D icho y hecho. En el último Debate sobre el Estado de la Nación, el presidente Zapatero abogó por un nuevo modelo económico basado en el fomento de las nuevas tecnologías y en la sociedad de la información. Este, de momento, deseo del presidente ha calado hondo en Albacete, más aún después de saberse que la multinacional Hewlett-Packard desembarca en la ciudad creando un observatorio en el Parque Científico y Tecnológico.
No es cuestión baladí que esta empresa se haya fijado en las instalaciones del PCYTA. Una oportunidad como esta debe ser aprovechada en todo su potencial, máxime cuando se produce en plena afectación de la crisis económica y cuando lo que ofrece la iniciativa son los recursos para salir de ella, aprovechando que la coyuntura para las nuevas tecnologías es favorable con el actual Gobierno socialista.
Sin embargo, anuncios como el efectuado ayer por la consejera de Educación y Ciencia, María Ángeles García, pueden caer en saco roto si desde el primer día no hay un exhaustivo control por parte de los sectores más interesados en un pleno desarrollo de ese Observatorio Tecnológico surgido al amparo de HP. Tanto el patronato del parque como el Ayuntamiento de la ciudad deben ser custodios del surgimiento y evolución de esta iniciativa porque nos jugamos mucho en ello.
Ese observatorio no va a ser una mera fachada para la publicidad gratuita de la multinacional. A la puesta en marcha de soluciones informáticas relacionadas con la sociedad de la información, se une el papel formador en el que serán parte activa, alumnos de la Universidad de Castilla-La Mancha en régimen de prácticas. Los profesionales del futuro podrán contar en este centro con toda la formación indispensable en los campos que se tocarán. Una apuesta, la de HP, que siguiendo la estela pregonada por ZP, puede ser un acicate al despegue económico de Albacete.
A lguien dijo en cierta ocasión que bebía para hacer más interesantes a las personas. Ciertamente, en algunos momentos uno saca más y mejores conclusiones del prójimo tras verlo al amparo de los efluvios etílicos. Pero los vecinos de la zona más cercana al Parque Líneal probablemente no vieron para nada interesantes a las personas que se congregaron hace un par de noches. Fundamentalmente eran jóvenes de fiesta por haber acabado la Selectividad, un hecho que no vamos a negar que tenga su celebración, pero que cuando interrumpe el descanso ciudadano y se ceba en mobiliario urbano y zonas verdes, pasa de un acto festivo a la más absoluta demostración de falta de civismo.
El botellón, invento típicamente español, sigue siendo un problema latente para los ayuntamientos españoles. En los últimos años, como soluciones se han impuesto, por una parte, la prohibición más absoluta y por otra, el echar la vista hacia otro lado, opción de menor aceptación entre nuestros representantes municipales. Como vía intermedia y atribuyendo medidas paliativas al problema, se encuentran aquellos consistorios que optan por coger el toro por los cuernos y sentarse a hablar con todas las partes.
Cierto es que los vecinos tienen derecho al descanso. Obligación de los políticos es la de garantizarlo. Pero no menos cierto es que la juventud también tiene que divertirse. El problema es que a diferencia de lo que sucede en países de nuestro entorno, donde no se experimenta el botellón, la juventud española de principios de los 90 (iniciadora del fenómeno), salía a la calle y se encontraba sin alternativas. Bueno sí, sólo con una: beber; y como en los bares era caro, lo más normal era hacerlo en la calle. Los ayuntamientos deben optar por programas alternativos a esta forma de pasar el rato (y de paso amargárselo a otros). Ideas hay y muchas. Toca ahora ponerlas en marcha.
U n fin de semana da para mucho, incluso para que una película te haga pensar. La tarde del domingo es propicia para perder el tiempo y qué mejor forma de hacerlo que viendo buen cine. En este caso el DVD era de la película Mi nombre es Harvey Milk. Para aquellos que estén perdidos, ese hombre, ese nombre, es el del primer homosexual abiertamente declarado que alcanzó un cargo político de relevancia en Estados Unidos. Lo llamaron el alcalde de la calle Castro. Ocurrió en 1978, el mismo año de su muerte... por asesinato. Hace poco, muy poco.
El papel de Milk lo interpreta de forma soberbia Sean Penn. Ha ganado el Oscar al mejor actor por este papel y lo cierto es que es algo merecido. Pero más allá de conclusiones cinematográficas, este filme deja en el aire ciertas premisas para el análisis y la discusión. Un homosexual en política. Hoy es rara avis. Que yo recuerde, en cargos importantes no hay ninguno en España y pocos, muy pocos en Europa y el resto del mundo (quizás la primera ministra de Islandia, lesbiana fuera del armario hace años). En España sí que se ha avanzado algo en otras esferas de la sociedad. Militares, jueces, periodistas e incuso curas, que han declarado su condición sexual y que viven con cierta normalidad este hecho, pero la política se escapa a este hecho. El ejemplo de Milk no cunde, quizás por ese miedo, esa represalia que puede llegar en forma de anatema social, ese rechazo que aún destila la figura de un homosexual, aunque el colectivo quiera librarse de la imagen díscola y frívola que ha arrastrado.
Ahora que se acerca el mal llamado Día del Orgullo Gay (¿sólo se está orgulloso en ese día?), iniciado precisamente por un el Discurso de la Esperanza que Milk pronunció en San Francisco un 25 de junio de 1978, cabe recordar la herencia de esta figura. El activismo homosexual dio sus primeros pasos con su lucha contra el stablishment político, dominado entonces por los primeros aleteos de la oleada neoconservadora que en los 80 tuvo su principal defensor en Ronald Reagan. Milk, más que luchar por un puesto de concejal (o supervisor, como lo llaman en Estados Unidos), quiso abrir una grieta en el muro del odio y la indiferencia. Y lo consiguió, tanto como para tumbar una iniciativa republicana liderada por el senador John Briggs, por la cual se pretendía restringir al mínimo los derechos laborales (y por ende, sociales), de los gays. Briggs salió perdedor y la comunidad gay vio la luz al final del guetto.
Pero, lo que entonces parecía una cantinela ya pasada de moda, hoy, tres décadas después, sigue sonando en nuestros oídos. La familia, Dios, los hijos, la decencia, la moral... Conceptos que son usados y tergiversados para enfrentarse a todo lo “pernicioso” que representan los gays y lesbianas. Háganse una pregunta, ¿por qué Dios sale siempre a relucir cuando se habla de ciertos derechos (humanos)? ¿Por qué la religión sigue teniendo ese poder coercitivo y castrador hacia ciertas libertades como la elección sexual de cada individuo? Treinta años después, tres décadas de lucha colectiva por una igualdad sexual, con miles de historias terribles tras la ocultación de gays y lesbianas, con el cadáver de Harvey Milk aún caliente, los gays, más allá de la pluma y el cachondeíto de las carrozas del Orgullo, siguen con trabajo pendiente. La cuestión es si el resto de la sociedad puede echarles una mano en su lucha.
E n 625 líneas caben muchas cosas. Bueno, exactamente no se si con los actuales televisores de plasma o LCD, sigue existiendo la televisión de 625 líneas por cuadro, pero metafóricamente en la tele se puede ver de todo: de lo bueno y de lo malo, de lo excelso y de lo regular, de la más absoluta maravilla hasta la más pútrida bazofia. En España estamos acostumbrados a meter la basura catódica en casa. Programas como Esta noche cruzamos el Mississippi o Crónicas marcianas, dejaron en las noches españolas el gusto por las vísceras y lo morboso. Nos convertimos en anodinos ciudadanos que adoraban al becerro de oro televisivo sin miramientos de qué se nos ofrecía. La nada. Basura envuelta en celofán y con un lacito.
Las cosas evolucionan. Aunque soy defensor de una televisión con interés y utilidad social, lo cierto es que no estamos para tirar cohetes. Sinceramente, si la gente ve la bazofia que ponen en algunos canales es que le gusta. De eso no hay duda. La telebasura está porque se pide. Ahí le doy la razón a Pepe Navarro que cuando le hablaban de ello decía que él sólo daba a la gente lo que pedía. Ni más ni menos. La audiencia lo avalaba. Él no tiene la culpa... ¿o sí?
Nuestra caja lista (de tonta no tiene ni un pelo) crea leviatanes desorbitados, monstruos que el sueño de la razón no puede comprender y que abundan en tertulias del cotilleo nauseabundo. En otras ocasiones, lo que produce son artificios que hacen disfrutar a la plebe para que luego sean despedazados por los leones. Fenómenos como el de Susan Boyle, famosa por cantar bien siendo fea en un concurso tipo Operación Triunfo, explican qué tipo de programas prefiere la gente. Los leones de los que hablaba antes, tipo Simon Cowell, el Risto Mejide inglés (o el mismo publicitario masacrador de aspirantes a Bisbales), atacan a la presa para despellejarla y comerse los higadillos. Lo hacen sin miramiento mientras la masa enfervorecida se relame. Algunos aguantan los embates, otros no pueden y su estrella se apaga tan rápidamente como empezó a brillar. A la pobre Susan, la presión le pesó, pero no sobre el escenario donde cantó bien y consiguió ser segunda en el concursillo. La presión apareció en su vida real, la que tiene en su casa, la que tiene que vivir/sufrir cada día hasta que se muera. Esa vida en la que se encuentra a cada paso a fans surgidos de la nada, a fotógrafos que quieren ver por sus objetivos como pierde la virginidad o como va a la peluquería a arreglarse su maraña cabelluda. Eso se llama pornografía catódica. El Gran Hermano de Orwell (no el de la Milá, no ofendan por favor), ya está aquí... y nosotros parece que no nos hemos enterado ¿o sí?
H ay momentos de la Historia que merecen ser recordados y loados a pesar del baño de sangre que representaron. En aras de la libertad, en contra del fascismo, un 6 de junio de 1944, las tropas aliadas desembarcaron en Normandía. Pocos días después, París fue liberada. Tras la capital francesa, llegó Berlín y con ello, el fin del III Reich. Pero esta acción no se circunscribe tan sólo a ese día. Hubo muchos preparativos, por lo que la historia comienza antes.
En 1942, en pleno desarrollo de la Segunda Guerra Mundial, los aliados preparaban una enorme embestida militar, que echara por tierra los sueños imperialistas de la Alemania nazi. Gran Bretaña era el escenario donde se preparaba la Operación Overlord, que tenía como fin erradicar a los nazis del territorio francés y avanzar sobre Alemania, encontrándose con las tropas rusas, que avanzaban desde el flanco este, tras vencer a las tropas de Hitler en Stalingrado. Para ello, se unieron los ejércitos estadounidense, inglés y canadiense, a los que se agregaron fuerzas de los demás países aliados, reuniendo cinco divisiones, que partiendo de Inglaterra cruzaron el Canal de la Mancha y desembarcaron en el norte de Francia la madrugada del 6 de junio de 1944. Era el Día D. A esas cinco divisiones se les unirían con posterioridad otras seis, una vez que las primeras pudieron asegurar lugares para el desembarco.Para distraer al enemigo los aliados bombardearon la ciudad de Calais, situada también al norte de Francia, con el objetivo de hacerlos creer que ese era el objetivo. Pero en realidad, lo que se pretendía era instalar cabezas de puente, para facilitar el desembarco y la consecuente invasión. En el engaño de Calais, jugó un papel fundamental un español. Juan Pujol, doble agente, engañó a Hitler, haciéndole creer que la ofensiva aliada se centraría sobre Calais.
El peligro Las fuerzas aliadas temían a la Luftwaffe, la fuerza aérea germana. Por ello se procuró destruirla o dispersarla. Esto último se logró bombardeando ciudades alemanas, hacia las cuales se dirigieron sus aviones, debilitando la protección de Normandía, donde quedaron sólo trescientas aeronaves. Además tuvo particular importancia en el éxito de la campaña la acción de la resistencia francesa, que se mantuvo operativa luego de la invasión nazi, proporcionando información sobre las fortalezas alemanas, y colaborando en operativos de sabotaje.
Por otra parte, los aliados fabricaron dos puertos artificiales que facilitaron el desembarco, contando además con cañones autopropulsados y multi-cohetes. El petróleo fue primero trasladado por tuberías y luego se construyó un imponente oleoducto submarino que se estableció como puente de abastecimiento entre Inglaterra y Francia.
El plan de ataque fue diseñado por el comandante Dwight Eisenhower (que años más tarde alcanzaría la presidencia de Estados Unidos), colocando al frente de las tropas a Bernard Montgomery. Los alemanes habían minado la costa francesa, construyendo la llamada Muralla del Atlántico, y además contaban con poderosas ametralladoras, las Maschinengewehr 42, o MG42, ubicadas en los acantilados, que causó muchas pérdidas entre los aliados. Su efecto es recogido de forma espléndida por Steven Spielberg en la película Salvar al soldado Ryan, uno de los mejores acercamientos cinematográficos a esos últimos estertores de la Segunda Guerra Mundial.
Al frente del ejército nazi mandaban tres jefes suicidas: el mariscal Edwin Rommel, cuya astucia le valió el seudónimo de “zorro del desierto” y que optó por suicidarse al ser acusado de participar en la frustrada conjura de asesinato de Hitler. El general Günther von Kluge, a cargo del mando del frente occidental, desde julio de 1944, que se envenenó, al ser destituido, acusado de conspiración. En su reemplazo fue designado el general Walter Model, quien perdió su cargo por discrepancias tácticas con Hitler, ya que sostenía la conveniencia de dirigir las fuerzas rumbo al Rhin. Su suicidio se debió a la derrota nazi, y la responsabilidad que le cabría por sus crímenes de guerra.
El desembarco Los estadounidenses habían arribado a Pointe du Hoc, con el segundo batallón Ranger, el 5 de junio por la noche, al que se sumaron los refuerzos de la playa de Omaha, que fue la más difícil de tomar, distante a cinco kilómetros, contando con cinco cañones de artillería. El objetivo era tomar las playas de Utah (aislada de las demás por el río Douve) y Omaha, por parte de los norteamericanos, las de Sword y Gold, por los británicos y Juno por los canadienses. Así se constituirían las bases para el desembarco del resto de las fuerzas en días posteriores. Los puentes entre el Sena y el Loira, fueron destruidos por los aliados, al igual que carreteras y líneas ferroviarias, lo que impidió a los alemanes recibir ayuda de otros puntos. La estrategia estaba funcionando a la perfección.
En el desembarco, fue el Quinto Cuerpo de marines el que debió soportar el hundimiento de casi todos sus tanques, lo que provocó la desmoralización de las tropas, que tardaron en recobrarse. Sin embargo, el ánimo subió cuando los alemanes que ejercían la defensa de Cherburgo, quedaron aislados cuando los aliados tomaron la península de Cotentin. El 7 de julio los alemanes perdieron Caen, tras fuertes bombardeos, de fuerzas británicas y canadienses al mando de Montgomery. La ciudad quedó destruida.
El 18 de julio, el mando británico impulsó la Operación Goodwood, a cargo del teniente general Dempsey, donde fuertes bombardeos desde 1.900 aviones, trataron de abrir un camino para el paso de las tropas, destruyendo la fuerza defensiva nazi, pero esto no ocurrió, ya que la defensa de los antitanques, resistieron el ataque. Sin embargo, el 25 de julio, los invasores restablecieron posiciones al tomar Coutances en la parte occidental de Saint Lo, ciudad a las que se sumó Cherburgo, conquistada por los estadounidenses. Arranches fue tomada, cuando Hitler ordenó un contraataque en sus proximidades, pero fueron derrotados el 7 de agosto por las fuerzas aliadas, que actuaron en forma combinada. Los alemanes siguieron realizando contraataques poco exitosos, que fueron neutralizados por los cazabombarderos.
Por su parte, el ejército de EEUU, cercó el 15 de agosto a los alemanes replegados en el oeste, por el sur, aún con la oposición de Churchill, mientras los canadienses hacían lo propio por el norte.
La batalla de Falise significó un gran triunfo aliado, donde George Patton, al mando del III Ejército de EEUU, abrió un amplio frente para los aliados. Dos meses y medio después del Día D, el 25 de agosto, los vencedores tras atravesar el Sena, liberaron París.
E s el juego de la política. Aquel por el cual por tener carnet de un partido, hay que criticar al enemigo, no se pueden alabar las decisiones buenas del oponente, pero cuando aparece el dinero... ¡ay, el dinero!
En tiempos de crisis, el dinero hace falta. Lo saben las miles de familias españolas que sufren el trágico drama del paro. Lo saben los ayuntamientos del país, faltos de liquidez para emprender acciones que mejoren sus municipios. Lo sabe la oposición del Partido Popular que intenta hacer daño a costa de la peor recesión en ochenta años. Y lo sabe hasta Zapatero, que intenta poner parches, ya se llamen Fondo Estatal, Plan E o lo que sea.
El caso es que también ha querido poner de su parte la Junta de Comunidades. Harto de que la bancada popular le tilde de inactivo, José María Barreda expuso hace unas semanas un plan de choque para la reactivación de la economía regional que viene de perlas para los consistorios de la comunidad. En este tiempo, los cargos socialistas se han multiplicado para informar en qué consiste esta iniciativa y cómo se pueden beneficiar los ayuntamientos, tan necesitados de dineros públicos, de las ayudas. El delegado de la Junta en Albacete, Modesto Belinchón, presidió hace poco una reunión de este tipo. A ella estaban llamados los regidores provinciales. Acudieron en masa los socialistas y se dejaron ver algunos del PP. Sorpresa, pero no tanta cuando se trata de reparto del maldito parné.
Sucede, en esta marabunta de la crisis, que a nadie le amarga un dulce y que todos quieren quedarse con un trocito, por pequeño que sea, del pastel. Toda entrada de cash en la hacienda municipal ayuda y la del plan de choque de Barreda, no podía despreciarse así como así. Allí estaban los alcaldes populares con las manos abiertas en busca del maná autonómico. Pasar un ratito de apuro bien vale una ayuda, aunque te la dé el enemigo, ese al que no puedes ni ver.
R ajoy dixit: “Una nueva mayoría de españoles ha expresado su voluntad de cambio. Pronto ganaremos las generales”. El líder del PP, henchido de felicidad porque su partido acababa de ser proclamado vencedor en las elecciones europeas, hizo suyo el triunfo y apartó de los focos y de los oropeles de la victoria a su lacayo Mayor Oreja.
En el otro bando, el PSOE analiza los datos diciendo que no hay que extrapolar los resultados en la esfera casera, pero haciendo cuentas de tapadillo para ver el influjo que la derrota pueda tener en un hipotético futuro político en el Gobierno. Zapatero dice que es el responsable del resultado y en parte tiene razón. El que manda es el que se lleva los palos cuando las cosas ruedan mal, y los parabienes cuando todo son palmaditas en la espalda.
Pero estamos en tiempos de recesión económica y lo lógico y lo natural es que el Gobierno salga escaldado después de vivir algo más de un año (y lo que queda), de una terrible coyuntura económica que ha dejado la cifra de parados superando los cuatro millones. Ante esta tesitura, el “león” Rajoy se relamía pensando en una presa fácil. Delante de sus fauces tenía a una gacelilla que a pesar de las dificultades y los temores aún se revolvía y era capaz de dar certeras coces. Sin embargo, Zapatero, esa gacelilla en peligro de muerte, ha salvado la vida. El león esperaba asestar una dentellada mortal y apropiarse del cetro de rey del cotarro, pero no ha podido ser. Ha herido a su víctima pero ésta tiene tiempo para recuperarse.
Detrás de la fábula, se esconde una analogía de lo que puede pasar en los próximos meses en la escena política española. Zapatero ha perdido pero hasta las elecciones generales de 2012 queda mucho. Rajoy cree que ganará, pero la crisis cesará mucho antes que esa fecha. Lo malo es que el PP ha vendido la piel de la gacela antes de comérsela.
E n 2015, España será casi con toda probabilidad el país del mundo que cuente con más kilómetros de vía férrea de alta velocidad. La apuesta iniciada en 1992 con la línea de AVE entre Madrid y Sevilla, se verá completada en los próximos años con una madeja que pretende dejar cerca de este ingenio a todos los españoles. Y es que la alta velocidad está de moda. Aquí la acogimos con cierto regocijo y ahora con varios trazados puestos ya en marcha, el éxito es indiscutible, tanto que las líneas aéreas ya saben lo que es sufrir el ciclón AVE. Otra vertiente del éxito de la alta velocidad española vienen de los halagos que el propio Barack Obama lanzó hacia el modelo ferroviario nacional.
La inversión estatal para dotarnos de la mejor red de AVE posible es ingente. En muchas regiones esperan como agua de mayo ver llegar el morro de uno de estos trenes y ninguna provincia quiere quedarse sin este medio de transporte, pero en algunos casos las promesas que antaño hicieron los políticos no se van a poder cumplir. Por ejemplo, en 2001, el entonces Gobierno presidido por José María Aznar, aseguró que la conexión de alta velocidad entre Valencia y Albacete estaría disponible a partir de 2010. Ahora, el Administrador de Infraestructuras Ferroviarias (ADIF), pone como fecha de su puesta en marcha el 2012, noticia de la que se hace eco EL PUEBLO en la edición de hoy.
Con una estación cuyas obras van en plazo y que adaptará a la nueva realidad de viajar a todos los albaceteños, el AVE es necesario para la ciudad, para la provincia y para la región. Pero es esencial que el corredor entre Albacete y la capital del Turia no se demore en demasía. Dos capitales que tienen intereses comunes y ganas de estar más y mejor conectadas. Esperemos que los tres años que aún restan para 2012, pasen volando cual ave.
Políticamente correcto es que hoy se hable de preservación de los valores naturales del planeta, de lucha contra el cambio climático, del uso de nuevas y limpias fuentes de energía y de poner las bases de un nuevo modelo económico basado en la generación de riqueza que pueden traer esas mismas energías renovables, algo que desde esta atalaya informativa no vamos a censurar, sino todo lo contrario.
Pero, ataviados con nuestro “traje verde”, debemos hacernos una pregunta: ¿sirve de algo este furor medioambientalista cuando en la práctica son escasos los pasos que se están dando para poner coto a la degradación del planeta? Francamente, creemos que la realidad va varios pasos por delante de las medidas que nuestros políticos están poniendo en marcha para evitar un desastre global. Eso, unido a los negacionistas del cambio climático, hace que jornadas de reivindicación como la del 5 de junio, en la que se celebraba el Día Internacional del Medio Ambiente, adquiera un protagonismo que hace poco no tenía. Esta jornada debe ser el altavoz, el punto de no retorno a prácticas perniciosas para el entorno natural, la crítica sosegada hacia nuestros pasados errores y un análisis concienzudo de hacia dónde nos dirigimos con nuestra actual política energética.
En pleno debate sobre la pertinencia del uso de la energía nuclear y con el posible cierre (o no) de la central de Garoña, es momento de dar sin titubeos pasos hacia delante, aprovechando que las condiciones naturales de España lo permiten y abanderar el uso de las fuentes renovables, limpias y creadoras de empleo. Son cada vez más las voces que hablan de un futuro cercano del país generando miles de puestos de trabajo y liderando el mercado europeo en este campo. El ejemplo de Castilla-La Mancha en estas lides es paradigmático. La cuestión es si va a tener seguimiento.
Y llamó Jehová al hombre, y le dijo: ¿Dónde estás tú? Y él respondió: Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo; y escondíme. (Génesis, 3,9).
El miedo. Presente ya en las Sagradas Escrituras ha sido un elemento que las religiones de tradición judeo-cristiana (y ahí incluímos también al islam), han utilizado como medio para conseguir el adoctrinamiento rápido de fieles. El miedo sirve como catalizador de las necesidades de la gente que no sabe a qué atenerse, mientras que la religión les proporciona respuestas y por ende, una "protección" ante los miedos comunes.
Los griegos hicieron algo que puso a su Olimpo de dioses al mismo nivel de los humanos. El panteón helénico fue democratizado. Como el miedo "viene del cielo", los griegos (muy listos ellos), bajaron los humos a los dioses. Sin embargo, siglos después, en época de tinieblas (o no tantas, pero sí de mucha influencia religiosa en la sociedad), Roma, ya con un Papa campando a sus anchas por allí, impuso de nuevo el concepto de Dios justiciero y del miedo como herramienta de dominación. Así hasta nuestros días, donde todavía es válida la teoría del premio/castigo de Skinner pero aplicado a la salvación del alma (cambien premio por paraíso y castigo por infierno).
En Estados Unidos, la teoría del miedo también ha funcionado a las mil maravillas. La conocen muy bien en su exigua pero turbulenta historia. Desde la llegada de los peregrinos a bordo del Mayflower (huyendo de Gran Bretaña por el miedo a ser linchados por motivos religiosos), hasta el 11-S, la historia de este país ha sido construida basándose en el miedo. Más episodios de este fenómeno. La caza de brujas en el siglo XVIII surgió como consecuencia de la fobia y el desconocimiento de ciertas conductas (no demostradas) de personas con creencias distintas a la "oficial". Por su parte, la Guerra de Secesión acaeció por el miedo que provocaba en la Unión el posible avance del modelo productivo esclavista confederado. La expansión de Estados Unidos hacia el oeste se produjo por el temor al indio y a posibles invasiones de México por el sur. En todos estos episodios, los estadounidenses contaron con dos "avances" surgidos del miedo: la invención de la primera arma que disparaba más de un tiro sin necesidad de cargar (el Colt), y la Segunda Enmienda, que daba posibilidad de armarse en nombre de la propia defensa. Y ahí siguen, una y otra.
Otra caza de brujas, la de mediados del siglo XX contra el comunismo, también tocó los resortes del temor en la sociedad norteamericana, una sociedad que un par de décadas antes se había vuelto loca por la retransmisión en directo de la llegada de los extraterrestres a la Tierra. En este caso, Orson Welles tocó los acordes del terror para comprobar cuán ingenua es la población cuando se pulsan unas teclas concretas.
Lo que vino tras la caída de las Torres Gemelas fue la demostración palmaria del terror de Estado. George W. Bush impuso la ley del miedo, la certeza de que su país podría ser atacado si antes no atacaban ellos. Curiosa que su campaña bélica internacional se llamara "guerra contra el terror", aunque habría que añadir que el arma para combatirlo era más terror. El silenciamiento de la verdad, la ocultación de información, el uso de la fuerza y la propagación del miedo en el seno mismo de EEUU fueron las herramientas usadas por la Administración Bush para cargarse el Estado de Derecho y poder ganar la reelección.
El miedo a lo desconocido (en ese caso, todo lo que oliese a musulmán), caló entre la población, como ahora está calando lo de la gripe porcina o como quieran que se llame. Sólo les dejo dos datos. A estas horas, en el mundo hay unos 1.000 casos y una treintena de muertes. De la gripe normal, en un año normal y con una cepa normal, el primer día de la enfermedad suele haber más de 1.000 millones de casos y miles de fallecidos. A eso se le llama alarmismo. A eso se le llama miedo.
M ientras la era de Gordon Brown parece que se vaya desvaneciendo (habida cuenta de la mayor ventaja del líder conservador David Cameron en las encuestas previas a las próximas elecciones en el Reino Unido), se han cumplido 30 años de la primera victoria electoral de Margaret Thatcher. La hija del tendero que se licenció en Química por la Universidad de Oxford y que se convirtió en símbolo de la derecha mundial al llegar a ser la primera mujer en ser premier británica. Siempre fiel a su marca (la lucha contra todo lo que oliese a comunismo, lo que contribuyó a que los medios de comunicación soviéticos pronto la bautizaran como la Dama de Hierro), su gestión tuvo claros y oscuros. Por ejemplo, fue una líder capaz de modernizar la estructura tradicional de su partido, derrotando a William Whitelaw, delfín del ex primer ministro conservador, Edward Heath (del que fue en 1970 su secretaria de Educación) y superando después ampliamente al primer ministro laborista, James Callaghan (339 diputados frente a 239) en las elecciones generales del 4 de mayo de 1979.
Su victoria dentro y fuera del partido, sin embargo, no fue sólo fruto de la fuerte personalidad de Thatcher ni de su doctrina política: el thatcherismo, una combinación de libertad económica, valores tradicionales, patriotismo británico y una firme adhesión a Estados Unidos El proyecto de la Dama de Hierro fue una renovación total en todos los órdenes, no sólo económico y social, sino también en la manera en que debía conectar la derecha con sus potenciales votantes.
Estrategias Thatcher se rodeó de los mejores profesionales para su campaña electoral. Uno de los mensajes centrales de su campaña (Labour isn’t working o El laborismo no funciona) resumía a la perfección de una manera sencilla y clara (también desde el punto de vista gráfico con varias personas reproduciendo una enorme cola de paro en los carteles electorales) el sentir real de los ciudadanos y la principal preocupación de los británicos: el desempleo.
La estrategia de apostar por los laboristas como responsables de la crisis durante la campaña no fue tampoco casualidad. Mientras en las encuestas James Callaghan era el político más valorado, (aventajaba ampliamente a Thatcher, todavía una política desconocida), la matemática electoral certificaba que los conservadores superaban a los laboristas en intención de voto. El paro (a ojos de los electores) era consecuencia de las recetas del laborismo. Callaghan, a pesar de no generar rechazo entre la población, empezaba a ser visto en su propio partido como un estorbo. Los conservadores no sólo acertaron con el tiro, sino que (se darían cuenta más adelante) tenían en sus manos a algo más que a la candidata conservadora de un partido en alza. Ateniéndonos a la historia, el Partido Conservador, desde el punto de vista estructural, en el Reino Unido de 1979 lastrado por la crisis, preocupado por la pérdida de sus raíces y por la inmigración ilegal, con unos servicios públicos colapsados y golpeado en su moral, hubiera podido, en esas condiciones, alcanzar el 10 de Downing Street con otro candidato. Sin embargo, en Margaret Thatcher encontraron un modelo de comunicación poderoso para las generaciones políticas británicas y mundiales que vieron en ella (entre ellos el actual líder tory, David Cameron), como EEUU un año despúes en Ronald Reagan, la luz al final del túnel.
¿Piel de cordero? Bajo su piel de cordero, se escondía una política con muchas más convicciones y personalidad que otros primeros ministros conservadores. Prueba de ello fue que Thatcher ganó tres elecciones generales consecutivas. Todas ellas con mayoría absoluta y aventajando a los laboristas desde 1983 en más de 100 diputados. Su estrella política se extendió durante once años. Su legado fue tal que hasta la llegada de Tony Blair en 1997 con el Nuevo laborismo (que batiría todos los récords en su primera elección con 659 diputados frente a 419), los conservadores aún ganarían otros comicios de la mano del protegido de Thatcher, John Major.
Su retirada, que vino provocada por una dimisión forzosa por presiones entre las diferentes familias de su partido (con dimisiones de sus ministros de por medio), no eclipsó su figura. Políticamente, además de una predicadora excelente de sus posiciones políticas, la Dama de Hierro revitalizó a su partido, puso en marcha medidas (muchas de ellas impopulares pero a la larga efectivas), que recuperaron la debilitada y maltrecha economía británica. Precisamente en la contestación social a esas reformas económicas tuvo su principal talón de Aquiles puesto que entre privatizaciones de astilleros y minas, tuvo que sofocar mediante una dura represión policial las protestas de los sindicatos. Tampoco gustó a los ingleses la introducción de ciertos impuestos regresivos como la poll tax. Esa mala fama la conjugaba con ciertos éxitos que apuntaban hacia la exaltación patriótica como cuando “ganó” en 1982 la guerra de las Malvinas o cuando consiguió que Europa concediera a Reino Unido en 1984 el “cheque británico”, un descuento de la aportación de ese país a la entonces Comunidad Económica Europea por el hecho de que la mayor parte del presupuesto de la misma se destine a la financiación de la Política Agrícola Común de la que su país apenas participaba.
Luces y sombras por tanto, en la vida política de una mujer que marcó el rumbo del Reino Unido durante una década. Del Reino Unido y también de esa maravilla de programa que era el Spitting image...
EL SUCESOR
Recogió el legado de la Thatcher y pudo mantenerlo hasta 1997, ganando entre medias dos elecciones (con un Partido Laborista fragmentado y a la espera de Tony Blair), e intentando alejarse cada vez más de la imagen ultraconservadora de la Dama de Hierro. Major acabó siendo derrotado fulminantemente por un joven Tony Blair.
RESURGE EL LABORISMO
Joven, atractivo, optimista, repleto de nuevas ideas y de aire fresco tras la gris etapa de Major, el Nuevo laborismo de Tony Blair (y su gurú Anthony Giddens), levantó enorme expectación en el Reino Unido y también en el resto del mundo. Blair, tras seguir a pie juntillas la política de George Bush, dejó la manija del país a Gordon Brown que ahora lucha por mantenerse en los restos del naufragio.
U n 28 de abril, pero de hace 62 años, el sueño de un “loco” que quería demostrar una curiosa teoría, empezó a tomar forma. El explorador noruego Thor Heyerdahl (1914-2002), sostenía que pobladores procedentes de Sudamérica podrían haber llegado hasta la Polinesia antes de la llegada de Colón a América. El propósito de Heyerdahl era demostrar la posibilidad de que el poblamiento de Polinesia se hubiese llevado a cabo por vía marítima, desde América del Sur, en balsas movidas únicamente por las mareas, las corrientes y la fuerza del viento, que es casi constante, en dirección este-oeste, a lo largo del Ecuador.
Para demostrarlo, Heyerdahl y una tripulación de otros cinco hombres quisieron imitar a esos primitivos marineros y fabricaron una rudimentaria embarcación al modo indígena formada por nueve troncos cortados en la selva de Quevedo en Ecuador. Los expedicionarios se internaron en la selva y escogieron sobre el terreno 12 árboles (de totora) cuyos troncos servirían de base a la balsa, que fue construida en dependencias de la marina peruana siguiendo la descripción de textos españoles del siglo XVI.
La Kon Tiki (así se llamaba la barca mezclando las tradiciones de Con-Ticci-Viracocha, representante del Sol en la Tierra según la leyenda de los indígenas del lago Titicaca, y la historia de Tiki, nombre que la mitología polinesia daba al hijo del Sol), tenía una vela cuadrada con la figura de la cabeza del rey-sol según el modelo que se conserva en las ruinas de la ciudad de Tihuanaco.
Pero el viaje presentaba ciertos interrogantes, entre ellos el de su seguridad. Si la Kon Tiki viraba demasiado de costado al viento, la vela se volvía y la embarcación giraba completamente avanzando con la popa por delante. Pero la madera de balsa resultó una excelente elección. No absorbió agua en exceso debido a las resinas que guardaba en su interior. Tampoco se utilizó ningún alambre para la sujeción de los maderos de totora sino cuerdas que acabaron penetrando en el material de la balsa, con lo que no se produjeron roturas por rozamiento. El agua que entraba por la borda desaparecía con gran rapidez entre las uniones de los troncos.
El 28 de abril de 1947, la Kon Tiki dejó atrás la bahía de Callao entrando en la corriente de Humboldt que trae masas de agua fría del Antártico y se desvía hacia el oeste, al sur del Ecuador.
La expedición dispuso de ciertos elementos como una radio, relojes, mapas, sextantes y cuchillos, aunque los mismos no fueron relevantes a la hora de probar que una balsa como la utilizada podía realizar la travesía. Atravesando cuatro mil millas marinas (6.437 kilómetros) desde Perú a la Polinesia, los seis tripulantes de la balsa llegaron a una isla deshabitada tras 101 días de navegación. La Kon Tiki se dirigía hacia los arrecifes de Takume y Raroia (en Tuamotu), a donde llegó el 7 de agosto de 1947. La corriente arrastró a la balsa hasta la penúltima de un grupo de islas de difícil acceso por causa de los arrecifes. Habían conseguido llegar a su destino sanos y salvos.
La expedición Kon Tiki fue financiada mediante préstamos, y contó con donaciones de parte del ejército de Estados Unidos. A partir de esta experiencia, Heyerdahl se hizo famoso y aprovechó para contar su vivencia en el libro Kon Tiki, todo un best-seller que se tradujo a 66 idiomas, además de ser inspirador de una película documental que dirigió el propio Thor Heyerdahl y que ganó un Oscar en 1951.
Polémica A pesar del éxito de la iniciativa de la Kon Tiki, las hipótesis de Heyerdahl no es aceptada mayoritariamente, y ha sido refutada a partir de las pruebas genéticas realizadas a habitantes de la Polinesia. Es el caso de los pascuenses, en el que se demuestra un origen polinésico relacionado con un preorigen asiático. Pero lo que cuenta es que el ejemplo de investigación antropológica de esta embarcación queda ahí y ha sido repetido con posterioridad buscando el origen de grandes migraciones transcontinentales. Ya con eso, importante es el legado dejado por el aventurero noruego y sus cinco compañeros de travesía.