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martes, 8 de enero de 2019

All lives of Vincent


What would Vincent van Gogh think if he could visit his own museum today? Would he be surprised by the legacy he has left? Would he curse the bad luck of his life or smile after going beyond time and history? Without doubt, he would sit in a corner of Van Gogh Museum and sketch all the people around who wander everyday from one place to another, admiring Vicent's life.

The museum devoted to the Dutch genius is a celebration of Art. The life of the painter is narrated through his paintings in a didactic and pleasant journey. The choice of paintings is sublime and appropriately selected; from the social realism of peasants to more dramatic and deeper paintings like The Potato Eaters. At that time, he was not aware of the revolutionary movement he was conceiving, but he definitely knew that he was doing something different. His world was not prepared for the other Vincent.

Color, composition, angles, perspectives, abscences, lines, brushstrokes... Van Gogh's paintings touch the soul, especially the landscapes. Just by looking at Wheatfield with crows (one of his most famous landscape paintings) you can feel the depth and the feeling it evokes. Van Gogh wrote his own autobiography not only through the letters he wrote to his brother or friends, but also in every work of art, in every brushstroke, in a solitary night in a café or his own room. All lives of Vincent gather to show us a man who one day dediced to grab a paint brush and tell wonderful stories.

Artículo publicado originalmente en Berenjena Company.



martes, 18 de diciembre de 2018

Ik hou van Amsterdam [English]


Run away from Amsterdam! Dodge what everybody does! Do not follow the flow! Build your own way just like an unfortunate man like Vicent van Gogh did, a man who died alone, poor and sad, but with the head held high after living a life many would desire. This Dutch genius waltzed to the grave thinking about potato eaters, peasants, wheatfield with crows, chairs, café terraces. He died thinking about himself.

Think about yourself if you want to visit Amsterdam. Do it with the cool head and warm heart, ready to discover an amazing city, a fascinating European capital with a charming trace... even if you visit during one of the wildest cold waves from the last decades. That was our case. But the low temperatures sharpened our senses and we felt eager to know the other side of Amsterdam, the one that runs awat from common places and tourist leaflets to get a feel for the city that goes beyond vices and sins. Welcome to the Amsterdam of nooks and retreats, of the alleys and museums. Welcome to the most delightful Amsterdam, where can be tasted in every bar, every bridge, every herring stand. Welcome to the everchanging city.

The core of our well-organized visit to the main city of the Netherlands were the museums. We wanted to take as a reference some of the most important cultural spaces. We wanted the Dutch Golden Age painting masters to be our guides before paying homage to the favorite son of Zundert while having a cup of coffee gazing at the canals and getting some fresh air to dive into the wonders of science in one of the most wonderful museums of Europe. Always counting with time. Time to stroll, to eat, to go shopping, to breath the brimming Amsterdam. Saving some time to visit a historical house full of mysteries and fantastic stories that we are going to tell in one of the next
articles.

Do it yourself

We wanted it to be a memorable trip, remembered by smaill details and things you cannot find in a travel guide. In fact, we went on our own way. We let our feet to lead us. That is how we discovered unique and fairly unknown places. We visited some extraordinary stores selling a great variety of stuff like rubber ducks, phallic gummies or vintage clothing.

Visiting the green areas and markets is a must in every city. Amsterdam has plenty of both. Vondelpark is a place to get away from the daily life. There is something magical about this place that makes it different depending on the season you visit it. Always has something to offer... and prepares you to the whirlwind of Leidseplein, the heart of the city. Bars, restaurants, shops, concert halls, theaters. What makes Amsterdam different to other places is that anything disturbs you, not even the cars or the noise, you never feel overwhelmed or inhibited. It is like sharing a piece of street with your friends or family. A truly cosy city. It is in the streets where the multiple markets linger: Bloemenmarkt, Albert Cuyp Markt, Waterlooplein... A wonderful urban environment.

Actually, there is something among all the things that we did that could be considered mainstream, probably the only one; a canal cruise seeing the most important places of interest from a totally different point of view!

(To be continued...)

Gallery pictures 
This article was originally published in Berenjena Company.



miércoles, 24 de octubre de 2018

Ik hou van Amsterdam


Huyan de Amsterdam. Huyan de hacer lo que hace todo el mundo. No sigan la corriente. Construyan su propio camino como lo hizo un desventurado Vincent van Gogh que moriría triste, solo y pobre al final de sus días pero que lo hizo con la cabeza alta por haber vivido una vida que ya muchos quisieran. Al menos, el genio holandés se fue a la tumba pensando en comedores de patatas, en paisanos, en campos con cuervos, en sillas, en cafés. Se murió pensando en sí mismo.

Piensen en sí mismos si quieren visitar Amsterdam. Háganlo con la cabeza fría y el corazón caliente, prestos a descubrir una ciudad fascinante, una gran capital europea pero que en el fondo tiene un poso cercano, amigable, luminoso… incluso si uno lo visita durante una de las olas polares más salvajes de los últimos decenios, como fue nuestro caso. Pero el frío agudizó nuestros sentidos y nos sentimos ávidos de conocer esa otra Amsterdam, la que huye de sitios comunes, del panfleto turístico, para tomarle el pulso a la ciudad que va más allá del vicio y el pecado. Bienvenidos a la Amsterdam de los rincones, de los recovecos, de las callejuelas, de los museos. Bienvenidos a la Amsterdam que se saborea bocado a bocado en cada bar, en cada puente, en cada puesto de haring. Sean bienvenidos a una ciudad que se reinventa en cada visita.

Nuestro paso por la principal ciudad de los Países Bajos tiene como eje vertebrador los museos. Quisimos tomar como referencia algunos de sus espacios culturales más importantes para articular una visita que sin estar organizada, sí que tuvo cierto grado de lógica interna. Queríamos que fueran los maestros flamencos de la pintura del Siglo de Oro nuestros guías, para después rendir pleitesía al hijo predilecto de Zundert mientras tomábamos un café tranquilo, pausado, mirando a los canales y tomábamos aire para zambullirnos en la magia de la ciencia en uno de los museos más maravillosos de Europa. Todo ello con tiempo. Con tiempo para pasear (a pesar de la gélida temperatura), para comer, para comprar, para respirar Amsterdam por los cuatro costados e incluso dejando espacio para la sorpresa en forma de una histórica casa que visitamos por casualidad. Allí nos topamos con historias fascinantes que les contaremos en otro artículo.

Hazlo tú mismo

Queríamos que fuera un viaje único, recordado por pequeños detalles, por algo que no vieras o consultaras en una guía turística. De hecho, no pedimos información turística alguna sino que nos dejamos llevar. Que los pies nos llevaran por esta calle, por aquella plaza. Que tu instinto te guiara hacia donde vieras algún punto de interés. Así descubrimos callecitas llenas de encanto con tiendas que sin ser únicas, sí que imprimían un sello singular a lo que vendían ya fueran patitos de goma, gominolas con forma fálica o ropa vintage.

En toda ciudad que se precie uno debe hacer dos visitas ineludibles: al pulmón verde y a sus mercados. Amsterdam está sobrada de ambos. Vondelpark es un lugar único, de desconexión del estrés y de unirse a la naturaleza. Hay algo mágico en este parque que lo hace distinto según la temporada del año que lo visites. Siempre te ofrece algo alternativo… y te prepara para dejarte en la vorágine de Leidseplein, bullicioso centro de la vida de la ciudad. Bares, restaurantes, tiendas, salas de conciertos, teatros. En un exiguo espacio encontramos el pulso de la urbe, aunque lo que diferencia a Amsterdam de otras ciudades es que todo aquí te sienta mejor: no te molestan los coches, no estorba el ruido, no te sientes agobiado y/o cohibido. Es como compartir un trozo de calle con tus amigos, con tu familia. Así de acogedora y leal es la capital de Holanda. Y en la calle, es donde se viven los múltiples mercados de la ciudad: Bloemenmarkt, Albert Cuyp Markt, Waterlooplein... Focos de vida, de ambiente, de compras a buen precio. Indispensable.

Y como aquí nadie te va a poner mala cara por querer ir por libre, puedes hacer algo que todo el mundo hace en Amsterdam: un crucero por los canales porque conocer su historia es saber de la historia de sus habitantes. Probablemente fuera la única concesión mainstream que pudimos hacer durante toda nuestra estancia.

(Continuará...)

Galería completa de fotos 
Artículo publicado originalmente en Berenjena Company.



sábado, 24 de febrero de 2018

Amsterdam

Nos vamos...





lunes, 17 de octubre de 2016

El artista incesante

-Ding, dong, ding...


Muy buenas señores pasajeros. El comandante del vuelo les da las gracias por elegir esta travesía de la compañía Laínez Airways con destino a donde ustedes deseen. Nos complace dar una bienvenida especial a quienes se unen a esta maravillosa aventura sensorial procedentes de donde quieran que vengan. La duración estimada de la travesía será de... el tiempo que ustedes se tomen para apreciar esta muestra. Por motivos de seguridad y para evitar interferencias con el buen gusto, les recordamos que los teléfonos móviles y otros dispositivos electrónicos deberán permanecer desconectados desde que usted pone un pie en la exposición Viajeros de Carlos C. Laínez que se puede visitar en la Galería Fedarte de Jerez (calle San Pablo, 4). Ahora por favor, abróchense el cinturón de seguridad, mantengan el respaldo de su asiento en posición vertical y su mesita plegada. Les recordamos que no está permitido fumar en la galería. Gracias por su atención y feliz viaje.


Carlos C. Laínez otra vez. El artista incesante. Pintor, grabador, escultor, escritor, actor... Lo toca todo y todo bien. Y hasta aquí, el momento de apasionamiento puesto que aquí y aquí, ya tienen muestras inequívocas del potencial del artista jerezano afincado en Chiclana. Ahora nos propone Viajeros, una ecléctica muestra de escultura y pintura con la que se embarca en ese mundo tan agradecido y sensitivo como es el género de viajes. Viajes más interiores e intrínsecos que reales. Viajes de la imaginación. Viajes que evocan la literatura de aventuras que leíamos en nuestra juventud (¡qué puñetas!, yo sigo volviendo a Salgari, Stevenson o Kipling). Periplos con viajeros que pululan entre la mitología y la ironía, entre el simbolismo más abstracto hasta la idea pura de la temática central. Capa sobre capa, Carlos C. Laínez obtiene esas texturas mediante técnicas mixtas (collage, carboncillo, acrílicos...) que superpone, mezcla e intensifica con absoluta desenvoltura... Como si fuera fácil. oiga.

Viajeros es una nueva muestra de que a Laínez le interesa por encima de todo, el ser humano. Si con el profético doctor Sloan buscaba indagar en la relación del hombre con el propio desarrollo que es capaz de crear, con esta nueva muestra busca llamar la atención sobre lo pobre que resulta no hacer despegar la imaginación. Que tan fantástico es coger un avión con rumbo desconocido como despejar la mente ante una puesta de sol y saberse surcando los Mares del Sur. De nuevo el arte necesario, el arte como virtud.

El doctor Sloan nos dejaba con la incógnita de saber a qué remoto lugar se habría ido en su máquina del tiempo en busca de nuevas invenciones. Puede que su estela la divisemos ahora en Viajeros, entre barquitos de papel, sillones-globo o entre mundos sobre los que caminar errantes preguntándonos ¿de dónde venimos? ¿A dónde vamos? Pero sobre todo, ¿quiénes somos?





lunes, 12 de mayo de 2014

EL CAMINO


And my car's out back
If you're ready to take that long walk


Lo mejor de un viaje no es llegar, es el viaje en sí. Venga va, tiro de axioma ajado, sobreutilizado y de cajón para explicarles que a mi lo que me gusta de un viaje es eso... viajar. Que luego llegar a tu destino y disfrutar de tu estancia está bien, sí, pero eso de coger el coche y quemar kilómetros (bueno, mejor sería decir dejarse un pastón en combustible), a mi me resulta especialmente placentero. Eso si te gusta conducir, claro.

Por que no me dirán ustedes que no tiene su aquel coger el coche, parar en una ventita de carretera con todo el sabor a pueblo del mundo y meterse entre pecho y espalda una buena tostadita de pan del bueno con su aderezo correspondiente, disfrutar del paisaje que algunas de nuestras carreteras nos deparan o parar a echar una meadita (con perdón) en una estación de servicio y de paso comprar alguna tontería para amenizar el viaje, caso de unos Doritos o un CD de Camela.

Hace poco he tenido la oportunidad de recorrer de nuevo la A4 en una viaje relámpago a Madrid y cada vez que recorro la columna vertebral de Andalucía me parece una pasada. Una oportunidad única para conocer mi tierra, para saber de pueblos que ni conocía, para visitar rincones que en cualquier otro medio de locomoción no podría hacerlo. Incluso, y temiendo caer en la ñoñería más absoluta, llegando a encontrarme espiritualmente a mi mismo al volante y surcando kilómetros de esa autovía.

Lo dicho, todo un placer. Lástima que luego tenga que pasar por la autopista de peaje y tenga que soltar casi 15 euracos para poder entrar y salir de mi provincia. Esa provincia atenazada por la crisis y un 40 por ciento de paro y que para más inri tiene grilletes a modo de peajes para ir a Sevilla o a Málaga. Ahí se me quitan las ganas de conducir pero no las de utilizar la gasolina para quemar a alguien.



martes, 19 de julio de 2011

LETRAS DE VERANO


H
ago las maletas para irme unos días de vacaciones y entre las cosas habituales que uno se lleva... y algún que otro olvido, siempre va algún que otro libro. Aunque luego durante esos días de descanso, de retiro cuasi espiritual, y de desconexión total -o al menos eso es lo que uno pretende-, tampoco toque mucho alguno de ellos, siempre me da cosa el viajar sin llevar algo que me pueda ocupar algunos ratos ociosos en los que no sé o no puedo divertirme con otra cosa. El libro siempre está ahí, al alcance de la mano para poder liberarme de otra forma que no sea playa, playa o playa (que por cierto, no me gusta nada... en verano).

Exactamente no sé que voy a leer en estos días, pero a vuela pluma, les puedo aconsejar algunas cosillas que sí pueden ustedes probar para estos meses de canícula... si les apetece claro.

Lo primero que me viene a la cabeza es el viaje. Coger el coche, quemar rueda, comerte los kilómetros (siempre con precaución), emulando a los personajes creados hace más de medio siglo por la prosa espontánea de Jack Kerouac. Ser Dean Moriarty o Sal Paradise recorriendo paisajes y mujeres. Inspiradora de múltiples viajes a través de los Estados Unidos, recorriendo la Ruta 66, En el camino es un libro que se consume y se paladea mejor en verano... a ver si así, a uno también le entran ganas de repetir ruta...

Poesía. Pablo Neruda. Isla Negra. Tan sólo con evocar el espacio vital y artístico del chileno, ya merece la pena "echarse" unos versos con el verano de escenario de fondo. Tampoco hay que decir mucho más.

A verano también me huelen/saben algunas obras del gran Raymond Chandler, sobre todo aquellas en las que sale Philip Marlowe, ya sea en relatos o en sus novelas. Me quedo con El largo adiós... y de postre alguna de las películas para las que colaboró como libretista (Perdición o Extraños en un tren).

El lado oscuro, salvaje, visceral, amoral, pero por otra parte, apasionante del Hollywood más "gamberro" está magistralmente diseccionado en un libro llamado Moteros tranquilos, toros salvajes, de Peter Biskind. Una completa radiografía de una época en la que la creación fluyó como en (casi) ninguna época en un Hollywood que algunos querían creer decadente... pero no.

Una debilidad. El queso y los gusanos, de Carlo Ginzburg. Un libro impresionante que inauguró el género de la Microhistoria y que cambió para siempre el modo de contar los hechos del pasado. A través de la vida y obra de un molinero italiano del siglo XVI, en especial del proceso inquisitorial que se siguió contra él, conocemos no sólo su vida sino también cómo era la sociedad en la que se desenvolvía desde muchos aspectos colaterales. Una joya que se lee en un pis pas y que te deja un regusto interesante, aunque seas profano en la Historia.

No podría dejar de recomendar las aventuras del inspector Serrano, protagonista de La saga de la ciudad oscura que nuestro compañero Juan García acaba de cerrar de forma exitosa este año, y que también puede ser una buena obra para acompañarnos en este largo y cálido verano.

Muchas otras historias pueden caber en una maleta de verano. Pero les voy a dejar a ustedes que elijan... Tienen donde hacerlo.

Foto: notedetengas.es



viernes, 23 de abril de 2010

UNA NUBE EN EL CAMINO


U
na nube en el camino me enseñó que mi destino era dejar de volar y volar... Más o menos como en la canción de José Alfredo Jiménez estamos con los humos del volcán islandés de impronunciable nombre. Una erupción que ha causado el caos absoluto, no sólo en el sistema aeroportuario europeo, si no también en el resto de medios de transporte que están sobrellevando como pueden el excedente de viajeros que no pueden tomar un avión en estos días.

La cosa tiene su aquel. Vivimos en una nueva era histórica. Desde que los homínidos empezaron a utilizar industria lítica para sus menesteres cotidianos hasta el momento actual en el que nos encontramos en una Edad Tecnológica, el hombre ha visto como cualquier tipo de ingenio o adelanto científico ha palidecido ante incidencias que escapan a su control. En este caso, todos los modernos sistemas de transporte, cualquier invención técnica en el más avanzado de los aviones no ha podido hacer frente a una nube de ceniza. Es lógico que los “pájaros” no alcen el vuelo ya que sería una insensatez viajar en este estado. La seguridad ante todo, pero cuesta creer que en pleno siglo XXI, una edad en la que nuestra civilización parece haber subido al escalón de los superhombres, nos veamos totalmente desarmados por una contingencia de este tipo. No es la primera vez que nos enfrentamos a este tipo de “problemillas”, pero por mucho medio técnico que tengamos, nos vamos a quedar “desnudos” porque al fin y al cabo, la Madre Naturaleza siempre es más sabia que nosotros.

Lo peor de todo es que lo único a lo que nos podemos apuntar es a la resignación, escaso bagaje para una sociedad que se ha acostumbrado a navegar a una velocidad de pasmo por autopistas virtuales y que a la más mínima tiene que dejar a miles de personas sin poder ir de un lugar físico a otro. Paciencia pues.



domingo, 6 de diciembre de 2009

AMSTERDAM: ALGO MÁS QUE PECADO




H
eldhaftig, vastberaden, barmhartig” (“Valiente, decidida, misericordiosa”). Amsterdam está marcada por su historia reciente. Tras la invasión nazi en la Segunda Guerra Mundial, le fue otorgado ese lema que resume el carácter del que vive en la capital. Curtidos, pero abiertos; liberales, pero orgullosos de las tradiciones. Holanda es diferente y Amsterdam es el reflejo de la personalidad neerlandesa.

De Amstedam se ha dicho de todo: ciudad permisiva, del pecado, de los fumetas, de las bicicletas, del mercado de pulgas y de las flores. Pero bajo esta urbe, una de las más animadas de toda Europa, se esconde una pulsión por la vida impresionante que por ejemplo, el Día de la Reina (el 30 de abril), se desparrama por todos sus rincones. La gente sale a la calle a vender lo que no le sirve. El manto naranja (el color nacional), lo invade todo y denota que esta ciudad es la más mediterránea de las no mediterráneas.

Como toda ciudad abierta al mar, Amsterdam refleja el espíritu abierto de sus habitantes. Como por arte de magia, esa visión del mundo aperturista, se transmite no sólo al resto del país sino también al visitante. Amsterdam es acogedora por naturaleza y contiene suficientes atractivos como para dedicarle un artículo como éste. Pero, ¿qué les parece si nos damos una vuelta por la capital holandesa?

El paseo puede iniciarse en Centraal Station, la puerta de acceso terrestre a la ciudad. A pocos pasos de allí se ubica la ciudad más acuática, el último barrio de moda en Amsterdam. Oosterdokseiland, o isla de las dársenas del este, es un proyecto que servirá para ampliar el territorio metropolitano. Concluirá con la mayor biblioteca pública de Holanda, un conservatorio de música, hoteles, restaurantes y viviendas de arquitectos de primerísima fila. A pesar de estar en crecimiento, la zona del puerto suscita suficiente interés para atraer la atención del viajero. Un conjunto de pasarelas sobre el agua conducen al contemporáneo Stedelijk Museum, al Club 11, restaurante de día y bar de copas de noche, y al Nemo, un museo de la ciencia rodeado de agua.

La plaza Dam es nuestra siguiente parada. Contiene la esencia de Amsterdam, aunque a ella no llega el agua. Es el corazón peatonal y el mejor ejemplo de la convivencia entre viandantes, tranvías y bicicletas. Agua, bicicletas... Casi sinónimos de lo que es esta ciudad. Por un lado, no se puede comprender la historia de esta capital sin su relación de amor-odio con el agua. Casi la mitad de su superficie ha sido ganada al mar. Con eso está dicho todo. La bici... bueno, para comprenderlo es mejor ir allí y vivir esa... cultura.

Ahora vámonos de museos. El Van Gogh (en Paulus Potterstraat, 7), alberga la más amplia colección de obras del pintor holandés, lo que lo convierte en un lugar de visita imprescindible. Muy cerca, también en el entorno del Museumplein, hay otra pinacoteca fundamental, el neogótico Rijksmuseum. Otra cita curiosa la tenemos en el barrio judío, un distrito que contaba con más de 100.000 habitantes antes de la Segunda Guerra Mundial. Casi todos fueron deportados, y la mayoría, asesinados. Hoy, resisten varios templos restaurados como la Gran Sinagoga -paradójicamente, la más pequeña y antigua-, arrasada por los nazis y restaurada para acoger la sede del Museo Judío.

Los amantes de los paseos puramente turísticos (y quizás rutinarios, aunque no por ello, dejen de ser interesantes), pueden pasarse por la Casa de Ana Frank (en la calle Prinsengracht), ver la belleza de Amsterdam desde los canales en alguno de los múltiples cruceros que existen o tumbarse en el césped del impresionante Vondelpark.

Clubs y bares
Una vez alimentado el espíritu, hagamos lo propio con goces más terrenales. No. No nos vamos a ir al Barrio Rojo, porque eso ya sería caer demasiado en el topicazo. ¿Para qué? El avezado lector ya sabe lo que es y lo que se va a encontrar allí. Mejor cultivemos la cultura club. En Amsterdam tenemos un buen número de ellos (Hotel Arena, Escape, Powerzone, Supperclub, Chemistry, Melkweg, Paradiso, Panama o Club 11), donde asistir a incesantes sesiones de trance o progressive, pasando por el mejor rock de la escena independiente.

Si quieren bares algo más “normalitos”, no dejen de pasarse por Rembrandtplein y Leidseplein, auténtico centro de la vida social de la capital junto a la histórica plaza Dam. Si están esperando a que les hable de los coffe shops... sí, existen, y sí hay permisividad con las drogas... pero no se crean todo lo que cuentan. Cerca de Leidseplein se encuentran algunos de los de más solera. Pero un consejo: visitar Amsterdam es un auténtico placer para los sentidos. Si van a un coffe, por favor, no se pasen.



sábado, 17 de octubre de 2009

DIEZ RAZONES PARA IRSE A VIVIR AL MEJOR PAÍS DEL MUNDO


S
i usted desea mudarse al mejor país del mundo, aquel en el que mejor están las cosas, en definitiva, el lugar del planeta donde mejor se vive, tiene que saber que tendrá que encaminar sus pasos a Noruega. Esta nación encabeza una vez más la lista de los mejores países para vivir, de acuerdo con el índice de desarrollo Humano de las Naciones Unidas. Por ello nos hemos propuesto ayudar con una lista de ventajas a aquellos que hipotéticamente quieran mudarse al “mejor país del mundo”. He aquí algunos de estos factores.

Empezamos por la cuestión económica. El Producto Interior Bruto noruego por persona ascendió a 36.600 dólares, el más alto del mundo tan sólo superada por Luxemburgo, pero ¿quién quiere irse a vivir a Luxemburgo si no tiene mar?

La seguridad también es un aval destacado para el país escandinavo. Noruega ofrece una excelente calidad de vida, pues es también el más pacífico del mundo según el estudio de Global Peace. Además, no olvidemos que es uno de los países fundadores de la ONU (que algo contará, digo yo).

En Noruega se vive bien... y mucho. Las estadísticas revelan que la esperanza de vida de la población es de unos 83 años, mientras que la edad promedio es de la población es de 39. Relativamente jóvenes estos noruegos. Comparativamente, en España salimos perdiendo porque vivimos menos. Nuestra esperanza de vida está cifrada en los 76 años. Nos sacan seis y eso es mucho tiempo. Se pueden hacer muchas cosas.

En cuanto al Estado del Bienestar, algo que aquí conocimos bastante tarde pero que en el norte de Europa es moneda de uso común, por ejemplo, los apoyos y beneficios a las madres y mujeres embarazadas son más que abundantes. Lo de conciliar la vida familiar y laboral es algo que no suena a chino en empresas y hogares del frío país norteño. Por otro lado, existe una amplia difusión de la baja por maternidad. El promedio de hijos por mujer es de tan sólo 1,78 (más o menos en España estamos a la par), por lo que el estado brinda apoyos a este sector de la población. Uno de esos beneficios es que las mujeres embarazadas reciben el cien por cien de su sueldo mientras se encuentran incapacitadas durante ocho meses y la empresa donde trabaja está obligada a reincorporarla al finalizar este periodo. El estado también bonifica a las familias con recursos por cada hijo hasta que éstos cumplen los 18 años. Si la mujer decide quedarse en casa para el cuidado de sus hijos recibe una remuneración mensual aún mayor. Esto es, te pagan por trabajar en tu casa. Normal, ¿no? Pues en España, aún estamos en pañales.

Fuera tabúes
Ahora rompamos tabúes. Habitualmente también se ha comentado que los países del norte de Europa eran los que registraban una tasa de suicidios mayor. Sin embargo, esto no se cumple en el caso de Noruega que se ubica en el trigésimo noveno puesto de este tétrico ránking realizado por la Organización Mundial de la Salud. Como curiosidad, el listado se encuentra encabezado por Lituania. Pobrecillos.

Los amantes de la cultura también están de enhorabuena sin quieren irse a vivir a Noruega. Su diversidad cultural se ha incrementado en los últimos años por lo que las políticas públicas son destinadas a la integración de diversos grupos étnicos y a la promoción de la tolerancia.

Hablando de inmigrantes, Noruega ofrece importantes facilidades laborales a este colectivo, quienes representan el 10,6 por ciento de su población total.

Noruega también fue elogiada por su alta tasa de alfabetización, además de por su elevado nivel educativo. En cuanto a la sanidad, la calidad en hospitales y servicios médicos del país están considerados dentro del top 20 de la Organización Mundial de la Salud.

Y si aún no se han convencido, los noruegos en general presumen de la belleza del paisaje de su país, oportunidades de pasárselo bien practicando deportes de riesgo, senderismo, ocio en general, e incluso de su agua limpia y el aire puro. Un paseíto por los fiordos es algo que no se debe dejar escapar.

España, en el puesto 15
Mientras tanto, España ha caído dos puestos en el Índice de Desarrollo Humano, ocupando ahora el puesto número 15. Así, nos situamos por detrás de Noruega, Australia, Islandia, Canadá, Irlanda, Países Bajos, Suecia, Francia, Suiza, Japón, Luxemburgo, Finlandia, Estados Unidos y Austria. El Índice sobre Desarrollo Humano se calcula según el Producto Interior Bruto per cápita, la esperanza de vida, y la tasa de alfabetización de cada país.

En total, 38 países forman el grupo de países con un desarrollo humano muy alto. La mayoría de ellos son países europeos y de América del Norte, a los que hay que añadir Japón, Australia, Nueva Zelanda, Singapur, Hong Kong, Corea, Israel, Brunei, Kuwait, Qatar, Emiratos Árabes y Barbados.

Por su parte, en la parte media y baja de la lista, aparecen sobre todo países africanos y asiáticos. Concretamente, los países menos desarrollados según la ONU son Malí, República Centroafricana, Sierra Leona, Afganistán y Níger, todos ellos países en los que la esperanza de vida al nacer no supera los 51 años y el Producto Interior Bruto per cápita es inferior a 1.100 dólares. Además, en estos cinco países la tasa de alfabetización es de alrededor del 30 por ciento de la población.



jueves, 1 de octubre de 2009

LA BELLA DECADENCIA DE PÈRE LACHAISE


T
iene algo de cautivador, de misterioso, de decadente (en el sentido romántico y no peyorativo del término), de místico… y por qué no decirlo… de encantador. El cementerio parisino de Père Lachaise, convertido hoy en una de las mayores atracciones turísticas de la capital francesa (sí, sí, créanlo, más de dos millones de visitantes al año), es un lugar atrayente por la mezcla de espacio público en el que se conjuga la paz y tranquilidad (nunca mejor dicho), con la posibilidad de encontrarse a un ramillete de personajes famosos, eso sí… todos muertos y enterrados.

Hagamos un poco de historia. El nombre dado al cementerio es un homenaje a François d’Aix de la Chaise, conocido como el Père la Chaise, confesor de Luis XIV, ese Rey Sol en el que se creía encarnado el estado absolutista. El 21 de mayo de 1804, el cementerio se abrió oficialmente para una primera inhumación, la de una pequeña de cinco años. Sin embargo, no fue bien aceptado por los parisinos en un primer momento, que no querían descansar eternamente en las afueras de París. Sin embargo, con el crecimiento de esta urbe, Père Lachaise prácticamente está ya en el centro de París.

Al ser transferidos al mismo los restos de algunos personajes de gran prestigio, la élite parisina le concedió su beneplácito e incluso pidió ser enterrada allí. Tras su apertura, el cementerio de Père Lachaise ha sido ampliado en cinco ocasiones: en 1824, 1829, 1832, 1842 y 1850. Esto le ha permitido pasar de 17 hectáreas y 58 divisiones a 43 hectáreas y 93 divisiones, que contienen unas 70.000 tumbas y más de 5.300 árboles.


Lo nunca visto y pensado. Por lo menos para nuestra carpetovetónica concepción de cementerio: es normal que los parisinos vayan allí a pasear, a sacar a su perrito o simplemente a leer en un precioso día soleado en los bancos de alguna plazoleta que sirven de nexos de unión de las divisiones existentes en este camposanto.

Père Lachaise es el cementerio más grande de París intramuros. Está situado en el XX distrito (los bohemios arrondissements parisinos) y sitúa su origen a principios del siglo XIX, cuando se construyeron varios cementerios con el fin de reemplazar a los que por entonces existían en la Ciudad de la Luz. En las afueras de la capital se situaron: al norte, el de Montmartre; al este, el de Père Lachaise; al sur, el de Montparnasse y en el centro de la urbe, el de Passy.



Lo cierto es que una ciudad con la riqueza monumental de París no podía dejar que sus cementerios fueran simples lugares de enterramiento. No valen nichos o sepulturas rodeados de aburridos cipreses. Père Lachaise se concibe así como camposanto, parque, lugar turístico, monumento nacional y espacio para el recuerdo. Individual y colectivo. Porque este cementerio lleva implícita la memoria del horror y el sufrimiento no sólo francés, sino también europeo. Absolutamente conmovedoras (y a veces desgarradoras), son sus esculturas conmemorativas a los franceses que lucharon en España en las filas de las Brigadas Internacionales o a los españoles que formaron parte del ejército aliado que se enfrentó a la Alemania nazi. El vívido recuerdo a los aniquilados en los campos de concentración de Hitler también conmueve al visitante. Hay también espacio para recordar la historia negra del país vecino como por ejemplo en el Muro de los Federados o de los Comuneros, donde en 1871 fueron ajusticiados 147 dirigentes de la Comuna de París (aquel intento por crear un gobierno popular y federal en Francia).



Pero Père Lachaise, cuya concepción le fue encomendada al arquitecto neoclásico Alexandre Théodore Brongniart, es esencialmente conocido y visitado por ser el lugar donde descansan los restos mortales de muchas personalidades del mundo de las letras, la música, la pintura, el conocimiento histórico, etcétera. Así, entre sus callejuelas estrechas y a la sombra de vetustos árboles podemos encontrarnos las tumbas del cantante de The Doors, Jim Morrison, de la gran Édith Piaf, de Gilbert Becaud, de la pareja formada por Simone Signoret e Yves Montand, de Molière, Marcel Proust, Oscar Wilde, Georges Bizet, Frédéric Chopin, Guillaume Apollinaire, Miguel Ángel Asturias, Honoré de Balzac, Georges Méliès, Amedeo Modigliani, Gioacchino Rossini, los amantes Abelardo y Eloísa e incluso el que fuera Príncipe de la Paz, el español Manuel Godoy. Hasta hace poco también se podía visitar (de hecho el lugar físico aún existe), la tumba de la gran Maria Callas, pero sus cenizas han sido trasladadas a Grecia.

Turismo de masas
Las sensaciones son extrañas en este lugar. Al respeto de estar en un cementerio, se une el desconcierto de pasear por un “sitio turístico”. Aunque quieras, no te puedes resistir a hacerte una foto con Jim Morrison u Oscar Wilde, genios de lo suyo y admirado por legiones de admiradores. La mitomanía (con un punto necrófilo, todo hay que decirlo), alcanza sus cotas más increíbles en este lugar, al que un extraño magnetismo te invita a volver. Naturalmente que habrá quien se sienta incómodo o cohibido en este lugar, pero Père Lachaise llega a hipnotizarte cuando divisas a lo lejos una maraña de tumbas, mausoleos y enterramientos.

Gentes de las clases altas con sepulturas de humilde condición. Famosos con desconocidos. Cristianos con musulmanes, judíos, sintoístas, etcétera. El ejemplarizante laicismo francés (ese que Nicolas Sarkozy quiso cargarse), tiene un buen ejemplo en este lugar. Te vas de Père Lachaise con dos cosas claras: que quieres volver y que en ese cementerio, un lugar a priori de muerte, de bella decadencia, sales vivo… pero que muy vivo.



viernes, 25 de septiembre de 2009

EL INVIERNO EN LISBOA (Y LA PRIMAVERA, Y EL VERANO,...)



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onde acaba el mar y la tierra comienza. Así definió José Saramago, el único premio Nobel de las letras portuguesas, a la ciudad de Lisboa, un lugar en el que te sientes a gusto desde que tocas por primera vez su suelo. La antigua Olisipo de los romanos, la Lisboa manuelina que siendo mascarón de proa del incipiente imperio portugés se midió en fuerza y poder con la Castilla de los Reyes Católicos y que posteriormente puso sus miras comerciales en el sudeste asiático, la ciudad que miraba al Atlántico desde el estuario de su Tejo (nuestro Tajo) con el aroma de esa bellísima Revolución de los Claveles que acabó con la dictadura de Salazar el 25 de abril de 1974, la capital que se abrió a Europa con la necesidad de ser reivindicada como una de las grandes urbes. La Lisboa fadista y a la vez moderna que huele en los rincones de los barrios de Alfama o del Chiado a Eça de Queiroz, a Lobo Antunes, a Fernando Pessoa o incluso al propio Saramago.

Llega uno a la capital portuguesa con el interés de pasear. No es Lisboa, un Londres, un Nueva York, ni siquiera un Madrid, en donde la agenda de sitios que contemplar te lleva cual japonés armado de Nikon para cumplir con los horarios de visita. El paseo reposado, la observación de detalles, la apertura de sentidos, se torna esencial en un recorrido por las angostas y laberínticas calles lisboetas. Si no es así, olvídese amigo lector, de conocer aunque sea levemente la capital del país vecino.

La entrada de Portugal en la Unión Europea (en 1986, a la par que España), supuso una apertura esencial para todo el país y para su principal ciudad. Los lisboetas son ahora gente acogedora, sin lugar a dudas sabedores de que las remesas que entran en el país a cuenta del creciente turismo, es una de sus tablas de salvación, algo que en un país en el que la crisis económica empezó antes que en el resto del mundo, se torna esencial.

El consejo es ese. Lleguen a Lisboa y paseen con tranquilidad. Háganlo por la magnífica Avenida da Liberdade desde su extremo norte, junto al enorme parque de Eduardo VII (lugar cercano al escogido por El Corte Inglés para instalar su primer establecimiento fuera de España), hasta la zona de Restauradores y Rossio (cuyo centro neurálgico se localiza en la animosa Praça do Pedro IV). Es este uno de los núcleos comerciales de la capital y auténtico centro administrativo lisboeta, que nos deja a los pies del Terreiro do Paço, lugar donde se encuentra la majestuosa Praça do Comercio. Este fue el punto inicial donde el urbanista marqués de Pombal inició la reconstrucción del barrio de Baixa tras la destrucción de la que esta zona fue objeto con el maremoto de 1755 (que también afectó a ciudades españolas como Cádiz).

El Terreiro do Paço ocupa lo que hasta inicios del siglo XVIII era el palacio real, lugar donde los reyes de la dinastía manuelina trazaban nuevas líneas comerciales donde el interés económico de los portugueses era la moneda de cambio habitual. Baixa aparece acontinuación con un plano reticulado de calles que acaba en Rossio y la Avenida da Liberdade, verdaera arteria vertebradora de la ciudad.

La Lisboa monumental
Desde Baixa se hace obligada una visita al Bairro Alto y al Chiado (este último fue profusamente reconstruido después del pavoroso incendio que sufrió en 1988). Un paseo por la Praça Luis de Camoes o por la rua Garret es esencial para comprobar la vida de una ciudad como Lisboa, últimamente muy ligada al turismo. La Lisboa añeja (con monumentos tan impactantes como el convento do Carmo, semi destruido en el maremoto de 1755 y que actualmente aloja un museo arqueológico) se da la mano con la modernidad que ofrecen las actuales cadenas de tiendas internacionales, mientras rastreamos los pasos de un Fernando Pessoa que parece que sigue escribiendo en cuartillas dentro del café A Brasileira, su lugar preferido para tomarse un café a media tarde mientras observaba el paseo de los lisboetas.

También es ineludible una visita por los barrios de Alfama y de Graça. Las callejuelas del viejo barrio fadista de Alfama conllevan sorpresas constantes en forma de tabernas y tiendecillas, siendo recomendable el comer allí las especialidades nacionales como la papa d’açorda o los cientos de variantes del bacalao (prueben el bacalhau com natas o a minhota acompañados de un buen vinho verde). La noche se puede completar asistiendo a un bar de fados, la canción portuguesa, esa que la fadista parece cantarte al oído con un quejío similar a la copla o al flamenco (la gran Amalia Rodrigues se atrevió incluso con una excelsa versión del Ojos verdes).



Lisboa también es una ciudad con una apreciable oferta cultural y de ocio. En los últimos años, ha sorprendido (o quizás ya no tanto), que grandes bandas del rock como U2 o los Rolling Stones, hayan recalado en la capital lusa, uniéndose al selecto club de ciudades europeas que ven a estos monstruos del rock. El número de teatros y de salas de exposiciones han avanzado espectacularmente en estos últimos años, dejando ya en el recuerdo la Lisboa degradada de finales de los 80. Sin embargo, el fado pesa mucho en la cultura lusa, por lo que si usted es una persona inquieta, pásese por una taberna donde puede asistir a un recital fadista... y déjese llevar por el ambiente arrabalero (sin matiz peyorativo) y popular de este cante.



De un extremo a otro. Historia y modernidad. Al sur, queda la Torre de Belem, el Padrao dos Descubrimentos y el Mosteiro dos Jeronimos, cita inexcusable con la Historia portuguesa. Al Norte, el Parque das Naçoes, sede de la Expo’98, con sus edificios futuristas y el puente Vasco de Gama, que con 17 kilómetros de longitud es el más largo del continente. Dos caras de una misma ciudad. Una Lisboa que aún está por descubrir. Ya lo dijo Pessoa: “La vida es lo que hacemos de ella. Los viajes son los viajeros. Lo que vemos no es lo que vemos, sino lo que somos”. Y el que ha estado en Lisboa, se siente de allí.



domingo, 7 de junio de 2009

EL AVE VUELA, PERO MENOS



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n 2015, España será casi con toda probabilidad el país del mundo que cuente con más kilómetros de vía férrea de alta velocidad. La apuesta iniciada en 1992 con la línea de AVE entre Madrid y Sevilla, se verá completada en los próximos años con una madeja que pretende dejar cerca de este ingenio a todos los españoles. Y es que la alta velocidad está de moda. Aquí la acogimos con cierto regocijo y ahora con varios trazados puestos ya en marcha, el éxito es indiscutible, tanto que las líneas aéreas ya saben lo que es sufrir el ciclón AVE. Otra vertiente del éxito de la alta velocidad española vienen de los halagos que el propio Barack Obama lanzó hacia el modelo ferroviario nacional.

La inversión estatal para dotarnos de la mejor red de AVE posible es ingente. En muchas regiones esperan como agua de mayo ver llegar el morro de uno de estos trenes y ninguna provincia quiere quedarse sin este medio de transporte, pero en algunos casos las promesas que antaño hicieron los políticos no se van a poder cumplir. Por ejemplo, en 2001, el entonces Gobierno presidido por José María Aznar, aseguró que la conexión de alta velocidad entre Valencia y Albacete estaría disponible a partir de 2010. Ahora, el Administrador de Infraestructuras Ferroviarias (ADIF), pone como fecha de su puesta en marcha el 2012, noticia de la que se hace eco EL PUEBLO en la edición de hoy.

Con una estación cuyas obras van en plazo y que adaptará a la nueva realidad de viajar a todos los albaceteños, el AVE es necesario para la ciudad, para la provincia y para la región. Pero es esencial que el corredor entre Albacete y la capital del Turia no se demore en demasía. Dos capitales que tienen intereses comunes y ganas de estar más y mejor conectadas. Esperemos que los tres años que aún restan para 2012, pasen volando cual ave.



domingo, 3 de mayo de 2009

THOR HEYERDAHL, EL VISIONARIO




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n 28 de abril, pero de hace 62 años, el sueño de un “loco” que quería demostrar una curiosa teoría, empezó a tomar forma. El explorador noruego Thor Heyerdahl (1914-2002), sostenía que pobladores procedentes de Sudamérica podrían haber llegado hasta la Polinesia antes de la llegada de Colón a América. El propósito de Heyerdahl era demostrar la posibilidad de que el poblamiento de Polinesia se hubiese llevado a cabo por vía marítima, desde América del Sur, en balsas movidas únicamente por las mareas, las corrientes y la fuerza del viento, que es casi constante, en dirección este-oeste, a lo largo del Ecuador.

Para demostrarlo, Heyerdahl y una tripulación de otros cinco hombres quisieron imitar a esos primitivos marineros y fabricaron una rudimentaria embarcación al modo indígena formada por nueve troncos cortados en la selva de Quevedo en Ecuador. Los expedicionarios se internaron en la selva y escogieron sobre el terreno 12 árboles (de totora) cuyos troncos servirían de base a la balsa, que fue construida en dependencias de la marina peruana siguiendo la descripción de textos españoles del siglo XVI.

La Kon Tiki (así se llamaba la barca mezclando las tradiciones de Con-Ticci-Viracocha, representante del Sol en la Tierra según la leyenda de los indígenas del lago Titicaca, y la historia de Tiki, nombre que la mitología polinesia daba al hijo del Sol), tenía una vela cuadrada con la figura de la cabeza del rey-sol según el modelo que se conserva en las ruinas de la ciudad de Tihuanaco.

Pero el viaje presentaba ciertos interrogantes, entre ellos el de su seguridad. Si la Kon Tiki viraba demasiado de costado al viento, la vela se volvía y la embarcación giraba completamente avanzando con la popa por delante. Pero la madera de balsa resultó una excelente elección. No absorbió agua en exceso debido a las resinas que guardaba en su interior. Tampoco se utilizó ningún alambre para la sujeción de los maderos de totora sino cuerdas que acabaron penetrando en el material de la balsa, con lo que no se produjeron roturas por rozamiento. El agua que entraba por la borda desaparecía con gran rapidez entre las uniones de los troncos.

El 28 de abril de 1947, la Kon Tiki dejó atrás la bahía de Callao entrando en la corriente de Humboldt que trae masas de agua fría del Antártico y se desvía hacia el oeste, al sur del Ecuador.

La expedición dispuso de ciertos elementos como una radio, relojes, mapas, sextantes y cuchillos, aunque los mismos no fueron relevantes a la hora de probar que una balsa como la utilizada podía realizar la travesía. Atravesando cuatro mil millas marinas (6.437 kilómetros) desde Perú a la Polinesia, los seis tripulantes de la balsa llegaron a una isla deshabitada tras 101 días de navegación. La Kon Tiki se dirigía hacia los arrecifes de Takume y Raroia (en Tuamotu), a donde llegó el 7 de agosto de 1947. La corriente arrastró a la balsa hasta la penúltima de un grupo de islas de difícil acceso por causa de los arrecifes. Habían conseguido llegar a su destino sanos y salvos.

La expedición Kon Tiki fue financiada mediante préstamos, y contó con donaciones de parte del ejército de Estados Unidos. A partir de esta experiencia, Heyerdahl se hizo famoso y aprovechó para contar su vivencia en el libro Kon Tiki, todo un best-seller que se tradujo a 66 idiomas, además de ser inspirador de una película documental que dirigió el propio Thor Heyerdahl y que ganó un Oscar en 1951.


Polémica
A pesar del éxito de la iniciativa de la Kon Tiki, las hipótesis de Heyerdahl no es aceptada mayoritariamente, y ha sido refutada a partir de las pruebas genéticas realizadas a habitantes de la Polinesia. Es el caso de los pascuenses, en el que se demuestra un origen polinésico relacionado con un preorigen asiático. Pero lo que cuenta es que el ejemplo de investigación antropológica de esta embarcación queda ahí y ha sido repetido con posterioridad buscando el origen de grandes migraciones transcontinentales. Ya con eso, importante es el legado dejado por el aventurero noruego y sus cinco compañeros de travesía.



lunes, 6 de abril de 2009

TENDIENDO PUENTES ¿HACIA EL SUR?


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ecíamos hace unos meses en EL PUEBLO...

Gratas noticias teníamos ayer en cuanto a la mejora de infraestructuras en la provincia. El consejero de Ordenación del Territorio y Vivienda, Julián Sánchez Pingarrón, se acercó a Albacete para anunciar que ya se han puesto en marcha todos los trámites administrativos necesarios para que Cuenca y nuestra capital estén unidas por una nueva conexión (que recibiría el nombre de Autovía del Júcar), una actuación con un coste aproximado de 540 millones de euros y que vería su conclusión allá por 2013, si hacemos caso a los cálculos del Gobierno regional.

Grata noticia decíamos porque todo lo que sea mejora de infraestructuras, será bienvenido. Con la nueva autovía se acortarán los tiempos de viaje entre ambas ciudades, el trayecto se efectuará de forma más segura y la vertebración regional ganará un plus con la puesta en marcha de esta nueva carretera. Además, el proyecto inicial presentado por la Junta responde a un interés secular por parte de las poblaciones con menos peso específico en ambas provincias. El hecho de que la futura Autovía del Júcar pase o se aproxime a núcleos pequeños y los conecte con grandes conexiones radiales como la A-3, hace de este equipamiento un bien de primera necesidad y que llega algo tarde. Afortunadamente, los primeros pasos ya se han dado y confiemos en que los tiempos políticos y la crisis económica no retrasen las obras.
Sin embargo, aún queda trabajo por hacer. Los puntos negros de nuestras carreteras como los de Villatoya, reseñados en el último informe viario del Real Automóvil Club de España, y la insuficiencia de conexiones con Andalucía a través de Jaén, hacen de estos desafíos dos asuntos de vital importancia para la agenda futura del señor Pingarrón, al que debemos conceder el beneficio de la duda para que se ponga manos a la obra en este aspecto. Por fortuna, vemos cómo la predisposición del Ejecutivo de Barreda es óptima para afrontar estos nuevos retos de futuro.



jueves, 4 de diciembre de 2008

APÚNTATE A SER UN VIAJERO Y NO UN TURISTA


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uente a la vista. Bolsillos vacíos y terrores para nada infundados. Navidad y Reyes se aproximan como hordas dispuestas a sangrarnos económicamente. Pero, ¡qué caray! Los albaceteños se preparan para pasar unos días de asueto y buscan entre las ofertas para echar estos días en algún destino (lejano o no). La crisis no afecta a los ánimos de viajar, y cada vez son más los que se apuntan a aquello del be a traveller, not a tourist. Viajar para conocer. Conocer pueblos en el sentido antropológico de la palabra. Conocer personas, experiencias. Sí, sí y también echen fotos. Pero algo cambia en las tendencias de nuestros viajes, cuando aumentan los destinos culturales y los rurales.

Aunque no conviene gastar mucho, lo clásico siempre está de moda. Ahí están Madrid con un cien por cien de ocupación en estos días. Y las capitales europeas de toda la vida... y Nueva York, que para eso llevando euros, se puede comprar allí más barato. O eso dicen.

Lo cierto es que el ciudadano, ante una crisis de las magnitudes que sufrimos, piensa en la evasión y actualmente no hay nada mejor para ello que preparar un viaje aunque sea a la sierra. Además, dentro del Estado del Bienestar que hemos construido a lo largo de las últimas tres décadas, le hemos cogido el gusto a eso de dejar reservado algo de dinero para ciertas escapadas. Los puentes para ello, son especiales y teniendo en cuenta de que España es de los países con mayor número de festivos, no nos extraña que en fines de semana como estos, haya más de cinco millones de desplazamientos.

El viajar te llena. Conocimientos, diversión, cumplir aspiraciones, saber de otras culturas. Múltiples son los alicientes de escaparse durante unos cuantos días. Dicen los expertos que ahora se viaja más barato que nunca y si no se han convencido del todo sigan lo que decía Mark Twain: “he descubierto que no hay forma más segura de saber si amas u odias a alguien que hacer un viaje con él”. Pues eso.



martes, 18 de noviembre de 2008

KILÓMETROS Y ROCK


Gracias. Muchas gracias. Me habéis hecho la vida más fácil. Si amistad y dinero son aceite y agua (ya nos lo demostró Michael Corleone), amistad y música son una maravillosa ecuación con la que asumes que sí hay algo parecido a estar cerca de esa falacia llamada felicidad. Es ilusionante viajar. Hacerlo en coche, en buena compañía, como si estuvieras en una road movie americana o en un párrafo de En el camino de Kerouac, transfigurándome en un trasunto de un Dean Moriarty alocado recorriendo la polvorienta Ruta 66. Amistades en mis aventuras y desventuras por esos mundos de Dios. Ya lo han hecho antes y siempre han cumplido eficazmente con su labor. Amistad y música. Ocurre algo curioso (seguro que al buen lector también le pasará). Me acuerdo de ciertos sitios, lugares, situaciones, personas si escucho ciertas canciones... Bendita memoria.

No sabéis lo reconfortante que es que Dylan me susurre al oido su Shooting Star paseando por una Soria helada pero bulliciosa, que me acuerde de los embalses extremeños del Tajo por escuchar una canción de Héroes del Silencio o que irremediablemente piense en Medina Sidonia y en esa noche loca que tú y yo vivimos cuando canto La Chispa Adecuada. Conocí a Neil Young y a sus chicos del Crazy Horse, así como a los Rammstein en un viaje por lo más profundo de la cordillera Cantábrica. Flipo con Pink Floyd -gloria eterna a ellos por parir cosas como Comfortably Numb-, abandonándome a los recuerdos que me trae ese tema en ese puente de la Constitución en Madrid hace ya algunos años. Estoy en las ruinas de Numancia y de banda sonora tengo a Eddie Vedder y su banda, los Pearl Jam, salvadores de eso que algunos llamaron grunge y que no, no se murió con Kurt Cobain. Cerca de allí, un esbelto Bunbury, nos cuenta como son las ciudades de bajas pasiones y nos advierte que podemos contar con él aunque se vaya con una tal Lady Blue a unos de los múltiples lugares de este mundo que se llaman Flamingos.

En otras ocasiones me veo viajando por una autopista francesa que cruza Las Landas, derritiéndome por esa canción tonta que todos conocemos de Crowded House, entro en Valencia al ritmo de los Dusminguet, se me van los pies en las largas rectas de la provincia de Albacete escuchando al mago Kusturica y su orquesta de no fumadores, me maravillo porque el gran Joaquín Sabina también pasa 19 das y 500 noches en un bar del Barrio Alto de Lisboa, junto a mi, tomándose una ginjinha a mi vera, siempre a la verita mia. ¡Salud, colega!
En una carretera secundaria de Portugal, tortuosa y estrecha, Mark Knopfler recorre con sus dedos el mástil de una Gibson Les Paul y dejamos que nos cuente/cante como son esos túneles del amor que tanto anhelamos descubrir. Hablando de esa cosa... me enamoré por primera vez en Barcelona escuchando Temptation en la ajada y tabernera voz de Tom Waits (que Dios o quien sea nos lo guarde por muchos años) y me emborraché desgañitándome con una de los Guns'n'Roses. Allí, cerca de la Plaza Real (que no monárquica), viví uno de esos momentos llamados "mágicos", cuando un bar entero aulló el American Pie de Don Maclean.

Ya lo véis. Todos vienen conmigo, nunca estaré mal acompañado en mis viajes. Seguro que nuestra amistad seguirá creciendo.

A todos, gracias. Por ser como sois. Por estar ahí.