viernes, 20 de julio de 2018

Alive!

Estamos vivos que no es poco. Y yo quiero seguir estándolo hasta que pueda tener la oportunidad de verlos en directo. Mientras tanto, un bonito homenaje (con actuación incluida). Con todos ustedes, Pearl Jam.





domingo, 15 de julio de 2018

El Choto de Doñana (I)

Foto: Alberto Sánchez Barea

El Parque Nacional de Doñana es uno de los lugares más maravillosos de Europa. No exagero. Cuatro ecosistemas distintos en un único lugar. Playa virgen, dunas móviles, marismas, cotos, zonas de sotobosque, fauna y flora diversa... y turistas. Sí amigos, turistas todos los días. Lo normal es que pasen por el Coto y lo disfruten. Esos son la mayoría pero luego vienen otros que ni disfrutan ni dejan que otros lo hagan. Y además, fastidian al que allí trabaja tratando de dar a conocer esta maravilla que es Patrimonio de la Humanidad. Por eso quiero hablarles de ciertos tipos de turistas que pasan a diario por el Coto (o Choto, porque ellos se toman la visita a choteo) de Doñana. Allá vamos:


El fumador:

-Oiga, ¿aquí se puede fumar?
-¿Usted qué cree?
-Que no.
-Pues eso.

Sí amigos, son unos cuantos los que preguntan si en pleno Parque Nacional, rodeado de árboles, de arbustos, de verde por todos lados, se puede uno encender un pitillo. Hace un año hubo un incendio en el entorno de Doñana. A veces, me gustaría hacer un ninot y prenderlo... con algún fumador.

La arrabalera:

-Cari, ponte ahí que te hago la afoto. Pero niño, ¡quieres quitarte de ahí que estás jodiendo la puta afoto!

El niño era su propio hijo. Ese tipo de arrabaleras ha pasado hace poco por el poblado de La Plancha, lugar habitual de las visitas al Parque. Ella y su grupito de amigas iban vestidas con chándales fucsias, moño apretao en el pelo, grandes aros en las orejas, super maquilladas y hablaban alto. Esto sí que es una fauna interesante. Por cierto, también fumaban.

La robapiñas:

-Señora, no se puede llevar eso del Parque.
-Pero si son solo dos piñas.
-Ya, pero las normas del Parque dicen que no se puede recoger ninguna muestra del Parque. Está prohibido... Y ponen multas.
-Ah, po lo suelto. Totá, pa dos piñas de mierda...

Los niños:

Sí, los niños. Siempre hay niños y siempre dan por culo. ¿Por qué no dejáis de traer niños al mundo? Os lo pedimos por favor.

Continuará...




jueves, 28 de junio de 2018

Cosas por las que merece la pena vivir XVIII

Y terminamos este día con Bruce... Este temazo, en directo, casi 20 minutos de pura furia rockera, de fiesta, de amistad, sirve para mucho. A mi, para devolverme la serenidad tras unos días locos.

Desgraciadamente, he sido incapaz de encontrar un vídeo con imágenes del concierto. Son espectaculares. Nos queda el audio.





Cosas por las que merece la pena vivir XVII

Esto es oro puro. Gracias a los dioses de la música por tener a Paul (y gracias a James Corden).







Cosas por las que merece la pena vivir XVI

Hoy tenemos ración triple. Dos protagonizadas por el Boss. Bueno, esta primera en realidad es para homenajear a Clarence Clemons y a ese solo de saxo que se marca en Jungleland. Subid el volumen, abriros a la música y disfrutad.



and the poets down here don't write nothing at all...



martes, 19 de junio de 2018

Refugees welcome

En estos días de llegada masiva de pateras al Estrecho y de la acogida del Aquarius se escuchan muchas tonterías. Todas ellas son resultado de la desinformación y la ignorancia, adobadas por un poquito de odio exacerbado a todo lo que no sea español. En fin, es lo que nos toca como "civilización". Lo que más me llama la atención es escuchar a políticos de pacotilla del PP y de Ciudadanos, salvapatrias ellos, hablar del efecto llamada. Claro, vienen los negritos en barcas a España, al paraíso (vaya paraíso) y van a venir más negritos porque aquí se vive estupendamente bien. No pretendo que esos cambien de opinión porque es imposible. Así de cerril y limitado es su ideario. Y sin embargo no ven que el efecto llamada se provoca en el lugar de origen donde, por si no lo saben esas mentes limitaditas, existe la guerra, la persecución religiosa, política o por motivos de género o de identidad sexual. Allí donde el Primer Mundo no se atreve a actuar porque no quiere.

En Homeland, serie recomendable para conocer cómo funcionan los resortes de los servicios de inteligencia en su combate al fanatismo religioso en países de Oriente Medio, uno de los protagonistas daba la clave para acabar con esa plaga. Quizás si pusiéramos en práctica su idea (cara por otro lado), hoy no tendríamos que dar la bienvenida a aquellos que lo han perdido todo.

Resumiendo, un alto cargo de la CIA le pregunta a Peter Quinn, agente de campo en la ciudad siria de Raqqa -uno de los núcleos fuertes del Isis-, si la estrategia que implementa allí Estados Unidos funciona. Quinn le responde con una pregunta:

-¿Qué estrategia? Dígame cuál es la estrategia y yo le diré si funciona.

Todos los asistentes de miran inquietos y Quinn prosigue:

"Miren, es cierto que hay un problema porque ellos... ellos sí tienen una estrategia. Están reuniéndose en Raqqa aproximadamente unos 10.000 de ellos entremezclados entre la población civil, limpiando sus armas y sabiendo perfectamente qué hacen allí. Están allí por una única razón: morir por el Califato y gobernar en un mundo sin infieles".

El alto cargo de la CIA le pregunta a Quinn que sugiera una solución y él propone esto:

"Poner sobre el terreno de forma indefinida a 200.000 miembros del ejército para apoyar y defender a un número igual de médicos y de profesores de Primaria".

"Eso es imposible", dice el de la CIA.

"Entonces empiecen de nuevo bombardeando Raqqa hasta dejarla en los cimientos", termina Quinn.

Soluciones hay. Que se quieran tomar es otro cantar. Os dejo el clip en inglés del momentazo.





lunes, 18 de junio de 2018

Que llueva, que llueva

Grandes los Beta Band. Los descubrí en Alta fidelidad, peli que todo amante de la música (y las listas) debe ver obligadamente. Y de paso, os leéis el libro de Nick Hornby en el que se basa. Igualmente apasionante.





sábado, 2 de junio de 2018

He works hard for the money





domingo, 27 de mayo de 2018

La consagración de la primavera

La doncella fue secuestrada al inicio de la primavera. Debía danzar hasta la muerte con tal de obtener la benevolencia de los dioses al comienzo de la nueva estación. La primavera impulsa, potencia, intensifica las emociones. Surge y florece, aromatiza y vence a los fríos invernales. La danza se hace patente, la música suena, la alegría triunfa. La muerte muere...


Stravinsky compuso hace un siglo La consagración de la primavera, uno de sus ballets más innovadores (casi da un pasmo al entendido público parisino de la época cuando se estrenó) como simbolismo de la ruptura entre dos tiempos opuestos: lo frío y lo cálido, la oscuridad y la luz, la muerte sojuzgada por la vida. Lo que allí fue con danza, lo revivimos hace unos días en el Moderno de Chiclana con la voz, poderosa, desacomplejada y cálida de Musgö, en su segunda aparición sobre las tablas del teatro municipal. La primavera como excusa temática para ofrecernos el florecimiento de una artista única, alejada de tópicos y tipismos y asentada en una carrera en la que cree firmemente. Esta vez, acompañada por una banda solvente, acompasada y que cubrió de capas sonoras la música que Mar Gabarre impone desde su arpa y dirige con su voz y su carisma.

El homenaje que la artista chiclanera ofreció a la primavera se basó fundamentalmente en versiones de temas clásicos del pop y el rock. Sin embargo, disfrutamos de canciones que tomaron vida propia en manos de Musgö. Desde la balada romántica de Elvis Presley hasta el rock progresivo de Pink Floyd (emocionante y vibrante cover de Breathe), pasando por el pop ochentero de Korgis y arribando al rock comercial de los 4 Non Blondes (su archiconocido What's up fue un digno colofón a un espectáculo imperdible). Todo sonó distinto en un concierto de sensaciones, de pulsiones y de generalizado optimismo. Las bases rítmicas, la guitarra limpia y magnífica, el cello y la flauta, organizaron un festín sonoro en torno al arpa de Mar, que siendo protagonista, en ningún momento empacha. Todo lo contrario: su sonido hipnótico hace que nos olvidemos que estamos ante un instrumento único. El ensamblaje de la banda fue perfecto, los mantos sonoros se superponían con maestría. Algo bueno tenía que salir de ahí.

Y el espectáculo fue encaminándose hacia el final con alguna incursión en temas propios de Mar que no desentonaron para nada en un set list precioso y preciso. Todo un regalo de vida. Toda una declaración de intenciones. Puro homenaje a la primavera.

La doncella no dejó de cantar. No cesó de tocar su arpa. Las flores de abrían a su paso. El camino serpenteaba alegre hacia una luminosa realidad que presagiaba un futuro certero. Un futuro en el que la música se escribe con la letra que compone Musgö. Sea.

Fotos: @zuhmalheur
Fuente: www.berenjenacompany.blogspot.com



sábado, 26 de mayo de 2018

Lo inmutable

Hace unos días escuchaba, no me acuerdo a quien, decir que tal grupo se había estancado, que no evolucionaba y que siempre hacía lo mismo. Bueno, no todo el mundo tiene la suerte de ser AC/DC, publicar discos clónicos y ser vanagloriados en todo el mundo. Quizás no sea bueno cambiar porque puedes perder la esencia. Quizás cambiar te da otras miras, otras posibilidades. Ejemplos hay a puñados en el mundo de la música en uno y otro sentido.

Foto: @zuhmalheur
En el caso de Vetusta Morla, lo inmutable es único, es imperecedero, es tesoro que todos ansiamos poseer. Mismo sitio, distinto lugar es el último largo publicado por los madrileños, un anhelado regreso, un cuarto disco de estudio que amplia las bases, que hace pervivir las esencias pero que muestra una muesca sonora más en la carrera de la banda. No se pierde el norte en la música de Vetusta Morla por lo que los fans más irredentos estarán contentos, pero se acentúan algunos caminos sonoros más acerados, más físicos, más rockeros (El discurso del rey o Te lo digo a ti) combinado con medios tiempos (por ejemplo, en Punto sin retorno) y con melodías mucho más marchosas (Palmeras en La Mancha o La vieja escuela). Eso sí, el disco mantiene el simbolismo y barroquismo de las letras de la banda (Consejo de sabios). Lo inmutable es bueno aunque se agradece una aproximación a una realidad a la que, salvo en La deriva, poco habían transitado. Entonces fue la desilusión, la crisis política, económica y moral la que movía la música de Vetusta Morla en ese trabajo. Ahora se encara la vida de forma más optimista, más divertida, más jubilosa.

Los madrileños optan por mantener su sello. La seña es reconocible, la voz de Pucho agrada en cada recodo del camino (y busca nuevos matices como por ejemplo en Guerra Civil), el recorrido por estos diez temas no cansa y se agradece el esfuerzo en producción. Ellos mismo lo profetizan con el título del disco y nosotros coincidimos. Mismo sitio, distinto lugar. Que todo cambie para que no cambie nada. Que evolucionemos para encontrarnos al final del camino con los mismos y genuinos Vetusta Morla de siempre.

Fuente: www.berenjenacompany.blogspot.com




viernes, 25 de mayo de 2018

Fuera de la zona de confort


Son unos ilusos aquellos que dicen no entender Aniquilación, la segunda película de Alex Garland (tercera si pensamos que Dredd es producto suyo, que lo es) y que estrenó Netflix hace unas semanas. Quizás es que el nivel de intelecto ha bajado en la última generación o que nos hemos vuelto conformistas a la hora de ver cine, pero ¿no entender una película? ¿Aún estamos así? El abajo firmante disfruta por igual un disparate como El ataque de los tomates asesinos como esta película que ha concitado mucho interés, más por su trasfondo que por su propio argumento. Y es que en realidad, lo que cuenta es algo muy trillado. Lo hemos visto mil veces y sabemos a qué atenernos. Es lo que no se ve lo que importa en esta película. Sus silencios y sus ruidos, las miradas de las protagonistas, la intriga de no saber qué está pasando, la certeza de que nunca nos van a explicar qué ocurre. Esa huida de la zona de confort es lo que hace grande a Aniquilación.

Mucho se esperaba de esta cinta tras el buen sabor de boca que dejó el anterior trabajo de Garland (Ex Machina). Y sin ánimo de exagerar, estamos ante una de las grandes películas de los últimos tiempos. Al menos en un género, aunque... un momento. En realidad, no sabemos a qué género adscribirla. Tenemos por un lado intriga, por otro una pizca de terror (fantásticas escenas, con tensión incesante), drama intimista, ciencia ficción, película humanista. Aniquilación es trascendente, huye de etiquetas, busca en sí misma las respuestas a qué tipo de película es y lo bueno de todo, es que cada espectador puede calificarla a su gusto. ¿Se entiende? Sí, se entiende. El que no la pille, es que no hace el esfuerzo que hay que poner cada vez que uno se sienta a ver una película. ¿Es aburrida? Hombre, no son los Vengadores de Marvel pero es una película altamente disfrutable, que no se hace pesada y que es cautivadora.

Cautiva por su belleza intrínseca, por su música (con ecos al tristemente desaparecido Jóhann Jóhannsson), por un equipo actoral comedido y muy implicado en la emoción de la narrativa, por una dirección certera y que sabe conducir la nave hacia un final bellísimo y enigmático. Garland sabe encajar piezas sin dar pistas, sin ser complaciente con el espectador. Sin ánimo de llegar a los altares de Tarkovski o Kubrick (¡cuántas veces se ha comparado esta película con los mensajes de Stalker o 2001: una odisea en el espacio), el director británico nos sumerge en una historia donde buceamos en las oscuridades del alma humana: culpa, falta de redención, ausencia de empatía, arrepentimiento... Todo ello envuelto en una narración al uso pero que paradójicamente, rehuye de convencionalismos. No puedo escribir más sin recomendarles vivamente que la vean. Que la gocen con amplitud de miras, que se dejen guiar por los sentidos, por sus sensaciones, que no busquen la lógica donde no puede haberla. Disfruten de la belleza de lo terrible. El ser humano es así.

Fuente: www.berenjenacompany.blogspot.com




jueves, 24 de mayo de 2018

Canelita fina


John Mayall tiene ochenta y tantos pero que los dioses del blues y el rock nos lo guarden muchos más. Le debemos tantos momentos de alegría...