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martes, 7 de julio de 2015
OXI
Cuando todos los líderes (?) europeos se ponen de acuerdo contra una manifestación de la soberanía popular de un país que lo único que quiere es dejar atrás la jodienda a la que le han sometido gobiernos anteriores y tutelajes supranacionales presentes, lo único que queda por decir es OXI. Y no hay nada más que hablar.
Ahora, toca solucionar. Antes, solo había opción para acatar.
jueves, 15 de septiembre de 2011
PROFUNDIDADES ABISALES

U
n paso. Solo un paso es el que, al parecer, falta para que nos despeñemos por un abismo, según cuentan los expertos de la cosa económica. El espectro de la recesión sobrevuela de nuevo las economías casi que de todo el mundo, y ahora (antes no), los análisis se hacen en clave global. No aprendemos.
Con un problema grave de deuda, con la credibilidad por los suelos, con unos pocos valores seguros (el oro y la deuda de Estados Unidos y de Alemania), con tres países rescatados en la Unión Europea y uno de ellos que va camino de la quiebra técnica, los mandamases de la UE están desnortados, entre el ¿liderazgo? de Francia y Alemania, el “borrado” de los órganos de la Unión y varias e importantes decisiones que tomar.
Sin embargo, el problema no reside en la cantidad de poder con el que cuenta Europa, sino en que está gestionado de forma fragmentada. El declive no es irreversible pero hay que enseñar a Europa a mirar hacia afuera. Sin una visión común no puede existir un futuro común. A pesar de sus críticas hacia la falta de una política económica común o de una acción exterior coordinada, hay que destacar que incluso en época de crisis, Europa es la primera economía del mundo, el segundo bloque comercial y el primer donante de ayuda al desarrollo. No obstante la construcción europea -ese sueño de los padres fundadores de la Unión y en el que creían a pie juntillas europeístas como Kohl, Delors o González-, se halla en el momento más crítico de su Historia.
Europa está mal, reacciona agónicamente y está ensimismada, pero por otra parte, las otras potencias, tanto las clásicas como las emergentes, tienen más fragilidades que la propia UE. Es el momento de que tal y como dijo Joaquín Costa ante el desastre de 1898, Europa (en este caso) se ponga en manos de un cirujano de hierro que acometa con urgencia las reformas necesarias. El enfermo espera.
Foto: blog.mastercaf.com
lunes, 8 de agosto de 2011
LA TRAICIÓN DEL SUEÑO DE EUROPA
S
chuman, Monnet, Spaak, Werner, Delors... Puede que a Angela Merkel, Durao Barroso o Nicolas Sarkozy les suene a chino, pero estos nombres fueron los que idearon, los que soñaron y los que pusieron las bases para construir un proyecto de Europa que está resquebrajándose peligrosamente en los últimos tiempos como consecuencia de un nefasto desarrollo del modelo comunitario que se planteó a principios de los 90 y que bebía de las fuentes fundacionales defendidas por los “padres de Europa”. Ese modelo, que era bueno, ha sido desvirtuado por unos dirigentes inanes que no han sabido digerir una crisis polimórfica que les ha cogido con el paso cambiado.
Los que mandan en la actual UE se llenan la boca de europeísmo convencido pero en realidad buscan su propio beneficio, y cuando hablamos de su “propio beneficio”, nos referimos al de cada país. El sueño europeo de los Delors o Monnet, incluso de los Soares o los González, se está diluyendo por culpa del influjo de una política económica y monetaria errónea por cuanto tiene de localista. Precisamente ahí está el fallo: no pensar en clave europea.
Con tres países rescatados, dos al borde de ello (uno, España), una economía improductiva, una competencia cada vez más feroz de los mercados emergentes, y un acoso sin igual de actores externos a los parámetros macroeconómicos de la Unión, carecemos de una efectiva y eficaz política común económica, algo que ya se planteó en su día, justo cuando estábamos a punto de entrar en el euro. Ahora nos encontramos con una moneda común, pero sin una política económica unificada y centralizada desde Bruselas. Así están las cosas. Es normal que en este escenario, Merkel y Sarkozy tiren para lo suyo e incluso se permitan opinar de lo que pasa en otros países, dejando a los órganos directores de la Unión Europea con dos palmos de narices.
Hace falta reconducir el barco de la Unión. Para ello son necesarios timoneles mucho más decisivos y valientes de los que gobiernan ahora la nave sin rumbo de ese sueño llamado Europa.
Foto: El Pueblo.
viernes, 11 de febrero de 2011
UN POCO DE MUCHOS

A
lgunos quisieron enterrarlo. Otros recelaron de una retirada subrepticia. Finalmente, unos pocos lamentaron que el euro solidario dejara de ser patente de corso del equipo de Gobierno municipal que había tomado la bandera de los servicios sociales como propia.
Sin embargo, nadie tenía razón (o quizás la tuvieran todos, aunque fuera sólo un poco). El euro solidario vuelve, en realidad envuelto en otros ropajes. El Ejecutivo local ha querido retomar los fondos dispuestos para ayudar a las familias a través de ese famoso euro que gravaba ciertos impuestos, tasas y precios municipales. Ahora se tratará de asistir a unidades familiares en peligro de exclusión social con esos remanentes y con el requisito de devolución pasado un tiempo para que el fondo pueda ser útil a otras personas que tampoco lo pasan bien en esta dichosa crisis.
No se le puede negar inventiva a este equipo de Gobierno. Al menos miran a la cara a los malos tiempos económicos con decisión y empeño de paliar sus efectos. A veces la cosa puede salir mal pero con una nueva mano de barniz, cierta medida puede ser resolutiva en otras casuísticas. Es lo que ha pasado con el euro solidario, esa apuesta que se hacía desde las filas del Gobierno de coalición hace algo más de un año y que ha sido objeto de luchas partidistas y, todo hay que decirlo, ciertas dosis de demagogia que en ningún momento ayudan a salir de esta situación.
La asistencia social ya no es la hermanita pobre de la política municipal. Pequeñas aportaciones, minúsculas ayudas, poco dinero de muchos, que sirven para atender dramas diarios no tan lejanos. La demagogia es, en estos casos, la que tiene que quedar lo suficientemente alejada.
Foto: Luis Lucas.
miércoles, 16 de junio de 2010
LA EUROPA DE ENTONCES (Y LA DE HOY)

L
isboa y Madrid fueron testigos hace exactamente 25 años de un hito histórico: la firma del ingreso de Portugal y España en la Comunidad Económica Europea, una oportunidad única para dos países que querían engancharse al tren del progreso que representaba la Europa en la que se reflejaba el fulgor de países como Alemania o Francia.
Un cuarto de siglo después, la actual Unión Europea cuenta con 27 socios y moneda única, configurándose como uno de los actores principales en la geopolítica mundial. El euro es referencia económica en todo el orbe plantándole cara al poderoso dólar.
Sin embargo, durante la celebración de esta efeméride, los protagonistas de la misma alertaron de la situación en la que se encuentra actualmente la Europa comunitaria. La crisis ha destapado las vergüenzas del sistema productivo, totalmente inadaptado a las nuevas corrientes económicas y despojado de toda defensa ante los embates de una recesión fortísima que, aunque surgida en Estados Unidos, donde más afecta es al Viejo Continente.
Nos queda la cuestión de la irrelevancia. La UE corre el peligro de perder protagonismo ante el empuje de nuevas potencias emergentes como China, India o Brasil, mientras que Estados Unidos mantendrá su palmito de “primera vedette”, por muchas crisis que azoten su sistema económico. La UE tiene que reivindicarse para no caer en un papel secundario. Para ello, tiene que vertebrar resortes no ya para salir de esta crisis, sino para impedir la germinación de similares escenarios. Ojo, si no se cambian hábitos, la próxima crisis ya está a la vuelta de la esquina.
Veinticinco años dan para mucho. España ha aprovechado su adhesión a la Europa comunitaria para avanzar a pasos agigantados, pero ha pasado el tiempo de ser el hermano pobre del club porque ahora tenemos por detrás a otros socios. El futuro está a la vuelta de la esquina. Falta por saber si podremos mirarle a la cara.
domingo, 29 de noviembre de 2009
ISLANDIA (Y III): A LA CAZA DE LA AURORA BOREAL

L
os inversores comenzaron a sacar su dinero de Islandia hace un año y medio aproximadamente. Se temían lo peor. Desde inicios de 2008, la corona islandesa comenzó un viaje por la devaluación de hasta más de un 25 por ciento, mientras que el mercado de valores se desplomó hace un año. La inflación y los tipos de interés, por las nubes. La descompensación en la balanza comercial islandesa es acusada, sobre todo a causa del gasto en consumo de los últimos años. El sueño islandés se quebró, pero no había que cruzarse de brazos...
La crisis no afecta a todos por igual. Siempre hay gente buscando una oportunidad para sacar beneficios, gente que buscaba que sucediera algo así. Algunas transacciones económicas parecían más las apuestas en un juego de Las Vegas que verdaderas operaciones financieras de instituciones. Algunas voces en el país norteño apelan a que la crisis será resuelta pero recuerdan que hay que tomar medidas. Entre todas ellas la que más reluce es la unión al euro. Y precisamente la moneda de la Unión Europea tiene mucho que ver en el relanzamiento que Islandia está teniendo como destino turístico preferente de muchísimos europeos que han visto en la devaluación de la corona y en la fortaleza del euro, una oportunidad económica de visitar Islandia. Ahí está la oportunidad que algunos buscaban en esta pequeña isla del norte del continente. ¿Se sabrá aprovechar?
Pues al parecer sí. Resulta imperioso para los islandeses salir a buscar ingresos extranjeros genuinos, en reemplazo de los que la crisis se llevó. Y el turismo es una excelente alternativa para estos fines. De esta forma se espera paliar en parte el impacto de la crisis, e incentivar la inversión extranjera que tanto necesitan. Así que... démonos un paseo por la isla...
Diez razones
Una vez que hayamos decidido viajar a Islandia podemos establecer diez actividades imprescindibles para enamorarse ese país y de su capital, Reikiavik.
En primer lugar sus aguas termales. Aunque la idea de llevar bañador a un país de gélidas connotaciones como Islandia puede sonar peregrina, en Reikiavik es tan necesario como la bufanda, incluso en pleno invierno. Sólo en la capital hay 126 piscinas públicas, cifra que no está nada mal para un país de 300.000 habitantes. En verano, rara vez se alcanzan los 20 grados centígrados y, durante el invierno, la temperatura media en Reykjavik es de cero grados. A media hora de la capital, la Laguna Azul (www.bluelagoon.com) invita a flotar en sus aguas sulfurosas, una experiencia única.
El agua de Islandia no es sólo disfrute físico sino también visual. Todo el país está repleto de géiseres, cascadas, fuentes termales y otros fenómenos naturales. Fuera de Reikiavik, no es una mala opción empezar por Nesjavellir, una zona geotérmica situada en el precioso entorno del lago Þingvallavatn. En Þingvellir se encuentra el parlamento operativo más antiguo del mundo, el Alþingi del año 930. La ruta prosigue por la cascada de Gullfoss y las fuentes termales de Geysir y Strokkur, con chorros de agua caliente. Otras espectaculares cascadas islandesas que bien merecen una visita son la de Seljalandsfoss y la de Skogafoss.
Islandia al volante. Pocos países se complementan tan bien con los viajes de amor por la libertad como Islandia. Las vastas extensiones del paisaje despoblado ofrecen multitud de posibilidades para los deportes de aventura y la ciudad de Reikiavik cuenta con la oferta de cualquier ciudad europea. Para no perderse nada, lo mejor es recurrir a un coche para moverse con absoluta autonomía. La Carretera 1, de forma periférica, recorre todo el país a lo largo de 1.340 kilómetros. Apenas tiene tráfico así que, a pesar de ser la carretera principal, sólo cuenta con un carril por sentido. Fuera de ella, la mayor parte de vías por donde se puede transitar son caminos con gravilla, por lo que será mejor alquilar un 4x4 y tener cuidado con los imprevistos que puedan aparecer, como por ejemplo, ríos sin puente.
Pero hay dos acontecimientos que superan la espectacularidad del paisaje islandés. Entre los meses de junio y julio, el Sol de Medianoche, un fenómeno visible las 24 horas del día, es la atracción principal. En septiembre, comienza la temporada de la espectacular aurora boreal, ese precioso brillo multicolor que aparece en el cielo nocturno de los países escandinavos.
¿Dónde descansamos? Las opciones de alojamientos son muy variadas en todo el país y se ajustan a todos los gustos y presupuestos, desde los hoteles tradicionales a los hoteles de verano (internados acondicionados), pasando por hostales, granjas y cámpings. Sin duda, lo más pintoresco es alojarse en granjas, como las de la cadena Icelandic Farm Holidays. ¿Y en cuanto a la comida? La oferta gastronómica islandesa es variada. Muy recomendables el pescado, el marisco, el cordero y el skyr, una especie de yogur de origen vikingo. Algo más de riesgo entraña la carne de tiburón, ya que su intenso sabor no siempre gusta. En Reikiavik destacan restaurantes como Humarhúsi y Rír Frakkar, y, un poco más asequibles, Apótek y Hotel 101.
Islandia es uno de los mejores lugares del mundo para avistar ballenas, especialmente desde abril hasta septiembre. Desde escurridizas especies como la ballenas azul hasta las más populares como la jorobada. Además, la ballena Minke, la marsopa y el delfín blanco suelen acercarse a las costas islandesas.
Esencias culturales
El Reikiavik cultural. La capital islandesa acoge el Museo Nacional, lleno de reliquias del pasado, y la Casa de la Cultura, que contiene piezas como la Edda Menor, un manual de poética cargado de mitología, o la Saga de Egill, una de las obras maestras de la narrativa escandinava medieval, escrita en prosa. Para aprender un poco más sobre la isla, en Bogarnes, a 74 kilómetros de la capital, el Centro de los Asentamientos recrea las condiciones en las que tuvieron que sobrevivir los primeros pobladores de la isla.
Vámonos de compras. Aparte de los mercados de pescado y marisco, imprescindibles en un país que mira tanto al mar, Reikiavik ofrece multitud de lugares donde el visitante podrá disfrutar de sus compras. Una buena idea es acudir a Handverk Og Honnun para adquirir cerámica, vidrio y otras piezas de diseño. Por último, una vsita al barrio más de moda, el pequeño Distrito 101 -llamado así por su código postal- y su momento de auge es el viernes por la noche, cuando las calles de esta céntrica zona de unas 20 manzanas están abarrotadas. Tiendas, restaurantes, bares, teatros, galerías,... Todos esos locales tienen hueco en el 101. Y la noche se hace especialmente joven y larga en este sitio cuando la luz del sol no se apaga.
Un reportaje de Raúl Moreno y Miguel Á. Bolaños
jueves, 26 de noviembre de 2009
ISLANDIA (II): EL ESTALLIDO DEL GÉISER

E
uropa estaba invadida de fondos bancarios islandeses. ¿Qué hace el dinero de ese frío país en entidades financieras de todo el continente? Esa era la pregunta que algunos se hacían, los más precavidos. Pero cuando todo se vino abajo, la pregunta cambió: ¿Por qué no nos dimos cuenta? Pero ya era tarde.
En el actual entorno, el banco central islandés no ha tenido la infraestructura necesaria para actuar como prestamista. La falta de confianza ha hecho mella en los bancos islandeses porque los mercados no han creído que su Gobierno tuviera capacidad para respaldar el sistema bancario. De hecho, algunos de los países en los que operan las entidades islandesas ya salieron a su rescate. Los bancos centrales de Suecia, Noruega y Dinamarca concedieron en mayo de 2008 un crédito de 1.500 millones de euros a su homólogo islandés para fortalecer su moneda y estabilizar la economía del país, aunque los resultados no han fructificado en la medida de lo deseable.
La crisis financiera ha ido pareja a un deterioro de las variables macroeconómicas del país norteño. La inflación se ha disparado hasta rayar el 15 por ciento (al inicio de
la crisis estaba sobre el 5 por ciento), una subida acentuada por el derrumbe de la divisa islandesa: a principios de 2008 un euro se cambiaba por unas 62 coronas, mientras que el tipo de cambio que muestra ahora el banco central, el Sedlabanki, es de 183, una depreciación que amenaza con asfixiar el comercio exterior de un país que depende fuertemente de las importaciones. El Sedlabanki ha subido los tipos de interés hasta cotas inimaginables para controlar la inflación y apoyar la devaluada corona.
Incapaces
Islandia se ha mostrado incapaz de salir del agujero por sí misma. El Gobierno se ha sometido al asesoramiento del FMI y en cierto momento sobrevoló el fantasma de solicitar un programa de ayuda económica (algo habitualmente reservado a países en vías de desarrollo o directamente, pobres).
Lo que sí se ha confirmado es la reapertura del recurrente debate sobre la integración en la Unión Europea que ya se ha vuelto a poner sobre la mesa.
La crisis islandesa también ha puesto de manifiesto que la consigna sálvese quien pueda es válida en momentos de tribulación, empezando por los directivos financieros y parte de la clase política. No en vano, el gobierno presidido por el conservador Geir Haarde, se vio obligado a dimitir, cerrando así 18 años de poder de la derecha. En la actualidad, es la socialdemócrata Jóhanna Sigurðardóttir, la que rige los destinos del país.
Pero aquellos que no han podido salvarse han sido los ciudadanos de clase media, los más damnificados por el estallido del géiser financiero. Algo raro de ver en las calles de Reikiavik eran las manifestaciones. Las ha habido, al estilo islandés (tranquilas, sosegadas), pero manifestaciones al fin y al cabo. En algunas de ellas, han participado José y Moses. El primero español, el segundo chileno. Ambos emigrantes en tierra extraña y con negocio propios. A los dos les ha afectado la recesión de forma distinta.
José, afincado en la isla desde hace diez años, cuenta que en el restaurante donde él es encargado aún no se nota demasiado la crisis, porque dice estar todo casi como siempre. Sin embargo, como ciudadano ve que “las cosas no van bien en el país como si iban antes”. Un caso distinto es el de Moses Kjartan, que vive en Islandia desde hace nueve años. Él ha visto como su negocio de importación de productos españoles se ha venido abajo de golpe. El banco no le da crédito para poder traer sus productos. Aún así, tiene esperanza en recuperar lo perdido.
Sólo dos casos de cómo se vive la crisis en Islandia. Un país que busca salidas a la encerrona que la avaricia de unos pocos ha creado.
Continuará...
Un reportaje de Raúl Moreno y Miguel Á. Bolaños
lunes, 23 de noviembre de 2009
ISLANDIA (I): EL GLACIAR ECONÓMICO

I
gual que una erupción volcánica hizo desaparecer en 1883 la isla indonesia de Krakatoa, el huracán financiero mundial se ha llevado por delante la economía de otra isla volcánica. Islandia, que en la última década se había convertido en un modelo de moderna prosperidad, llegando incluso a liderar los índices de desarrollo humano, se encuentra al borde del colapso. La recesión (iniciada con la quiebra del sistema de hipotecas sub prime en Estados Unidos), se ha cebado en este pequeño país donde todo el oro que relucía ha perdido su brillo. El sistema bancario -basado en dos o tres entidades financieras que capitalizaban la mayoría de recursos monetarios del país-, tardó poco en caer y arrastró al desastre tanto la economía del país como la de muchas familias de clase media. ¿Cómo ha podido llegar hasta aquí un país que en 2004 y 2005 creció más del 7 por ciento y en 2006 y 2007 por encima del 4?
Las pruebas del fracaso
Las obras paradas en Reikiavik, la capital, es una imagen habitual desde que la crisis financiera golpeó con fuerza al país hace ahora un año. Muchas de estas construcciones inacabadas podrían seguir así durante una década. El sector ha sido el primero en sufrir las consecuencias de la quiebra del sistema bancario islandés que ha colocado al país al borde de la bancarrota.
Echando la vista atrás, el 6 de octubre de 2008, el entonces primer ministro Geir Haarde, anunció a los islandeses medidas excepcionales para salvar el sistema bancario. El Gobierno se temía lo peor... pero el panorama iba a ser más terrible de lo que en un principio se pensaba. Eso fue la mecha que provocó el estallido de la crisis. Doce meses más tarde y tras recurrir a un préstamo internacional de casi 8.000 millones de euros bajo la égida del Fondo Monetario Internacional, la economía islandesa está en un pozo.
En toda crisis económica, la clase trabajadora es la gran sufridora. En un país con unos altísimos índices de desarrollo, el desempleo era prácticamente desconocido. La tasa oscilaba entre el uno y el tres por ciento (siempre en el peor de los casos), mientras que ahora se acerca al 10. Lo de la inflación es aún más sangrante puesto que alcanza el 15,2 por ciento, aunque meses atrás ha alcanzado un techo superior. El déficit presupuestario llegó al 13,5 por ciento este año, mientras que el PIB se contrajo hasta el 10 por ciento.
La moneda por los suelos
La época de vacas flacas se instaló en las vidas de los fríos islandeses que cuando vieron en serio peligro sus economías, empezaron a calentarse. Las clases medias son además las grandes damnificadas por este negro escenario en el que han visto duplicarse sus hipotecas. Sin llegar a la casuística que se da en otros países, en Islandia se ha certificado que la vida no era color de rosa y que el crecimiento económico previo, era irreal. Mientras la corona islandesa se depreciaba con respecto a monedas más fuertes como el euro (en este momento se cambia a 183 coronas, pero
ha llegado a pagarse 300=1), los precios de los productos básicos empezaban a subir. Como se repite en cualquier crisis, lo que no subían eran los salarios. Ante los pagos mensuales de cada familia, los islandeses han tenido que recurrir a congelar mensualidades regularmente, pero ésta ha sido una solución momentánea, a expensas de que el Gobierno (que en mitad del embrollo económico cambió de caras), ponga rumbo a la recuperación. Por su parte, el elevado número de desempleados, sin perspectivas claras en el país, comienzan a pensar seriamente en emigrar hacia economías más potentes y que ya están experimentando crecimiento positivo, caso de Alemania, Dinamarca o Suecia.
Hablábamos antes de soluciones: con el otrora robusto sector bancario arruinado (el Gobierno tuvo que nacionalizar las tres principales entidades del país: Glitnir, Landsbanki y Kaupthing), Islandia se vuelve hacia otras actividades de menos riesgo que actúen de acicate de la recuperación.
El derrumbe del sistema bancario islandés es un ejemplo definitorio de lo que ha sido la crisis a nivel global. El pecado de los bancos islandeses ha sido el haber crecido demasiado perteneciendo a un país pequeño y con una moneda que nadie quiere en momentos de crisis. Tras la privatización del sector en la década pasada, se inició una agresiva expansión exterior que llenó Europa de activos y pasivos bancarios islandeses.
Durante años, el crecimiento de los bancos se vio impulsado por los bajos tipos de interés a que podían endeudarse en todo el mundo para, a su vez, prestar esos fondos, y no sólo en Islandia.
A finales de 2007, los activos bancarios de este país equivalían al 800 por ciento del Producto Interior Bruto y se extendían por países como Suecia, Noruega o Dinamarca. Pero esa rueda de endeudamiento/inversión se detuvo el pasado verano, cuando ya nadie quiso prestar más a los ávidos bancos islandeses. Entonces, ¿qué puede hacer un país con reservas de divisas por un importe de tan sólo 2.000 millones de euros en caso de que su sector bancario, con 100.000 millones de euros de activos repartidos por Europa, esté en peligro?
Tras la catástrofe, las vías de escape. Una de las actividades con las que los islandesdes quieren salir del embrollo es la exportación de aluminio, amplia fuente de ingresos, pero a la que la caída de los los precios internacionales también ha afectado gravemente. El mismo problema se plantea con las exportaciones derivadas de la pesca, la actividad tradicional en Islandia. El turismo es otro sector en alza, aprovechando la caída de la corona frente a un euro fuerte. Por eso, miles de habitantes de la Zona Euro, han puesto su vista en un paraíso natural en el que algunos creyeron ver otro tipo de paraíso (fiscal), que ahora ha quedado derruido.
Continuará...
Un reportaje de Raúl Moreno y Miguel Á. Bolaños
sábado, 31 de octubre de 2009
EL MATIZ SOLIDARIO

H
a sido una de las frases más recurrentes y oídas en el tiempo que llevamos de crisis económica. Arrimar el hombro. Junto a lo de apretarse el cinturón, han encontrado eco en una sociedad que entre hastiada y conformista ve pasando los meses sin que las cifras den un respiro a las economías familiares.
Sin embargo, en estos días hemos tenido un buen ejemplo de lo que puede significar ese eufemismo (¿quién ha arrimado el hombro en esta recesión?), y precisamente lo hemos tenido en nuestra región, en nuestra ciudad. El euro solidario, una pequeña aportación para familias que apenas pueden con nuestra crisis de cada día y que consiste en que todos aliviemos en la medida de lo posible (esto es, un euro), el sufrimiento de otros.
Partamos de la base de que es una propuesta social. Otros pueden jurar en arameo y rasgarse las vestiduras amparándose en la demagogia populista, pero al ciudadano lo que le interesa en momentos de incertidumbre es ver gestos. Y lo que por ejemplo, va a hacer el Ayuntamiento de Albacete, es un gesto que puede aliviar los efectos de la crisis en más de una familia.
De igual forma, el equipo de Gobierno municipal busca nuevos estímulos, en este caso a todos nuestros bolsillos, frenando la subida de impuestos y tasas municipales, en estos momentos, casi el único modo de financiación de las apaleadas haciendas locales, tan necesitadas de un nuevo modelo que parece ser que no llega.
Nos toca apretar los dientes ante lo que parece ser el último trecho de la peor coyuntura económica que hemos vivido en muchos años. La esperanza ha cristalizado en algunos países de nuestro entorno como Francia o Alemania, mientras que Obama ya sonríe porque Estados Unidos ya ve brotes verdes. En España seguimos perdiendo pasos, pero algunos menos. Crucemos por tanto, los dedos.
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