miércoles, 30 de septiembre de 2009

UN SUFRAGIO VERDADERAMENTE UNIVERSAL


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a lucha de la mujer por la equiparación de sus derechos con los del hombre ha sido producto de una lenta y difícil pugna, aún no concluida. Una de sus fechas clave fue la del 1 de octubre de 1931. Ese día, de verdad se pudo hablar de sufragio universal en el país, puesto que la mujer pudo acceder al voto en unas elecciones.

Cuando la mujer pudo salir de la esfera puramente doméstica y participar en los espacios públicos, comenzó a demandar y organizarse para la reclamación de sus derechos. Reino Unido, Canadá y Estados Unidos fueron los países precursores en el siglo XIX en la lucha por la consecución del sufragio femenino. España fue mucho más lenta que los países de su entorno en buscar ese logro, ya que tuvo una economía esencialmente agraria, donde la industrialización tardó en aparecer, iniciándose sólo de forma tímida en Cataluña y en el País Vasco. La clase burguesa liberal aún no está afianzada a fines del siglo XIX y principios del XX. Además, el absolutismo monárquico con sus ideas tradicionales y conservadoras, y el destacado rol de la Iglesia Católica, fueron factores determinantes para mantener a la mujer alejada de los temas políticos, actividad que se consideraba típica de hombres. Las féminas no se podían alejar de su papel de esposa y madre, porque se rompería con la estructura familiar, básica para el orden social de la época.

Las mujeres que trascendían el ámbito doméstico y se agrupaban, lo hacían con un fin de caridad cristiana, aunque lentamente comenzaron a preocuparse por su situación social, requiriendo ser tenidas en cuenta en los terrenos culturales y laborales. Ese fue el fin planteado por la Junta de Damas de la Unión Iberoamericana de Madrid, en los albores del siglo XX. El centro Iberoamericano de Cultura Popular Femenina, fue creado en 1906. Sin embargo, a pesar de estos fugaces intentos por darle un “sitio” a la mujer en la sociedad del momento, los puestos más importantes eran ocupados por hombres.

La política empezó a ver en las mujeres un nuevo “instrumento” para sus fines. El nacionalismo catalán encontró en ellas la posibilidad de apoyo para su causa, creando el Partido Conservador Catalán, en 1906, una sección femenina de la Lliga Regionalista: La Lliga Patriotica de Dames, para apoyar a los hombres, pero sin cumplir un papel electoral activo, sino de influencia sobre sus maridos. Si bien en esos años comienzan a surgir algunos proyectos de incluirlas en el electorado aunque de manera parcial (incluir a las mujeres solteras como electoras, pero no como candidatas), todos son rechazados.

Las feministas
Pero las cosas comenzaron a cambiar. Carmen de Burgos fue una de las pioneras en exponer a través de las páginas de El Heraldo de Madrid, dos encuestas cuyos temas eran respectivamente el voto femenino y el divorcio.

Los partidos empezaron a moverse y en reconocer en la mujer un posible agente político de futuro. El PSOE fundó en Madrid la Agrupación Femenina Socialista en 1912, y en 1913 fue por primera vez incluida una mujer en su Comité Nacional: Virginia González. Por su parte, el sector católico conservador creó sus propias organizaciones en defensa del statu quo. Así en 1912 liderado por María Doménech, se fundó la Federación Sindical de Obreras. María Echarri también creo en esos años el Sindicato de la Inmaculada.

Una revista hecha por mujeres en aquellos años fue El pensamiento femenino destinada a las mujeres, pero con un sentido basado en la religión cristiana, fomentando la participación en la órbita de la asistencia social. Con el mismo criterio surgió en 1917 La voz de la mujer, dirigida por Celsia Regis que un año más tarde, fomentó la creación de la Asociación Nacional de Mujeres Españolas, liderada por María Espinoza de los Monteros, que en su discurrir logró que las mujeres pudieran acceder a la universidad y a la administración pública. Esta organización básicamente inclinada a la derecha, e integrada por mujeres de clase media, tenía su correlato de izquierda en la Unión de Mujeres de España que funcionaba en Madrid, con admisión más abierta a todo tipo de clases y creencias religiosas. Estos dos grupos se distanciarán de manera decidida a partir de 1920, los que les impedirá tomar intervención en la Alianza Internacional de Mujeres Sufragistas.

De nuevo de la mano de la Iglesia surgió en 1919 la Acción Católica de la Mujer en defensa de los derechos de la mujer dentro del ámbito de la familia, reivindicando su papel importante dentro de la órbita del hogar.

En plena crisis del sistema político de la Restauración borbónica, a fines de 1919, se presentó un proyecto de Burgos Mazo, diputado conservador, que nunca llegó a tratarse, sobre el voto femenino, que les permitía siendo mayores de 25 años, elegir pero no ser elegidas, votando un día diferente al asignado a los hombres.

Bajo la dictadura de Primo de Rivera, se dictó en 1924 el Estatuto Municipal que concedía la posibilidad de sufragar en las elecciones municipales a ciertas damas, que debían ser emancipadas, solteras, y mayores de 23 años. La mujer casada era excluida de esta posibilidad, pues según la concepción bastante arraigada en la época, podría originar rencillas domésticas, si los cónyuges optaran por votar a diferentes candidatos. Se basaba además en el concepto de voto familiar, considerando a la familia como unidad de criterio al momento de sufragar.

Kent, Campoamor...
En 1926, surgió en Madrid el Lyceum Club donde personajes de la talla de Victoria Kent, María de Maeztu y Zenobia Camprubí, entre otras, abogaron por reformas más trascendentes en la equiparación de derechos entre los sexos, como las reformas de los artículos del Código Civil, que establecieran privilegios por razones de masculinidad. Pero los logros concretos en favor de la mujer llegaron de la mano de la instauración de la Segunda República, en abril de 1931, que elaboró una constitución de corte liberal. Con respecto a los derechos políticos de las mujeres, las primeras en ejercer cargos de diputadas en junio del 31, al inicio de la República cuando se les permitió acceder a los escaños pero no elegir, por un decreto del gobierno provisional de la República de mayo de 1931, fueron Clara Campoamor, por el Partido Radical y Victoria Kent, por Izquierda Republicana. A estas se agregó a fines de ese año, por el PSOE, Margarita Nelken, quien sostenía que solo la mujer educada y la obrera, debería poder sufragar, por su mayor conocimiento del mundo y de las circunstancias político-sociales, que aquellas confinadas al ámbito doméstico. Ellas fueron las que abrieron la senda para que el Congreso de los Diputados diera luz verde al verdadero (ahora sí) sufragio universal, el 1 de octubre de 1931.

La Constitución republicana, basada en la efectiva equiparación de derechos constituyó un antes y un después en los derechos de la mujer. Las causas que se reconocían en el texto no debían dar lugar a privilegios jurídico. Dentro de ellas figuraba el sexo gracias a la intervención de Clara Campoamor, que se opuso férreamente al planteamiento de Kent, que sostenía que acordarle derechos a la mujer era lógico, pero inoportuno, ya que sus votos irían para los partidos de derecha, por la gran influencia de la iglesia sobre la conciencia femenina.

El artículo 36 era el que le otorgaba la calidad de sufragante en iguales condiciones que al hombre (siempre siendo mayores de 23 años). Esta disposición se complementó con el artículo 40, donde se eliminaba la discriminación por sexo en los empleos y cargos públicos. Por el artículo 46 se protegía a la mujer en su desempeño laboral, sobre todo con respecto a la maternidad. Por el artículo 53, podían acceder a ser diputadas siendo mayores de 23 años. Aún se avanzó sobre otras reivindicaciones, como la igualdad de sexos dentro del matrimonio, aceptándose el divorcio cuya ley fue aprobada en 1932, con notable oposición de la iglesia y de los conservadores.

Tal como temían los partidos de izquierda, en las elecciones de 1933, las primeras en la que participaron los grupos femeninos, ganó la derecha. A ellas se les culpó de la derrota de la izquierda, aunque parece más plausible que la causa fue la unión de los partidos de derecha en la CEDA. Este gobierno conservador, sin embargo, no recluyó a la mujer de su participación ciudadana, ya que seis mujeres ocuparon bancas de diputadas.

En 1936, el triunfo fue para la izquierda unificada en el Frente Popular, lo que demostró que tal vez en la unión estaba la posibilidad del triunfo. Pero sin importar demasiado en este caso quien ganaba, las vencedoras reales eran las mujeres que comenzaban tímidamente a asomarse a la vida política, aunque no duró mucho tiempo. La Guerra Civil y la dictadura de Franco hicieron que los logros femeninos conseguidos (y los masculinos también), retornaran a una penosa casilla de salida. La participación política popular se limitó en estos años a plebiscitos para asegurar a Franco su poder absoluto.

Cuando en junio de 1977 se celebraron las primeras elecciones tras la dictadura, la mujer pudo participar libremente. Ahora la lucha continúa por otros derroteros.



martes, 29 de septiembre de 2009

BUSCANDO EN EL CORAZÓN DE LAS TINIEBLAS

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a escena se repite. Brando, Hanks, Douglas, De Niro. Todos en el frente. Todos en una batalla que no iba con ellos pero en las que se tuvieron que implicar... Bueno, ellos no, sus personajes. Pero da igual, porque escenas como el desembarco en las playas de Normandía al inicio de Salvar al soldado Ryan, el ataque a la aldea del Viet Cong en Apocalypse now, el juego infernal de la ruleta rusa en El cazador o la vida en las trincheras de Senderos de gloria, nos ofrecen una visión sin complejos de ese acto (in)humano que es la guerra, algo tan “nuestro” que nos acompaña desde el comienzo de los días. Desde que somos lo que somos, siempre hemos buscado nuestro particular casus belli para ostiarnos de lo lindo con otros semejantes. Da igual que el razonamiento más o menos claro sea una frontera, unos ideales, una creencia religiosa, o incluso el fútbol (que para eso, guerras ha habido de todas clases), pero el trasfondo siempre es el mismo: el instinto asesino del mayor depredador que existe: nosotros.



Ya lo dijo Coppola después de dejarse la piel (y casi la vida), en la selva filipina donde filmó Apocalypse now: “Esto no es una película sobre el Vietnam. Es Vietnam”. Tenía mucha razón el director italoamericano puesto que se empeñó en que toda la locura del acto bélico se plasmara en fotogramas.
Hay realizadores que tienen el pulso y la sabiduría cinematográfica suficiente como para meternos de lleno en el combate, aún a sabiendas que lo que vemos es una ficción con tintes neorrealistas. Coppola lo consiguió. Otro de ellos fue Kubrick con su magnífico trabajo en Senderos de gloria, donde exploraba los terrenos (difusos) de la valentía y la cobardía. Esos travellings inversos recorriendo las trincheras y acompañando a Kirk Douglas nos inducen a pensar que dentro de una guerra puede haber lugar para cierto tipo de belleza (aunque en este caso sea cinematográfica).



Belleza no, pero estremecimiento es lo que uno puede sentir al acercarse a una obra como Salvar al soldado Ryan. Por muchas críticas que puedan hacérsele (patriotismo, sensiblería), la película de Spielberg es un acercamiento extremadamente realista al Día D. El cineasta toma prestado el traje de Robert Capa y se mete con los soldados en la playa. Tragamos agua salada y nos escupen arena a la cara, mientras intentamos cargar con toda la impedimenta y llegar a posiciones defensivas. Los balazos resuenan a nuestro alrededor y la sangre brota a discreción. Media hora después (lo único que le falta a Spielberg es rodarlo todo en tiempo real para llegar a una experiencia plena y dolorosa de este episodio bélico), empezamos a recuperar el resuello que nos ha quitado una de las más impactantes escenas bélicas de la historia del cine. Con justo merecimiento, Salvar al soldado Ryan se coloca entre lo mejorcito de este tipo de cine y el genio de Spielberg vuelve a remover conciencias como ya hiciera con otros trabajos anteriores caso de La lista de Schindler.



Cine y guerra. Un filón inagotable que seguirá dando réditos en pantalla mientras sigan existiendo conflictos bélicos alrededor del mundo. Después de volver a ver Apocalypse now este pasado fin de semana, me tope con una lista de las 100 mejores películas bélicas de la historia... y me paré a pensar, porque la clasificación estaba hecha conforme a un orden cronológico de conflictos. ¡Cuánta maravilla sacada de tanta estupidez!, pensé. Lo único bueno que extraje fue que esas películas son ficción. Ojalá todo se redujera a eso, a una ficción en la que sólo lo pasamos mal durante las dos horas que dura la proyección. Ojalá la realidad fuera la que vemos en la pantalla y no la que tenemos que sufrir cada día en los telediarios. A todos nos iría mejor.



viernes, 25 de septiembre de 2009

EL INVIERNO EN LISBOA (Y LA PRIMAVERA, Y EL VERANO,...)



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onde acaba el mar y la tierra comienza. Así definió José Saramago, el único premio Nobel de las letras portuguesas, a la ciudad de Lisboa, un lugar en el que te sientes a gusto desde que tocas por primera vez su suelo. La antigua Olisipo de los romanos, la Lisboa manuelina que siendo mascarón de proa del incipiente imperio portugés se midió en fuerza y poder con la Castilla de los Reyes Católicos y que posteriormente puso sus miras comerciales en el sudeste asiático, la ciudad que miraba al Atlántico desde el estuario de su Tejo (nuestro Tajo) con el aroma de esa bellísima Revolución de los Claveles que acabó con la dictadura de Salazar el 25 de abril de 1974, la capital que se abrió a Europa con la necesidad de ser reivindicada como una de las grandes urbes. La Lisboa fadista y a la vez moderna que huele en los rincones de los barrios de Alfama o del Chiado a Eça de Queiroz, a Lobo Antunes, a Fernando Pessoa o incluso al propio Saramago.

Llega uno a la capital portuguesa con el interés de pasear. No es Lisboa, un Londres, un Nueva York, ni siquiera un Madrid, en donde la agenda de sitios que contemplar te lleva cual japonés armado de Nikon para cumplir con los horarios de visita. El paseo reposado, la observación de detalles, la apertura de sentidos, se torna esencial en un recorrido por las angostas y laberínticas calles lisboetas. Si no es así, olvídese amigo lector, de conocer aunque sea levemente la capital del país vecino.

La entrada de Portugal en la Unión Europea (en 1986, a la par que España), supuso una apertura esencial para todo el país y para su principal ciudad. Los lisboetas son ahora gente acogedora, sin lugar a dudas sabedores de que las remesas que entran en el país a cuenta del creciente turismo, es una de sus tablas de salvación, algo que en un país en el que la crisis económica empezó antes que en el resto del mundo, se torna esencial.

El consejo es ese. Lleguen a Lisboa y paseen con tranquilidad. Háganlo por la magnífica Avenida da Liberdade desde su extremo norte, junto al enorme parque de Eduardo VII (lugar cercano al escogido por El Corte Inglés para instalar su primer establecimiento fuera de España), hasta la zona de Restauradores y Rossio (cuyo centro neurálgico se localiza en la animosa Praça do Pedro IV). Es este uno de los núcleos comerciales de la capital y auténtico centro administrativo lisboeta, que nos deja a los pies del Terreiro do Paço, lugar donde se encuentra la majestuosa Praça do Comercio. Este fue el punto inicial donde el urbanista marqués de Pombal inició la reconstrucción del barrio de Baixa tras la destrucción de la que esta zona fue objeto con el maremoto de 1755 (que también afectó a ciudades españolas como Cádiz).

El Terreiro do Paço ocupa lo que hasta inicios del siglo XVIII era el palacio real, lugar donde los reyes de la dinastía manuelina trazaban nuevas líneas comerciales donde el interés económico de los portugueses era la moneda de cambio habitual. Baixa aparece acontinuación con un plano reticulado de calles que acaba en Rossio y la Avenida da Liberdade, verdaera arteria vertebradora de la ciudad.

La Lisboa monumental
Desde Baixa se hace obligada una visita al Bairro Alto y al Chiado (este último fue profusamente reconstruido después del pavoroso incendio que sufrió en 1988). Un paseo por la Praça Luis de Camoes o por la rua Garret es esencial para comprobar la vida de una ciudad como Lisboa, últimamente muy ligada al turismo. La Lisboa añeja (con monumentos tan impactantes como el convento do Carmo, semi destruido en el maremoto de 1755 y que actualmente aloja un museo arqueológico) se da la mano con la modernidad que ofrecen las actuales cadenas de tiendas internacionales, mientras rastreamos los pasos de un Fernando Pessoa que parece que sigue escribiendo en cuartillas dentro del café A Brasileira, su lugar preferido para tomarse un café a media tarde mientras observaba el paseo de los lisboetas.

También es ineludible una visita por los barrios de Alfama y de Graça. Las callejuelas del viejo barrio fadista de Alfama conllevan sorpresas constantes en forma de tabernas y tiendecillas, siendo recomendable el comer allí las especialidades nacionales como la papa d’açorda o los cientos de variantes del bacalao (prueben el bacalhau com natas o a minhota acompañados de un buen vinho verde). La noche se puede completar asistiendo a un bar de fados, la canción portuguesa, esa que la fadista parece cantarte al oído con un quejío similar a la copla o al flamenco (la gran Amalia Rodrigues se atrevió incluso con una excelsa versión del Ojos verdes).



Lisboa también es una ciudad con una apreciable oferta cultural y de ocio. En los últimos años, ha sorprendido (o quizás ya no tanto), que grandes bandas del rock como U2 o los Rolling Stones, hayan recalado en la capital lusa, uniéndose al selecto club de ciudades europeas que ven a estos monstruos del rock. El número de teatros y de salas de exposiciones han avanzado espectacularmente en estos últimos años, dejando ya en el recuerdo la Lisboa degradada de finales de los 80. Sin embargo, el fado pesa mucho en la cultura lusa, por lo que si usted es una persona inquieta, pásese por una taberna donde puede asistir a un recital fadista... y déjese llevar por el ambiente arrabalero (sin matiz peyorativo) y popular de este cante.



De un extremo a otro. Historia y modernidad. Al sur, queda la Torre de Belem, el Padrao dos Descubrimentos y el Mosteiro dos Jeronimos, cita inexcusable con la Historia portuguesa. Al Norte, el Parque das Naçoes, sede de la Expo’98, con sus edificios futuristas y el puente Vasco de Gama, que con 17 kilómetros de longitud es el más largo del continente. Dos caras de una misma ciudad. Una Lisboa que aún está por descubrir. Ya lo dijo Pessoa: “La vida es lo que hacemos de ella. Los viajes son los viajeros. Lo que vemos no es lo que vemos, sino lo que somos”. Y el que ha estado en Lisboa, se siente de allí.



martes, 22 de septiembre de 2009

BELÉN ESTEBAN EN EL CONFESIONARIO

¿Te acuerdas? Los curas casados




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a Iglesia Católica y sus contradicciones. Una institución que se mira de cara a un espejo y descubre sus propias debilidades, aunque no hace nada por hacerles frente. Uno de los grandes problemas que tienen actualmente sobre la mesa los señores obispos, cardenales y en última (aunque puede que primera) instancia el Papa, es la falta de vocaciones. Ya saben ese típico y plañidero discurso de que los jóvenes se alejan de Dios, que no hay sustitutos para los sacerdotes que están a punto de dejar su labor doctrinal y “bla bla bla”. Pero curiosamente sólo queda la queja, pero no hay atisbo de soluciones. Es algo lógico cuando lo que se promociona es el boato y la pompa vaticana en detrimento de la abnegada y valiosísima labor de clérigos en ese otro mundo que está aquí a la vuelta de la esquina pero al que le volvemos la cara una vez sí y otra también.

Viene esto al pelo por el asunto del celibato sacerdotal. ¿Saben que en España más de 5.000 curas están casados? ¿Y que estos representan a algo más del 20 por ciento del clero? Sorprenden estas cifras, pero más aún la ceguera absoluta de la jerarquía que desaprovecha este capital humano por la insensatez de prohibir el ministerio a alguien que se haya desposado. ¿En qué quedamos? Alabamos el sacramento del matrimonio, pero lo prohibimos para los nuestros. ¿Por qué? En lo fundamental, por una interpretación unidireccional de las Sagradas Escrituras, textos no olvidemos que en su mayoría alcanzan ya casi los 20 siglos de historia. Curioso que desde nuestra visión etnocentrista, luego critiquemos las interpretaciones y las aplicaciones de preceptos religiosos en otras confesiones como si fueran ley de debido cumplimiento. ¿Nos creemos mejor que otros?

Pues ahí los tienen. Más de 5.000 curas casados en España que se cansan de esperar a que sus jefes les digan que sí valen. Ellos desean ponerse manos a la obra (de Dios), pero sus superiores les coartan. Los vientos de cambio que surgieron del Concilio Vaticano II han amainado hasta dejar paso a una calma chicha que viene bien para mentes adocenadas y los amantes de pocos cambios, aquellos que con manu militari se han dedicado en los últimos treinta años a echar abajo el edificio reformista propuesto durante el papado de Juan XXIII.

La reflexión por tanto, es clara. Si existen escasas vocaciones, si el estamento clerical está mayor y hace falta savia nueva, ¿qué intereses mueven a la Iglesia Católica a no permitir a sus futuros empleados a decidir si quieren estar casados o no? ¿A qué tiene miedo el papado? ¿Por qué no da muestras de adaptación a los tiempos en los que vive? Puede que el permitir el apostolado a aquellos a los que ahora se les prohíbe ayude a construir Iglesia. Falta les hace.

Por cierto, lo de la Esteban simplemente era para llamarles la atención... Espero que haya triunfado mi propuesta. Gracias Be, tienes ganado el cielo.



domingo, 20 de septiembre de 2009

PERLAS DE MADRUGADA

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as noches dan para mucho. Dormir, comer, hablar, salir de fiesta, amar, compartir... y ver la televisión. Si se es insomne, tienes a tu disposición una variada oferta... espera, espera, cambio lo de variada por insufrible caterva de programitas “sacacuartos” que además son un engaño masivo para mentes cándidas.

Sin embargo, hay vida más allá del cutrerio. Algunas cadenas se alejan del putrefacto panorama que campea por las parrillas y nos regalan (eso sí, a horas intempestivas), algunas maravillas. En TVE podemos hallar alguna cosilla estimulante como El coro de la cárcel y todo lo que se ponga en La 2, que todo el mundo dice que su programación es la hostia pero nadie la ve.



En el bando de las privadas, las sorpresas vienen en forma de series (por lo general estadounidenses) que tienen una pinta buenísima, oiga. Y si no, enchufen La Sexta. Después del programa de Buenafuente (loas superlativas al genio de Reus), la cadena de Mediapro nos muestra qué es una buena serie, empezando por esa maravilla que es Rockefeller Plaza, una idea original de una actriz y guionista llamada Tina Fey. Algunos de ustedes la recordarán de una imitación impresionante que hizo de Sarah Palin en la última campaña de las presidenciales de Estados Unidos. Pues bien, esta señorita (o señora, la verdad es que no lo sé), lleva unos añitos dirigiendo y coordinando los guiones del Saturday Night Live, ese veterano programa que en España no tuvo éxito en Cuatro (probablemente porque ni se emitía en sábado ni en directo... lo de la noche, sí).



La Fey es la que ha revitalizado este show de donde han salido en el último cuarto de siglo los mejores comediantes de Estados Unidos: de John Belushi a Eddie Murphy, de Steve Martin a Dan Aykroyd, de Billy Crystal a Ben Stiller. Luego se embarcó en Rockefeller Plaza, donde apoyado en un impresionante Alec Baldwin, destripa las miserias de las cadenas de televisión. Humor ácido, negro, del bueno.

La Sexta también emite cositas como Me llamo Earl o ¿Cómo conocí a vuestra madre?, ésta última un fenómeno allá donde se emite porque ha creado a otro de esos personajes que calan en la comunidad televisiva: Barney Stinson, un mujeriego empedernido, ególatra hasta más no poder... pero con una gracia irresistible. El que se mete en este papel es Neil Patrick Harris, que triunfó a inicios de los 90 con la serie Un médico precoz.



El ex agente Mulder de Expediente X tiene ahora las pintas de un escritor, a veces en crisis, que tiene un pequeño problema (según se vea): le gusta demasiado el sexo. La serie la emite Cuatro y se llama Californication. La misma cadena que también tiene a House en plantilla, fichó la temporada pasada a un forense con ánimos asesinos: el encantador Dexter, otra serie superlativa por sus tramas y su definición de los personajes.

Y ésto sólo es un aperitivo. Busquen, busquen en la parrilla y si no tienen mucho que madrugar, encontrarán verdaderas maravillas. Si a estos pequeños consejos le unen Los Simpson, Futurama, Padre de familia o Perdidos, pueden decir ya que ven toda (o casi) la buena televisión que se emite en este santo país. Amén.



viernes, 18 de septiembre de 2009

FERIA (Y VII): ¿LOS RESTOS DEL NAUFRAGIO?


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ueno, lo parece. Pero no es un naufragio, sino una botella de sidra que ya ha sido disfrutada junto a unos miguelitos... justo antes de que cayera un buen chaparrón sobre los Redondeles. La Feria más lluviosa de los últimos años nos está dejando estampas realmente curiosas, como el hecho de que algunos incansables de la fiesta persigan aún esos deseables momentos de diversión,... en medio del aguacero.

Foto: Pablo Lorente.



FERIA (VI): UN BUEN CONSEJO


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unca está de más que nos recuerden que todo tiene su justa medida. En tiempos de fiesta más. Está claro que prohibir por prohibir es plato de mal gusto, así que lo sensato es favorecer que la gente se lo pase bien pero con sensatez. Por eso, consejos como el que vemos en el Recinto Ferial, recordándonos que si se bebe, se haga con cabeza, es siempre una iniciativa loable. Si no se bebe así, luego te puede venir el dolor... de cabeza.

Foto: Pablo Lorente.



FERIA (V): FELICES PRECIOS


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ues con razón algunos hacen negocio (del siglo, podríamos decir), en plena Feria. Si te quieres tomar un café te cuesta 1,80 euros, mientras que si es con una miaja de leche, la cosa se pone en los 1,90. Eso se llama sablazo. A estas alturas, no vamos ni a poder desayunar tranquilos. Cuán lejos quedan aquellos tiempos en los que el café en los bares costaba unos 80 céntimos... si eras el presidente del Gobierno claro.

Foto: Pablo Lorente.



UN DÍA MENOS PARA EL 7 DE SEPTIEMBRE


S
e cerró la Puerta de Hierros tras diez días intensos, frenéticos, festivos, divertidos. La Feria 2009, la que algunos han calificado como la de la crisis, echó el telón bajo las gotas de lluvia que empañaron las últimas jornadas, aunque el ánimo del albaceteño no menguó por la inclemencia meteorológica.

La crisis se ha notado en esta Feria. Bien lo saben los comerciantes y hosteleros que han visto la merma en sus recaudaciones al cierre de esta edición, pero mirando el lado positivo, el impulso económico que representa este evento festivo se consolida según pasan los años. La Feria es un buen momento para hacer negocio y en tiempos de mala coyuntura económica, es una ayuda que resulta totalmente necesaria.

Quizás haya sido una Feria algo anodina o continuista con respecto a actividades de ocio y culturales. Se ha notado que no ha habido un concierto de los que tiran de la gente en la Caseta de Los Jardinillos. ¿La crisis? Puede ser. Sin embargo, la multitud de actos programados por la parte municipal, así como empresas y entidades, sigue dando el lustre de acto social de masas que es inherente a la Feria de Albacete, una fiesta que ha consolidado su imagen de acto libre, abierto y totalmente democrático frente a otros eventos del mismo calado.

Y tenemos por delante un año. La verdadera utilidad de la Declaración de Interés Turístico Internacional debe verse en estos doce meses. El Ayuntamiento y las demás instituciones implicadas deben batirse el cobre para hacer de la Feria número 300 un evento que perdure, aunque sin perder de vista el norte. La Septembrina, de larga historia, tiene por delante un futuro más que halagüeño al tratarse de algo más que una fiesta. Los albaceteños han hecho de ella un punto de encuentro, un lugar de celebración compartida.

Los trescientos años deben servir para revalorizar la Feria. A partir de hoy, quedan 354 días para trabajar haciendo de ella un referente festivo, pero también un acto del que todos los albaceteños nos sintamos orgullosos.



jueves, 17 de septiembre de 2009

FERIA (IV): JAMÓN Y MOJITO, ¿PARA QUÉ MÁS?


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Las viandas las tienen aseguradas. Una buena pata de jamón de donde sacar buenas lascas de serrano y el refrescante y aromático mojito adquirido en los Redondeles. El kit ferial por excelencia (al que a buen seguro, se habrá sumado por el trasiego festivo, algo de guarreta, un poco de morcilla y unas tradicionales gambas). Si es que con poco, un albaceteño -y el visitante-, se lo pueden pasar bien en la Septembrina... aunque viene mejor que el jamón te toque en una tómbola.

Foto: Raúl Moreno.



FERIA (III): LA DULCE ESPERA DEL MIGUELITO


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ue levante la mano el que no haya tomado un miguelito en plena Feria acompañado de una botella de sidrina. Es un tópico al que acudimos cada año con inusitada devoción. Y es que una Septembrina sin “empolvarnos” los labios con esta delicia debería ser tipificado como pecado. Así que les invito a acudir aunque sea en estos últimos momentos de Feria, a los Redondeles y a probar de nuevo a qué sabe la Feria.

Foto: Pablo Lorente.



miércoles, 16 de septiembre de 2009

FERIA (II): GOTAS CAEN SOBRE LA FERIA


M
ás de uno seguro que canturreaba la canción de B.J. Thomas, Raindrops keep falling on my head, que actuaba a modo de banda sonora en la película Dos hombres y un destino. La lluvia hizo acto de aparición en la Feria hace un par de días y parece que nos va a acompañar hasta que se cierre la Puerta de Hierros. Se chafa la fiesta, pero eso sí, gráficamente es una delicia ver el suelo del círculo central como si actuara a modo de espejo.

Foto: Pablo Lorente.