Foto: Zúh Malheur. |
Recibir buenas noticias siempre es una buena noticia, sean ustedes destinatarios o no. Aunque pensándolo bien, si reciben algo es que son destinatarios, ¿no? Me he metido en un laberinto de calles oscuras y no sé salir de él. Qué contratiempo... Mejor les cuento algo de Carta de mamá, obra escrita por Carlos C. Laínez y dirigida e interpretada por él mismo junto a la simpar Mili Lora, ambos patafísicos de pro.
El teatro se puede hacer, ver y disfrutar en cualquier parte. Hace unas cuantas centurias, era en las puertas de las iglesias donde tenía su acomodo escénico y luego ha habido de todo... incluso teatros. Pero cuando la propuesta es cercana, íntima, amistosa y para colmo el texto y las interpretaciones son soberbias, ¿cómo te vas a quejar de que se desarrolle en una antigua bodega que ahora es centro de actividad cultural? Pues no te quejas, te alegras en grado sumo. El caso es que la Compañía Furtiva de Teatro, que así se llaman Mili y Carlos cuando no están arropados por La Pata Física, su otro hogar teatral, han decidido hacer de su capa un sayo y de su lugar de trabajo, un sitio de celebración de las artes y entre ellas, el teatro. Carta de mamá es la excusa primigenia para hacer de La Bodega de Artistas (calle La Vid, 14, Chiclana), un lugar de encuentros para todo aquel con inquietudes culturales. De momento, Carta de mamá (que sí, que ahora voy a la crítica teatral), es el primer aldabonazo de una actividad que presumimos longeva y exitosa.
Ahora empecemos con lo importante. Tienen que ustedes ir a ver esta obra de la Compañía Furtiva de Teatro de forma obligada. No tienen elección. Sí o sí. Y tienen que hacerlo en sábado a partir de las 21.00 horas en el lugar indicado más arriba. Y deben reservar antes porque solo hay una treintena sillas de aforo (ya les decía que la experiencia era cercana). Y como están obligados a ir para pasar un rato de fábula solo tienen que llamar a los siguientes números para reservar su plaza: 605583332 y 615100691. Y después de abonar cinco euros, pueden ustedes entrar a disfrutar la función con un final refrescante en forma de risas continuadas y botellín de cerveza por gentileza de la compañía.
Foto: Zúh Malheur. |
Hablamos por tanto, de una obra necesaria que bucea en clichés muy anclados en el subconsciente colectivo español para hacerlos trizas con altas dosis de humor (ese romanticismo mal entendido, esa búsqueda del amor ideal, las relaciones paterno-filiales...), pero por encima de todo eso es un canto vitalista por cuanto sales de la función sabiendo que has aprovechado casi una hora de tu vida en algo tan importante y saludable como es reír. Y eso señores, es algo que no está pagado... ni aunque te inviten a un botellín de cerveza fresquita.
Seamos pues destinatarios de la buena noticia de tener a la Compañía Furtiva de Teatro funcionando cada sábado en La Bodega de Artistas. Compartan esas buenas noticias y luego ya me cuentan...
2 comentarios:
Totalmente de acuerdo, es una obra que nos os arrepentiréis de ver, con carcajada segura. El privilegio que tiene que la interpretación sea en un lugar reducido es que puedes conversar con los actores antes y después de la obra. Obra muy recomendada.
Y que hay cerveza!
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