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lunes, 10 de octubre de 2011

PUNTOS QUE SALVAN VIDAS


U
n lustro lleva en vigor el carné por puntos, un procedimiento que fue copiado de experiencias positivas en países como Francia y que, como todo en este país, comenzó con polémica y con reticencias un tanto bobas. El españolito de a pie no podía permitir que le pusieran nota a su forma de conducir. No quería que le impusieran un castigo si hacía algo mal en la carretera, pero claro, esto no era una clase, ni en juego estaba una nota en un examen, sino vidas humanas.

Párese usted a pensar. ETA ha matado en cincuenta años de existencia a casi 900 personas. Una macabra cifra. Compárenla con las 5.500 personas que murieron en un solo año en las carreteras españolas. Eso fue en 2005, un año antes de la entrada en vigor del carné por puntos, que un lustro después es un rotundo éxito.

Las campañas publicitarias de la Dirección General de Tráfico, unida a los mayores y más eficientes controles policiales, junto al efecto disuasorio del carné por puntos y el cambio de mentalidad (poco a poco, pero la ha habido), de los españoles cuando se ponen al volante, ha hecho el milagro de que las muertes en carretera hayan pasado de las 5.500 de 2005 a las escasas 2.000 del año pasado. Sigue siendo una cifra triste. Dos mil vidas al volante son muchas. Son 2.000 dramas familiares que en un futuro debemos evitar con todas las razones expuestas anteriormente.

Por eso, el éxito del nuevo carné no nos puede cegar. Empeñados en esa tarea están los miembros de la DGT que a base de mucho repetir están haciendo que cada año nos alegremos de que haya menos fallecidos en las carreteras del país.

Ahora bien. No hemos hablado de otro condicionante importante. El estado de nuestras carreteras es en términos generales bueno, pero en las de segundo y tercer orden, es donde se producen más fallecimientos. Es ahí donde las administraciones tienen que poner su granito de arena, invirtiendo en una obra pública que también salva vidas si se encuentra en perfectas condiciones.

La suma de todos estas variables hará que en el examen final de la vida obtengamos un sobresaliente.

Foto: El Pueblo.



miércoles, 14 de septiembre de 2011

TRANQUILIDAD Y SEGURIDAD


M
ucha es la gente que pasa cada año por la Feria de Albacete. En fin de semana, la cifra suele subir de forma espectacular. Un recinto que no es excesivamente amplio, aglomeraciones, muchas actividades... y algunas tonterías que se cometen a cuenta de los excesos.

Para evitar que estos desmanes sucedan o para poner una “tirita” una vez que la herida ha sido abierta, están los servicios de emergencia que trabajan con denuedo durante los dos días de Feria, sin contar con la preparación de sus respectivos planes de actuación durante los días de fiesta. Muchos profesionales involucrados en que nada pase en la Septembrina, o por lo menos, si pasa, que no sea nada grave.

Cuerpos de Seguridad del Estado, servicios de emergencias médicas coordinados desde el Complejo Hospitalario Universitario de Albacete, Bomberos y Protección Civil velan porque la Feria de Albacete sea eso, una fiesta de todos los ciudadanos y visitantes que quieren pasar un buen rato evadiéndose de los problemas. No es la Feria un sitio para “crearse” problemas, por ello, la educación y el sosiego tienen que primar.

Hagamos el favor a los servicios de emergencia de tener que actuar poco en estos días.
De todas formas, si lo tienen que hacer, están preparados para ello. No hay pespunte que no se haya dejado de dar para tener al día los planes de actuación de los diversos cuerpos de seguridad en esta Feria. Por eso, es necesario que entre tanta jarana, los responsables políticos pasen revista al funcionamiento de estos organismos y que nosotros nos encarguemos desde estas páginas de poner en valor el trabajo que realizan calladamente cada día.

Sólo de esta forma, podemos pagar parte de la deuda que hemos contraido con estos profesionales que mientras mucha gente disfruta, están ojo avizor sobre cualquier inicidencia que ocurra en el Recinto Ferial y alrededores. Para lo que queda de Septembrina, deseamos que tengan poca faena.

Foto: José María Martínez.



lunes, 15 de noviembre de 2010

NO ES COBRE TODO LO QUE RELUCE


E
ntre las notas de sucesos que llegan todos los días a las redacciones, lo normal era encontrarse asesinatos, robos en bancos, secuestros, trapicheo de drogas, pero no robo de cobre. Una de las herencias que vamos a tener de esta dichosa crisis va a ser precisamente ese fenómeno. Ya no es raro encontrarse con cacos o bandas organizadas que se dedican a sustraer el cable de cobre de infraestructuras (arquetas de luz de autovías, por ejemplo), o de explotaciones agrarias.

Las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado son conscientes de que este tipo de delitos están cada vez mejor estructurados e, incluso los ladrones, llegan a conformar mafias internacionales que provocan una curiosa paradoja: la empresa o persona que sufre estos robos al final debe desembolsar una cantidad millonaria por comprar un material que proviene, precisamente, del reciclaje de lo sustraído. Es un negocio redondo en todos los sentidos: tanto para los delincuentes, que obtienen pingües beneficios, como en el círculo vicioso de instalación-robo-venta-reciclaje-instalación en que puede resumirse este fenómeno.

Los expertos coinciden en que el modus operandi tiene una doble vertiente: las minúsculas bandas que hacen pequeñas aprehensiones y las mafias organizadas y de carácter internacional. Unos y otros no sólo se diferencian en la cantidad de cobre que roban, sino en sus receptores. Mientras los cacos de poca monta, utilizan las chatarrerías como lugar donde obtener dinero a cambio del preciado metal, las mafias organizadas buscan en China el mercado donde colocar la mercancía. La imparable industrialización del gigante asiático hace que la demanda de cable de cobre sea especialmente intensa. Las mafias roban aquí lo que distribuyen en algún puerto europeo para que luego termine todo en China.

¿Qué hacer ante este fenómeno? Más vigilancia, más seguridad, y conocer, como conocemos ahora, los resortes de un negocio que está empobreciendo a unos mientras enriquece a otros.



viernes, 24 de septiembre de 2010

UN ESLABÓN MÁS DE LA CADENA


L
a demagogia lleva al lado oscuro. Y precisamente, no al de la Fuerza lucasiana, si no al de los oportunistas que intentan establecer conexiones entre inseguridad ciudadana, pobreza e inmigración. Esos oportunistas que cuando pudieron (hacer algo) no quisieron, y ahora hacen campaña buscando el voto del miedo entre los parroquianos.

Intentando separar el grano de la paja y sin ponernos la venda en los ojos (está claro que existe y existirá cierto tipo de delincuencia asociada a la mal llamada inmigración ilegal), hay que alentar otras conductas que ayudan a hacer país, que buscando el pan de cada uno, empujan en el común empeño del desarrollo de un país. Por eso, analizar el número de afiliaciones de extranjeros a la Seguridad Social es un buen punto de partida para diagnosticar el estado de salud de la inclusión social de la población inmigrante.

Es precisamente el modelo inclusivo español el que ha sido tomado como modelo de integración en ciertos países de nuestro entorno, cuando precisamente en naciones vecinas se pasan eso de la inclusión por el Arco del Triunfo (de los Campos Elíseos).
Albacete se ha convertido en los últimos años en una provincia acogedora de población inmigrante. Aunque los datos de la Seguridad Social muestren en los últimos meses tímidos descensos en las cotizaciones de la población foránea, lo cierto es que la carga de trabajo aportada por este grupo social es fundamental para el sostenimiento de un edificio (cotizaciones, pensiones, jubilación...), que de no ser por ello, poco tardaría en caer. Esos rendimientos del trabajo de los inmigrantes (en un gran porcentaje, población muy joven), hace que el sistema siga siendo válido, siempre que desde el Gobierno se aprueben los retoques necesarios.



martes, 8 de junio de 2010

LA SEGURIDAD BIEN ENTENDIDA


L
a seguridad bien entendida empieza por uno mismo. Y eso Israel lo lleva hasta las últimas consecuencias. Podríamos acudir al viejo axioma de que quien olvida su historia está condenado a repetirla pero sinceramente, creo que es un recurso fácil e insuficiente para explicar por qué Israel actúa como actúa.

Lo del ataque (desproporcionado a todas luces, a pesar de lo que la caverna mediática pueda decir), a la llamada Flotilla de la Libertad ha sido un error más (que no el último), de un estado que vive amparado por el miedo. El miedo a ser atacado por los enemigos que le rodean y el miedo que el propio estado instila en sus ciudadanos como medida preventiva. Un círculo vicioso en el que los sectores más ultras de Israel parecen ser los más beneficiados. Curiosamente, el “ala dura” de la política hebrea es la que sale fortalecida en etapas en las que el miedo crece por doquier. El miedo como arma política, siempre útil, siempre efectivo.

Miedo también es el que hay en la comunidad internacional, pacata y temerosa ante un pequeño país mediterráneo pero cuyos poderosos tentáculos sirven para que el terror se convierta en una simple acción de seguridad defensiva. Es normal que Estados Unidos (ni siquiera estando liderados por el 'progre' Obama), no condene estas acciones. La inservible ONU tampoco alza la voz, maniatada por poderes externos y vetos anticuados. Los demás, condenan pero este gesto ha quedado reducido a la mínima expresión. Entonces, ¿por dónde queda la salida para este conflicto?

El ataque a estos barcos que llevan ayuda humanitaria a Gaza es el pretexto. Desde hace más de medio siglo pervive un conflicto creado por las antiguas metrópolis (creación artificial del estado de Israel sobre suelos ocupados, contestación de la parte palestina, sojuzgamiento, guerras colaterales con los vecinos, nuevos conflictos, terrorismo de baja y alta intensidad por ambas partes, fundamentalismo religioso...), y precisamente tienen que ser esas antiguas metrópolis las que pongan paz en la zona. La comunidad internacional tiene que practicar una cirugía inmediata, una cirugía de hierro, para poner las cosas en su sitio. Israel se cree impune. Los árabes se creen con derecho a responder, y mientras tanto, nosotros asistimos atónitos al dantesco espectáculo de ocupación y terror mientras comemos acompañados por el telediario de las tres.



viernes, 23 de abril de 2010

UNA NUBE EN EL CAMINO


U
na nube en el camino me enseñó que mi destino era dejar de volar y volar... Más o menos como en la canción de José Alfredo Jiménez estamos con los humos del volcán islandés de impronunciable nombre. Una erupción que ha causado el caos absoluto, no sólo en el sistema aeroportuario europeo, si no también en el resto de medios de transporte que están sobrellevando como pueden el excedente de viajeros que no pueden tomar un avión en estos días.

La cosa tiene su aquel. Vivimos en una nueva era histórica. Desde que los homínidos empezaron a utilizar industria lítica para sus menesteres cotidianos hasta el momento actual en el que nos encontramos en una Edad Tecnológica, el hombre ha visto como cualquier tipo de ingenio o adelanto científico ha palidecido ante incidencias que escapan a su control. En este caso, todos los modernos sistemas de transporte, cualquier invención técnica en el más avanzado de los aviones no ha podido hacer frente a una nube de ceniza. Es lógico que los “pájaros” no alcen el vuelo ya que sería una insensatez viajar en este estado. La seguridad ante todo, pero cuesta creer que en pleno siglo XXI, una edad en la que nuestra civilización parece haber subido al escalón de los superhombres, nos veamos totalmente desarmados por una contingencia de este tipo. No es la primera vez que nos enfrentamos a este tipo de “problemillas”, pero por mucho medio técnico que tengamos, nos vamos a quedar “desnudos” porque al fin y al cabo, la Madre Naturaleza siempre es más sabia que nosotros.

Lo peor de todo es que lo único a lo que nos podemos apuntar es a la resignación, escaso bagaje para una sociedad que se ha acostumbrado a navegar a una velocidad de pasmo por autopistas virtuales y que a la más mínima tiene que dejar a miles de personas sin poder ir de un lugar físico a otro. Paciencia pues.



jueves, 19 de noviembre de 2009

LA MUERTE SE ACERCA AL TAJO... OTRA VEZ


A
costumbrados como estamos los periodistas a dar noticias negativas, a veces el gremio tiene la sensación de que quedamos insensibilizados ante ciertas tragedias. Cada cierto tiempo, los accidentes laborales copan nuestros titulares. Una lacra que a pesar de la reducción experimentada en los últimos años gracias a que inequívocamente la prevención es el arma más efectiva para luchar contra ella, sigue siendo noticia. Y ahí sí que los que trabajamos en medios de comunicación, debemos dejar de lado nuestro particular “aislamiento” para contar las cosas como son y hacer votos en la defensa de un puesto de trabajo seguro en el que tanto patrón como obrero salgan ganando, uno con sus beneficios y el otro consiguiendo llevar el salario mensual a sus hogares.

La noticia del fallecimiento de dos trabajadores en Valladolid mientras montaban una torre eólica ha caido como un jarro de agua fría en Albacete puesto que ambos trabajaban para una empresa de la capital. El más joven de los dos era natural de la ciudad. Una vez más, tenemos que estar junto a sus familias y mostrarles nuestro más sentido pésame.

En estos tiempos duros para los trabajadores, hay motivo para reclamar una potenciación de las medidas de seguridad en el entorno laboral. Ahora que parece que los sindicatos y la patronal se ponen de acuerdo en la negociación colectiva, es momento para recordar que el cumplimiento de las medidas de seguridad debe ser el pan nuestro de cada día en el tajo. No valen tibiezas en la defensa del bienestar del trabajador en este ámbito y todos deben poner de su parte para que la tasa de siniestralidad siga cayendo en picado.

También es buen momento de reclamar un grado mayor de cumplimiento de estas medidas en las marchas o manifestaciones que las centrales sindicales quieren realizar próximamente, actos que deben servir para construir alternativas ante la posibilidad de se sigan destruyendo vidas.



domingo, 2 de agosto de 2009

¿DÓNDE CORTAR EL CUELLO DE LA SERPIENTE?


E
n ocasiones nos sentimos hastiados, sentimiento al que se llega por la frustración, por todos los tópicos y frases rimbombantes que los responsables políticos pronuncian después de un atentado de ETA. Como cada año, los asesinos vuelven a aparecer en verano para amargarnos la siesta estival y nuestro reposo anual. Primero volando por los aires una casa cuartel de la Guardia Civil en Burgos. Horas después, segando la vida de dos jóvenes agentes de este mismo cuerpo. Dèja vu con aroma siniestro el que cada dos por tres dejan los pistoleros, cada vez más jóvenes en la infecta labor de matar.

Tras ser abortada la vía del diálogo en varias ocasiones (incluida, no lo olvidemos, una abierta por José María Aznar cuando era presidente), a los españoles sólo nos queda acordarnos de las armas del Estado de Derecho. La actuación, cada vez más eficaz, de las Fuerzas de Seguridad del Estado, han mermado en la última década la posibilidad de actuación de una banda terrorista que en este 2009 ha cumplido medio siglo de trágica existencia.

Pero sinceramente creemos que esto no es suficiente. El problema debe ser atacado de raíz y al ser reclutados desde jóvenes, los cachorros de ETA empiezan a familiarizarse con términos como “bomba-lapa”, “amonal” o “extorsión”, desde que son unos adolescentes aquejados de acné. Esos que queman banderas españolas, que enaltecen el terrorismo en plazas de pueblos de Euskadi, esos que queman cajeros y autobuses, deben ser el objetivo. La serpiente de ETA tiene su espina dorsal (su cantera, su pervivencia futura), en esos jóvenes que están mamando el odio y la violencia larvada en el seno de una ideología caduca e incongruente con el actual contexto social y político vasco, español y europeo.

Por ello, actuar para coartar una vida encaminada hacia el abertzalismo más radical (encauzando su educación de base), debe ser la difícil pero posible tarea para empezar a cazar serpientes.



miércoles, 15 de abril de 2009

INSENSATOS A TODA VELOCIDAD


O
tro dato alentador en esta Semana Santa. Otra cifra para la esperanza, para seguir en la senda marcada, para intentar poner fin a la sangría de vidas resultante de cada operación salida/retorno. La reducción en un 27 por ciento de las muertes en las carreteras durante la pasada Semana Santa sigue cargando de razones al Gobierno socialista tras endurecer en los últimos años las campañas de seguridad vial y tener la gallardía política de introducir el vituperado (años ha) carnet por puntos. La fórmula se demuestra acertada con la incesante descenso de fallecimientos en la carretera, pero las cifras siguen siendo alarmantes. Cuarenta y ocho personas han dejado su vida en el asfalto. Cuarenta y ocho dramas familiares. Una pesada losa que debe servir para recordar que todos somos responsables.

Por mucho que la administración haga, por muchas medidas que se tomen, por muchos controles policiales que se instalen, la seguridad personal depende de cada uno. La responsabilidad al volante debe ser máxima. Es tarea de todos y debe existir una conciencia colectiva para llevar a cabo esa tarea. Insensateces como olvidar ajustarse el cinturón de seguridad cuestan vidas. Concretamente, el 23 por ciento de los fallecimientos en Semana Santa han sido causados por “olvidarse” del cinturón de la vida.

Los fallecimientos a bordo de una motocicleta también tienen que ser tomados en consideración. Aquí, la responsabilidad del motorista unida al respeto de los conductores de otros vehículos ayudará a aliviar la tasa de muertes sobre dos ruedas. La juventud también debe tener en cuenta las mínimas medidas de seguridad al volante. Afortunadamente, la tasa de decesos en Semana Santa también se ha reducido.
Parece que la conclusión es clara. Lo que parecía imposible, que una sociedad en teoría tan anárquica como la española responda a las campañas de Tráfico, se ha hecho realidad. Sigamos por esa senda.



sábado, 4 de abril de 2009

TRABAJO SEGURO


P
arece que el goteo es constante. Una cifra más, una estadística que computar. Otra muerte, desgraciada muerte, en el tajo.

La ciudad lamentaba el fallecimiento de un trabajador en el polígono de Campollano tras caérsele encima una plancha de hormigón. Su hermano resultó herido en el mismo accidente. La tragedia se ha cebado una familia humilde que aún no da crédito a lo sucedido.

El problema ha sido suficientemente analizado, pero siguen existiendo graves negligencias por un lado, y excesivas carencias por otro para poder asegurar con toda certeza que en este país se cumple con la reglamentación concerniente a la prevención de riesgos laborales.

Cierto es que hemos avanzado gran parte del camino en los últimos años y que casi nos hemos emparejado con nuestros vecinos “más desarrollados” de la Unión Europea, pero ese “casi” es el que marca el límite en accidentes como el que se producía ayer. El límite entre la vida (se cae la plancha de hormigón, pero no pasa nada por cumplirse con los protocolos de seguridad pertinentes), y la muerte (lo que lamentablemente sucedió en Campollano).

El poner fin a estas desgracias en el tajo está en la mano de todos. Debe ser un esfuerzo conjunto, coordinado y tiene que ser aplicado con denodada insistencia y seriedad. Acabar con la malsana costumbre de ciertos trabajadores de relajar en determinadas circunstancias las medidas de seguridad y advertir a algunos empresarios que se “olvidan” de gastar parte de sus beneficios en formación preventiva de riesgos laborales a sus empleados, son dos notas en nuestro debe particular que deben ser eliminadas.

Finalmente, desde aquí nos sumamos al dolor de la familia dándoles nuestro más sentido pésame y deseando que nunca más tengamos que escribir editoriales como ésta.



jueves, 12 de febrero de 2009

UN PEQUEÑO MILAGRO


E
spaña vuelve a 1964. No. Ni en lo político, ni en lo social, ni en lo económico. Realizar ese viaje en el tiempo significaría un retroceso que muchos españolitos no quieren probar. La vuelta a la época ye-ye es en las cifras de fallecidos en nuestras carreteras, algo insólito, teniendo en cuenta que hace apenas cuatro años perdían la vida en las vías españolas cinco mil personas de media. Ahí es nada.

No es moco de pavo esa drástica reducción experimentada en los últimos tiempos. La aplicación de la nueva directiva europea de seguridad vial en conjunción con la entrada en vigor de medidas valientes como el carnet por puntos o el endurecimiento de penas, ha obrado el milagro. Llegamos al 31 de diciembre pasado sin alcanzar los 2.500 muertos, cifra que, siendo absolutamente escandalosa, no tiene nada que ver con lo que vivíamos hace un lustro. Lo lastimoso es que nos hayamos insensibilizado ante la magnitud de la tragedia. Hablamos de miles de vidas perdidas, de familias destrozadas, de dramas personales y colectivos que apenas cubren unas líneas en los principales periódicos o algunos segundos en los informativos de máxima audiencia. Ante esta “normalización” de la muerte, la Dirección General de Tráfico lo tiene claro. Informar, formar y prevenir. En esa senda caminamos en pos de una disminución en la gráfica de accidentes, heridos y decesos. Pero para obrar este pequeño milagro hay que actuar, y jornadas de formación instando a una mayor presencia de la educación vial en la formación de nuestros jóvenes, se hacen más necesarias que nunca.

Son ellos, los jóvenes, los que deben ser el foco de atención de campañas venideras. Los índices de siniestrabilidad entre los nuevos conductores son realmente alarmantes por lo que los esfuerzos deben ir encaminados en hacerles ver que “volar” sobre las cuatro ruedas de sus coches puede llevarles a ir sobre otras cuatro, pero a mucha menor velocidad.