¿Qué es ficción (aunque esté basada en la realidad) y qué no?
Nos estamos acostumbrando a que lo que hacemos con nuestros actos supere a la más crueles de las ficciones. Europa ya no es el sueño que nos vendieron. Se ha convertido en un Leviatán sin alma (la tuvo, la tuvo), en un edificio de burocracias inútiles, de consejos de gobernantes inservibles, de guardián de las esencias
neocon, de posibilitador del auge fascista, de la negación
de la solidaridad más básica hacia el ser humano.
Y la Historia se repite. Miles de refugiados se amontonan en territorio de
la Unión Europea. El sueño de prohombres como Robert Schuman o Jean Monnet que pareció
culminar con Schengen y la moneda única, pero que no supo o no quiso
desarrollar una solidaridad común. Demasiados intereses contrapuestos y demasiado
miedo al
bárbaros (al extranjero, tomado en el sentido etimológico de la
palabra griega) como para dejarlo entrar en el paraíso europeo. Pero no voy a
ser demagogo y no voy a echarle las culpas a la Unión Europea, tan solo las que
les corresponde como mal gestora de una situación que puede tener otra salida.
La culpa tampoco la tienen los refugiados hacinados en Idomeni, ni siquiera las
mafias que se enriquecen con el sufrimiento ajeno. El problema está en que la
comunidad internacional -como siempre- opta por lo fácil y no cercena como
cirujano con mano de hierro (como diría Joaquín Costa), el núcleo del problema.
Y ese se halla en el polvorín de Oriente Medio. Siria, con su guerra
interminable aceptada por todos como algo que "tenía que ocurrir",
con dos bandos irreconciliables apoyados por históricos enemigos que ahora
babosean de forma asquerosa con la diplomacia buscando una solución que saben que podría
producirse si ellos quisieran...
Pero no quieren. Estados Unidos y Rusia, no
quieren. Les da igual que los sirios se masacren, que Bachar Al Asad gasee a su
pueblo, que los rebeldes cometan ejecuciones sumarias del enemigo. Les da
igual. Lo que no permitirían es que geoestratégicamente, la zona se convirtiera
en un asunto irresoluble porque los intereses económicos para rusos y
estadounidenses son demasiados. Que se solucione, pero poquito, que lo podamos
medio controlar, aunque la sangre corra por las calles de Alepo y miles de
personas tengan que huir a buscar otra vida.
Esa vida estaba en Europa, donde hay sitio a pesar de que fascistas y
liberales digan que no. Saben que es cierto, pero no les sale de los cojones
reconocerlo. Hoy como ayer (vamos, como en 1936, o 1939, o 1942 en el guetto de
Varsovia), estamos en las mismas. Ponemos rejas, levantamos muros, realizamos
deportaciones porque sabemos que el
bárbaros se va a quedar fuera y nosotros
podremos seguir durmiendo tranquilos mientras en el telediario de turno, vemos
el humo de los bombardeos y el barro en los pies de los refugiados. Esa es nuestra Europa. Triste
Europa.
No soy más que un dolor cubierto de piel...
Las uvas de la ira. John Steinbeck.