Soy periodista. Entre las muchas cosas que he hecho en mi vida laboral, la de periodista es de la que me siento más orgulloso. Les voy a contar una historia.
Verán. Trabajaba en Albacete para un periódico de ámbito provincial y lo hacía muy a gusto, la verdad. Antes de que me echaran para poner en mi puesto a la redactora que se estaba beneficiando al que por entonces era director de la publicación (sí, es bastante triste, qué quieren que les diga), yo me encargaba de varias cosas. Primero fui el jefe de Suplementos y Especiales y me lo pasé muy bien. Luego añadí a esa labor la de jefe de Local y también me lo pasé pipa a pesar de la cantidad de mierda que tuve que tragar (esas maravillosas reuniones mañaneras con el susodicho director) para que mis redactores no se llevaran el disgusto de cada día. Y no es que hiciéramos las cosas mal, que no. Todo lo contrario, pero es que allí era norma de la casa echar la bronca al trabajador para tapar la inoperancia propia.
Que me disperso. El caso es que otra de las atribuciones que acogí de buen grado (y sin cobrarlo) fue la de formador de los redactores que llegaban a la empresa. Gentes con su título de licenciado bajo el brazo pero que se tenían que enfrentar a algo que no habían vivido en las aulas: una redacción. Porque en las facultades de Periodismo o de Ciencias de la Información (o como quieran llamarle), les enseñaban la cara afable de este trabajo. La importancia del Cuarto Poder, la integridad y la libertad del periodista, el gran papel social que juegan los medios, blablabla... Y terminaban poniendo a los alumnos Todos los hombres del presidente como ejemplo de qué era el periodismo de verdad. O sea, el periodismo que nunca se van a encontrar en una redacción de un periódico de Albacete. En serio, deberían repensarse qué materias dan en Periodismo porque sirve de bien poco en la rutina diaria de un periódico, tele o radio.
Ahora les cuento una anécdota que me ocurrió con una de estas redactoras a la que tuve el honor de "formar" (buena trabajadora y buena amiga, por lo demás). Tras llevar varios meses en la redacción, un día estuve explicándole no sé qué cosa a cuenta de la importancia de conformar un buen titular para dejar en segundo plano el subtítulo con algún detalle que enriquezca a la información principal. Y en ese momento, me preguntó en qué facultad había estudiado yo. Viendo por dónde iban los tiros le dije que Cádiz a lo que ella, sorprendida, me espetó que en Cádiz no había facultad de Periodismo. Yo me volví a mi mesa respondiéndole que yo no le había dicho que había estudiado Periodismo...
El caso es que al parecer la tuve engañada unos cuantos meses creyendo que yo sí había estudiado Periodismo. Como bien indican los colegios profesionales del ramo es lo que debe hacer todo buen periodista y quien no lo haya hecho, es un intruso. No merece llamarse periodista, informador, plumilla, gacetillero, reportero, investigador... Es un puto intruso que no merece trabajar en esto y menos con lo mal que ha tratado la crisis al sector. Es cierto. Soy un intruso y lo acepto...
Lo que no acepto es que los colegios profesionales sean unos "racistas" al aceptar entre sus miembros solo a los que hayan estudiado la carrera. Es decir, pueden aceptar a alguien que no haya trabajado nunca en una redacción, que no se haya pateado las calles, que no haya seguido una noticia hasta la extenuación, que no haya recibido insultos de ciertos políticos, que no se haya matado por este trabajo, pero que sí a aquel que haya aprobado con un Suficiente los estudios conducentes a obtener un título que tienen colgado en el salón de su casa.
Lo que no acepto es que los colegios profesionales "obliguen" a las administraciones públicas a contratar a periodistas de carrera aunque estos cometan barbaridades en su día a día tales como esta y se queden tan panchos. "Da igual, aunque se redacte mal una nota de prensa, la ha redactado un periodista de carrera". Flaco favor a una profesión donde algunos de sus más brillantes ejemplos, no han pisado nunca los pasillos de esas facultades.
Lo que no acepto es que cuando el periodismo está muriendo a base de empresarios sin escrúpulos, periodistas mal formados, falta de libertad, escasez de medios y community managers, los colegios profesionales no se dediquen a poner las bases de un periodismo de futuro y sí a meterse en imbecilidades como en decirle a una persona a quién tienen que contratar.
Soy un intruso, lo sé. Lo siento, pero en el Día de la Libertad de Prensa, déjenme decir libremente que lo soy con mucho orgullo porque amo más que nadie el arte de informar a la gente. Y eso, no hay colegio profesional que me lo pueda quitar.
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martes, 3 de mayo de 2016
viernes, 4 de mayo de 2012
ESTE NO ES OTRO ESTÚPIDO ARTÍCULO
No sé cómo he tenido ganas de irme esta tarde a la albaceteña Plaza del Altozano para ¿celebrar? el Día Mundial de la Libertad de Prensa. No porque no quisiera estar con los compañeros ni reclamar por todo aquello que nos falta y que nos ha convertido en una de las profesiones más depauperadas por esta crisis. Sencillamente uno no tiene cuerpo cuando no cree en esa tan cacareada libertad de prensa.
No, no la hay. Empezando por uno mismo que, aunque creyendo expresarse en libertad, en realidad no lo hace; no sé si por aquello del qué dirán ("hay que ver lo que ha escrito este tipo"), o porque no se ve con redaños suficientes para meter mano en asuntos de cierta enjundia. El ser libre en los límites de un blog como este... eso es relativamente fácil.
Tampoco la hay indudablemente en ningún medio de comunicación, por muy progre y avanzado que se considere. Siempre estará esa lacra llamada línea editorial que más que unos apuntes sobre en qué dirección tiene que discurrir el discurso periodístico, acaba siendo todo un ataque a la línea de flotación de la información pura, libre, sin cortapisas, sin depurar. El que casi todos los medios de comunicación (no hablo ya de los públicos, que eso es para mear y no echar ni gota) estén en manos de empresarios -muchos de ellos sin vinculación con el mundo de la comunicación-, que sólo buscan el tanto por cierto, el rédito político y los balances cuadrados y favorables, hacen un flaco favor a la profesión. También es perniciosa la cultura del subsidio en el que se ha visto sumido el periodismo en los últimos años, aún siendo conscientes de que gracias a la publicidad institucional muchos hemos vivido pegados a un sueldo más o menos digno. Pero la publicidad institucional te hace preso de unas ideas. Ideas que luego tendrás que extrapolar a lo que escribes sin salirte de la línea... editorial.
No veo claro el futuro del periodismo. Estoy de acuerdo en luchar contra la precariedad, contra los contratos leoninos, contra la explotación de becarios, contra los horarios abusivos, contra las amenazas (las hay, y no precisamente veladas), contra los sueldos de mierda, contra las prácticas de ciertos políticos (y sus gabinetes de prensa), que ponen palos en las ruedas del carro de la información... Tantas y tantas cosas. Por todas esas y más, hoy estuve detrás de la pancarta. Y gracias a verme allí, ahora me han entrado ganas de escribir este otro post que no parece tan estúpido como creía al principio...
No, no la hay. Empezando por uno mismo que, aunque creyendo expresarse en libertad, en realidad no lo hace; no sé si por aquello del qué dirán ("hay que ver lo que ha escrito este tipo"), o porque no se ve con redaños suficientes para meter mano en asuntos de cierta enjundia. El ser libre en los límites de un blog como este... eso es relativamente fácil.Tampoco la hay indudablemente en ningún medio de comunicación, por muy progre y avanzado que se considere. Siempre estará esa lacra llamada línea editorial que más que unos apuntes sobre en qué dirección tiene que discurrir el discurso periodístico, acaba siendo todo un ataque a la línea de flotación de la información pura, libre, sin cortapisas, sin depurar. El que casi todos los medios de comunicación (no hablo ya de los públicos, que eso es para mear y no echar ni gota) estén en manos de empresarios -muchos de ellos sin vinculación con el mundo de la comunicación-, que sólo buscan el tanto por cierto, el rédito político y los balances cuadrados y favorables, hacen un flaco favor a la profesión. También es perniciosa la cultura del subsidio en el que se ha visto sumido el periodismo en los últimos años, aún siendo conscientes de que gracias a la publicidad institucional muchos hemos vivido pegados a un sueldo más o menos digno. Pero la publicidad institucional te hace preso de unas ideas. Ideas que luego tendrás que extrapolar a lo que escribes sin salirte de la línea... editorial.
No veo claro el futuro del periodismo. Estoy de acuerdo en luchar contra la precariedad, contra los contratos leoninos, contra la explotación de becarios, contra los horarios abusivos, contra las amenazas (las hay, y no precisamente veladas), contra los sueldos de mierda, contra las prácticas de ciertos políticos (y sus gabinetes de prensa), que ponen palos en las ruedas del carro de la información... Tantas y tantas cosas. Por todas esas y más, hoy estuve detrás de la pancarta. Y gracias a verme allí, ahora me han entrado ganas de escribir este otro post que no parece tan estúpido como creía al principio...
jueves, 29 de abril de 2010
LA MODELO, EL PERIODISTA, LA PRINCESA Y LA MINISTRA
D
eberíamos sustituir los pedestales donde antes se erguía Franco por bellas estatuas de Belén Esteban (con su nueva nariz). Así elevaríamos a los altares de la plebe a aquella que hemos dado en llamar la princesa del pueblo. Digno honor para la persona que más ríos de tinta hace correr en este país... y en otros. Sí amigos. En la France, el país de la grandeur, del ombliguismo más ombliguista, han echado una mirada al vecino del sur y se han encontrado con aquella que al parecer, define a todo un país: la reina de San Blas, la princesa del pueblo, la Esteban. Si ellos tienen a BB (Brigitte Bardot), nosotros tenemos a BE. Toma.
La Esteban convertida en objeto de análisis. Pero, ¿cómo no se nos había ocurrido a nosotros? Mejor, ¿cómo no se le ha ocurrido a Telecinco? Podrían haber llenado los huecos que quedaban en su parrilla con más BE, y así cerrar un círculo interesantísimo mediante el cual hemos comprobado como una famosa se ha convertido en hiperfamosa por contar qué hacen otros famosos (amén de narrar sus penurias diarias entre el pollo de Andreíta y los divorcios y reconciliaciones exprés con su maromo). Todo eso se traduce en audiencias millonarias, y eso es lo que llama la atención a nuestros amigos del norte, hasta el punto de que un periodista de Le Monde va a estudiar este fenómeno sociológico como antes hizo con otra reina, al parecer más sofisticada, la modelo inglesa Kate Moss, a la que también persigue hasta la saciedad la prensa del corazón.
El periodista galo se ha propuesto desentrañar los misterios del expediente X Esteban. ¿Por qué una poligonera que se hizo famosa por quedarse embarazada de un torero levanta tantas pasiones, e incluso admiración, entre los españoles? ¿Por qué a pesar de criticar su zafiedad sentimos interés por lo que dice o hace? ¿Por qué su portal de San Blas se ha convertido en el más famoso de España? ¿Por qué Andreíta no se quería comer el pollo? ¿Por qué a su madre le han dejado la nariz ladeada después de la cirugía estética? ¿Es una nueva treta de la Esteban para que sigamos echando más leña al fuego?
Nos hemos convertido en un país dividido. Ya no nos importan los bandos de Telebasura sí/Telebasura no. Ahora somos belenistas o antibelenistas. Hay colectivos que la defienden con uñas y dientes y existen Espacios libres de Belén Esteban en el mar de internet. Como ven, este Reino de Taifa ha llamado esta semana a la puerta de la reina de las plebeyas para encontrar la inspiración, aunque a mi, a diferencia de la ministra González Sinde, la Esteban no me cause simpatía, ni odio, ni nada... Belén Esteban está ahí fuera. Es un expediente X más y nunca sabremos qué se esconde detrás de ella. Algún día desaparecerá y ya está.
eberíamos sustituir los pedestales donde antes se erguía Franco por bellas estatuas de Belén Esteban (con su nueva nariz). Así elevaríamos a los altares de la plebe a aquella que hemos dado en llamar la princesa del pueblo. Digno honor para la persona que más ríos de tinta hace correr en este país... y en otros. Sí amigos. En la France, el país de la grandeur, del ombliguismo más ombliguista, han echado una mirada al vecino del sur y se han encontrado con aquella que al parecer, define a todo un país: la reina de San Blas, la princesa del pueblo, la Esteban. Si ellos tienen a BB (Brigitte Bardot), nosotros tenemos a BE. Toma.
La Esteban convertida en objeto de análisis. Pero, ¿cómo no se nos había ocurrido a nosotros? Mejor, ¿cómo no se le ha ocurrido a Telecinco? Podrían haber llenado los huecos que quedaban en su parrilla con más BE, y así cerrar un círculo interesantísimo mediante el cual hemos comprobado como una famosa se ha convertido en hiperfamosa por contar qué hacen otros famosos (amén de narrar sus penurias diarias entre el pollo de Andreíta y los divorcios y reconciliaciones exprés con su maromo). Todo eso se traduce en audiencias millonarias, y eso es lo que llama la atención a nuestros amigos del norte, hasta el punto de que un periodista de Le Monde va a estudiar este fenómeno sociológico como antes hizo con otra reina, al parecer más sofisticada, la modelo inglesa Kate Moss, a la que también persigue hasta la saciedad la prensa del corazón.
El periodista galo se ha propuesto desentrañar los misterios del expediente X Esteban. ¿Por qué una poligonera que se hizo famosa por quedarse embarazada de un torero levanta tantas pasiones, e incluso admiración, entre los españoles? ¿Por qué a pesar de criticar su zafiedad sentimos interés por lo que dice o hace? ¿Por qué su portal de San Blas se ha convertido en el más famoso de España? ¿Por qué Andreíta no se quería comer el pollo? ¿Por qué a su madre le han dejado la nariz ladeada después de la cirugía estética? ¿Es una nueva treta de la Esteban para que sigamos echando más leña al fuego?
Nos hemos convertido en un país dividido. Ya no nos importan los bandos de Telebasura sí/Telebasura no. Ahora somos belenistas o antibelenistas. Hay colectivos que la defienden con uñas y dientes y existen Espacios libres de Belén Esteban en el mar de internet. Como ven, este Reino de Taifa ha llamado esta semana a la puerta de la reina de las plebeyas para encontrar la inspiración, aunque a mi, a diferencia de la ministra González Sinde, la Esteban no me cause simpatía, ni odio, ni nada... Belén Esteban está ahí fuera. Es un expediente X más y nunca sabremos qué se esconde detrás de ella. Algún día desaparecerá y ya está.
jueves, 2 de julio de 2009
LA FUTILIDAD DE UN NOMBRE

R
eunión vespertina en algún periódico deportivo de tirada nacional:
-Oye, ¿qué ponemos de portada?
-A ver, tiene que ser del Madrid. Tiene que ser algo de utilidad. ¿Villa? ¿Ribery? ¿Kaká? ¡No! Mejor CR7.
-Pero no ha hecho nada noticiable.
-Sí, sí. Ha ido al peluquero y se ha cambiado el peinado, ahora lo tiene más de puntita.
Yo me imagino alguna conversación de estas en algún sesudo consejo de redacción. La nadería más absoluta, la futilidad de un acto como el ir al peluquero, el estar de vacaciones en Los Angeles o el acudir al dentista, es noticia de portada ante la escasez de argumentos y la necesidad de vender como sea un icono que va más allá de lo futbolístico. Made in Florentino Pérez, el hombre que se fue aquejado de unos males que no ha sabido solucionar. Un hombre que piensa en el negocio por encima de cualquier cosa, que compra futbolistas para exprimir su imagen, para llenar las arcas del club de Concha Espina y al que se le puede aplicar aquello del “caballo grande, ande o no ande”. Su Madrid tiene que ser el más brillante, el más fastuoso, el más caro, el más glamouroso. Un lugar que abonado con un Cristiano Ronaldo en pleno auge, es lo más parecido al Edén de los posturitas, de los hipermegasuper fashion peloteros con los que se encapricha Florentino. Cristiano Ronaldo llegará a Madrid en unos días y el Real empezará a llenar las arcas que casi expolia Calderón en la anterior etapa.
No voy a meterme en si el fichaje del portugués es ético o no. Eso son minucias. Si te ponen un precio y viene otro y lo paga, perfecto. La diferencia es que yo no pagaría por un chaval de 24 años, casi 100 millones de euros, porque no los tengo. FP sí. Lo que veo con inconcebible asombro es cómo el fútbol tiene ese poder hechizador, hipnotizante, subyugador. Te ponen sobre la mesa un par de fichajes de relumbrón y las críticas de ayer se convierte en “ilusión”. Una “ilu” que te hace "ganar” la Liga, la Copa y la Champions. Porque tú también “ganas”. Ojalá también “ganásemos” el mismo sueldo mensual que los CR7, Kaká and company. Pero, seguro que ahí ya no llegamos.
Todo esto me llama la atención porque creo que este leviatán en el que hemos convertido al fútbol (con las principales audiencias televisivas, con fichajes carísimos, con manejos mil millonarios de dineros, con intrigas, con corruptelas, etcétera), desvirtúa por completo la simple práctica deportiva. Lejos quedaron aquellos gentlemen ingleses que a finales del siglo XIX, impusieron el foot ball en las minas de Río Tinto, en Huelva, donde este deporte de caballeros germinó en nuestro país.
Por fortuna, y para quitarnos de este mal sueño en el que se ha convertido el balompié mundial, aún nos quedan ejemplos de pureza futbolística. Si quieren comprobarla, vivirla, unirse a ella, acudan a un partido de chavales, de infantiles, de alevines, de cadetes. El fútbol está, aparte de en sus piernas, en sus ojos, en sus ganas por despuntar más que el oponente. La meta a la que quieren llegar estos chicos es una línea: la que cuando es traspasada por la pelota se transforma en la alegría del gol. Lástima que otros con más fama y oropeles, conozcan mejor otras rayas...
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