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martes, 2 de enero de 2018

Rajoy el naif

Muchos análisis sesudos después de las elecciones catalanes pero no he escuchado a nadie diciéndole a Mariano Rajoy, presidente del Gobierno de este país, que se ha equivocado...

Ha perdido el envite. No solo ha hecho que su partido, el PP, haya cosechado los peores resultados de su historia en Catalunya, sino que para más inri, ha perdido la partida. Ahora de nuevo el balón está en el tejado independentista y ellos van a forzar la situación una vez más. Saben que han salido reforzados de una convocatoria electoral erróneamente planificada y llevada a cabo por Rajoy y los suyos. Me pregunto si entre los centenares de asesores y consejeros que tendrá el presidente a su alrededor, nadie le advirtió...

-Señor presidente, disculpe.
-SSSShí, dígame...
-Verá, a pesar que la vicepresidenta diga que usted ha descabezado el independentismo...
-Ssssshí, he sido yo.
-Ya bueno, pero es que a pesar de que Soraya haya dicho eso, creo que el independentismo sigue vivito y coleando. Es más, creo que se ha equivocado usted convocando para el 21 de diciembre las elecciones. Debería haberlas retrasado a lo más tardar.
-Y essssho, ¿por qué?
-El pueblo catalán se dará cuenta que con el 155 no se ha eliminado la autonomía, que todo sigue igual, que las empresas no siguen huyendo y conforme avance el tiempo, el apoyo a los que quieren la independencia irá cayendo por mero aburrimiento e inacción de sus líderes.
-Ah, pues no lo había penssshado de esa manera.
-Ya... y, ¿qué va a hacer?
-Dejar que las cosas sigan tal y como siguen, porque como sigan por otro camino, no seguirán por donde tienen que seguir.
-Señor presidente...
-¿Qué? ¿Quién es ussshted?
-Ehm... déjelo.

Pues bien. Aunque esto sea una ficción, les aseguro que más o menos en un 75 por ciento, esa conversación tuvo lugar en La Moncloa hace no muchas semanas. Y mientras tanto, un montón de periodistas licenciados preguntándose por qué el independentismo ha vuelto a ganar en escaños.

Foto: lasexta.com




lunes, 2 de octubre de 2017

No todo va a ser follar

Porque Rajoy y Puigdemont tendrán que hablar... No todo va a ser follar.




miércoles, 20 de septiembre de 2017

El absurdo superlativo

Hubo una vez un político al que se le ocurrió independizar un territorio para tapar las vergüenzas de un partido masacrado por la corrupción. Consiguió embaucar a partidos en las antípodas de su ¿ideología? para hacer saltar por los aires las básicas normas de convivencia con el resto del territorio del que se querían independizar. Mientras tanto, el gobierno central no hacía nada. Al pasar el tiempo y al no hacer nada, los que se quieren independizar siguen a lo suyo (yo lo llamo "El gran engaño" puesto que el proceso independentista solo es una cortina de humo de quienes lo pergeñaron desde un primer momento) y el gobierno central echa a la policía y a los jueces contra los díscolos de la periferia.

El próximo 1 de octubre unos intentarán votar algo que saben que no tendrán validez, los otros tratarán de imponer sus razones por la fuerza y el problema seguirá enquistándose mucho más.

Absurdo tras absurdo. Es lo que pasa cuando quienes nos gobiernan, no hacen política a pesar de llamarse así. Son unos absolutos descerebrados.





martes, 14 de marzo de 2017

Involución

Hola, soy Artur Mas, presidente de la Generalitat de Catalunya y de un partido acosado por la corrupción.

Voy a hablar de otra cosa para montar una cortina de humo. Por ejemplo.... ehm... mmmm... esto... ¡ah sí! Independencia.

Ahora la mitad de los catalanes caerán rendidos ante la engañifa, mientras los que actuamos con un poco de lógica asistimos entre maravillados y sorprendidos, por el futil ejercicio de prestidigitación independentista efectuado por Mas.

Ahora, los patriotas españoles seguirán enrocados en su inmovilismo cerril mientras los patriotas catalanes se sentirán de nuevo las víctimas de todo. Invéntate una patria que luego llenarás las páginas de los periódicos de paridas.

Mamíferos con pantalones hablando de patrias. Involución suma.





lunes, 23 de mayo de 2016

Estos independentistas...

Pues sí. Ayer en el Vicente Calderón se vieron esteladas. Como esta...


Para que vean...



martes, 10 de noviembre de 2015

Comentarios de Facebook sobre la cansina situación política creada en Cataluña a cuenta de la llamada "desconexión" de España

Solo hay que tener una cosa clara. Lo que estos tipos quieren hacer es independizarse... pero de aquellos que los señalan como los responsables de los recortes o hachazos que han dado a los servicios públicos en Cataluña. Que se hable de independencia y no de recortes en camas de hospitales, becas comedor, guarderías, farmacias, dependencia... Es tan simple y llano como esto. Lo que pasa es que los de las CUP se han dejado engatusar (como muchos catalanes de a pie) para el propósito de la independencia, cuestión que legislativamente, tiene muy corto recorrido.

El problema es que la prensa y la propia clase política ha ayudado a los intereses de Mas y sus palmeros, hablando de esto y no de lo que importa: de por qué Cataluña hace diez años era una de las tres regiones europeas más ricas y ahora no está ni entre las 30 primeras.



jueves, 29 de octubre de 2015

Toma la independencia y corre...

Si yo fuera catalán y mi gobierno me dijera que quiere independizarse, yo pensaría en los golfos apandadores...





viernes, 18 de septiembre de 2015

La democracia o el arte del engaño

La democracia no es más que el gobierno de las masas, donde un 51 por ciento de la gente puede lanzar por la borda los derechos del otro 49.

Thomas Jefferson


Foto: lavozlibre.com
El 27 de septiembre será un día raro. Un día para los engañados, en Cataluña y en España. Engañados porque Rajoy y sus palmeros están poniéndoselo facilito al independentismo dando tanto pábulo a unas elecciones que al final, van a resultar que son pleibiscitarias, por mucho que el Partido Popular se empeñe en lo contrario. Engañados porque el presidente se obceca en una campaña internacional en contra de Mas y los suyos, sin saber que eso da alas a quienes creen en una Cataluña independiente. Engañados porque el PSC ni pinchará ni cortará tras los comicios... y porque por mucho empeño que le ponga, Miquel Iceta no sabe bailar. Engañados también los de Unió, la mitad de CiU que saltó del barco independentista en cuanto vio que Mas quería prostituir el acuerdo con Convergència. Durán i Lleida se sentirá como la amante despechada... aunque tendrá la conciencia tranquila de no haber participado en el desastre de Junts Pel Sí. Engañados porque un PP catalán lo fía todo a un demostrado racista para tratar de arrancar votos entre el electorado más españolista y que no se los lleve Ciutadans. Un partido, el de Rivera, que engaña también al creerse (y hacer creer a sus posibles votantes) que es la moderación encarnada en formación política. Ciutadans, que junto a Catalunya Sí que es pot, la coalición entre Podemos e Iniciativa (¿es este el modelo de alianza de izquierdas que Iglesias y Garzón nos prometían para echar a Rajoy del Gobierno?), quisieron (o quieren) ser los salvadores de la democracia y como se está comprobando, ya están perfectamente instalados en el cadencioso y normal funcionamiento de la democracia en España. O sea, igual que la casta. Engañados finalmente por un Artur Mas que para tapar las vergüenzas de su nefasta política económica y social durante su mandato en la Generalitat, se ha travestido de encantador de serpientes para engatusar a la mitad de la sociedad catalana repitiendo el mantra de que todos los problemas (¿los recortes que el mismo ha ordenado? ¿La corrupción que él mismo ampara? ¿La bajada alarmante en niveles de calidad de vida de los catalanes en los últimos años?) se deben a España.

Engañados nos hallamos. Lo que no comprendo es cómo una sociedad tan inteligente como la catalana se ha dejado alienar tan fácilmente por un tipo tan poco fiable como Mas, capaz de querer arrebatar los derechos a gran parte de Cataluña si el 27 de septiembre obtiene un voto más que el enemigo.



jueves, 2 de diciembre de 2010

COMO FRUTA MADURA


L
a travesía en el desierto ha acabado para Artur Mas. El político nacionalista, cachorro de esa inmensa figura de la política catalana (y nacional, no lo olvidemos), llamado Jordi Pujol, ha demostrado templanza, saber estar y unas formas exquisitas en su faceta pública. En plan picapedrero, Mas ha esperado a que el experimento del tripartito fracasara per se. En otras palabras, el futuro inquilino del Palau de la Generalitat ha practicado la política de fruta madura, aquella que puso de moda el presidente de EEUU, John Quincy Adams, hace casi dos siglos con respecto a Cuba, y consistente en dejar que las cosas caigan por su propio peso, sin hacer otra cosa más que esperar. En otras palabras, lo que está haciendo Rajoy con Zapatero.

En el caso de Mas, la jugada le ha salido redonda. El catastrófico tripartito (tanto lo ha sido que Montilla ya dijo que de ganar, no hubiese repetido fórmula, sabedor de las deudas que ello conllevaba), ha naufragado y salvo Iniciativa, las otras dos patas han salido escaldadas de las elecciones del pasado domingo.

Aparte de Convergencia i Unió, hay otros dos claros triunfadores: el PP de Alicia Sánchez Camacho y la apuesta independentista de Joan Laporta. El ex presidente del Barça ha entrado por la puerta grande en el Parlament y se ha quedado a escasos votos de conformar grupo político propio. El votante independentista, tan volátil en tierras catalanas ha hecho un trasvase de sufragios desde la opción clásica de Esquerra a los nuevos vientos que propugna Laporta.

Por su parte, Sánchez Camacho ha sacado partido del voto españolista. Su “política de inmigración” que no es otra que la política del miedo ha calado en ciertas clases medias del cinturón de Barcelona, habitual caladero de votos de los socialistas. Es ahí también donde más se ha notado la crisis económica en Cataluña. Inmigración + miedo + crisis= el PP obtiene sus mejores resultados.

Un toque de atención también merece el “casi” éxito de la xenófoba, demagógica, populista y agresiva Plataforma por Cataluña de Josep Anglada. La extrema derecha ha estado a un tris de colarse en el Parlamento catalán. Cosa seria. Pero más seria se puede poner la cosa si esa advertencia nos la tomamos por el pito del sereno (que será lo que pase) y no ponemos coto a estas formaciones de raíz indudablemente anti democrática. La cosa tiene su intríngulis porque Cataluña tradicionalmente ha sido región receptora de inmigrantes y de naturaleza acogedora. Cataluña la han construido los emigrantes y que cierta esencia racista esté naciendo en su seno es realmente peligroso.

Afortunadamente, modelos de integración como los que experimentamos en Albacete pueden ser la vía para acotar estas perniciosas ideas. Un modelo inclusivo que no trate a los inmigrantes como “pobres”, como gente rara, como alguien de quien tener miedo, puede ser la solución para muchos de nuestros males.

Foto: Juan Prats.



martes, 3 de agosto de 2010

CULTURA, ARTE, TRADICIÓN... TEDIO


T
endremos que hablar de toros porque parece que es lo que toca en estos días de agosto. Cataluña prohibe los toros y se ha formado la marimorena en pleno verano. Partamos de la base de que la tauromaquia puede gustar a unos y a otros, no. Parece una perogrullada pero es pertinente decirlo en estos momentos en que los ánimos están más caldeados que un bar de La Zona en sábado noche. Respetando a ambos bandos, podemos trazar una línea definida sobre lo que es, lo que representa la tauromaquia para los países donde esta actividad tiene especial prédica. No sólo hablamos de España. Portugal, Francia y casi toda Iberoamérica viven los toros con especial pasión, siempre con sus particularidades (en Portugal por ejemplo, no se mata al toro), así que podríamos analizar qué supondría esa propuesta de ley que prohibe la tauromaquia en Cataluña en el hipotético caso de extenderse a los territorios mencionados.

Cierto es que la llamada fiesta nacional (aunque haya trascendido fronteras), da dinero. Mueve millones en sueldos de toreros y cuadrillas y en los negocios ganaderos desde la cría de la res de lidia hasta el aprovechamiento final del animal. El Estado también es parte interesada en este juego y es bien sabido que hasta en el Gobierno hay firmes defensores de los toros como es el caso de la ministra de Cultura. Por otro lado están los defensores de la prohibición que basan sus argumentos en la preservación de la vida del animal. No podemos obviar las imágenes del sufrimiento de la bestia asaeteada por los profesionales de la lidia, aunque siempre estará la explicación de que es un animal “predestinado” a ese fin. La tauromaquia hunde sus raíces en la historia de nuestro país y ya en tiempos de los romanos (y no olvidemos algunos episodios de la mitología en la que el toro es un ser protagonista) se encuentran motivos para hallar esos orígenes.

Vaya por delante que uno de los problemas que veo en esta polémica está en el mismo concepto de prohibición. Prohibir significa limitad, acotar, despojar de ciertos derechos de los que disfruta la ciudadanía. Cataluña ha tirado aquí por el camino más corto sin dar más opción a otras posibles soluciones que podrían haber sido consensuadas por todos (¿qué tal mantener los festejos sin llegar a la suerte suprema, esto es, la muerte del animal?).

Pero el problema de fondo viene cuando es Cataluña, como territorio, como entidad política y administrativa, quien prohibe esta actividad. A este hecho, que tampoco debería tener la mayor trascedencia del mundo -como se le está dando en estos días por parte de todos-, se unen matices políticos (ya saben, independentistas frente a la fiesta nacional española o españoles que ven como un ataque a la unidad nacional esta prohibición), que sólo alimentan el tedio de este cruce de acusaciones y el fuego de una vana polémica. Y lo es, desde el momento en que Baleares o Extremadura ya piensan en seguir el mismo camino que los catalanes. Y lo es, desde el instante en que hace más de una década Canarias tiene prohibidos los toros... y nadie ha dicho ni mu.



domingo, 11 de julio de 2010

AMBIGUEDAD, MEDIOCRIDAD Y PANCARTISMO


C
uatro años de debates para tener ahora sobre la mesa un apaño a medio camino entre el parche y la evolución del estado autonómico. La sentencia del Estatut de Cataluña ha dejado satisfechos a unos cuantos y ha soliviantado a la mayor parte de la clase política catalana que la ha tomado como un insulto a su autogobierno (puede ser que el enfado venga más por la larga espera y la mediocre sentencia, que por el fondo en sí del razonamiento del Tribunal Constitucional). Barcelona fue ayer escenario de una marcha de protesta en contra de lo que la izquierda catalana considera un ataque a ese autogobierno. Sin embargo, hay aquí puntos para la discusión.

Se ha tensado demasiado el escenario pre-estatutario. Las desmesuradas ansias soberanistas de partidos como ERC han mediatizado un panorama al que los otros socios del tripartito catalán se han visto abocados. Eso ha dejado una sensación de rupturismo en el resto del país, circunstancia que ha sido aprovechada por el Partido Popular, que con aviesas intenciones, interpuso recurso de inconstitucionalidad. El TC enmendó la plana a los populares desmantelando sólo tres elementos completos: la descentralización del aparato de Justicia, la competencia exclusiva del Síndic de Greuges frente al Defensor del Pueblo y el blindaje de las competencias autonómicas. Rechaza de forma parcial otros, como el uso preferente del catalán, simbología y bilateralidad, así como algunos aspectos menores del modelo de financiación. Los impugnantes han recibido un sonoro varapalo, pero el PP (el partido que en ocasiones ve fantasmas donde no los hay), se ve ganador de la contienda.

Por último, la sentencia de los magistrados del TC es farragosa, vaga, inconexa y deja peligrosos cabos sueltos que en el futuro pueden pasar factura. Ha sido un pronunciamiento que ha cerrado en falso la polémica. Con tono receloso, la sentencia bendice mayores cuotas de autogobierno (que en el fondo se trata de eso), pero no espanta los fantasmas de un melón soberanista que sigue abierto... con el peligro que eso conlleva.



miércoles, 3 de febrero de 2010

DESLENGUADOS


N
o. No voy a caer en la tentación de hablar de Espe y de sus ¿lapsus linguae? al acordarse de la madre de alguien al que no quería ver en el Consejo de Caja Madrid, como tampoco voy a especular sobre a quién iban dirigidas esas lindezas más propias de patio de instituto que de la Real Casa de Correos de la Puerta del Sol. Podría hablar también de lo lenguaraz que se ha mostrado el ministro Corbacho estos días hablando de retrasar la jubilación hasta los 67 años (yo que me había hecho la ilusión de dejarlo un poco antes y retirarme lejos del mundanal ruido), o de las respuestas procedentes de los sindicatos o de la oposición sobre esa opción (Rajoy, claro está, ha dicho que la propuesta es mala pero de alternativas “res de res”).

Ahora que hablamos catalán en la intimidad del negro sobre blanco periodístico... El lunes los cines de Cataluña no abrieron. Avatar dejó por un día de ganar dinero, Sherlock no pudo continuar sus pesquisas, Penélope Cruz descansó de sus extenuantes bailes y George Clooney no pudo pillar otro avión para despedir a alguien. Todo por el catalán. Por la obligación de doblar a esa lengua co-oficial, un tanto por ciento de las películas estrenadas en aquella comunidad. La propuesta de la Generalitat es otro granito más que sumar a la montaña de lo que no debe ser una política de convivencia pacífica de las lenguas del estado.

Echando mano de la Constitución, el catalán tiene que tener su sitio. Debe ser promovido, enseñado, estudiado y evolucionado. Pero esa evolución no llega de la mano de obligar a la industria del cine a adaptarse a marchas forzadas a un escenario que tampoco es deseado por la mayoría de la población. La suerte que tienen los catalanes de ser bilingües les hace ser capaces de entender tanto el castellano como el catalán. Que me cuelguen si esa no es la definición de bilingüe. Por lo tanto, si en Cataluña ya existe una cuota de películas dobladas a su lengua vernácula, el tripartito no debería esforzarse en “caer mal” al resto del estado español con medidas tan impopulares como ésta... o como la de obligar a instaurar la rotulación en establecimientos también en la lengua de Ausiàs March (o de Joan Brossa, no me vayan a echar en cara los valencianos que el caballero gandiense no nació más allá del Delta del Ebro).

El caso es que tanto una medida (la del doblaje al catalán), como la otra (lo de los rótulos), parecen superfluas e innecesarias en los tiempos que corren, en el que el catalán -y lo mismo podemos decir del gallego o el euskera-, no está en peligro de desaparecer, sino todo lo contrario. La lástima es que la mala percepción de este escenario por parte de algunos políticos catalanes (Montilla y los que lo sostienen en la Plaça de Sant Jaume), pueda hacer daño a un arte, a un forma de cultura, a una industria que genera mucho negocio, como es el cine. Esperemos que la sala de un cine no tenga que volver a quedarse a oscuras por esta "falta de luces" de los políticos.



lunes, 14 de septiembre de 2009

ESPAÑA-CATALUÑA: UNA RELACIÓN SIMBIÓTICA


D
escripción del hombre: dependencia, deseo de independencia, necesidad. Lo tenía muy claro Blaise Pascal hace unos siglos en lo que respecta a su definición del ser humano. Alguien dependiente, que busca soltar amarras pero que cuando se encuentra solo, busca el consuelo de otros. La cita de marras se ajusta como un guante al actual escenario geopolítico en el que vivimos. En una entidad supranacional como la Unión Europea, donde lo que se busca es la integración, los intereses disgregadores de ciertas regiones europeas caen en saco roto.

Viene esto a cuenta por lo de la consulta (sin carácter vinculante), que se planteó en Arenys de Munt y que al cierre de esta edición parecía ser un éxito para los organizadores. Se preguntaba por la necesidad de una Cataluña independiente del estado español. No vamos a negar que existe un fuerte sentimiento independentista en aquellos lares, que no es capricho pasajero, sino que hunde sus raíces en las afrentas que Felipe V hizo a las leyes catalanas a inicios del siglo XVIII.

Respetando los intereses independentistas de una parte de los catalanes, la pregunta a realizar es ¿independencia para qué? Imaginemos que Cataluña se separa de España. Perdería su condición de miembro de la UE. ¿Buscaría entonces la integración en el marco comunitario o perseguiría un “dorado aislamiento” como el que tantos años ha vivido Gran Bretaña? ¿Hay razones económicas, sociales, comerciales, culturales definidas para explicar una hipotética independencia o es simplemente un capricho ideológico?

Tal como están las cosas, con todo el marasmo de la globalización económica y el mundo buscando bloques de poder reconocibles, la aventura independentista suena a suicidio. Cataluña sabe que siempre ha mantenido una relación simbiótica con España donde ambas partes han salido beneficiadas. Jordi Pujol se lo sabía al dedillo y por eso intentaba explotar la situación al máximo. ¿Estará Cataluña a la altura de las circunstancias?