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miércoles, 26 de noviembre de 2014
viernes, 21 de octubre de 2011
¿ADIÓS A LAS ARMAS?

C
on todas las reservas del mundo, aún seguimos sin creernos que la banda terrorista ETA haya decidido decir adiós a las armas. ETA da este paso tras verse reducida a la mínima expresión gracias a la unión política y a la decisiva acción policial y ver como su antiguo apoyo político se distanciaba de sus posiciones violentas. Uno de los pasos definitivos fue el que dio el líder de la ilegalizada Batasuna Arnaldo Otegi en el juicio del llamado caso Bateragune. Otegi admitió que el atentado terrorista de la T-4 de Barajas con el que ETA rompió la anterior tregua marcó el origen del distanciamiento con la banda terrorista de su brazo político y de él mismo. El alejamiento de la izquierda abertzale de ETA ha sido el factor determinante que ha acelerado el final de la banda terrorista, materializado en el anuncio de cese definitivo de su actividad armada.
Ha sido el último y definitivo factor que ha contribuido a acabar con más de 40 años de terrorismo etarra, aunque para diciembre de 2006 ETA ya sufría un notable acoso policial, judicial, político y social. Otegi reconoció en su alegato en la Audiencia Nacional, el pasado julio, que la izquierda abertzale rechazaba el terrorismo porque la sociedad vasca ya no lo toleraba. Abrían los ojos los que apoyaban a los pistoleros. Tarde, pero los abrían. Pero para llegar hasta ahí, hasta ese rechazo social en Euskadi que ha obligado a la izquierda abertzale a reclamar a ETA su final, la lucha contra el terrorismo ha cubierto una larga marcha, muy lenta al principio; a paso acelerado desde el 2006, y muy acelerada en los últimos dos años.
Ahora toca acoger con todos los recelos del mundo -pero también con cierta esperanza- este cese definitivo de la violencia. Al nuevo gobierno le tocará lidiar con un futuro con menos bombas y más diálogo.
Foto: Efe.
domingo, 25 de septiembre de 2011
UNA NUEVA ESPERANZA

E
l que la mayoría de presos de ETA hayan suscrito un acuerdo para instar a abandonar las armas y afrontar el “problema vasco” por vías democráticas, es un paso definitivo para que ETA desaparezca? Sí y no. Lo es si los que empuñan las armas en la actualidad se deciden a terminar con esa tendencia al pistolerismo y al gatillo fácil para obtener la “liberación” del pueblo vasco. Pero no lo será si el anhelo de los presos y de la “renovada” izquierda abertzale, es el único que existe en ese mundo. El que los presos de ETA, históricamente un colectivo de los denominados duros, haya apostado en la declaración de Gernika, por “un definitivo abandono de las armas”, por el “uso de medios exclusivamente democráticos y pacíficos para resolver las cuestiones políticas” y por “el reconocimiento, reconciliación y reparación de todas las víctimas”, se puede definir como un paso decisivo pero no definitivo. Hay un matiz importante.
El documento no es tampoco una sorpresa. Detrás de él hay un trabajo, de meses, de convencimiento desde la izquierda abertzale de la inutilidad de las vías violentas y la posibilidad de defender el independentismo por vías políticas. Pero hace bien el Gobierno en no dejarse tentar por estos cantos de sirena puesto que lo definitivo (y decisivo), es que ETA emita un comunicado en el que diga que deja las armas. Ese es el principio.
Cierto es que fueron los líderes de la izquierda radical, los que llevaron a las cárceles el debate del documento del Acuerdo de Gernika. Una declaración suscrita, hace ahora un año, por los partidos que hoy integran Bildu y que fue la base para la tregua que ETA declaró en enero del pasado año. Este paso adelante de los presos prefigura un final definitivo de ETA porque la banda es especialmente sensible a las demandas de ese colectivo. Pero también hay que tener en cuenta que ese final definitivo puede aún hacerse esperar porque la declaración de Gernika introduce condiciones que el Gobierno no puede aceptar.
De nuevo estamos en las mismas. Habrá que esperar porque el último movimiento aún está por dar.
Foto: Efe.
domingo, 5 de septiembre de 2010
POLÍTICA DE HECHOS CONSUMADOS

A
estas alturas del camino, nadie cree ni a ETA ni a la izquierda abertzale. Sencillamente porque han jugado durante todo este tiempo a Pedro y el lobo (siendo el lobo, la posibilidad de la paz). Ahora que ellos pregonan la posibilidad de una vía firme hacia la paz, no se les cree, porque sus vaivenes ideológicos, sus timoratas decisiones y, sobre todo, la acción de las pistolas, han acallado el eco de una posibilidad de acabar con el problema del terrorismo separatista. No hay credibilidad en el entorno etarra y de eso, la responsabilidad recae única y exclusivamente, en los propios terroristas. Así que no valen los balones fuera y las excusas destempladas de los partidos que o bien apoyan al entorno de los asesinos o bien lo secundan con medias tintas.
Viene esto a cuento por la declaración de la izquierda abertzale indicando a ETA que decrete un alto al fuego permanente y verificable desde la esfera internacional. Podría haber sido una buena idea antes de que a ETA le diera por colocar una bomba en la T4 de Barajas, matando a dos personas. El pequeño hilo de la esperanza que había en la negociación con la banda se quebró de cuajo ese día. La desconfianza supuró y la herida se hizo más grande.
¿A qué juegan entonces los abertzales? Simple pragmatismo: ante la soledad y el aislamiento político al que está siendo sometida por la Ley de Partidos, los herederos de Batasuna buscan volver al redil político vasco. De ahí los gestos de alejamiento con los asesinos, ahora que están en el peor momento de su historia, acosados política, policial y judicialmente. Los abertzales quieren volver a la arena y saben que el principal obstáculo que tienen en ese empeño no es Madrid ni la “política españolista”, si no ETA.
Todo este proceso caerá como fruta madura... de un lado o de otro. La izquierda abertzale esperará un gesto de PSOE y PP pero este no llegará, aferradas ambas formaciones al imperio de la ley. Aquí el único gesto válido es la deposición de las armas y la entrega a la Justicia de los pistoleros.
domingo, 4 de octubre de 2009
LA SALIDA DE LA MADRIGUERA

E
nfrascada como está en la disyuntiva interna sobre qué camino tomar (ya saben, dejar las armas o no) y a sabiendas de que el crédito en España lo tiene a cero, ETA asoma la cabeza al exterior para buscar foros donde exponer su macabra “teoría”. Y para ello se ha fijado en los parlamentos de Suiza y Gran Bretaña.
Después de que el Gobierno de Zapatero diera portazo a la vía del diálogo (algo que se demostró erróneo en cuanto los etarras pusieron bombas en Barajas, aunque en condiciones normales era un riesgo que había que asumir para conseguir la paz), la banda terrorista y su círculo de acólitos ha puesto sus miras en los parlamentos anteriomente citados para que en esos foros se discuta sobre la denominada “cuestión vasca”. Afortunadamente, el trabajo desarrollado por la diplomacia española ha sido diligente y se han podido echar atrás ambas iniciativas que dejan desamparada una vez más, a ETA y a los que apoyan sus iniciativas asesinas desde ámbitos presuntamente políticos.
ETA ha tenido carta blanca durante muchísimo tiempo allende nuestras fronteras. Hasta hace poco, en muchos medios de comunicación europeos, a esta banda de criminales se la calificaba de grupo separatista, haciéndole un flaco favor a la memoria de las más de 800 víctimas que sufrieron el terror etarra.
Esa impunidad de la que ETA ha disfrutado en otros países, se ha acabado. El Gobierno ha dispuesto la total estrangulación de las actividades apologéticas de este atajo de asesinos y prueba de ello ha sido la eliminación de ambas iniciativas en sedes parlamentarias.
Por otro lado, ETA mantiene su contradicción desde que volvió a matar. Con una mano llama a la sociedad vasca y a los políticos al diálogo, y con la otra coloca bombas-lapa y aprieta gatillos. Bajo esta premisa es difícil que su credibilidad sea de nuevo tomada en consideración. Ahora tenemos a esta pieza en su madriguera, agazapada, pero esperamos que pueda ser presa fácil para la democracia.
jueves, 25 de junio de 2009
RETROCEDER NUNCA, RENDIRSE JAMÁS

N
o hay lugar para los débiles de espíritu en la lucha antiterrorista. No caben las medias tintas ni la indecisión. Solo hay espacios de libertad, de esperanza y de determinación, en los que las únicas armas válidas son las que provee la democracia. Demasiadas oportunidades han tenido los pistoleros, los que juegan con el dolor de los demás, para abandonar la senda de muertes que han ido labrando durante los últimos cuarenta años en nombre del pueblo vasco. Ese pueblo que ya está harto de que se juegue con ellos y se utilice su nombre en vano, en virtud de una lucha que no tiene sentido en el marco constitucional actual.
ETA ha perdido. Lo hizo desde aquel día de 1959 en que asesinó a su primera víctima en nombre de (su) libertad, equivocado fundamento cuando se quieren imponer opiniones y razones con la pistola y la bomba lapa.
Ejemplos como el de la viuda de Eduardo Puelles, asesinado hace unos días, ya no son extraños. La valentía se ha apoderado de los vascos que quieren el fin de esta lacra y el de quienes en nombre de (su) democracia, le ríen las gracias a los terroristas y hablan de “malos momentos futuros” o de “inadecuados discursos”, cuando lo que se tiene que hacer es arrimar el hombro y arriconar a los que se encapuchan en busca de sangre.
ETA ha perdido desde que pisoteó el diálogo como forma de llegar a la paz. Todos los gobiernos, desde la reinstauración democrática, han intentado hablar con los asesinos para conciliar una salida airosa a este problema. Ahora que se han echado definitivamente al monte en busca de “la liberación del pueblo vasco”, llegan las buenas noticias de las detenciones masivas de integrantes de la banda terrorista. Es el momento en el que, ante la desesperación de las víctimas, la única salida que resta es confiar en que las ratas sigan cayendo.
lunes, 20 de abril de 2009
SOBRE DERECHOS (y III): LA DESPIERTA CONCIENCIA DEL PUEBLO

H
ace unos meses en EL PUEBLO...
Ayer en esta misma editorial les hablábamos del papel que ha jugado en el último medio siglo Amnistía Internacional, en su afán por concienciar a la humanidad sobre los delitos que se cometen contra su propio ser. Hablábamos también de despertar conciencias dormidas, de escuchar alto y claro la voz de los pueblos en repulsa de los atentados contra la dignidad humana. Hacía mucho tiempo que no sentíamos esa pulsión y esa pasión ciudadana por ser contestatarios, inconformistas, beligerantes contra la sinrazón y la barbarie.
Se nos venían a la memoria las multitudes echadas a la calle en aquel 2003 cuando España alzó su voz contra el desguisado de Irak y le dejó claro a Aznar que por ahí no siguiera. Ahora, en 2009, en otro desaguisado en otra parte del mundo, se hace necesaria otra vez una reacción de similares características. El pueblo palestino, sus ciudadanos, la gente de a pie, la que no protagoniza portadas de los periódicos, la que no empuña armas en contra del enemigo hebreo, la que vive sobreviviendo, merece el mínimo gesto que ayer tuvo lugar en la plaza del Altozano. Un grupo numeroso de albaceteños (no vamos a entrar en guerra de cifras porque ni siquiera nos gusta ese tipo de guerra), se puso del lado de los dolientes, de los que sufren y no de los gobiernos, de esos que no se entienden porque no quieren, de los que empuñan armas, ejerciendo el terrorismo de estado, y dijeron que aquí lo que importa es la paz y que en este caso, el ataque desproporcionado viene de Israel. Y si no comparen. Víctimas palestinas, casi 900; víctimas de Israel, no llegan a la veintena.
En una guerra pierde todo el mundo, eso está claro. Igual de lamentables son los caídos de un bando que de otro, pero como viene sucediendo desde 1967, cuando uno ve imágenes de tanques, misiles, artillerías y miles de hombres enfrentándose a tirachinas y piedras, uno lo tiene más o menos claro.
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