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viernes, 17 de diciembre de 2010

CUESTIÓN DE MODELO


E
n ocasiones siempre es bueno pararse a pensar en las bondades del sistema público. Pensar en lo que hemos obtenido en estos años en los que hemos construido el Estado del bienestar, y pensar también en los retos que quedan por conquistar. Nunca debemos ser conformistas cuando se trata de atención social que emana de la participación individual de cada uno, vía impuestos, en la mejora de nuestra calidad de vida.

En tiempos complicados como los que vivimos, donde algunos se entregan a una excesiva mercantilización de los servicios más básicos a través de privatizaciones sin sentido que más que beneficiar a la comunidad, buscan tapar grandes defectos de la propia gestión política, poner en valor lo que las administraciones ofrecen a la ciudadanía, tiene que ser un ejercicio de autocomplacencia (aunque bajo el signo también de la autocrítica).

El caso de la educación es uno de los más señeros. Donde en otras regiones se opta por un modelo basado en el entreguismo hacia lo privado (incluida la Iglesia y su particular sistema educativo), en Castilla-La Mancha, gran parte de la inversión se va en apuntalar el modelo formativo desde los 0 hasta los 16 años. Incluso, la apuesta por una universidad de calidad, es una de las prioridades del Gobierno regional que quiere alejar los fantasmas de la privatización de la educación, ya sea aquella que va de cara, como la que va disfrazada de modelos mixtos.

Ante este esfuerzo, que puede ser extrapolable a otros campos del servicio público, cabe preguntarse si en momentos en que se habla de recortes, de privatizaciones o de caída en la inversión pública, el apoyo a ciertas políticas sociales no debe ser más intensa. Aquí sí que debemos todos arrimar el hombro para concienciarnos en la importancia de colaborar en construir un modelo de país basado en políticas públicas y tendentes a mejorar la calidad de vida de todos. Aquí no valen medias tintas. Nos jugamos el futuro de los nuestros.

Foto: Efe.



lunes, 22 de febrero de 2010

PEQUEÑOS ÉXITOS COTIDIANOS


B
uscamos de forma desaforada la gran noticia, el gran titular, la foto más apañada para dar la “campanada” cada día. Esa es una parte de nuestro quehacer diario en una redacción. Sin embargo, a veces resulta que el detalle, la historia mínima, lo más cercano, lo humano es lo que da lustre a la labor que realizamos cada día.

Podemos utilizar este espacio para hablarles de la Ley de Dependencia, una buena idea del Ejecutivo socialista lastrada por una dudosa planificación, sobre todo en lo que respecta a medios y financiación. Podemos hablarles también de las críticas políticas que surgen al calor de la experiencia de esta norma legislativa. Podríamos hacerlo, pero no lo vamos a hacer.

Antes que todo eso, vamos al detalle. A esas historias mínimas, a esas que hablan del trabajo esforzado de muchas personas por ir al meollo del asunto, que no es ni más ni menos, que aportar momentos de paz, de quietud y ¿por qué no? de felicidad a gentes que necesitan de esos apoyos.

Los servicios de teleasistencia se convierten así en poderosas herramientas para lograr un acercamiento a ese particular Shangri La que queremos para nuestros mayores (y también para nuestro futuro), por eso es digno de reconocer la labor que algunos realizan con medios que distan mucho de ser los deseables.

Por ello, esta tribuna quiere servir para llamar la atención de las administraciones competentes para que en tiempos de crisis, no cejen en su empeño de apostar por las políticas sociales. Sin demagogias, sin boato, sin proselitismos vanos, pero con actitud decidida para mejorar la vida de los ciudadanos. Las propuestas de recortes de gastos deben caer irremediablemente en saco roto ante una realidad fehaciente: hay gente que necesita de la ayuda de los demás, que debe echar mano de los resortes que el Estado pone a su servicio. No estamos para que ahora venga el listo de turno y fastidie ese invento llamado Estado del Bienestar y que ha costado tanto alcanzar.