de producción ante la amenaza de sanciones de la Comunidad Económica Europea (España también estrenó "europeidad" en esa década) no provocó la reconversión de la tierra en nuevas áreas cultivables, sino en manga ancha para el desarrollo del -sí señores, lo han adivinado-, ladrillo. El dinero corría de buena manera en una Chiclana que crecía y crecía, mientras también aumentaba la especulación, los trapicheos y el dinero negro. Las segundas residencias proliferaban entre los naturales del pueblo y algunos extranjeros ya olían el potencial turístico de la localidad y se asentaban a buenos precios en el extrarradio. Justamente antes del boom turístico y de la venta (a precio irrisorio) de los terrenos del Novo Sancti Petri, en el Ayuntamiento de Chiclana se encendió una luz de alarma -pequeñita, no se vayan a creer ustedes que la gente se volvía loca por tan grave problema-, y se publicaron unas Normas Subsidiarias en 1987 que vinieron a sustituir al PGOU ya anticuado de veinte años antes. Como verán, sustituimos un plan por unas normas, no nos vayamos a poner serios eh...
Con esa normativa del 87 estuvimos sobreviviendo unos cuantos años hasta que el auge turístico primero y el del ladrillo después hizo despertar ciertas alarmas y algún político local empezó a pensar que quizá era momento de arreglar una situación que por entonces -años 90- no había saltado a la opinión pública. Chiclana estaba en boca de todos, sí, pero por su impresionante crecimiento económico y por su riqueza, procedente del turismo... y de la construcción. Muchos chiclaneros y unos cuantos extranjeros habían "ocupado" el extrarradio, zonas sin urbanizar y por lo tanto, sin servicios básicos de luz, agua, recogida de residuos, etcétera y lo habían hecho sin cumplir las más mínimas exigencias previstas en la (escasa) legislación. Aquí hallamos a más culpables. Ese grupo de chiclaneros que sabiendo que estaban cometiendo una ilegalidad, siguieron con sus planes. Esos mismos chiclaneros que en algún momento de esta tétrica historia incluso se atrevieron a pedir una legalización gratuita de sus casas cuando la gran mayoría de sus paisanos pagaba y pagaba por licencias de obra o por impuestos de sus viviendas. Injusto, ¿no creen?
Los 90 pasaron y en los medios de comunicación empezaron a surgir los escándalos de corrupción urbanística. A algún iluminado político chiclanero se le ocurrió que lo de Operación Malaya tenía que ver con que era un dispositivo contra la corrupción urbanística efectuada entre Mal-aga y Aya-monte. Y que por esa regla de tres, Chiclana iba a ser incluida y todos los culpables del desastre urbanístico (o sea, según ellos, el PSOE), se iban a ir a la cárcel cuales vulgares apandadores marbellíes. La cuestión es que eso no pasó, aunque está claro que el PSOE, tanto local como el de la Junta, también tuvieron su gran parte de culpa en este desaguisado. Primero por omisión y luego por una absoluta condescendencia con lo que estaba pasando. Algo que también repitió el equipo de Gobierno del Partido Popular cuando le tocó gobernar. En este último caso, podemos añadir además, la absoluta desidia para arreglar este problema, así como una lamentable falta de ideas. A todo ello hay que añadir la insultante fiebre de la construcción en este pueblo (¿cuántos Porches Cayenne se compraron en esa época, señor mio?), la connivencia de los poderes públicos con constructores, corredores, inmobiliarias y pequeños mafiosos que se han hartado de ganar dinero a costa de muchos chiclaneros que apostaron por ahorrarse algo de pasta para tener la casa de sus sueños en terrenos sin servicios y -ojo al dato-, hasta inundables (léase, la Rana Verde). Daba igual. Ese es el lema de este triste pueblo. Da igual todo.
La cuestión es que entre esas Normas Subsidiarias del 87 y este último PGOU que ha sido aprobado en Pleno pero al que auguro un final abrupto por ilegal, han pasado por nuestro pueblo al menos cuatro ordenamientos jurídicos distintos que no han servido para ofertar soluciones. Documentos elaborados por el mismo equipo redactor, al que nunca se les ha pedido responsabilidades por su falta de celo profesional. Estoy convencido de que el próximo Plan General de Chiclana lo ganará de nuevo en concurso público y en buena lid este gran equipo de trabajadores.
Y los políticos... Ahí están. Ciegos, sordos, mudos ante una realidad palpable, vergonzosa. Y todo ello ante un pueblo, el chiclanero que ni siente ni padece. Solo va al tran tran... a ver cómo pasa el tiempo sin que suceda nada. Y eso es lo que pasa en un pueblo como Chiclana, donde el héroe es aquel que fomenta su empleo a cambio de prostituir ideas. Y aquel que no vende sus ideas es tildado de loco.
Y colorín, colorado, aquí esta historia ha acabado... Aunque espera, ¿todo era ficción?
lunes, 25 de abril de 2016
Una jaula de grillos (I)
España es una jaula de grillos...
Cinco meses sin gobierno tras unas elecciones que cristalizaron en un nuevo parlamento con más variedad, más color y más esperanza... Pero, la jaula de las locas pronto empezó a tomar cuerpo. Yo no quiero hablar contigo, yo quiero pactar con la izquierda pero mi partido (de izquierdas) no me deja. Yo quiero la unidad popular pero a IU lo voy a joder dejándole sin grupo parlamentario. Yo quiero ser centrado pero se me ve la pluma derechista. Yo firmo un convenio de paja contigo para hacer el paripé y que vean que somos serios pero en realidad estamos haciendo el panoli. Como esto se atranca, yo propongo que una "persona de prestigio" sea el presidente (oh wait!). Yo sigo con mi matraca happy flower porque me quiero muchísimo aunque el pragmatismo y la realidad la deje en las esquinas. Yo, como estoy en funciones, funciono poco... Niños. Niños que se pelean en el recreo. Tenía razón Manuela Carmena. Mucha razón.
España no se merece esto. No se merece a unos políticos avejentados en sus ideas. No se merece a un Partido Popular podrido por la crisis pero al que casi ocho millones de españoles siguen votando por no se sabe qué misterio divino. No se merece a un Rajoy, en plan autómata, esperando a ganar unas nuevas elecciones sin haber movido un dedo.
Tampoco se merece a un Partido Socialista en declive, falto de idas, de esperanza, de lucha, con un discurso vacuo, repetitivo y preocupante para el verdadero militante socialista. Pedro Sánchez, entre su falta de carisma y las puñaladas traperas de sus compañeros, se ha dejado embaucar por Ciudadanos en un acuerdo de gobernabilidad fútil y sin sentido...
Porque el sentido del PSOE es que se entienda con la izquierda. Podemos, las Mareas, Izquierda Unida. Pero tampoco ha sido posible por el inútil pacto entre Sánchez y Rivera y porque los podemitas han tensado la cuerda hasta más de lo debido pensando en unas elecciones en las que creen que darán el sorpasso. Así de soberbios se muestran los chicos de Pablo Iglesias, que empieza ya a dar síntomas de cansancio como proyecto político (luchas internas, decisiones bastante sorprendentes y pobres, falta de carácter político, indefinición en las ideologías, falta de programa realista...). Un partido al que le veo un final precipitado y a medio plazo.
Un Podemos al que sintiéndolo mucho, no debería unirse Izquierda Unida. Los 923.000 dignos votos que consiguió Garzón se multiplicarán en una nueva cita electoral, porque IU es así de impredecible. Puede estar en el fango, pero de pronto renacer. Y lo va a hacer a cuenta de un puñado de votos que ganará de PSOE y Podemos. Sufragios desencantados con unos políticos que tenían ocasión de ser estadistas, ante una ocasión de hacer verdadera historia, pero que no han querido... o no han sabido. Ante tipos así de lamentables, lo mejor es volver a las urnas y taparnos los ojos porque nada bueno nos espera en esta España tan triste, tan lamentable, que ante la imposibilidad de hablar, de llegar a un acuerdo, lo único que nos quedan son lloriqueos, pataletas y acusaciones cruzadas. Niños...
| Como esta, pero sin tanta pluma... |
Cinco meses sin gobierno tras unas elecciones que cristalizaron en un nuevo parlamento con más variedad, más color y más esperanza... Pero, la jaula de las locas pronto empezó a tomar cuerpo. Yo no quiero hablar contigo, yo quiero pactar con la izquierda pero mi partido (de izquierdas) no me deja. Yo quiero la unidad popular pero a IU lo voy a joder dejándole sin grupo parlamentario. Yo quiero ser centrado pero se me ve la pluma derechista. Yo firmo un convenio de paja contigo para hacer el paripé y que vean que somos serios pero en realidad estamos haciendo el panoli. Como esto se atranca, yo propongo que una "persona de prestigio" sea el presidente (oh wait!). Yo sigo con mi matraca happy flower porque me quiero muchísimo aunque el pragmatismo y la realidad la deje en las esquinas. Yo, como estoy en funciones, funciono poco... Niños. Niños que se pelean en el recreo. Tenía razón Manuela Carmena. Mucha razón.
España no se merece esto. No se merece a unos políticos avejentados en sus ideas. No se merece a un Partido Popular podrido por la crisis pero al que casi ocho millones de españoles siguen votando por no se sabe qué misterio divino. No se merece a un Rajoy, en plan autómata, esperando a ganar unas nuevas elecciones sin haber movido un dedo.
Tampoco se merece a un Partido Socialista en declive, falto de idas, de esperanza, de lucha, con un discurso vacuo, repetitivo y preocupante para el verdadero militante socialista. Pedro Sánchez, entre su falta de carisma y las puñaladas traperas de sus compañeros, se ha dejado embaucar por Ciudadanos en un acuerdo de gobernabilidad fútil y sin sentido...
Porque el sentido del PSOE es que se entienda con la izquierda. Podemos, las Mareas, Izquierda Unida. Pero tampoco ha sido posible por el inútil pacto entre Sánchez y Rivera y porque los podemitas han tensado la cuerda hasta más de lo debido pensando en unas elecciones en las que creen que darán el sorpasso. Así de soberbios se muestran los chicos de Pablo Iglesias, que empieza ya a dar síntomas de cansancio como proyecto político (luchas internas, decisiones bastante sorprendentes y pobres, falta de carácter político, indefinición en las ideologías, falta de programa realista...). Un partido al que le veo un final precipitado y a medio plazo.
Un Podemos al que sintiéndolo mucho, no debería unirse Izquierda Unida. Los 923.000 dignos votos que consiguió Garzón se multiplicarán en una nueva cita electoral, porque IU es así de impredecible. Puede estar en el fango, pero de pronto renacer. Y lo va a hacer a cuenta de un puñado de votos que ganará de PSOE y Podemos. Sufragios desencantados con unos políticos que tenían ocasión de ser estadistas, ante una ocasión de hacer verdadera historia, pero que no han querido... o no han sabido. Ante tipos así de lamentables, lo mejor es volver a las urnas y taparnos los ojos porque nada bueno nos espera en esta España tan triste, tan lamentable, que ante la imposibilidad de hablar, de llegar a un acuerdo, lo único que nos quedan son lloriqueos, pataletas y acusaciones cruzadas. Niños...
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