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lunes, 7 de febrero de 2022

Bombardeando la dignidad

Foto: Antoni Campañá.


Hoy es otro día para el recuerdo de la infamia en este país. El 8 de febrero de 1937, entre 3.000 y 5.000 personas fueron asesinadas por las bombas lanzadas desde tres barcos pertenecientes al bando nacional. Queipo de Llano, el mismo que lleva siendo honrado décadas en su cristiana sepultura de la basílica de la Macarena, forzó a este exilio forzoso de la ciudad de Málaga y de municipios limítrofes cuando con sus tropas accedió a la capital costasoleña. El éxodo de la población civil se dirigió a Almería... Casi ningún pueblo o ciudad del camino les socorrió mientras desde tres navíos franquistas se lanzaban bombas en esos 200 kilómetros de miseria, tal y como los describió el médico canadiense Norman Bethune, testigo de la masacre perfectamente orquestada por el fascismo.

Conviene recordar a las víctimas, a las que las bombas del franquismo quisieron despojar de toda su dignidad. Por eso es necesaria la memoria histórica. Más hoy, que en ciudades como Madrid se dedican calles a los "héroes" del crucero Baleares. Se dedica un homenaje a quien contribuyó al genocidio de parte de la población española. Eso está sucediendo hoy y aquí, en esta España tan temerosa de recordar su pasado. Ya ven, la dignidad bombardeada de muchos por el revanchismo fascista de unos pocos.



lunes, 20 de febrero de 2017

La España gilipollas

Los españoles son gilipollas. Mucho. Lo razono.

Iñaki Urdangarín roba. Ha quedado demostrado en el juicio del caso Nóos. Pena de cárcel y multa como responsable civil por haber trincado. A su señora esposa -una tal Cristina de Borbón-, la condenan a pagar también un poquito de dinero porque se lucró (y esto es importante, señores)... SE LUCRÓ gracias a lo robado por su señor esposo. No lo digo yo. Lo dice la sentencia judicial. Quien tampoco dice nada es ella porque dice que no sabía nada. Que Dios coja confesados a los españolitos que se crean tal milonga.

Pues bien, los españoles son gilipollas porque todos aquellos que apoyan ciega e ilógicamente a la monarquía (solo en la religión y en los reyes se puede creer de esa forma), son los que van a pagar realmente el cuarto de millón de euros con que la Borbón tendrá que "resarcir" al pueblo español por haberse enriquecido ilegalmente gracias a las malas artes del delicuente de su marido.

Y lo españoles son (muy) gilipollas cuando aún así siguen prefiriendo mantener a una panda de paniaguados conocidos como la Familia Real.

Que os aproveche, gilipollas.





martes, 14 de abril de 2015

Jovito Roch, un republicano



Hoy 14 de abril, aniversario de la II República, quiero acordarme de un amigo, de una persona especial, a la que conocí al final de sus días pero que me insufló ánimos y ganas de luchar por lo que pienso. Fue en 2005 cuando Jovito Roch llegó a la redacción con su gorra de teniente de la República, su bastón y su personalidad arrolladora. Hablamos de su participación en la Guerra Civil, de sus compañeros, de Enrique Líster, de la Batalla del Ebro y de las masacres fascistas. Siempre me traía recortes de prensa, libros, videos sobre la República y la Guerra Civil y se le anegaban los ojos de lágrimas recordando aquellos días y la dura posguerra.

Un día, ya con 90 años, me dijo que no se quería morir sin ver la III República. Jovito nos dejó hace tres años con el puño bien alzado y seguro que se fue entonando la Internacional y el Himno de Riego. Aunque él ya no está, su presencia sigue. Yo me encargo de que así sea... hasta ver llegar la Tercera...

¡Salud y República, compañero!



jueves, 19 de febrero de 2015

La memoria olvidada de Manuel Muñoz Martínez

La mañana se despertó fría en Madrid. La piedra del muro del Cementerio Este, gris y despiadada, aguardaba inmune al llanto, al sufrimiento, al temor y la rabia, la llegada de un preso al que iban a fusilar. El pelotón se apresuró a calar sus fusiles. Posición de disparo. El preso con la mirada altiva y seguro de su destino, consciente de que lo que lega fue una idea de una España democrática pero que ha sido cercenada por la fuerza de la ignominia. Los disparos retumban en aquella mañana de diciembre del 42 y el cuerpo del chiclanero Manuel Muñoz Martínez cae al suelo. Franco ganaba otra batalla mientras el mundo se envolvía en humo y muerte.

Quizás para esto sirva la memoria histórica que tantos han intentado dejar en el olvido. Conocer la vida de Muñoz Martínez, chiclanero que desde una sólida carrera militar fue uno de los más activos miembros de la izquierda republicana justo antes de la Guerra Civil y que tras estar involucrado en algunos de los más importantes hechos de aquella etapa histórica, huyó a Francia tras el golpe de Estado de Franco contra la democracia y allí fue apresado por la Gestapo que lo entregó de nuevo a España. Aquí le esperaba un juicio sumarísimo y la muerte.

Conocemos algo mejor a Manuel Muñoz Martínez gracias a la labor investigadora de Fernando Sígler, autor de Cautivo de la Gestapo. Legado y tragedia del dirigente republicano y masón gaditano Manuel Muñoz Martínez, libro editado en 2010. En este minucioso estudio vemos como nuestro protagonista vino al mundo en Chiclana en 1888. A los 16 años ingresó en la Academia de Infantería de Toledo y tras una etapa de ascensos fulgurantes en el escalafón militar, participó en la Guerra de Marruecos, concretamente en operaciones que tuvieron lugar en el Rif, donde incluso fue herido. Entre 1918 y 1919, Muñoz Martínez estuvo en Francia como miembro de la comisión militar española agregada al ejército francés, misión que, según señala Fernando Sígler, "le servirá en el futuro para el desempeño de sus funciones públicas, entre las que destacará su pertenencia a la comisión parlamentaria de Guerra en el Congreso de los Diputados en época republicana".

Muñoz era un militar identificado plenamente con la nueva situación política que inauguraba el advenimiento de la República. Ya durante la Dictadura de Primo de Rivera, había tomado parte en diversos movimientos contra el poder establecido como por ejemplo, la conspiración organizada a finales de 1929 que contribuyó a la dimisión de Primo. Fue en esos años cuando Muñoz se inició en una logia gaditana y "dentro de la institución siguió trabajando durante los años finales de la monarquía por el advenimiento de la República", tal y como nos comenta Sígler.

Por la verdad en Casas Viejas
Pero la dimensión política de Muñoz Martínez durante la República es lo que nos interesa vivamente, puesto que el chiclanero no desempeñó una tarea oculta o nimia en el nuevo tiempo político. Por tratar de ser breve y a la par, ecuánime, hay que decir que ocupó un escaño por Cádiz como miembro del Partido Republicano Radical Socialista, formación que se situaba a la izquierda del abanico de los distintos partidos republicanos. Al ser elegido diputado en junio de 1931, se dedicó por completo a sus actividades políticas y entre otros destacados papeles, fue miembro de la Comisión de Guerra de las Cortes Constituyentes y a partir del verano de 1932, de la de Agricultura. Entre otras tareas, formó parte de la Comisión parlamentaria extraoficial que se trasladó a Casas Viejas tras la negativa del Gobierno republicano a enviar una oficialmente designada por las Cortes. Ésta regresó a Madrid con testimonios durísimos y totalmente irrefutables de los vecinos acerca de lo que realmente había sucedido y que el Ejecutivo presidido por Manuel Azaña se empeñaba a ocultar. El propio Muñoz Martínez, aunque políticamente seguía respaldando a Azaña, impuso una visión que explicara con veracidad lo que sucedió en Casas Viejas e insistió para que se depuraran los hechos. "Debemos ver el grado de intervención de las fuerzas, y dentro de las fuerzas, quién diera la orden y quién la ejecutara; de dónde partió la orden que dio lugar a actos […] verdaderamente incalificables e inhumanos. […] Y para que se [hiciera] justicia a secas y a fondo, alcanzando a quien alcance y llegue adonde llegue", apuntó en un discurso en el Congreso de los Diputados un 23 de febrero de 1933.

Muñoz Martínez siempre tuvo clara su defensa del ideal republicano y sus firmes convicciones progresistas. Dentro del PRRS, Muñoz Martínez perteneció al sector más izquierdista, partidario de mantener la coalición con los socialistas y contrario al ala que optaba por coaligarse con los radicales de Lerroux. Cuando la primera corriente se escindió para formar un PRRS Independiente alrededor de Marcelino Domingo, Muñoz Martínez y bajo su influencia, la inmensa mayoría de los radicales socialistas gaditanos, se afiliaron en septiembre del 33 al nuevo partido para al año siguiente, participar activamente en la creación de Izquierda Republicana, desempeñando el cargo de presidente de esta formación en la provincia de Cádiz. Durante el bienio radical-cedista, fue el único diputado de la izquierda en ocupar un escaño por esta provincia en el Congreso, se mostró particularmente activo en la defensa de los militantes sindicales y políticos de izquierda encarcelados y aún tuvo tiempo para, en junio de 1934, oponerse al proyecto de amnistía de los implicados en la Sanjurjada de 1932 (el golpe de Estado del general Sanjurjo contra la legalidad democrática). Al triunfar la coalición de Frente Popular en febrero de 1936, Muñoz resultó el candidato más votado de toda la provincia y ocupó representación no sólo en varias comisiones parlamentarias sino que también desempeñó de forma interina el cargo de gobernador civil de Cádiz.

Guerra, exilio, presidio, muerte
Y llega el 18 de julio del 36. A las dos semanas de empezar la Guerra Civil, Muñoz Martínez fue nombrado director general de Seguridad, cargo clave que ocupó hasta diciembre de 1936. Durante aquellas confusas y trágicas semanas intentó, según Sígler, "encauzar legalmente la actividad policial en esta retaguardia republicana" y evitar los abusos extrapoliciales cometidos por grupos incontrolados, en un contexto en que el odio y el rencor político llevados al extremo, empujaban a ejecutar al adversario sin ningún atisbo de juicio justo. Fue en su cargo en la Dirección General de Seguridad cuando a Manuel Muñoz empezaron a crecerle los problemas. Entre el 22 y el 23 de agosto se asesinaron en la cárcel Modelo de Madrid sin razón alguna a casi una treintena de destacados prisioneros de derechas, a cargo de milicianos anarquistas. En noviembre tuvieron lugar las matanzas de Paracuellos y Torrejón. Muñoz fue acusado por las filas franquistas de ser uno de los principales responsables de ambas masacres así de como lo acaecido en la Modelo, aunque según las investigaciones de Sígler, nuestro hombre "no organizó las matanzas masivas de presos" ocurridas en esos lugares el 7 de noviembre, puesto que había abandonado la capital el día anterior. En un gesto que le honra, el propio Muñoz reconoció ante sus jueces franquistas que durante la guerra no todas las normas dictadas en el bando republicano para evitar las ejecuciones extrajudiciales fueron cumplidas.

Tiempos convulsos. Tiempos de guerra y de miedo. Muñoz siguió en Valencia como diputado de las Cortes por IR, antes de reunirse con parte de su familia cerca de Barcelona (otros familiares fueron encarcelados en Sevilla, entre ellos su padre), teniendo finalmente que cruzar la frontera francesa a finales de enero de 1939, antes de encontrar, con su compañera Araceli Zambrano (hermana de María Zambrano) y su hijo, asilo y ayuda en casa de unos familiares afincados en París. Mientras tanto, en la España franquista se habían acumulado contra él los cargos y los testimonios acusatorios. La entrada en la capital francesa de los nazis y la solicitud de detención de las autoridades franquistas a las alemanas, dieron al traste su deseo de trasladarse a Méjico, pues Muñoz fue detenido y encarcelado en octubre de 1940 a pesar de los esfuerzos por dejarlo libre de Barthélémy, ministro de Justicia del régimen colaboracionista de Vichy.

Encarcelado -como lo había estado Lluís Companys, el que fuera presidente de la Generalitat catalana- en la tenebrosa prisión de La Santé de París, resultaron infructuosas las gestiones de un familiar suyo de nacionalidad francesa encaminadas a conseguir una atenuación del rigor de su apresamiento. Sometido a juicio en enero de 1942, la Corte de Apelación de París hizo suyos los argumentos de las autoridades españolas, que lo acusaban de "asesinatos y robos" y concedió la extradición, la cual, tras ser refutada por Barthélémy, fue ratificada por el propio mariscal Pétain en abril de 1942. Muñoz fue entregado por la policía alemana a la española el 26 de agosto de 1942. Después de prestar declaración durante dos días en la Brigada Político Social de Madrid, fue encarcelado en la prisión de hombres de Conde de Peñalver de la capital, tras ser sometido a una parodia de juicio en el que se conculcaron las más elementales garantías procesales.

Manuel Muñoz Martínez, la persona, el político, el militar, el amante y el padre, fue fusilado en el cementerio del Este de Madrid el 1 de diciembre de 1942. Sus ideas, ocultadas por el olvido, hoy buscan la luz. Quizás, la memoria rescatada por parte de todos los chiclaneros, aún le sirva de homenaje.



Fuentes y bibliografía:
-Cautivo de la Gestapo. Legado y tragedia del dirigente republicano y masón gaditano Manuel Muñoz Martínez. Fernando Sígler Silvera. Edita Asociación Papeles de Historia (2010).






miércoles, 13 de abril de 2011

OCHENTA AÑOS


M
e hace gracia, mucha. Aquellos que buscan por todos los medios que parte importante de nuestra historia y nuestra dignidad quede enterrada bajo la pesada losa de la indiferencia y de iniquidad, son también los que están continuamente revisando la historia de un periodo que fue paradigmático en muchos aspectos y que terminó de la peor de las formas posibles: con un enfrentamiento bélico entre compatriotas.

En realidad, no me hace ni chispa de gracia. Cuando veo que en países como Alemania se juzgan a los responsables de la dictadura nazi, se persigue el enaltecimiento de esa ideología, cuando veo que los rusos han ajustado cuentas con los crímenes de Stalin, cuando en Argentina o Chile se buscan a los desaparecidos y a los muertos para ofrecerles dignidad, la esperanza de que haya justicia crece por momentos. Pero la indignación pesa más cuando pensamos en esta España en la que una parte de la clase política, la sociedad y los jueces, imponen un bochornoso silencio y un laissez passer de un asunto que es de vital importancia, como el de ser justos con quienes sufrieron en una época reciente de nuestra historia.

Mucho se ha escrito de la Segunda República, a favor y en contra. También en Alemania o en Italia se ha escrito bastante sobre el nacional-socialismo o sobre los fascio, pero allí impera una corriente historiográfica que no relativiza, que no interpreta, sino que alumbra el camino de la verdad. En España todo lo politizamos en exceso, incluso con los muertos, a los que hemos instrumentalizado en demasía. ¿Por qué en ciertos sectores crea tanta desazón que se busquen a los desaparecidos? ¿Por qué esta nueva persecución contra los que no pensamos de cierta manera?

Se cumplen mañana 80 años de la proclamación de la República, una efeméride que tiene que ser recordada por cuanto de importante tiene en la sociedad actual. Fue la II República el primer momento real de democracia que vivió este país, sumido en un caos y desazón extremos (agotamiento del sistema político larvado por corruptelas, dictaduras “light” patrocinadas por el rey, una sociedad cansada de sus dirigentes, una España sin rumbo), y debemos extraer lo positivo de aquella experiencia para poner en valor lo que la Transición y estos 30 años largos de democracia nos han regalado. ¿O es que estamos tan ciegos como para obviar la realidad?



sábado, 10 de octubre de 2009

LA REVANCHA DEL TIEMPO



S
ucede muy de cuando en cuando que la Historia nos deja ejemplos de la bonhomía del ser humano. Hechos que nos hacen reconciliarnos con nosotros mismos en tanto en cuanto, en demasiadas circunstancias aplicamos ese pensamiento hobbesiano (y tan acertado en ocasiones), del hombre es un lobo para el hombre. El 12 de octubre de 1936 se produjo uno de esos hechos que permite pensar en que el hombre puede pensar en el prójimo que necesita la ayuda de sus semejantes. Ese 12 de octubre, aniversario de llegada a otros mundos, gentes de medio centenar de países empezaron a llegar a la ciudad de Albacete para luchar por unos ideales. Las Brigadas Internacionales, nombre con el que se quedaron para la posteridad, labraron un camino de esperanza que, no obstante, fue menoscabado por la realidad de unos hechos que superaron las expectativas creadas en torno a este cuerpo de voluntarios.

Auxilio a la República
De Moscú a Barcelona pasando por Albacete. La primera noticia de ese experimento llamado Brigadas Internacionales tenemos que buscarlo en la capital entonces soviética en el mes de septiembre de 1936. Las autoridades soviéticas en su voluntad de ayudar a la República tras el golpe de Estado de Francisco Franco, trataban de captar voluntarios de ideología izquierdista (no tenían por que ser exclusivamente comunistas) para participar en apoyo de los republicanos. El Gobierno de la República fue un tanto remiso en su origen a aceptar la propuesta porque no veía claro el papel que jugaría este grupo de combatientes. La opinión cambiaría en octubre de ese mismo año, cuando los primeros combates evidenciaron que la victoria no iba a ser tan fácil de conseguir, puesto que el elemento humano y armamentístico del bando nacional era superior.

Al halo mítico que tuvieron las Brigadas Internacionales ayudó un episodio ocurrido en su génesis y que demuestra ese carácter desprendido del que luchó en sus filas. A los pocos días de la sublevación militar, muchos de los atletas que iban a participar en la Olimpiada Popular organizada en Barcelona por Lluís Companys (presidente de la Generalitat), se unieron en una brigada propia, muriendo en los escarceos con el ejército el atleta austriaco Mechter, al que se le considera el primer brigadista caído en combate.

Decididos desde Moscú y desde la República presidida por Manuel Azaña, la sede internacional de reclutamiento se estableció en París bajo la dirección de los Partidos Comunistas soviético y francés. Desde el Gobierno se tramitaba la documentación necesaria, se hacía llegar a París y desde allí a los voluntarios que, desde toda Europa, llegaban vía ferrocarril a Albacete. El día, el 12 de octubre.

Once días después, Francisco Largo Caballero (jefe del Ejecutivo en ese momento) crea la División Orgánica de Albacete con un comité de organización encargado de asistir a los voluntarios que llegaban del extranjero. Pero quien realmente fue el organizador de esta milicia formada por extranjeros de 53 países fue André Marty, secretario de la Tercera Internacional y hombre, al parecer, de la plena confianza de Stalin. Los que llegaban a Albacete se iban distribuyendo por poblaciones cercanas como La Roda, Tarazona de la Mancha, Villanueva de la Jara y Madrigueras. El cuartel general de las Brigadas se instauró en el aeródromo de Los Llanos, que de inmediato se convirtió en objetivo preferencial de la fuerza aérea que apoyaba a los golpistas.

Movilización general
Las movilizaciones para contribuir a la defensa de la República desde las filas de las Brigadas Internacionales se extendieron por toda Europa, pero en países como Alemania e Italia se identificaron como el primer paso para combatir el fascismo y el nazismo emergente en ambos estados.

Las primeras brigadas formadas (XI, XII y XIII) estaban compuestas de franceses, belgas, italianos y alemanes voluntarios. Dentro de cada brigada se constituyeron batallones, generalmente de miembros de la misma nacionalidad para facilitar las comunicaciones entre los integrantes. Al lado de cada jefe militar había un comisario político, cuyas tareas principales eran de carácter político (mantener la moral, arengar políticamente a las tropas, etcétera). Tras las primeras semanas se conformaron las brigadas XIV, XV, 129 y 150. Cada una de ellas se dividía a su vez en tres batallones (en algunos casos había cuatro) que en un principio rondaban los 650 hombres cada uno. Estos batallones recibían nombres con claro contenido político como Garibaldi o Commune de Paris.

Al ardor en la defensa de la República en los primeros tiempos se pasó a la decepción y la desesperación. La ineficacia en el mando, las disputas ideológicas mientras el enemigo avanzaba a paso rápido y la descoordinación con el Gobierno de la República hizo que la experiencia brigadista se fuera diluyendo tras la novedad inicial. A esto se uniría que Juan Negrín (presidente de la República desde el 17 de mayo del 37), intentó por la vía diplomática parar la guerra, haciéndole ver a la comunidad internacional y a las tropas franquistas que, las fuerzas republicanas iban a replegarse. Ante esta situación, el papel de las Brigadas Internacionales decaía. No eran necesarios. La experiencia republicana iba feneciendo y como último momento de exaltación, se les tributó un gran homenaje popular en Barcelona a los que vinieron a España a luchar contra el fascismo. Caballeros de la libertad del mundo: ¡buen camino!, fue el lema escogido para este acto que tuvo su núcleo central en la capital catalana el 28 de octubre de 1938. Toda la ciudad amaneció con pancartas y carteles alusivos a las Brigadas Internacionales. Ante más de 300.000 personas, los internacionales desfilaron por la avenida 14 de abril (la actual Diagonal), en un ambiente altamente emotivo. Dolores Ibárruri cerró el acto con un emotivo y encendido discurso.

Se cerró así un capítulo de nuestra historia que tuvo su reconocimiento cuando a través de la ley de Memoria Histórica a los brigadistas supervivientes se les concedió una más que merecida nacionalidad española. Al fin consiguieron del tiempo, su particular revancha.



miércoles, 30 de septiembre de 2009

UN SUFRAGIO VERDADERAMENTE UNIVERSAL


L
a lucha de la mujer por la equiparación de sus derechos con los del hombre ha sido producto de una lenta y difícil pugna, aún no concluida. Una de sus fechas clave fue la del 1 de octubre de 1931. Ese día, de verdad se pudo hablar de sufragio universal en el país, puesto que la mujer pudo acceder al voto en unas elecciones.

Cuando la mujer pudo salir de la esfera puramente doméstica y participar en los espacios públicos, comenzó a demandar y organizarse para la reclamación de sus derechos. Reino Unido, Canadá y Estados Unidos fueron los países precursores en el siglo XIX en la lucha por la consecución del sufragio femenino. España fue mucho más lenta que los países de su entorno en buscar ese logro, ya que tuvo una economía esencialmente agraria, donde la industrialización tardó en aparecer, iniciándose sólo de forma tímida en Cataluña y en el País Vasco. La clase burguesa liberal aún no está afianzada a fines del siglo XIX y principios del XX. Además, el absolutismo monárquico con sus ideas tradicionales y conservadoras, y el destacado rol de la Iglesia Católica, fueron factores determinantes para mantener a la mujer alejada de los temas políticos, actividad que se consideraba típica de hombres. Las féminas no se podían alejar de su papel de esposa y madre, porque se rompería con la estructura familiar, básica para el orden social de la época.

Las mujeres que trascendían el ámbito doméstico y se agrupaban, lo hacían con un fin de caridad cristiana, aunque lentamente comenzaron a preocuparse por su situación social, requiriendo ser tenidas en cuenta en los terrenos culturales y laborales. Ese fue el fin planteado por la Junta de Damas de la Unión Iberoamericana de Madrid, en los albores del siglo XX. El centro Iberoamericano de Cultura Popular Femenina, fue creado en 1906. Sin embargo, a pesar de estos fugaces intentos por darle un “sitio” a la mujer en la sociedad del momento, los puestos más importantes eran ocupados por hombres.

La política empezó a ver en las mujeres un nuevo “instrumento” para sus fines. El nacionalismo catalán encontró en ellas la posibilidad de apoyo para su causa, creando el Partido Conservador Catalán, en 1906, una sección femenina de la Lliga Regionalista: La Lliga Patriotica de Dames, para apoyar a los hombres, pero sin cumplir un papel electoral activo, sino de influencia sobre sus maridos. Si bien en esos años comienzan a surgir algunos proyectos de incluirlas en el electorado aunque de manera parcial (incluir a las mujeres solteras como electoras, pero no como candidatas), todos son rechazados.

Las feministas
Pero las cosas comenzaron a cambiar. Carmen de Burgos fue una de las pioneras en exponer a través de las páginas de El Heraldo de Madrid, dos encuestas cuyos temas eran respectivamente el voto femenino y el divorcio.

Los partidos empezaron a moverse y en reconocer en la mujer un posible agente político de futuro. El PSOE fundó en Madrid la Agrupación Femenina Socialista en 1912, y en 1913 fue por primera vez incluida una mujer en su Comité Nacional: Virginia González. Por su parte, el sector católico conservador creó sus propias organizaciones en defensa del statu quo. Así en 1912 liderado por María Doménech, se fundó la Federación Sindical de Obreras. María Echarri también creo en esos años el Sindicato de la Inmaculada.

Una revista hecha por mujeres en aquellos años fue El pensamiento femenino destinada a las mujeres, pero con un sentido basado en la religión cristiana, fomentando la participación en la órbita de la asistencia social. Con el mismo criterio surgió en 1917 La voz de la mujer, dirigida por Celsia Regis que un año más tarde, fomentó la creación de la Asociación Nacional de Mujeres Españolas, liderada por María Espinoza de los Monteros, que en su discurrir logró que las mujeres pudieran acceder a la universidad y a la administración pública. Esta organización básicamente inclinada a la derecha, e integrada por mujeres de clase media, tenía su correlato de izquierda en la Unión de Mujeres de España que funcionaba en Madrid, con admisión más abierta a todo tipo de clases y creencias religiosas. Estos dos grupos se distanciarán de manera decidida a partir de 1920, los que les impedirá tomar intervención en la Alianza Internacional de Mujeres Sufragistas.

De nuevo de la mano de la Iglesia surgió en 1919 la Acción Católica de la Mujer en defensa de los derechos de la mujer dentro del ámbito de la familia, reivindicando su papel importante dentro de la órbita del hogar.

En plena crisis del sistema político de la Restauración borbónica, a fines de 1919, se presentó un proyecto de Burgos Mazo, diputado conservador, que nunca llegó a tratarse, sobre el voto femenino, que les permitía siendo mayores de 25 años, elegir pero no ser elegidas, votando un día diferente al asignado a los hombres.

Bajo la dictadura de Primo de Rivera, se dictó en 1924 el Estatuto Municipal que concedía la posibilidad de sufragar en las elecciones municipales a ciertas damas, que debían ser emancipadas, solteras, y mayores de 23 años. La mujer casada era excluida de esta posibilidad, pues según la concepción bastante arraigada en la época, podría originar rencillas domésticas, si los cónyuges optaran por votar a diferentes candidatos. Se basaba además en el concepto de voto familiar, considerando a la familia como unidad de criterio al momento de sufragar.

Kent, Campoamor...
En 1926, surgió en Madrid el Lyceum Club donde personajes de la talla de Victoria Kent, María de Maeztu y Zenobia Camprubí, entre otras, abogaron por reformas más trascendentes en la equiparación de derechos entre los sexos, como las reformas de los artículos del Código Civil, que establecieran privilegios por razones de masculinidad. Pero los logros concretos en favor de la mujer llegaron de la mano de la instauración de la Segunda República, en abril de 1931, que elaboró una constitución de corte liberal. Con respecto a los derechos políticos de las mujeres, las primeras en ejercer cargos de diputadas en junio del 31, al inicio de la República cuando se les permitió acceder a los escaños pero no elegir, por un decreto del gobierno provisional de la República de mayo de 1931, fueron Clara Campoamor, por el Partido Radical y Victoria Kent, por Izquierda Republicana. A estas se agregó a fines de ese año, por el PSOE, Margarita Nelken, quien sostenía que solo la mujer educada y la obrera, debería poder sufragar, por su mayor conocimiento del mundo y de las circunstancias político-sociales, que aquellas confinadas al ámbito doméstico. Ellas fueron las que abrieron la senda para que el Congreso de los Diputados diera luz verde al verdadero (ahora sí) sufragio universal, el 1 de octubre de 1931.

La Constitución republicana, basada en la efectiva equiparación de derechos constituyó un antes y un después en los derechos de la mujer. Las causas que se reconocían en el texto no debían dar lugar a privilegios jurídico. Dentro de ellas figuraba el sexo gracias a la intervención de Clara Campoamor, que se opuso férreamente al planteamiento de Kent, que sostenía que acordarle derechos a la mujer era lógico, pero inoportuno, ya que sus votos irían para los partidos de derecha, por la gran influencia de la iglesia sobre la conciencia femenina.

El artículo 36 era el que le otorgaba la calidad de sufragante en iguales condiciones que al hombre (siempre siendo mayores de 23 años). Esta disposición se complementó con el artículo 40, donde se eliminaba la discriminación por sexo en los empleos y cargos públicos. Por el artículo 46 se protegía a la mujer en su desempeño laboral, sobre todo con respecto a la maternidad. Por el artículo 53, podían acceder a ser diputadas siendo mayores de 23 años. Aún se avanzó sobre otras reivindicaciones, como la igualdad de sexos dentro del matrimonio, aceptándose el divorcio cuya ley fue aprobada en 1932, con notable oposición de la iglesia y de los conservadores.

Tal como temían los partidos de izquierda, en las elecciones de 1933, las primeras en la que participaron los grupos femeninos, ganó la derecha. A ellas se les culpó de la derrota de la izquierda, aunque parece más plausible que la causa fue la unión de los partidos de derecha en la CEDA. Este gobierno conservador, sin embargo, no recluyó a la mujer de su participación ciudadana, ya que seis mujeres ocuparon bancas de diputadas.

En 1936, el triunfo fue para la izquierda unificada en el Frente Popular, lo que demostró que tal vez en la unión estaba la posibilidad del triunfo. Pero sin importar demasiado en este caso quien ganaba, las vencedoras reales eran las mujeres que comenzaban tímidamente a asomarse a la vida política, aunque no duró mucho tiempo. La Guerra Civil y la dictadura de Franco hicieron que los logros femeninos conseguidos (y los masculinos también), retornaran a una penosa casilla de salida. La participación política popular se limitó en estos años a plebiscitos para asegurar a Franco su poder absoluto.

Cuando en junio de 1977 se celebraron las primeras elecciones tras la dictadura, la mujer pudo participar libremente. Ahora la lucha continúa por otros derroteros.