Hoy es otro día para el recuerdo de la infamia en este país. El 8 de febrero de 1937, entre 3.000 y 5.000 personas fueron asesinadas por las bombas lanzadas desde tres barcos pertenecientes al bando nacional. Queipo de Llano, el mismo que lleva siendo honrado décadas en su cristiana sepultura de la basílica de la Macarena, forzó a este exilio forzoso de la ciudad de Málaga y de municipios limítrofes cuando con sus tropas accedió a la capital costasoleña. El éxodo de la población civil se dirigió a Almería... Casi ningún pueblo o ciudad del camino les socorrió mientras desde tres navíos franquistas se lanzaban bombas en esos 200 kilómetros de miseria, tal y como los describió el médico canadiense Norman Bethune, testigo de la masacre perfectamente orquestada por el fascismo.
Conviene recordar a las víctimas, a las que las bombas del franquismo quisieron despojar de toda su dignidad. Por eso es necesaria la memoria histórica. Más hoy, que en ciudades como Madrid se dedican calles a los "héroes" del crucero Baleares. Se dedica un homenaje a quien contribuyó al genocidio de parte de la población española. Eso está sucediendo hoy y aquí, en esta España tan temerosa de recordar su pasado. Ya ven, la dignidad bombardeada de muchos por el revanchismo fascista de unos pocos.
En estos días de llegada masiva de pateras al Estrecho y de la acogida del Aquarius se escuchan muchas tonterías. Todas ellas son resultado de la desinformación y la ignorancia, adobadas por un poquito de odio exacerbado a todo lo que no sea español. En fin, es lo que nos toca como "civilización". Lo que más me llama la atención es escuchar a políticos de pacotilla del PP y de Ciudadanos, salvapatrias ellos, hablar del efecto llamada. Claro, vienen los negritos en barcas a España, al paraíso (vaya paraíso) y van a venir más negritos porque aquí se vive estupendamente bien. No pretendo que esos cambien de opinión porque es imposible. Así de cerril y limitado es su ideario. Y sin embargo no ven que el efecto llamada se provoca en el lugar de origen donde, por si no lo saben esas mentes limitaditas, existe la guerra, la persecución religiosa, política o por motivos de género o de identidad sexual. Allí donde el Primer Mundo no se atreve a actuar porque no quiere.
En Homeland, serie recomendable para conocer cómo funcionan los resortes de los servicios de inteligencia en su combate al fanatismo religioso en países de Oriente Medio, uno de los protagonistas daba la clave para acabar con esa plaga. Quizás si pusiéramos en práctica su idea (cara por otro lado), hoy no tendríamos que dar la bienvenida a aquellos que lo han perdido todo.
Resumiendo, un alto cargo de la CIA le pregunta a Peter Quinn, agente de campo en la ciudad siria de Raqqa -uno de los núcleos fuertes del Isis-, si la estrategia que implementa allí Estados Unidos funciona. Quinn le responde con una pregunta:
-¿Qué estrategia? Dígame cuál es la estrategia y yo le diré si funciona.
Todos los asistentes de miran inquietos y Quinn prosigue:
"Miren, es cierto que hay un problema porque ellos... ellos sí tienen una estrategia. Están reuniéndose en Raqqa aproximadamente unos 10.000 de ellos entremezclados entre la población civil, limpiando sus armas y sabiendo perfectamente qué hacen allí. Están allí por una única razón: morir por el Califato y gobernar en un mundo sin infieles".
El alto cargo de la CIA le pregunta a Quinn que sugiera una solución y él propone esto:
"Poner sobre el terreno de forma indefinida a 200.000 miembros del ejército para apoyar y defender a un número igual de médicos y de profesores de Primaria".
"Eso es imposible", dice el de la CIA.
"Entonces empiecen de nuevo bombardeando Raqqa hasta dejarla en los cimientos", termina Quinn.
Soluciones hay. Que se quieran tomar es otro cantar. Os dejo el clip en inglés del momentazo.
En 2009 publicamos una portada en el diario El Pueblo de Albacete (un saludo a todos mis amigos y compañeros de esa aventura) en la que contábamos una protesta de ciudadanos de Gaza residentes en Albacete.
Entonces como ahora, Israel bombardeaba de forma inmisericorde los territorios ocupados. El rostro del pequeño lo dice todo. "Todas las miradas con Gaza", titulábamos ese día, en el que me sentí orgulloso de ser periodista y orgulloso de tener un compañero como Pablo Lorente, autor de la instantánea, que con un solo click supo captar la esencia del conflicto y la inocencia de los débiles.
Sí, amigos, hace frío. Pero eso es porque (y atención al descubrimiento que voy a hacer), es invierno. Igual que en verano, hace..., sí, lo han adividado, calor. Y tanto en invierno como en verano cuando el termómetro sube o baja algunos grados de la media, pues hace algo más de frío o de calor.
Bien, hasta aquí la tontería. Pero no, seguimos viendo cómo nos inundan noticiarios, páginas de periódico, boletines radiofónicos, tweets, publicaciones de Facebook y memes de whatsapp con la sorprendente noticia de que... hace frío. Bravo por esta sagacísima muestra de periodismo de investigación.
Y mientras nos recuerdan a diario que hace frío contando los grados de menos que tenemos, lo bonito de los paisajes nevados, que un grupo de niños no ha ido a clase o que la abuela se ha quedado sin pan en una aldea asturiana, con lo que realmente deberíamos quedarnos congelados es con que la bombona de butano ha subido de precio, que la luz la pagamos ahora más cara, que ciertos impuestos también, que el Gobierno de Rajoy sigue in albis (así va a estar toda la legislatura gracias a Albert Rivera convertido ya en muñeco de nieve político), la guerra en Siria sigue, los refugiados siguen en Europa del Este helándose (estos de verdad) y este fin de semana Trump va a hacer fiesta en la Casa Blanca.
Como diría Forges... país.
De regalo, el ABC en una nueva muestra de "si quiere periodismo de verdad, a mí no me busque".
Hoy se cumplen 80 años del golpe de estado que rompió España en dos y que explican muchas cosas que suceden actualmente en este país. incluso el resultado de las últimas elecciones generales.
Hoy se cumplen 80 años del inicio de la Guerra Civil Española.
Un sonoro humo negro Se riza contra el cielo de medianoche … ¡Llamas y bombas y Muerte en el oído! La sirena anuncia La cercanía de los aviones. De los dormitorios bajan Vacilantes mujeres en camisón Hombres, a medio vestir, Descienden apresurados con niños en los brazos. … Los pájaros de la muerte giran hacia el este Y se guarecen de nuevo en sus nidos Dejando huevos de hierro En las calles de España. Con alas como cubos negros Contra el lejano amanecer, El hedor dejado a su paso Todavía permanece cuando se han ido. En lo que antaño fue un patio Un niño llora solitario. Los hombres desentierran cuerpos De entre las ruinas de piedra.
Barcelona. Ataque aéreo. 1938. Langston Hughes.
Y aquí, el poema original:
Black smoke of sound Curls against the midnight sky. Deeper than a whistle, Louder than a cry, Worse than a scream Tangled in the wail Of a nightmare dream, The siren Of the air raid sounds. Flames and bombs and Death in the ear! The siren announces Planes drawing near. Down from bedrooms Stumble women in gowns. Men, half-dressed, Carrying children rush down. Up in the sky-lanes Against the stars A flock of death birds Whose wings are steel bars Fill the sky with a low dull roar Of a plane, two planes, three planes, five planes, or more. The anti-aircraft guns bark into space. The searchlights make wounds On the night's dark face. The siren's wild cry Like a hollow scream Echoes out of hell in a nightmare dream. Then the BOMBS fall! All other noises are nothing at all When the first BOMBS fall. All other noises are suddenly still When the BOMBS fall. All other noises are deathly still As blood spatters the wall And the whirling sound Of the iron star of death Comes hurtling down. No other noises can be heard As a child's life goes up In the night like a bird. Swift pursuit planes Dart over the town, Steel bullets fly Slitting the starry silk Of the sky: A bomber's brought down In flames orange and blue, And the night's all red Like blood, too. The last BOMB falls. The death birds wheel East To their lairs again Leaving iron eggs In the streets of Spain. With wings like black cubes Against the far dawn, The stench of their passage Remains when they're gone. In what was a courtyard A child weeps alone. Men uncover bodies From ruins of stone.
No sé por qué piensas tú,
soldado, que te odio yo,
si somos la misma cosa
yo,
tú.
Tú eres pobre, lo soy yo;
soy de abajo, lo eres tú;
¿de dónde has sacado tú,
soldado, que te odio yo?
Me duele que a veces tú
te olvides de quién soy yo;
caramba, si yo soy tú,
lo mismo que tú eres yo.
Pero no por eso yo
he de malquererte, tú;
si somos la misma cosa,
yo,
tú,
no sé por qué piensas tú,
soldado, que te odio yo.
Ya nos veremos yo y tú,
juntos en la misma calle,
hombro con hombro, tú y yo,
sin odios ni yo ni tú,
pero sabiendo tú y yo,
a dónde vamos yo y tú Y
¡ no sé por qué piensas tú,
soldado, que te odio yo!
Nicolás Guillén.
Y de regalo, más poemas de Guillén versionados por Pablo Milanés. De cubano a cubano.
La cebolla es escarcha
cerrada y pobre:
escarcha de tus días
y de mis noches.
Hambre y cebolla:
hielo negro y escarcha
grande y redonda.
En la cuna del hambre
mi niño estaba.
Con sangre de cebolla
se amamantaba.
Pero tu sangre,
escarchada de azúcar,
cebolla y hambre.
Una mujer morena,
resuelta en luna,
se derrama hilo a hilo
sobre la cuna.
Ríete, niño,
que te tragas la luna
cuando es preciso.
Alondra de mi casa,
ríete mucho.
Es tu risa en los ojos
la luz del mundo.
Ríete tanto
que en el alma al oírte,
bata el espacio.
Tu risa me hace libre,
me pone alas.
Soledades me quita,
cárcel me arranca.
Boca que vuela,
corazón que en tus labios
relampaguea.
Es tu risa la espada
más victoriosa.
Vencedor de las flores
y las alondras.
Rival del sol.
Porvenir de mis huesos
y de mi amor.
La carne aleteante,
súbito el párpado,
el vivir como nunca
coloreado.
¡Cuánto jilguero
se remonta, aletea,
desde tu cuerpo!
Desperté de ser niño.
Nunca despiertes.
Triste llevo la boca.
Ríete siempre.
Siempre en la cuna,
defendiendo la risa
pluma por pluma.
Ser de vuelo tan alto,
tan extendido,
que tu carne parece
cielo cernido.
¡Si yo pudiera
remontarme al origen
de tu carrera!
Al octavo mes ríes
con cinco azahares.
Con cinco diminutas
ferocidades.
Con cinco dientes
como cinco jazmines
adolescentes.
Frontera de los besos
serán mañana,
cuando en la dentadura
sientas un arma.
Sientas un fuego
correr dientes abajo
buscando el centro.
Vuela niño en la doble
luna del pecho.
Él, triste de cebolla.
Tú, satisfecho.
No te derrumbes.
No sepas lo que pasa
ni lo que ocurre. Nanas de la cebolla. Cancionero y romancero de ausencias. Miguel Hernández.
¿Qué es ficción (aunque esté basada en la realidad) y qué no?
Nos estamos acostumbrando a que lo que hacemos con nuestros actos supere a la más crueles de las ficciones. Europa ya no es el sueño que nos vendieron. Se ha convertido en un Leviatán sin alma (la tuvo, la tuvo), en un edificio de burocracias inútiles, de consejos de gobernantes inservibles, de guardián de las esencias neocon, de posibilitador del auge fascista, de la negación
de la solidaridad más básica hacia el ser humano.
Y la Historia se repite. Miles de refugiados se amontonan en territorio de
la Unión Europea. El sueño de prohombres como Robert Schuman o Jean Monnet que pareció
culminar con Schengen y la moneda única, pero que no supo o no quiso
desarrollar una solidaridad común. Demasiados intereses contrapuestos y demasiado
miedo al bárbaros (al extranjero, tomado en el sentido etimológico de la
palabra griega) como para dejarlo entrar en el paraíso europeo. Pero no voy a
ser demagogo y no voy a echarle las culpas a la Unión Europea, tan solo las que
les corresponde como mal gestora de una situación que puede tener otra salida.
La culpa tampoco la tienen los refugiados hacinados en Idomeni, ni siquiera las
mafias que se enriquecen con el sufrimiento ajeno. El problema está en que la
comunidad internacional -como siempre- opta por lo fácil y no cercena como
cirujano con mano de hierro (como diría Joaquín Costa), el núcleo del problema.
Y ese se halla en el polvorín de Oriente Medio. Siria, con su guerra
interminable aceptada por todos como algo que "tenía que ocurrir",
con dos bandos irreconciliables apoyados por históricos enemigos que ahora
babosean de forma asquerosa con la diplomacia buscando una solución que saben que podría
producirse si ellos quisieran...
Pero no quieren. Estados Unidos y Rusia, no
quieren. Les da igual que los sirios se masacren, que Bachar Al Asad gasee a su
pueblo, que los rebeldes cometan ejecuciones sumarias del enemigo. Les da
igual. Lo que no permitirían es que geoestratégicamente, la zona se convirtiera
en un asunto irresoluble porque los intereses económicos para rusos y
estadounidenses son demasiados. Que se solucione, pero poquito, que lo podamos
medio controlar, aunque la sangre corra por las calles de Alepo y miles de
personas tengan que huir a buscar otra vida.
Esa vida estaba en Europa, donde hay sitio a pesar de que fascistas y
liberales digan que no. Saben que es cierto, pero no les sale de los cojones
reconocerlo. Hoy como ayer (vamos, como en 1936, o 1939, o 1942 en el guetto de
Varsovia), estamos en las mismas. Ponemos rejas, levantamos muros, realizamos
deportaciones porque sabemos que el bárbaros se va a quedar fuera y nosotros
podremos seguir durmiendo tranquilos mientras en el telediario de turno, vemos
el humo de los bombardeos y el barro en los pies de los refugiados. Esa es nuestra Europa. Triste
Europa.
No soy más que un dolor cubierto de piel... Las uvas de la ira. John Steinbeck.
Vlade Divac. Drazen Petrovic. Dos cracks. Dos amigos cuya amistad se esfumó cuando uno tiró la bandera del otro al suelo. Y entre medias, una guerra salvaje...
Personalmente, me quedo con que son dos de los más grandes baloncestistas que he visto jugar.
Hoy 14 de abril, aniversario de la II República, quiero acordarme de un amigo, de una persona especial, a la que conocí al final de sus días pero que me insufló ánimos y ganas de luchar por lo que pienso. Fue en 2005 cuando Jovito Roch llegó a la redacción con su gorra de teniente de la República, su bastón y su personalidad arrolladora. Hablamos de su participación en la Guerra Civil, de sus compañeros, de Enrique Líster, de la Batalla del Ebro y de las masacres fascistas. Siempre me traía recortes de prensa, libros, videos sobre la República y la Guerra Civil y se le anegaban los ojos de lágrimas recordando aquellos días y la dura posguerra.
Un día, ya con 90 años, me dijo que no se quería morir sin ver la III República. Jovito nos dejó hace tres años con el puño bien alzado y seguro que se fue entonando la Internacional y el Himno de Riego. Aunque él ya no está, su presencia sigue. Yo me encargo de que así sea... hasta ver llegar la Tercera...
A lbacete amaneció otoñal cuando los primeros brigadistas internacionales llegaron procedentes de Alicante, donde unos días antes habían desembarcado procedente de varios países. Fueron medio millar los que pisaron suelo manchego para ponerse a las órdenes de un auténtico carnicero que por sus dotes de mando fue nombrado líder de las primeras Brigadas Internacionales. A André Marty, conocido por su crueldad con el enemigo, se le debe la constitución de estos batallones de extranjeros que se dejaron la piel (y en muchos casos, la vida), durante la Guerra Civil.
Desde una perspectiva histórica, las Brigadas Internacionales representan la primera experiencia de una fuerza voluntaria global movilizada por un mismo ideario. En total, cruzaron nuestra frontera unos 38.000 soldados, procedentes de 53 países. Los estadounidenses, congregados en la brigada Lincoln, sumaban unos 3.000. Su media de edad, 27 años, hacía de ellos los más jóvenes e inexpertos. Alrededor de un centenar eran negros, y aproximadamente la mitad de estos murieron o desaparecieron en las batallas del Jarama, Brunete, Belchite, Teruel y el Ebro. Unos cuantos reposan para siempre en tierra española. Su historia quizá sea la más desconocida entre tanto relato heroico y tanta "personalidad" en sus filas (el caso más conocido quizá sea el de George Orwell que dejó su magnífico Homenaje a Cataluña como testimonio de su paso por España y por las Brigadas Internacionales).
El caso es que Albacete, como cuartel general de las Brigadas Internacionales, presenció un hecho histórico, no solo por la propia configuración de un batallón de internacionales en lucha contra el fascismo (imaginen que ocurre algo similar en la actualidad, cosa harto improbable), sino porque una de las columnas de esas brigadas, la Lincoln conformada por estadounidenses, quedó al mando de un negro: Oliver Law.
Law fue sin duda el más destacado brigadista afroamericano. Veterano de la Primera Guerra Mundial, marcó un hito en la historia de su país cuando, en el curso de la Guerra Civil, se convirtió en el primer negro al mando de un batallón norteamericano, algo poco conocido y estudiado en la historia de Estados Unidos. Durante su visita a la brigada Lincoln, un coronel del ejército estadounidense le miró extrañado: "Veo que lleva usted uniforme de comandante". Habría que esperar hasta 1950, en la guerra de Corea, para ver cómo Estados Unidos procedió a la integración de sus tropas de personal afroamericano. Law murió en uno de los episodios más sangrientos de la batalla de Brunete, cuando al frente de sus voluntarios intentaba tomar el cerro del Mosquito, en julio de 1937. Pero el caso de Law no fue el único. Entre la soldadesca, fueron muchos los que han quedado en testimonios gráficos y escritos. Incluso, existe correspondencia de brigadistas como Kanute Frankson que enviaba misivas a su familia desde Albacete o Tarazona de La Mancha, epístolas que han servido para reconstruir la vida en el frente y la forma de desenvolverse de las Brigadas Internacionales en España.
Pequeñas historias dentro de una mucho más grande, sin que ello suponga que la de estos "voluntarios por la libertad", como se les llamó entonces, haya quedado en el olvido. A partir de hoy, Albacete les rinde homenaje; vaya desde aquí mi breve, modesto pero sentido homenaje a los parias dentro del grupo de parias que un día decidieron optar por luchar contra el fascismo en un país lejano...
Hoy capturamos a un moro herido, era tan oscuro como yo. Le dije, ¿chico qué haces aquí peleando contra gente libre?.
Z apatero apareció por el Congreso para rendir cuentas sobre la presencia militar española en la misión de paz (curiosa nomenclatura para una encerrona bélica como la que se está produciendo) de Afganistán. La palabrería política, en ocasiones tan vana e innecesaria, acudió a lugares comunes para definir la presencia de militares y guardia civiles españoles en tierras asiáticas. Las explicaciones a medio camino de la mesura y el desconcierto del presidente y los asertos de la oposición (cada partido con su juego) capitulizaron una parte del debate parlamentario, pero más que certezas absolutas o soluciones a medio-largo plazo, los políticos volvieron a evidenciar una sensible falta de conexión con la ciudadanía.
Y es que el pueblo no ve con buenos ojos que sus militares o sus agentes estén a miles de kilómetros enfrascados en un conflicto, que más allá de la mera anécdota semántica, provoca un drama continuado por la acción de grupos terroristas radicales.
Afganistán está en guerra. Es un hecho contrastado por más que a Zapatero este término le resulte tan esquivo como lo fue el de la crisis hace dos años. Sin embargo, es una presencia legitimada por las resoluciones de la ONU. Ojalá no tuviéramos que estar allí. Ojalá Afganistán viviera en la normalidad democrática. Ojalá los talibanes no tuvieran la ascendencia sobre la población que aún mantiene. Pero hay que estar allí debido a los compromisos contraídos como miembros de organizaciones como Naciones Unidas o la OTAN. Es la misma guerra que devasta Irak, pero en la patria de Sadam, el patético trio de las Azores buscó mentiras para montarse juegos de guerra. La legitimidad aún tiene chance en la democracia, así que respetemos y ayudemos a nuestras tropas que trabajan por el bienestar de un pueblo lejano.
M uerto. Al otro lado de la escena, un Kalashnikov empuñado por un niño de ¿cuánto? Da igual. Pueden ser 10, 12, 8 años. Otro muerto. Niños soldados desarraigados, extirpados de sus familias con las que rompen todo nexo de unión, todo lazo sentimental. Se les obliga a matar a todos sus parientes por el bien del ideal para el que luchan. Niños soldados que enarbolan armas en vez de lápices, que piensan en la violencia natural de sus vidas, en las que sólo cabe el odio.
Muerto. Otra bala siega una vida más. Da igual. El niño soldado prosigue con su labor cotidiana. A países como Sierra Leona o el Congo no llegan los derechos humanos, porque el único derecho que existe es el de vivir o no, y ahí quien tiene la última palabra es un AK-47. Las guerrillas entrenan desde muy pequeños a los soldados del presente que apenas levantan un palmo del suelo pero cuya negra sombra cubre de sangre el suelo de esas lejanas tierras. Muerto.
Hay quienes luchan contra la sinrazón, a veces con el poder de la fe, otras veces con el poder de la palabra (no la de Dios precisamente). Llegan a donde no lo hace nadie, a donde nadie quiere ir. Ahí es donde gente como Chema Caballero, misionero javeriano, se parte la cara por retornar a los niños soldados de la abducción a la que han sido sometidos. Le cuesta hacerlo, sabe que le cuesta, pero ahí sigue diecisiete años después de haber llegado a Sierra Leona y haberse encontrado a demasiados niños con las manos manchadas de sangre. Un muerto más.
Pero el milagro (pequeño pero constante), se va instalando poco a poco en África. Chema sigue obcecado en reeducar a estos soldados en miniatura, sacándoles de la cabeza el odio, haciéndoles ver que hay otro mundo por el qué luchar. Su tarea queda ahí. Su labor, no reconocida suficientemente, ocupa pocos titulares en los medios de comunicación y todos nos debemos sentir un poco culpables de que mientras yo escribo y ustedes leen este artículo hayan muerto a manos de niños soldados cinco personas en Sierra Leona o en cualquier otro conflicto que asola África. Sirvan pues estas letras para colaborar a hacer más visible ese lugar llamado milagro.
N o queremos: propósitos de Año Nuevo que no se cumplen, regalos de Reyes sin envolver, roscones caducados, invasiones infectas, daños (y víctimas) colaterales, guerras preventivas, fruta con cocaína, discursos del Papa que dicen siempre lo mismo, calentamiento global y políticos que sólo hablan mientras no vemos a líderes que actúen, presos que están presos por no querer ser presos del pensamiento único, negacionistas de todo, positivistas de lo mismo, desmemoriados (históricos o no), tiranos y dictadores, gobernantes sin escrúpulos, Reyes Magos a los que se les ha agotado el arsenal de trucos, crisis económica sin brotes verdes, brotes marchitos antes de tiempo, desempleo desesperanzado, el tiempo que pasa sin hacer nada, Gran Hermano de machistas y busconas, belenes y jorge javieres, bombas de racimo y muros de la vergüenza, fosas de cadáveres sin nombre, mientras los que han tenido nombre descansan en mausoleos, estatuts descerebrados, agua desperdiciada, trajes de Camps, pateras de la muerte, racismo desaforado, Obama sin corazón, Nobel de la Guerra, sindicatos con dictados, ciudadanos adoctrinados, voceros radiofónicos, diputados chillones, reyes silenciosos, canciones que no suenan a canciones, bisbales por dylans, beyoncés por arethas, una foto desenfocada en el peor momento, bolsillos llenos de promotores inmobiliarios sin escrúpulos, puñaladas traperas, juego sucio, una mala noticia para abrir el día, una mala para cerrarlo, cierres de empresas, una mala película, un día sin Buenafuente (o sin Wyoming), ausencia de crítica constructiva del enemigo, argumentos sin sustancia, guerras civiles (ni de las otras), dejar de escribir, dejar de hablar, dejar de pensar, dejar de ser humanos, desastres naturales de esos que causan miles de víctimas allí y un corte de carretera aquí, aeropuertos saturados, subida de recibos, bajada de sueldos, euribor ni hipoteca, hospitales ni para visitar ni para estar, esperar hasta septiembre para vivir la Feria tricentenaria, quedarnos sin queso frito, dejar de hablar a los amigos, dejar de conocer a nuevos amigos, obras inacabables, promesas que no valen nada, engordar todas las Navidades, obligarnos a adelgazar después de todas las Navidades, violencia de esa que se llama de género, Ministerio de Igualdad (porque implicaría que todos somos iguales), ni de Defensa, chonis ni chandaleros, latin kings ni ñetas, persecuciones ideológicas, una tarde de sábado sin ver una de vaqueros, una tarde cualquiera sin ver una de Clint Eastwood, un Gobierno que no sepa qué hacer, una oposición que no haga oposición... no queremos...
A dolf Hitler odiaba el invierno. No le gustaba la nieve. Echaba pestes del frío. Probablemente todo esto no se lo encuentre en un libro de historia, sino que forme parte más de la lógica a la vista de los acontecimientos. La causa la encontramos en los campos de batalla rusos, donde el III Reich empezó a cavar su propia fosa unos años antes de que cayera Berlín.
Todo empezó un 18 de diciembre de 1940. Ese día, un envalentonado Hitler, en plena ola de éxitos militares, con media Europa sojuzgada bajo su manto y con Inglaterra al borde del colapso, tuvo la idea de lanzar su maquinaria militar contra el otro gran enemigo (Estados Unidos, aún no había entrado en guerra): la Unión Soviética esperaba reguardada por el Pacto de No Agresión firmado con los alemanes. A Hitler esa “minucia” no le importó y puso en marcha la Operación Barbarroja.
Este operativo abrió el frente oriental en Europa, convirtiéndose en el teatro de operaciones más grande de la guerra, escenario de las batallas más grandes y brutales del conflicto en suelo europeo. La Operación Barbarroja significó un duro golpe para las desprevenidas fuerzas soviéticas, que sufrieron fuertes bajas y perdieron grandes extensiones de territorio en poco tiempo. No obstante, la llegada del invierno ruso acabó con los planes alemanes de terminar la invasión en 1941. Durante los meses de temperaturas más bajas, el Ejército Rojo contraatacó y anuló las esperanzas de Hitler de ganar la batalla de Moscú.
Antes de estos hechos finales, en el ideario de Hitler estaba la expansión hacia el Este dentro de su política de “espacio vital”, aunque esta era una aspiración alemana previa a la Primera Guerra Mundial. Ya en 1918 en la Paz de Brest-Litovsk, los bolcheviques habían cedido Ucrania, Polonia, Bielorrusia y los países bálticos. Hitler ya lo avanzaba en Mi lucha: “La guerra contra los soviéticos es una cruzada de Europa contra Asia: se trata de enviar al fondo del continente asiático a quienes hacen correr al Nuevo Orden europeo y nacionalsocialista los mismos riesgos que hacían correr los hunos de Atila a la Europa romana”. El territorio conquistado se convertiría en el espacio vital que satisfaría las necesidades de tierra y materias primas para la población alemana durante siglos.
Operación en marcha En diciembre de 1940, el Führer firma la Directiva nº 21, que contempla la invasión relámpago de la Unión Soviética, que debía ser aniquilada, teóricamente, en una sola campaña de apenas un par de meses. El plan de Hitler es hacer avanzar simultáneamente tres ejércitos, que deben girar a continuación sobre ellos mismos, para cercar a los ejércitos soviéticos en enormes maniobras de tenaza para posteriormente aniquilarlos.
En el momento del ataque estaba en vigor el pacto de no agresión germano-soviético de agosto de 1939, por el que ambas potencias se definían sus esferas de influencia en Europa oriental. El pacto sorprendió al mundo debido a la hostilidad mutua y a las ideologías diametralmente opuestas de los firmantes. Sin embargo, la beligerancia de la Alemania nazi, pudo más.
Al inicio de las hostilidades, la Wehrmacht presume de victorias en todos los frentes. Sin embargo, ya se le plantean al vencedor provisional graves problemas: no se ha sometido a Gran Bretaña. La Operación León Marino (el plan para invadir Gran Bretaña), se pospuso sine die y cuando se puso en marcha, el operativo salda con un fracaso para la Luftwaffe. Además, las operaciones de guerra submarina no doblegaron a los británicos. Por otro lado, los países ocupados empiezan a reaccionar. Se desarrollan movimientos de resistencia apoyados por Gran Bretaña mediante emisiones de propaganda de la BBC.
Por su parte, Estados Unidos ha abandonado su estado de neutralidad por uno de no beligerancia. Tras la caída de Francia, Washington inicia el primer reclutamiento realizado en tiempo de paz de su historia e incrementó considerablemente su presupuesto militar. Era cuestión de tiempo que EEUU se viera arrastrado a la guerra. Hitler era consciente del peligro que acarreaba este nuevo “invitado”.
Por otro lado, antes de tomar la decisión de invadir la Unión Soviética, la posición de Moscú era un interrogante. Además, la URSS tenía pretensiones territoriales que asustaban a Hitler: ya se había anexionado la parte oriental de Polonia, Estonia, Lituania, Letonia, obtuvo concesiones teritoriales de Finlandia como consecuencia de la Guerra de Invierno ruso-finesa de 1939-40 y miraba hacia los Balcanes.
Hitler quería en los campos de la URSS otra campaña relámpago en el verano de 1941 que acabase con el derrumbe del ejército soviético en un par de meses, por lo que las fuerzas armadas alemanas no se equiparon para combatir en invierno. Alemania no estaba preparada para un guerra de larga duración, por lo que se esperaba que una victoria rápida sobre la URSS obligaría a Gran Bretaña a aceptar una paz negociada y con ello el fin de la Segunda Guerra Mundial y la victoria del Reich.
El domingo 22 de junio de 1941, los alemanes pusieron en marcha a más de cuatro millones de hombres: 3,5 millones de alemanes y un millon de aliados aglutinados en 225 divisiones, junto a 4.400 tanques y 4.000 aviones, convirtiendo a Barbarroja en la operación terrestre más grande de la historia. En un principio el ejército soviético se derrumbó. Las fuerzas acorazadas alemanas se movieron rápido aislando y capturando grandes cantidades de soldados enemigos. La Luftwaffe se ocupó de destruir la mayoría de los anticuados aviones de las fuerzas aéreas soviéticas antes de que pudieran despegar del suelo. En un mes, Bielorrusia y el Báltico estaban en manos alemanas aunque en el sur hubo que esperar a agosto para alcanzar el río Dniéper, ordenando Hitler que parte del grupo central de operaciones se dirigiera al sur para cerrar una tenaza en torno a Kiev, lo que provocó la mayor captura de soldados enemigos de la historia (más de 800.000). Sin embargo, esto retrasó el asalto a Moscú. El führer desconocía las imprevistas consecuencias de esta acción.
Rumbo a Moscú En octubre, los alemanes se dirigieron a Moscú con el invierno en curso. El atraso inicial de la operación (aproximadamente unas cuatro semanas) resultó ser crucial para la paralización del avance. Además, el fango provocado por las primeras lluvias otoñales hicieron que las operaciones casi se paralizasen, aunque los nazis lograron una última victoria en Viazma, comparable a la obtenida antes en Kiev.
Con los soldados alemanes logrando victoria tras victoria, los periódicos germanos aseguraban que era una guerra prácticamente ganada. Las pérdidas rusas habían sido inmensas pero Stalin apeló al patriotismo mediante el recuerdo de la invasión napoleónica y olvidando toda ideología, llamó a su pueblo a la defensa de la patria. El derroche de vidas que prodigaban los rusos causaba asombro a los alemanes. La resistencia soviética sorprendió al mando alemán.
El momento crucial de la operación Barbarroja, sin embargo, fue cuando las tropas alemanas del grupo de ejércitos centro (comandado por Heinz Guderian) avanzó hasta 25 kilómetros de Moscú en diciembre de 1941. Sin embargo, los alemanes empezaron a ver el infierno en el que se estaban metiendo. El intenso frío (-50°C) y la llegada de divisiones soviéticas de Siberia hizo retroceder a los alemanes 200 kilómetros hacia el oeste en la llamada batalla de Moscú. No hubo modo de volver a tomar dichas posiciones. Hitler destituyó a Guderian.
El principio del fin Este impresionante retroceso de las filas germanas constituyó el fin de la Operación Barbarroja. Las dos plazas que había que tomar antes de otoño, Moscú y Leningrado, fueron imposibles de conquistar. En las nieves soviéticas, se escribieron por el camino épicos episodios bélicos como el sitio de Stalingrado o el propio cerco a la antigua capital de los zares.
Entre las causas del fracaso alemán en la campaña de la Unión Soviética se pueden citar la falta de información fiable del número de divisiones, armamentos y ubicación en el escenario del ejército soviético (una absoluta falta de previsión por parte del alto mando alemán), la falta de abastecimientos al creer Hitler que la campaña iba a convertirse en una nueva blitzkrieg (guerra relámpago), la vastedad del espacio soviético, que imposibilitó al inmenso ejército alemán abarcar todas las posiciones, la subestimación que Hitler hizo sobre la moral combativa y la industria militar soviética (Stalin tiró aquí de épica y de patriotismo para exacerbar a los suyos), la falta de la experiencia en terreno por parte de Hitler, quien tomaba decisiones militares de carácter técnico sin ser oficial profesional, o la destitución de oficiales competentes como von Bock, Guderian y Brauchistch, retirándolos del mando en medio de campañas importantes. Las informaciones del espía comunista alemán Richard Sorge, también fueron fundamentales para poner fin a los planes expansionistas alemanes.
Pero de todas las causas que explican el fracaso de Hitler en el este, el “general invierno” de 1941-1942, fue el gran culpable. A este soldado invisible, que ya tumbó un siglo antes a las huestes napoleónicas, la Historia le debe, con sus temperaturas históricamente extremas que limitaron la capacidad militar y moral del combatiente alemán, el haber parado al “monstruo” nazi.