Fernando Quiñones cumpliría hoy 87 años. Para quien no lo conozca, un breve fragmento de La canción del pirata que es brutalísimo...
"(...) Mi madre, que vivía de lo que iba saltando, me parió en la playa grande que mira a la mar de Berbería, por donde las barracas de salazón y más allá del corral de pesca, a una media legua de la Puerta de Cádiz. Para mi que, sin un techo como ella estaba, andaría igual que las gatas, buscando donde echarse a parir, y que si acudió a esa almadraba del Conde no sería por su gusto, sino por no haber dado con sitio de más arreglo".
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jueves, 2 de marzo de 2017
martes, 31 de enero de 2017
Tacitas
Mark Twain 3- Jane Austen 1.
El del bigotón gana a la dama inglesa.
A ver, probablemente sea muy zoquete yo al no apreciar la literatura de Austen, de la que dicen que fue precursora de la novela inglesa moderna. Como no entiendo mucho de la materia, no me meteré en esos asuntos, pero el único de sus libros al que le hinqué el diente, me supo a poco. Bueno, no me supo a nada porque me aburrió, no me dijo gran cosa. Yo llame a ese tipo de libros, literatura de tacitas, porque siempre tiene que aparecer algún pasaje donde los protagonistas toman el té. En el cine, pasa lo mismo. Pero repito, mis reticencias sobre Austen obedecen a mi incultura sobre la novela inglesa. Segurísimo.
Por el contrario, Twain es otro percal. No sé si por esa pinta de ir contra el mundo o porque de chico a mi me hubiese encantado ser Huckleberry Finn o Tom Sawyer o ser aquel yankee en la Corte del rey Arturo, pero me cae mucho mejor.
Luego me entero que Twain tenía absoluta tirria por Jane Austen (de la que por cierto, este año se cumple el bicentenario de su muerte). Miren, miren...
"Los libros de Jane Austen, también, están ausentes en esta biblioteca. Ese hecho simplemente haría que cualquier biblioteca fuese buena, aunque no hubiese ningún otro libro".
Puto cascarrabias el señor Samuel Clemens.
El del bigotón gana a la dama inglesa.
A ver, probablemente sea muy zoquete yo al no apreciar la literatura de Austen, de la que dicen que fue precursora de la novela inglesa moderna. Como no entiendo mucho de la materia, no me meteré en esos asuntos, pero el único de sus libros al que le hinqué el diente, me supo a poco. Bueno, no me supo a nada porque me aburrió, no me dijo gran cosa. Yo llame a ese tipo de libros, literatura de tacitas, porque siempre tiene que aparecer algún pasaje donde los protagonistas toman el té. En el cine, pasa lo mismo. Pero repito, mis reticencias sobre Austen obedecen a mi incultura sobre la novela inglesa. Segurísimo.
| Estos dos iban a tomarse luego una tacita de té. |
Por el contrario, Twain es otro percal. No sé si por esa pinta de ir contra el mundo o porque de chico a mi me hubiese encantado ser Huckleberry Finn o Tom Sawyer o ser aquel yankee en la Corte del rey Arturo, pero me cae mucho mejor.
Luego me entero que Twain tenía absoluta tirria por Jane Austen (de la que por cierto, este año se cumple el bicentenario de su muerte). Miren, miren...
"Los libros de Jane Austen, también, están ausentes en esta biblioteca. Ese hecho simplemente haría que cualquier biblioteca fuese buena, aunque no hubiese ningún otro libro".
Puto cascarrabias el señor Samuel Clemens.
lunes, 28 de noviembre de 2016
La obsesión
"Para esto os habéis embarcado, hombres, para perseguir a esta ballena blanca por los dos lados de la costa y por todos los lados de la tierra, hasta que eche un chorro de sangre negra".
Herman Melville. Moby Dick (1851).
miércoles, 7 de septiembre de 2016
Los paseos de Quiñones
Todo me falla, hasta la muerte
Al-Mutasim, rey andalusí de la taifa de Almería (1037-1091)
Palabras dichas cuando en su propia alcoba reñían quienes lo destronaban.
Era yo un pipiolo en la Universidad. No recuerdo si aún estaba en mi primer año en la carrera de Historia o en el segundo. Qué más da...
Por aquellos días era yo propenso a faltar a clases (por aburridas y poco interesantes) y a pasear por las calles de Cádiz, parándome en rincones y en tascas, a veces incluso acompañado de libros que sacaba de la biblioteca del centro. Libros que casi nunca eran de la temática que estudiaba y sí de conocidos como Shakespeare, Nicolás Guillén, Kavafis, Vázquez Montalbán... y Fernando Quiñones.
Era yo un pipiolo universitario que una tarde fresca de otoño cruzaba la plaza del Mentidero en dirección a la Facultad cuando me cruzo con Quiñones, el padre de Cantueso y de la Legionaria, el viajero y narrador de crónicas, el amante del cine y el flamenco acompañado con unos vasos de fino, el desaliñado muñidor de géneros, el escritor...
-Buenas tardes, don Fernando...
-Muy buenas, muchacho.
Ese fue el día en que conocí a Fernando Quiñones. Y me bastó con eso. Desde entonces, ardo en sus palabras.
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