Y aquí, la canción completa...
Mostrando entradas con la etiqueta película. Mostrar todas las entradas
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miércoles, 20 de marzo de 2019
Érase una vez... Tarantino
Puto Tarantino. Saca su primer trailer de Once upon a time in... Hollywood y mete a Los Bravos de fondo. Temazo por cierto.
Y aquí, la canción completa...
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viernes, 1 de febrero de 2019
John Ford que estás con nosotros
En plena Caza de Brujas, Cecil B. DeMille reunió a grandes directores de cine para pedirles su apoyo para denunciar a Joseph Leo Mankiewicz pos sus ideas "comunistas" (en realidad, Mankiewicz simpatizaba con el Partido Republicano pero no era un sectario). Cuando a Ford le tocó hablar se presentó: “Mi nombre es John Ford, hago películas del oeste” para añadir después: “No me gustas, Cecil, y no me gusta lo que has estado diciendo hoy aquí. Propongo que le demos un voto de confianza a Joe y luego nos vayamos a casa a dormir un rato”.
Hoy John Ford cumple 125 años.

Centauros del desierto (1956). Dirigida por John Ford. Interpratada por John Wayne.
Hoy John Ford cumple 125 años.

Centauros del desierto (1956). Dirigida por John Ford. Interpratada por John Wayne.
lunes, 18 de junio de 2018
Que llueva, que llueva
Grandes los Beta Band. Los descubrí en Alta fidelidad, peli que todo amante de la música (y las listas) debe ver obligadamente. Y de paso, os leéis el libro de Nick Hornby en el que se basa. Igualmente apasionante.
viernes, 25 de mayo de 2018
Fuera de la zona de confort
Son unos ilusos aquellos que dicen no entender Aniquilación, la segunda película de Alex Garland (tercera si pensamos que Dredd es producto suyo, que lo es) y que estrenó Netflix hace unas semanas. Quizás es que el nivel de intelecto ha bajado en la última generación o que nos hemos vuelto conformistas a la hora de ver cine, pero ¿no entender una película? ¿Aún estamos así? El abajo firmante disfruta por igual un disparate como El ataque de los tomates asesinos como esta película que ha concitado mucho interés, más por su trasfondo que por su propio argumento. Y es que en realidad, lo que cuenta es algo muy trillado. Lo hemos visto mil veces y sabemos a qué atenernos. Es lo que no se ve lo que importa en esta película. Sus silencios y sus ruidos, las miradas de las protagonistas, la intriga de no saber qué está pasando, la certeza de que nunca nos van a explicar qué ocurre. Esa huida de la zona de confort es lo que hace grande a Aniquilación.
Mucho se esperaba de esta cinta tras el buen sabor de boca que dejó el anterior trabajo de Garland (Ex Machina). Y sin ánimo de exagerar, estamos ante una de las grandes películas de los últimos tiempos. Al menos en un género, aunque... un momento. En realidad, no sabemos a qué género adscribirla. Tenemos por un lado intriga, por otro una pizca de terror (fantásticas escenas, con tensión incesante), drama intimista, ciencia ficción, película humanista. Aniquilación es trascendente, huye de etiquetas, busca en sí misma las respuestas a qué tipo de película es y lo bueno de todo, es que cada espectador puede calificarla a su gusto. ¿Se entiende? Sí, se entiende. El que no la pille, es que no hace el esfuerzo que hay que poner cada vez que uno se sienta a ver una película. ¿Es aburrida? Hombre, no son los Vengadores de Marvel pero es una película altamente disfrutable, que no se hace pesada y que es cautivadora.
Cautiva por su belleza intrínseca, por su música (con ecos al tristemente desaparecido Jóhann Jóhannsson), por un equipo actoral comedido y muy implicado en la emoción de la narrativa, por una dirección certera y que sabe conducir la nave hacia un final bellísimo y enigmático. Garland sabe encajar piezas sin dar pistas, sin ser complaciente con el espectador. Sin ánimo de llegar a los altares de Tarkovski o Kubrick (¡cuántas veces se ha comparado esta película con los mensajes de Stalker o 2001: una odisea en el espacio), el director británico nos sumerge en una historia donde buceamos en las oscuridades del alma humana: culpa, falta de redención, ausencia de empatía, arrepentimiento... Todo ello envuelto en una narración al uso pero que paradójicamente, rehuye de convencionalismos. No puedo escribir más sin recomendarles vivamente que la vean. Que la gocen con amplitud de miras, que se dejen guiar por los sentidos, por sus sensaciones, que no busquen la lógica donde no puede haberla. Disfruten de la belleza de lo terrible. El ser humano es así.
Fuente: www.berenjenacompany.blogspot.com
miércoles, 23 de mayo de 2018
Un día de furia... española
Michael Douglas salía de su mierda de coche en mitad de un atasco en una infernal autopista californiana cargado de una bolsa y encaraba su destino. Un destino que le llevaría a enfrentarse con la parte molesta de la sociedad (bueno, con la sociedad en sí, que ya de por sí es bastante molesta). Así comenzaba Un día de furia, película de Joel Schumacher que algunos tildaron de fascista pero que es un guilty pleasure muy disfrutable.
En ese filme la furia se desataba contra algunas personas que terminaban cayendo mal porque rápidamente (y no sabemos por qué) empatizábamos con ese trabajador del Departamento de Defensa en paro al que encarnaba Douglas. Algo hay de eso en Sin rodeos, el nuevo trabajo de Santiago Segura -primero tras el universo Torrente-, ya que salvando las distancias, (casi) todos los personajes de esta comedia nos caen bastante mal e incluso alguno raya en el odio extremo (ese pintor y su hijo). Todos, salvo la protagonista, una eficaz Maribel Verdú que sobrelleva como puede su vida de sufridora compulsiva en un mundo que no está hecha para ella.
El planteamiento de la cinta no es original tanto en cuanto es un remake de la película chilena Sin filtro, un auténtico fenómeno en su país que ahora nos llega tamizado por Segura en una producción que mezcla partes de sainete, costumbrismo y comedia urbana, aunque echamos en falta una mayor dosis de mala baba que es lo que habría convertido en Sin rodeos en un producto mucho más redondo. Solo en momentos puntuales (la aparición de Candela Peña o ciertos arranques de ira de Verdú) elevan el listón en este sentido. A pesar de esa escasa pulsión en los personajes, sí que vemos algunos retazos muy bien dibujados en algunos seres que pululan por la película, que hace que su visionado sea disfrutable como comedia ligera.
Lo más destacado del conjunto es que la historia no conceda nada al sentimentalismo como puro reflejo de lo puta que es la vida. No hay nada peor para narrar una historia que dejarse llevar por la sensiblería barata. Segura (al que agradecemos que explore otros territorios más allá del torrentiano) apuesta aquí por arriesgar cortando por lo sano, haciendo que el personaje de Maribel Verdú vuele libre y se crea la protagonista de este día de furia española. Sale ganando ella. Salimos ganando todos.
Fuente: www.berenjenacompany.blogspot.com
martes, 22 de mayo de 2018
miércoles, 28 de febrero de 2018
De dioses y monstruos
Esta película, tesoro del cine de Guillermo del Toro, está hecho de pequeños grandes momentos. Perlas visuales, escenas donde la fotografía toma el protagonismo de la narración, donde la música (maravillosa una vez más) de Alexandre Desplat evoca otra época y otros sentimientos, sueños en blanco y negro que en otras manos parecerían risibles y aquí son toda una declaración de intenciones. Y todo ello... con un monstruo acuático por medio. Solo Guillermo del Toro podría lograrlo. Ya lo hizo con El laberinto del fauno y repite jugada con La forma del agua, una fábula más actual de lo que parece a simple vista.
Los miedos más desconocidos, el temor a lo que viene de fuera, el odio al diferente... Son temáticas muy del gusto del director mexicano, que ahonda con esta cinta en su estudio sobre ese otro lado de la realidad que apenas percibimos. La forma del agua es un cuento en el que el terror lo provoca paradójicamente, la parte más realista de la historia. Ambientada en una época de miedos irracionales (plena Guerra Fría), con un diseño de producción detallado y muy fiel (laboratorios secretos, científicos que traman a espaldas del mundo), el filme nos presenta la historia de Eliza, una joven muda sin más vida que la que comparte con dos amigos (estupendos y naturales Richard Jenkins y Octavia Spencer). La llegada de un ser antropomorfo anfibio desata la historia, una historia que posiblemente sea la parte en la que más flaquea la película. Pero tranquilos, que no se desate la furia. Es algo que ya nos han contado, que ya hemos visto, pero con monstruo. Hay amistad, hay ternura, hay amor, hay peligro, hay acción, hay malos y buenos. La historia de nuestras vidas contada por el cine, simple y llanamente, en tantas y tantas películas. Es un tema universal. Pero lo importante de La forma del agua no es la historia sino cómo esta contada. De forma pausada, gradual, incrementando la tensión de forma exponencial, haciendo que nuestras simpatías y nuestros odios por los buenos y los malos crezcan al unísono. Y todo ello envuelto en una atmósfera fría y acogedora al mismo tiempo (notamos la humedad presente en todo el metraje, pero aún así, la sonrisa de Sally Hawkins -enorme como Eliza- y la humanidad del monstruo -Doug Jones en su salsa-, hacen que nos sintamos protegidos).
La forma del agua es una película maravillosa por todo lo que la rodea, por la humanidad presa de esos personajes perfectamente dibujados en el guión, que por una vez se ocupa más en desarrollar el alma de cada uno de ellos en lugar de centrarse en hacer más enrevesada la historia de fondo. Y luego está el toque del director. Del Toro sabe como enamorar al público. Lo sabe incluso dando asco o miedo (Michael Shannon en su papel de villano es perfecto en ese cometido). Lo sabe otorgando el papel de dios redentor a un monstruo. Quizás es que en ese dios haya más humanidad que en todos nosotros.
Los miedos más desconocidos, el temor a lo que viene de fuera, el odio al diferente... Son temáticas muy del gusto del director mexicano, que ahonda con esta cinta en su estudio sobre ese otro lado de la realidad que apenas percibimos. La forma del agua es un cuento en el que el terror lo provoca paradójicamente, la parte más realista de la historia. Ambientada en una época de miedos irracionales (plena Guerra Fría), con un diseño de producción detallado y muy fiel (laboratorios secretos, científicos que traman a espaldas del mundo), el filme nos presenta la historia de Eliza, una joven muda sin más vida que la que comparte con dos amigos (estupendos y naturales Richard Jenkins y Octavia Spencer). La llegada de un ser antropomorfo anfibio desata la historia, una historia que posiblemente sea la parte en la que más flaquea la película. Pero tranquilos, que no se desate la furia. Es algo que ya nos han contado, que ya hemos visto, pero con monstruo. Hay amistad, hay ternura, hay amor, hay peligro, hay acción, hay malos y buenos. La historia de nuestras vidas contada por el cine, simple y llanamente, en tantas y tantas películas. Es un tema universal. Pero lo importante de La forma del agua no es la historia sino cómo esta contada. De forma pausada, gradual, incrementando la tensión de forma exponencial, haciendo que nuestras simpatías y nuestros odios por los buenos y los malos crezcan al unísono. Y todo ello envuelto en una atmósfera fría y acogedora al mismo tiempo (notamos la humedad presente en todo el metraje, pero aún así, la sonrisa de Sally Hawkins -enorme como Eliza- y la humanidad del monstruo -Doug Jones en su salsa-, hacen que nos sintamos protegidos).
La forma del agua es una película maravillosa por todo lo que la rodea, por la humanidad presa de esos personajes perfectamente dibujados en el guión, que por una vez se ocupa más en desarrollar el alma de cada uno de ellos en lugar de centrarse en hacer más enrevesada la historia de fondo. Y luego está el toque del director. Del Toro sabe como enamorar al público. Lo sabe incluso dando asco o miedo (Michael Shannon en su papel de villano es perfecto en ese cometido). Lo sabe otorgando el papel de dios redentor a un monstruo. Quizás es que en ese dios haya más humanidad que en todos nosotros.
martes, 27 de febrero de 2018
Convicción
Frances McDormand está estupenda en Tres anuncios en las afueras. Siempre lo está. Actriz solvente, quizá de no muchos registros, pero que sabe imponer cierto poderío sobre los demás cuando está actuando. Eso la hace casi única en su especie. Es esa mirada, ese caminar, esa forma de escupir las líneas de guión. Ya solo por ella, la última película de Martin McDonagh merece la pena.
Pero Tres anuncios en las afueras tiene más alicientes. Para continuar con la parte actoral, a la McDormand la secundan Woody Harrelson, Peter Dinklage y especialmente un Sam Rockwell capaz de hacer con su personaje un acto de prestidigitación. Hacer que cambie de registro de una escena a otra, pero que resulte absolutamente natural. Asco y pena, indignación y compasión. Todo en pocos minutos. Un personaje de muchas facetas que ha sido uno de los grandes aciertos de esta cinta.
Tres anuncios en las afueras es una película sencilla, con un inicio de historia amarga. Por el camino, se nos van intercalando perlas de humor seco, directo mientras que la mano del director y el pulso de los actores no deje que cale en el espectador la bonhomía de unos personajes a los que el destino tiene reservadas varias sorpresas. No es complaciente esta película con un espectador conformista. Cuando nos acostumbramos a un planteamiento, de buenas a primeras, se nos cambia el punto de vista y tenemos que resetear toda la información para que podamos poner en orden nuestros pensamientos. La película juega así con el espectador hasta su escena final que bien pensado, es la menos esperada pero también la más realista.
Y mientras tanto, como la vida misma, tenemos el drama de una madre, de una familia desestructurada por la tragedia (ese padre interpretado por John Hawkes es posiblemente el personaje más desaprovechado de la función) que mediante una simple acción prende la mecha de la incomodidad en una pequeña comunidad. Es un mero pretexto para que analicemos el carácter humano. ¿Para qué sirve la compasión? Probablemente, nos sea más útil la convicción de llevar a cabo nuestros actos hasta el final sin pensar en las consecuencias.
Pero Tres anuncios en las afueras tiene más alicientes. Para continuar con la parte actoral, a la McDormand la secundan Woody Harrelson, Peter Dinklage y especialmente un Sam Rockwell capaz de hacer con su personaje un acto de prestidigitación. Hacer que cambie de registro de una escena a otra, pero que resulte absolutamente natural. Asco y pena, indignación y compasión. Todo en pocos minutos. Un personaje de muchas facetas que ha sido uno de los grandes aciertos de esta cinta.
Tres anuncios en las afueras es una película sencilla, con un inicio de historia amarga. Por el camino, se nos van intercalando perlas de humor seco, directo mientras que la mano del director y el pulso de los actores no deje que cale en el espectador la bonhomía de unos personajes a los que el destino tiene reservadas varias sorpresas. No es complaciente esta película con un espectador conformista. Cuando nos acostumbramos a un planteamiento, de buenas a primeras, se nos cambia el punto de vista y tenemos que resetear toda la información para que podamos poner en orden nuestros pensamientos. La película juega así con el espectador hasta su escena final que bien pensado, es la menos esperada pero también la más realista.
Y mientras tanto, como la vida misma, tenemos el drama de una madre, de una familia desestructurada por la tragedia (ese padre interpretado por John Hawkes es posiblemente el personaje más desaprovechado de la función) que mediante una simple acción prende la mecha de la incomodidad en una pequeña comunidad. Es un mero pretexto para que analicemos el carácter humano. ¿Para qué sirve la compasión? Probablemente, nos sea más útil la convicción de llevar a cabo nuestros actos hasta el final sin pensar en las consecuencias.
domingo, 21 de enero de 2018
Luna de sangre
La luna pervierte sentidos y sentimientos. Su luz reflejada nos alumbra en tiempos de zozobra y su misterio forma parte de la misma esencia del ser humano. Nos apasiona, nos seduce, nos condiciona. Seguimos sus evoluciones, nos chiflan sus eclipses y sus fenómenos extraños como cuando se convierte en esa luna de sangre que los habitantes de antaño creían presagio de desgracias. Pero hoy nos hemos vuelto un tanto deshumanizados y las desgracias vienen (a veces) de la mano de esos inventos infernales que todos usamos a diario: redes sociales, aplicaciones móviles, chats... El homo sapiens reducido a su mínima expresión: el homo movilis.
Unos amigos quedan para cenar y para hacer más atractiva la velada deciden leer todo lo que pase por sus móviles esa noche. Y claro, comienzan a ponerse en evidencia uno tras otros. Las vergüenzas quedan expuestas, los engaños fluyen, la mentira campa a sus anchas. El amor se queda en resquemor. Todo se rompe. Esa es la última propuesta de Álex de la Iglesia como director. Partiendo de la base de la película italiana Perfetti sconosciuti, de la que esta es remake, el director vasco apoyado en un vibrante guión escrito a medias con Jorge Gerricaechevarría, orquesta una función nada estomagante, alejada de excesos y muy centrada en diseccionar el comportamiento humano, ese modo de actuar que hace que un simple desencadene una concatenación de acontecimientos que no estaban previstos. La película se sustenta sobre sus siete intérpretes principales -menudo ramillete en torno a este proyecto-, que descargan toda su visceralidad con una facilidad pasmosa. Eso sí, el guión otorga el perfecto equilibrio a las actuaciones, por cuanto los lleva por un sendero bien calculado y que no invita a las prisas a la hora de resolver el conflicto. Eso es lo que más valoramos de una propuesta, la segunda de Álex de la Iglesia en 2017 tras El bar, que no es nada complaciente con el público puesto que lo somete a un juego de espejos en el que prácticamente todos salimos perdiendo.
El clima que se respira en la acción se va volviendo cada vez más enrarecido, las situaciones se van tensando, las caras van cambiando, los personajes nos van cayendo cada vez peor (aunque desde el principio ninguno es para amarlo) y la mala baba y la bilis van drenando hasta llegar a un clímax en el que la luna roja avizora cual deus ex machina los devaneos de unos personajes que llegan al límite. Es ahí donde el guión y la dirección nos dejan en un cliffhanger ante el que se abren varias alternativas. Álex de la Iglesia lo resuelve explorando una vía en la que los personajes quedan expuestos a sus miedos, en la que tienen que tomar decisiones como por ejemplo la de saber si quieren quedar como amigos o como los perfectos desconocidos puede llegar a ofrecernos este mundo tan excesivamente tecnificado. Pero tenemos algo por lo que alegrarnos. Esta película ha hecho que muchos se reconcilien con un Álex de la Iglesia que se aleja de propuestas más barrocas para convertirse en uno de los mejores directores de actores del cine español (algo que ya sabíamos pero que aquí afianzamos). Y ahí, la luna de sangre no tiene nada que ver.
Este artículo fue publicado primero en Berenjena Company.
Unos amigos quedan para cenar y para hacer más atractiva la velada deciden leer todo lo que pase por sus móviles esa noche. Y claro, comienzan a ponerse en evidencia uno tras otros. Las vergüenzas quedan expuestas, los engaños fluyen, la mentira campa a sus anchas. El amor se queda en resquemor. Todo se rompe. Esa es la última propuesta de Álex de la Iglesia como director. Partiendo de la base de la película italiana Perfetti sconosciuti, de la que esta es remake, el director vasco apoyado en un vibrante guión escrito a medias con Jorge Gerricaechevarría, orquesta una función nada estomagante, alejada de excesos y muy centrada en diseccionar el comportamiento humano, ese modo de actuar que hace que un simple desencadene una concatenación de acontecimientos que no estaban previstos. La película se sustenta sobre sus siete intérpretes principales -menudo ramillete en torno a este proyecto-, que descargan toda su visceralidad con una facilidad pasmosa. Eso sí, el guión otorga el perfecto equilibrio a las actuaciones, por cuanto los lleva por un sendero bien calculado y que no invita a las prisas a la hora de resolver el conflicto. Eso es lo que más valoramos de una propuesta, la segunda de Álex de la Iglesia en 2017 tras El bar, que no es nada complaciente con el público puesto que lo somete a un juego de espejos en el que prácticamente todos salimos perdiendo.
El clima que se respira en la acción se va volviendo cada vez más enrarecido, las situaciones se van tensando, las caras van cambiando, los personajes nos van cayendo cada vez peor (aunque desde el principio ninguno es para amarlo) y la mala baba y la bilis van drenando hasta llegar a un clímax en el que la luna roja avizora cual deus ex machina los devaneos de unos personajes que llegan al límite. Es ahí donde el guión y la dirección nos dejan en un cliffhanger ante el que se abren varias alternativas. Álex de la Iglesia lo resuelve explorando una vía en la que los personajes quedan expuestos a sus miedos, en la que tienen que tomar decisiones como por ejemplo la de saber si quieren quedar como amigos o como los perfectos desconocidos puede llegar a ofrecernos este mundo tan excesivamente tecnificado. Pero tenemos algo por lo que alegrarnos. Esta película ha hecho que muchos se reconcilien con un Álex de la Iglesia que se aleja de propuestas más barrocas para convertirse en uno de los mejores directores de actores del cine español (algo que ya sabíamos pero que aquí afianzamos). Y ahí, la luna de sangre no tiene nada que ver.
Este artículo fue publicado primero en Berenjena Company.
lunes, 9 de octubre de 2017
Momentacos VII
-¿Y de dónde coño eres, recluta?
-Señor, de Texas, señor.
-¡No me jodas! En Texas solo hay vacas y maricones, recluta Cowboy, y tú no te pareces mucho a una vaca, así que ya sabemos lo que eres. ¿Te gusta mamar pollas?
-¡Señor, no, señor!
-¿No te tragas los rabos?
-¡Señor, no, señor!
-Tú debes de ser de esos tipos desagradecidos, que cuando están dando por el culo no tienen ni el detalle de hacerle una paja al otro. ¡No te perderé de vista!
El sargento de artillería Hartman es un hombre recto. Y quiere que sus chicos no se salgan del camino del bien.
La chaqueta metálica (Full metal jacket, 1987). Director: Stanley Kubrick. Interpretada entre por Matthew Modine, Vincent D'Onofrio y R. Lee Ermey, entre otros.
-Señor, de Texas, señor.
-¡No me jodas! En Texas solo hay vacas y maricones, recluta Cowboy, y tú no te pareces mucho a una vaca, así que ya sabemos lo que eres. ¿Te gusta mamar pollas?
-¡Señor, no, señor!
-¿No te tragas los rabos?
-¡Señor, no, señor!
-Tú debes de ser de esos tipos desagradecidos, que cuando están dando por el culo no tienen ni el detalle de hacerle una paja al otro. ¡No te perderé de vista!
El sargento de artillería Hartman es un hombre recto. Y quiere que sus chicos no se salgan del camino del bien.
La chaqueta metálica (Full metal jacket, 1987). Director: Stanley Kubrick. Interpretada entre por Matthew Modine, Vincent D'Onofrio y R. Lee Ermey, entre otros.
lunes, 12 de junio de 2017
jueves, 20 de abril de 2017
Cuatro décadas con Annie Hall
"Recordé aquel viejo chiste, aquel del tipo que va al psiquiatra y le dice: 'Doctor, mi hermano está loco, cree que es una gallina'. Y el doctor responde: '¿Pues por qué no lo mete en un manicomio?' Y el tipo le dice: 'Lo haría, pero necesito los huevos'. Pues, eso más o menos es lo que pienso sobre las relaciones humanas, saben, son totalmente irracionales y locas y absurdas, pero supongo que continuamos manteniéndolas porque la mayoría necesitamos los huevos."
jueves, 2 de febrero de 2017
Él es Espartaco
Espartaco y Van Gogh y el coronel Dax y Einar el vikingo y Doc Holliday y Ned Land y Jonathan Shields (de Cautivos del mal) y Chuck Tatum (de El gran carnaval),,,
No se ha muerto, pero antes de que eso pase -y espero que aún pase algún tiempo-, hay que acordarse del gran Kirk Douglas, el último grande del cine clásico que con 100 años aún anda dando guerra. Postrarnos ante él como uno de los grandes mitos de la cultura popular del último siglo. Rendirnos ante un tipo inquieto, perseguidor de sueños (solo él y Kubrick saben lo que costó sacar adelante Espartaco). Vaya aquí mi pequeño homenaje. Y quien no haya disfrutado sus películas es que está perdiendo clamorosamente el tiempo. Así que ale, ya tardáis.
No se ha muerto, pero antes de que eso pase -y espero que aún pase algún tiempo-, hay que acordarse del gran Kirk Douglas, el último grande del cine clásico que con 100 años aún anda dando guerra. Postrarnos ante él como uno de los grandes mitos de la cultura popular del último siglo. Rendirnos ante un tipo inquieto, perseguidor de sueños (solo él y Kubrick saben lo que costó sacar adelante Espartaco). Vaya aquí mi pequeño homenaje. Y quien no haya disfrutado sus películas es que está perdiendo clamorosamente el tiempo. Así que ale, ya tardáis.
| Douglas en Espartaco (1960). |
sábado, 28 de enero de 2017
Cosas por las que merece la pena vivir XI
La La Land no ha inventado nada. Ya lo hemos visto antes en otras pelis. Pero sí, es muy buena, muy bonita, Emma Stone y Ryan Gosling están geniales y la música es excelente. Además, autoconscientemente hace maravillosos guiños al Technicolor, al Cinemascope y a los musicales a los que debe tanto, así que hoy homenajeo a ese género que muchos no entienden pero que precisamente se hizo para eso, para no buscarle la lógica y sí para dejar que te emocione... Es simple.
Gene Kelly en Un americano en París. Sobran las palabras.
Gene Kelly en Un americano en París. Sobran las palabras.
jueves, 26 de enero de 2017
Oscar
Cada año me resultan menos interesantes (igual que los Goya), pero no sé por qué, pero su puntito de fascinación siguen teniendo...
El caso es que los Oscar ya tiene nominados y La La Land parece que va a batir récords. De momento ya es la más nominada de la historia junto a Titanic y Eva al desnudo (vaya comparaciones). Pero a mi me han gustado algunas cosas y otras no.
Me ha gustado que:
-El musical vuelva a estar nominado.
-Tito Mel (Gibson) tenga muchas nominaciones con su última peli y encima también esté en la lista de Mejor director.
-La gente joven y menos consagrada también tenga su hueco.
-Zootrópolis esté nominada como Mejor película de animación.
-Haya presencia española (Juanjo Giménez y su corto Timecode).
-La llegada haya sido reconocida con ocho nominaciones (porque a mi me parece la mejor película del año).
-La actriz más sobrevalorada para Donald Trump esté nominada... por vigésima vez.
No me ha gustado que:
-Donald Trump no esté nominado a Mejor actor del año.
-Flash (el perezoso de Zootrópolis) no esté nominado a Mejor actor del año.
-Jóhann Jóhannsson, compositor de la banda sonora original de La llegada, no esté ni nominado.
-Amy Adams tampoco esté entre las nominadas porque en resumen, La llegada es ELLA.
El caso es que los Oscar ya tiene nominados y La La Land parece que va a batir récords. De momento ya es la más nominada de la historia junto a Titanic y Eva al desnudo (vaya comparaciones). Pero a mi me han gustado algunas cosas y otras no.
Me ha gustado que:
-El musical vuelva a estar nominado.
-Tito Mel (Gibson) tenga muchas nominaciones con su última peli y encima también esté en la lista de Mejor director.
-La gente joven y menos consagrada también tenga su hueco.
-Zootrópolis esté nominada como Mejor película de animación.
-Haya presencia española (Juanjo Giménez y su corto Timecode).
-La llegada haya sido reconocida con ocho nominaciones (porque a mi me parece la mejor película del año).
-La actriz más sobrevalorada para Donald Trump esté nominada... por vigésima vez.
No me ha gustado que:
-Donald Trump no esté nominado a Mejor actor del año.
-Flash (el perezoso de Zootrópolis) no esté nominado a Mejor actor del año.
-Jóhann Jóhannsson, compositor de la banda sonora original de La llegada, no esté ni nominado.
-Amy Adams tampoco esté entre las nominadas porque en resumen, La llegada es ELLA.
| Flash. |
sábado, 19 de noviembre de 2016
Momentacos V
Alvy conoce a Annie y mantienen una conversación muy interesante sobre fotografía como forma superlativa del Arte. Todo muy intensito. Pero mientras charlan con palabras, tanto Alvy como Annie están elucubrando en qué pensarán el uno del otro e incluso la estética de los cuerpos desnudos.
Annie Hall (1977). Dirigida e intepretada por Woody Allen.
Annie Hall (1977). Dirigida e intepretada por Woody Allen.
sábado, 29 de octubre de 2016
Cosas por las que merece la pena vivir VIII
Morgan Freeman... Solo por este vídeo merece estar aquí.
-MorganFreeman, ¿por qué has decidido hacer esta película?
-Dinero, dinero, dinero, dinero....
-MorganFreeman, ¿por qué has decidido hacer esta película?
-Dinero, dinero, dinero, dinero....
domingo, 2 de octubre de 2016
Momentacos III
De pequeño, Conan tenía frío porque vivía en un sitio con mucha nieve. Luego se quedó helado cuando el malvado Thulsa Doom abrió un espacio entre el tronco y la cabeza de su mamá y echó sus perros contra el papá. Eso sí, todo con una fantástica música de fondo de Basil Poledouris. Tras esos infortunados sucesos, fue tomado como esclavo, rompió sus cadenas y se dedicó a responder así a quien le preguntaba qué era lo mejor de la vida...
Conan el bárbaro (Conan the barbarian). 1982. Director: John Millius. Protagonizada por Arnold Schwarzenegger.
Conan el bárbaro (Conan the barbarian). 1982. Director: John Millius. Protagonizada por Arnold Schwarzenegger.
sábado, 24 de septiembre de 2016
Momentacos II
Joe Hallenbeck es un perdedor. Pero se las tiene tiesas contra quien ose tocar lo más sagrado: su integridad como action hero. Así que cuando el malo le toca la cara, él dice...
El último boy scout (The last boy scout). 1991. Director: Tony Scott. Protagonizada por Bruce Willis.
El último boy scout (The last boy scout). 1991. Director: Tony Scott. Protagonizada por Bruce Willis.
miércoles, 21 de septiembre de 2016
Momentacos I
Es él. Bryan Mills. Y puede matarte solo con guiñar un ojo. Como Chuck Norris pero con perfecta dicción inglesa.
"No sé quién es usted, ni sé lo que quiere. Si espera cobrar un rescate le aviso de que no tengo dinero, pero lo que sí tengo es una serie de habilidades concretas, habilidades que he adquirido en mi vida profesional, habilidades que pueden ser una pesadilla para gente como usted. Si suelta a mi hija, todo quedará zanjado, no le buscaré ni le perseguiré, pero si no lo hace le buscaré, le encontraré y le mataré".
Venganza (Taken). 2008. Director: Pierre Morel. Protagonizada por Liam Neeson.
"No sé quién es usted, ni sé lo que quiere. Si espera cobrar un rescate le aviso de que no tengo dinero, pero lo que sí tengo es una serie de habilidades concretas, habilidades que he adquirido en mi vida profesional, habilidades que pueden ser una pesadilla para gente como usted. Si suelta a mi hija, todo quedará zanjado, no le buscaré ni le perseguiré, pero si no lo hace le buscaré, le encontraré y le mataré".
Venganza (Taken). 2008. Director: Pierre Morel. Protagonizada por Liam Neeson.
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