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martes, 26 de abril de 2011

PEQUEÑOS GESTOS, GRANDES RESULTADOS


E
n ocasiones, en los pequeños detalles encontramos razones para pensar a lo grande, para hallar satisfacciones que van más allá del mero espejismo o de la fotografía publicitaria. Se ha producido uno de esos pequeños gestos (una firma en un papel), pero que supone un avance importante, un salto cualitativo en el desarrollo de Castilla-La Mancha. Después de sortear el “morlaco” de la crisis, empieza a cristalizar uno de lo grandes proyectos en infraestructuras de la región para los próximos años: la Autovía del Júcar. En este caso, los plazos parece que se van cumpliendo, cosa harto difícil si se habla de obras y más en malos tiempos de la cosa económica.

Algo es innegable. La Autovía del Júcar va a suponer un eje vertebrador que mejorará las comunicaciones entre las provincias de Cuenca y Albacete, y permitirá su inserción en la red de alta capacidad del Estado, al interconectar con tres autovías nacionales. Esta vía será estratégica en las relaciones entre el Sur y el Noroeste peninsular que complementará a la A-32, de Linares a Albacete (ésta sí que lleva retraso y debe ser una prioridad en la próxima legislatura gobierne quien gobierne), y a la prolongación de la A-40, desde Cuenca pasando por Teruel, Zaragoza y Huesca hacia Somport.

No sólo estamos hablando de conectar dos capitales provinciales que estaban dándose la espalda desde hace años (Cuenca y Albacete estarán más cerca a partir de ahora), sino que todos los municipios que están por el camino, hallarán razones de sobra para incrementar su desarrollo futuro.

Con una Autovía del Júcar que sea realidad en unos años (esperemos que el ritmo de adjudicaciones y de las obras sea el apropiado), Albacete se va a convertir en una de las ciudades con un mejor nudo de comunicaciones. Salvando las grandes capitales (Madrid, Barcelona, Valencia), nuestra ciudad será de Primera División en cuanto a infraestructuras. Eso será, al fin y al cabo, un gran resultado.

Foto: El Pueblo.



martes, 28 de diciembre de 2010

VIEJOS CAMINOS, NUEVOS RETOS


C
on motivo de la llegada del AVE a Albacete, hablábamos de la importancia de contar con una red de infraestructuras moderna y en buen estado de conservación. Como es preceptivo al finalizar cada año, se realizan los típicos balances y recuentos, y las carreteras, autovías y autopistas del país, no se libran de ello.

Cada mes de diciembre, un informe recoge todos los puntos negros de mayor siniestrabilidad de la red de carreteras nacional. Un recordatorio del trabajo que aún queda por hacer y de que, a pesar de lo mucho que hemos avanzado en materia de infraestructuras, el trabajo de conservación de las mismas tiene que ser igual de importante que el esfuerzo que se pone en invertir en nuevas vías.

En un porcentaje demasiado elevado de accidentes, irrumpe como factor decisivo, el mal estado del piso en carreteras, autovías o autopistas, aunque sí que es cierto que la brecha que hay en cuanto a estado de conservación entre las primeras y las demás, es demasiado grande. España cuenta con una red de vías rápidas envidiable (aunque, repetimos, deben estar en constante proceso de “chapa y pintura”), mientras que carreteras nacionales, regionales o comarcales, viven una especie de olvido por parte de las administraciones. Son las propias denuncias ciudadanas las que las hacen salir de ese letargo, y muchas veces, son los accidentes los que hacen recordar que estas vías también existen y que siguen siendo muy utilizadas. Un ejemplo lo tenemos en la N-322 que a su paso por la provincia contempla dos puntos “calientes”: mientras discurre por la zona de Villatoya y el tramo que atraviesa la Sierra del Segura. Es la segunda carretera del país en niveles de peligrosidad. Quizás este simple titular deba servir para que Fomento se ponga las pilas y libere el dinero necesario para construir la tan ansiada conexión por autovía con Andalucía.

Foto: El Pueblo.



lunes, 4 de enero de 2010

DONDE NO NOS GUSTA SER PRIMEROS


L
os políticos (de cualquier signo) son muy dados a tirar de estadísticas cuando son favorables. Sin embargo, deberíamos pensar como George Bernard Shaw cuando decía que la estadística es la ciencia que dice que si tu vecino tiene dos coches y tú no tienes ninguno, ambos tenéis uno. Datos que se interpretan al abrigo que más interesa. Pero cuando las estadísticas tiran hacia otro lado, perjudicando más que beneficiando aunque muestren una realidad palpable, los políticos huyen de ellas como alma que lleva el diablo.

Sin embargo, hay datos demoledores. Hace unos días se hacía público el informe RACE sobre el estado de nuestras carreteras. Albacete no sale bien parada. Dos tramos están considerados como puntos negros de alta peligrosidad para los conductores, y en especial uno de ellos, la N-322 a su paso por Villatoya, está considerado como el segundo punto negro más peligroso del país.

De nuevo tenemos que reconocer el indudable esfuerzo realizado por las distintas administraciones en dotar al país (y en este caso, a la provincia), de las mejores infraestructuras. Los Fondos de Cohesión de la Unión Europea han ayudado a conseguir tal fin, pero no es menos cierto que no se debe bajar la guardia en la conservación de las vías ya en uso. Una provincia como Albacete, con una destacada localización como nudo de comunicaciones, no se puede permitir ser señalada como un lugar que acoge puntos negros de la circulación.

Estos datos (y la presión ciudadana), debe hacer recapacitar a nuestros gestores de la imperiosa necesidad de mejorar las comunicaciones entre Albacete y Andalucía. La unión entre nuestra provincia y la de Jaén mediante autovía debía estar para ayer, pero mientras en la parte andaluza se están dando los pasos necesarios para hacer realidad esta vía rápida, al otro lado de Sierra Morena estamos aún dubitativos. Hay que ponerse manos a la obra para que estadísticas tan brutales como los 15 accidentes mortales en tan sólo tres años en ese tramo siniestro, no vuelvan a producirse.



miércoles, 15 de abril de 2009

INSENSATOS A TODA VELOCIDAD


O
tro dato alentador en esta Semana Santa. Otra cifra para la esperanza, para seguir en la senda marcada, para intentar poner fin a la sangría de vidas resultante de cada operación salida/retorno. La reducción en un 27 por ciento de las muertes en las carreteras durante la pasada Semana Santa sigue cargando de razones al Gobierno socialista tras endurecer en los últimos años las campañas de seguridad vial y tener la gallardía política de introducir el vituperado (años ha) carnet por puntos. La fórmula se demuestra acertada con la incesante descenso de fallecimientos en la carretera, pero las cifras siguen siendo alarmantes. Cuarenta y ocho personas han dejado su vida en el asfalto. Cuarenta y ocho dramas familiares. Una pesada losa que debe servir para recordar que todos somos responsables.

Por mucho que la administración haga, por muchas medidas que se tomen, por muchos controles policiales que se instalen, la seguridad personal depende de cada uno. La responsabilidad al volante debe ser máxima. Es tarea de todos y debe existir una conciencia colectiva para llevar a cabo esa tarea. Insensateces como olvidar ajustarse el cinturón de seguridad cuestan vidas. Concretamente, el 23 por ciento de los fallecimientos en Semana Santa han sido causados por “olvidarse” del cinturón de la vida.

Los fallecimientos a bordo de una motocicleta también tienen que ser tomados en consideración. Aquí, la responsabilidad del motorista unida al respeto de los conductores de otros vehículos ayudará a aliviar la tasa de muertes sobre dos ruedas. La juventud también debe tener en cuenta las mínimas medidas de seguridad al volante. Afortunadamente, la tasa de decesos en Semana Santa también se ha reducido.
Parece que la conclusión es clara. Lo que parecía imposible, que una sociedad en teoría tan anárquica como la española responda a las campañas de Tráfico, se ha hecho realidad. Sigamos por esa senda.



lunes, 6 de abril de 2009

TENDIENDO PUENTES ¿HACIA EL SUR?


D
ecíamos hace unos meses en EL PUEBLO...

Gratas noticias teníamos ayer en cuanto a la mejora de infraestructuras en la provincia. El consejero de Ordenación del Territorio y Vivienda, Julián Sánchez Pingarrón, se acercó a Albacete para anunciar que ya se han puesto en marcha todos los trámites administrativos necesarios para que Cuenca y nuestra capital estén unidas por una nueva conexión (que recibiría el nombre de Autovía del Júcar), una actuación con un coste aproximado de 540 millones de euros y que vería su conclusión allá por 2013, si hacemos caso a los cálculos del Gobierno regional.

Grata noticia decíamos porque todo lo que sea mejora de infraestructuras, será bienvenido. Con la nueva autovía se acortarán los tiempos de viaje entre ambas ciudades, el trayecto se efectuará de forma más segura y la vertebración regional ganará un plus con la puesta en marcha de esta nueva carretera. Además, el proyecto inicial presentado por la Junta responde a un interés secular por parte de las poblaciones con menos peso específico en ambas provincias. El hecho de que la futura Autovía del Júcar pase o se aproxime a núcleos pequeños y los conecte con grandes conexiones radiales como la A-3, hace de este equipamiento un bien de primera necesidad y que llega algo tarde. Afortunadamente, los primeros pasos ya se han dado y confiemos en que los tiempos políticos y la crisis económica no retrasen las obras.
Sin embargo, aún queda trabajo por hacer. Los puntos negros de nuestras carreteras como los de Villatoya, reseñados en el último informe viario del Real Automóvil Club de España, y la insuficiencia de conexiones con Andalucía a través de Jaén, hacen de estos desafíos dos asuntos de vital importancia para la agenda futura del señor Pingarrón, al que debemos conceder el beneficio de la duda para que se ponga manos a la obra en este aspecto. Por fortuna, vemos cómo la predisposición del Ejecutivo de Barreda es óptima para afrontar estos nuevos retos de futuro.



jueves, 12 de febrero de 2009

UN PEQUEÑO MILAGRO


E
spaña vuelve a 1964. No. Ni en lo político, ni en lo social, ni en lo económico. Realizar ese viaje en el tiempo significaría un retroceso que muchos españolitos no quieren probar. La vuelta a la época ye-ye es en las cifras de fallecidos en nuestras carreteras, algo insólito, teniendo en cuenta que hace apenas cuatro años perdían la vida en las vías españolas cinco mil personas de media. Ahí es nada.

No es moco de pavo esa drástica reducción experimentada en los últimos tiempos. La aplicación de la nueva directiva europea de seguridad vial en conjunción con la entrada en vigor de medidas valientes como el carnet por puntos o el endurecimiento de penas, ha obrado el milagro. Llegamos al 31 de diciembre pasado sin alcanzar los 2.500 muertos, cifra que, siendo absolutamente escandalosa, no tiene nada que ver con lo que vivíamos hace un lustro. Lo lastimoso es que nos hayamos insensibilizado ante la magnitud de la tragedia. Hablamos de miles de vidas perdidas, de familias destrozadas, de dramas personales y colectivos que apenas cubren unas líneas en los principales periódicos o algunos segundos en los informativos de máxima audiencia. Ante esta “normalización” de la muerte, la Dirección General de Tráfico lo tiene claro. Informar, formar y prevenir. En esa senda caminamos en pos de una disminución en la gráfica de accidentes, heridos y decesos. Pero para obrar este pequeño milagro hay que actuar, y jornadas de formación instando a una mayor presencia de la educación vial en la formación de nuestros jóvenes, se hacen más necesarias que nunca.

Son ellos, los jóvenes, los que deben ser el foco de atención de campañas venideras. Los índices de siniestrabilidad entre los nuevos conductores son realmente alarmantes por lo que los esfuerzos deben ir encaminados en hacerles ver que “volar” sobre las cuatro ruedas de sus coches puede llevarles a ir sobre otras cuatro, pero a mucha menor velocidad.