lunes, 24 de diciembre de 2018

Mitos (IV)


No necesita presentación... Por cierto, Feliz Navidad.





domingo, 23 de diciembre de 2018

Tres momentos

La misma rutina de siempre. A las 7 de la mañana (bueno 7 y pico, que a uno le gusta dejarse abrazar en la cama un poco un poco más), uno se levantaba, se adecentaba un poco, se tomaba el Cola Cao e iba de camino al instituto. Caras de sueño, cansancio acumulado, sensación de desgana y charla con los amigos. Era el día a día continuo de un estudiante de Bachillerato de la primera mitad de los 90, la época que me tocó vivir en el Poeta. Cientos de momentos viví: muchos buenos, algunos excelentes, otros no tanto (tampoco vamos a mitificar gratuitamente), pero quedan dos momentos en la memoria y uno más de propina que afortunadamente, aún me mantiene ligado al “tuto”.

-Paisaje con figuras

Era por mayo. La calor asomaba y estaba en COU. El curso amenazaba con irse mientras la temida Selectividad avizoraba al incauto grupo que formábamos parte de ese curso 95-96. A última hora nos tocaba Historia del Arte, una de mis asignaturas preferidas de siempre. Además la impartía el Mijita. José Antonio Aguilar, qué gran tipo. Pero por muy buen profesor que seas y mucha paciencia que tengas, aguantar a última hora a 30 adolescentes con ganas de terminar el curso y no ver un aula en tres meses, no era plato de buen gusto.

Para hacer más llevadera esa infame hora, el profe puso un vídeo. Apareció Antonio Gala presentando aquel programa llamado Paisaje con figuras donde mezclaba Historia, Arte, literatura y un poco de mito para contarnos cosas interesantísimas. O al menos, así me lo parece hoy. Pero ese día no prestaríamos la atención debida al bueno de don Antonio. El drama comenzó al poco de musitar las primeras palabras el literato. Las mofas de unos, las risas cómplices de la mayoría y los comentarios jocosos a cuenta de la presumida homosexualidad del presentador del programa provocó la catarsis. Realmente enfadado, José Antonio dejó de ser el Mijita, aquel tipo afable y buena gente, para con el rostro cariacontecido, mandarnos a todos a nuestra casa media hora antes de terminar la clase porque no le había gustado el tono de la burla.

No habíamos sido justos. Aunque personalmente no participé de la broma, sí que reí las gracietas a mis compañeros porque no creía que hubiese nada ofensivo en la chanza (éramos adolescentes, conviene recordarlo). Pensé que eran comentarios inofensivos, que no irían más de una broma simplona y en realidad, carente de sentido. En los 90 aún se hacían chistes de mariquitas y lo veíamos tan normal. Yo llegué a casa con desazón. Algo había cambiado en nuestra (cuasi perfecta) relación con José Antonio.

Al día siguiente, el temor. A primera nos tocaba (sí amigos, lo habéis adivinado) Historia del Arte. Llegamos y durante cinco minutos nadie dijo nada. Nuestro profesor se dedicó a escribir en la pizarra una lista de casi treinta nombres de distinguidas personalidades de diferentes etapas históricas. Todos ellos, señores y señoras respetables por lo que habían conseguido.

-¿Sabéis quienes son?

-Sí -, respondimos la mayoría.

-Son todos maricones. Empezamos la clase.

En realidad, la clase ya nos la había dado. Todos nos quedamos muy callados, repasando el mal que habíamos perpetrado el día anterior. Ese día aprendimos algo realmente valioso que no estaba en ninguna programación de aula. De paso, nos rendimos a un profesor inigualable.

-El comentario es el comentario

Seria, justa, comedida, organizada, exhaustiva, calculadora. Estos adjetivos y algunos otros sirven para calificar a Cristina Gómez, nuestra profesora de Historia en aquellos años. Si hoy tengo que “culpar” a alguien de haber estudiado Historia en la Universidad, indudablemente sería a Cristina. Ella supo dar con la clave para meter en la cabeza de sus alumnos que esta disciplina para nada es aburrida. Ella nos hizo comprender que aplicando el método científico a la Historia le quitábamos las telarañas a una disciplina que lamentablemente hoy vuelve a estar desprestigiada porque no se enseña de forma correcta. Culpen a la burocracia de ello.

Recuerdo cómo eran esas clases. Trabajo constante. Gráficas, tablas, exposición de ideas, poca narrativa “tradicional” y comentario de texto. Mucho comentario de texto. Dentro de esos escritos estaba inserta la Historia, solo había que quitar el polvo y la paja para verla. Cristina supo acertar en el enfoque y puedo decir sin equivocarme a que la gran mayoría de los que formábamos ese grupo disfrutamos esos años con sus clases. Clases en las que la participación era fundamental. Normal que luego sacara sobresaliente tras sobresaliente. No es que uno fuera bueno, es que trabajaba con los mejores mimbres.

-Los lunes grecolatinos

Hace algo más de un lustro volví al Poeta. Y el Poeta me salvó. Pasaba por un mal momento personal y profesional. Sin trabajo y casi sin aspiraciones, de la mano de Taetro (algún día se valorará la nunca bien ponderada labor de esta gente) llegué un día al Poeta junto a Eufrasio Jiménez, otro ex alumno del centro, para hablar con Juan Luis Belizón, a la sazón, director en aquel momento del Poeta. Juanlu, amigo de batallas pasadas, acogió el proyecto que le presentábamos con su habitual predisposición. Aquella cosa que acogió con agrado era el Taller de Teatro Grecolatino, la continuación de esos talleres con alumnos de Secundaria que Taetro llevaba ya desarrollando cinco o seis años. Ahora teníamos sede, el salón de actos de nuestro instituto, teníamos todas las facilidades del centro y teníamos alumnos. Con el pretexto de montar algo de Plauto o Aristófanes, buscábamos inspirar a los alumnos en la cultura clásica: debates, charlas, preguntas, improvisaciones, ejercicios, juegos, texto, texto, texto… y estreno en el Teatro Moderno. Ayudamos a muchos chavales y de paso, nos ayudamos a nosotros mismos.

Hoy, más de un lustro después, mantenemos la chispa del teatro en el Poeta, agarrando el testigo que nos dieron los pioneros en el centro (el grupo Capacha, del que por cierto Juanlu fue integrante) y con la ilusión de estar en nuestra casa, con otra rutina. Esta vez mucho más llevadera que la de levantarse temprano.


Artículo publicado en la revista conmemorativa de los 50 años del IES Poeta García Gutiérrez de Chiclana de la Frontera, centro educativo en el que fui alumno desde 1991 a 1996.



viernes, 21 de diciembre de 2018

Mitos (III)

Señoras y señores, los Pretty Things...





jueves, 20 de diciembre de 2018

Mitos (II)

Este año, Queen lo ha vuelto a hacer...





martes, 18 de diciembre de 2018

Ik hou van Amsterdam [English]


Run away from Amsterdam! Dodge what everybody does! Do not follow the flow! Build your own way just like an unfortunate man like Vicent van Gogh did, a man who died alone, poor and sad, but with the head held high after living a life many would desire. This Dutch genius waltzed to the grave thinking about potato eaters, peasants, wheatfield with crows, chairs, café terraces. He died thinking about himself.

Think about yourself if you want to visit Amsterdam. Do it with the cool head and warm heart, ready to discover an amazing city, a fascinating European capital with a charming trace... even if you visit during one of the wildest cold waves from the last decades. That was our case. But the low temperatures sharpened our senses and we felt eager to know the other side of Amsterdam, the one that runs awat from common places and tourist leaflets to get a feel for the city that goes beyond vices and sins. Welcome to the Amsterdam of nooks and retreats, of the alleys and museums. Welcome to the most delightful Amsterdam, where can be tasted in every bar, every bridge, every herring stand. Welcome to the everchanging city.

The core of our well-organized visit to the main city of the Netherlands were the museums. We wanted to take as a reference some of the most important cultural spaces. We wanted the Dutch Golden Age painting masters to be our guides before paying homage to the favorite son of Zundert while having a cup of coffee gazing at the canals and getting some fresh air to dive into the wonders of science in one of the most wonderful museums of Europe. Always counting with time. Time to stroll, to eat, to go shopping, to breath the brimming Amsterdam. Saving some time to visit a historical house full of mysteries and fantastic stories that we are going to tell in one of the next
articles.

Do it yourself

We wanted it to be a memorable trip, remembered by smaill details and things you cannot find in a travel guide. In fact, we went on our own way. We let our feet to lead us. That is how we discovered unique and fairly unknown places. We visited some extraordinary stores selling a great variety of stuff like rubber ducks, phallic gummies or vintage clothing.

Visiting the green areas and markets is a must in every city. Amsterdam has plenty of both. Vondelpark is a place to get away from the daily life. There is something magical about this place that makes it different depending on the season you visit it. Always has something to offer... and prepares you to the whirlwind of Leidseplein, the heart of the city. Bars, restaurants, shops, concert halls, theaters. What makes Amsterdam different to other places is that anything disturbs you, not even the cars or the noise, you never feel overwhelmed or inhibited. It is like sharing a piece of street with your friends or family. A truly cosy city. It is in the streets where the multiple markets linger: Bloemenmarkt, Albert Cuyp Markt, Waterlooplein... A wonderful urban environment.

Actually, there is something among all the things that we did that could be considered mainstream, probably the only one; a canal cruise seeing the most important places of interest from a totally different point of view!

(To be continued...)

Gallery pictures 
This article was originally published in Berenjena Company.



lunes, 17 de diciembre de 2018

Mitos (I)

Los hemos visto millones de veces, pero nunca serán suficientes... El mítico mini concierto de los Beatles en la azotea de Abbey Road.






domingo, 16 de diciembre de 2018

So long, Leonard...


Cada vez que Leonard Cohen susurra en algunas de sus canciones, los vellitos se erizan inmediatamente. Le seguimos echando de menos...





sábado, 15 de diciembre de 2018

¡Viva el reggaeton!

Tus muertos...

Escucha a los Storm. Sevillanos ellos (y siguen dando caña por ahí).





miércoles, 12 de diciembre de 2018

El largo camino del mínimo


Todo empieza por un folio en blanco y una idea cazada al vuelo. Tras darle muchas vueltas, la idea se convierte en personajes, acciones, escenarios, principios, nudos y desenlaces. Un correo electrónico con la esperanza de que esas líneas sean tenidas en cuenta por tres personas alejadas por cientos o miles de kilómetros... y llega la decisión. Esa idea que impregnó el folio en blanco llega a las manos de otras personas que se juntan una tarde para leerla. A algunos les llega a la patata y creen que sería posible hacer algo sobre un escenario. Más vueltas a la idea, buscar a las personas adecuadas para darle vida sobre unas tablas y, horas de ensayo después, llega el día en que el público recibe el resultado de ese esfuerzo conjunto. Puede que tenga algo que ver o no. Pero lo que la audiencia termina aplaudiendo al final de la función es la conjunción de los talentos de muchas personas involucradas en torno a una obra de apenas diez o quince minutos que en Taetro han llamado mínimo. Curioso que algo con ese nombre involucre un esfuerzo colectivo de tal magnitud. Quizás aún no sabemos recompensar todo ese trabajo como es debido.

El caso es que Taetro lleva 20 años levantando el edificio del Certamen de Teatro Mínimo Rafael Guerrero con pequeñas piezas de autores, directores, actores... y ese edificio se sostiene con solidez y dedicación. Hace unos días pudimos comprobar la buena salud de la propuesta de la asociación chiclanera con tres nuevas piezas venidas de Galicia, Madrid y Aragón. Tres obras muy distintas en lo conceptual y en la aproximación efectuada por los miembros de Taetro. Tres mínimos que engrandecen la labor de este certamen pionero en la escena nacional.

La velada comenzó narrando la génesis de una escena mítica del cine. Aquella en la que se rebanaba un ojo con una cuchilla preñada de surrealismo. Y ciertamente, Buñuelos, la obra de Carlos González Meixide, que narra en tono jocoso ese episodio de Un perro andaluz, rebosa surrealismo y una magnífica descripción de personajes. Bajo la dirección de Antonio Castaño, la obra se trastocó en un vodevil optimista y desbordante de absurdo, con toques cómicos acertadamente repartidos durante todo el montaje y con la suma de un Dalí, bien atemperado por un Juan de Lorenzo que se come el escenario en el poco tiempo que está sobre el escenario. Teresa Yribarren, Laura Tapia y Johnny pusieron su buen hacer al servicio de la función. Una fantástica apertura, una maravillosa locura que acabó con más dosis de absurdo, cosa que los señores Buñuel y Dalí hubiesen aprobado de buena gana. ¡Epatante!

El teatro social siempre ha tenido hueco en las sesiones de mínimos de Taetro. Y con 23, de Santy Portela se coló en forma de puñetazos literales y figurados. Texto durísimo, intenso y con dos personajes al borde del paroxismo. La gran cualidad de esta obra dirigida por Rafa García e interpretada por él mismo y por Eva Herrero es la de contener la tensión subyacente con un dominio de la templanza singular. Al final, brota todo, explota el terror y la catarsis se hace necesaria. Un ejercicio de moderación único con un texto difícil de montar y un excelso trabajo de gestualidad y de dominio de los cuerpos de los intérpretes. Una de las sensaciones de la noche.

La comedia sirvió como curación de malos pensamientos y con el mínimo de Pedro Alejandro Filgueira pudimos cerrar la función con una sonrisa. Instrucciones para el suicidio ahonda también en el absurdo para pulsar los temores de la sociedad en torno a la muerte y a la libertad de decisión. Pepe Raya, creciendo día a día como director de escena, reunió a tres actores en estado de gracia (Almudena Ruiz, Antonio Meléndez y Juan Carlos Morales) para ofrecernos una función simpática, llena de humor, guasa y cinismo y bien resuelta con sencillez (aunque no es fácil de hacerlo. A ello ayudó la desenvoltura que los actores pusieron sobre el escenario). Una alegría porque tenemos actores de futuro y un gran director detrás.

Un largo camino que no acaba aquí para tres textos que se trastocaron en otros "hijos" de esa idea huérfana que empezó con un folio en blanco. Larga vida a los mínimos.

Foto: @zuhmalheur 
Artículo originalmente publicado en Berenjena Company.



jueves, 6 de diciembre de 2018

Esa pequeña casa en Zaandam


La noche cae sobre Amsterdam y es hora de sumergirse en la cultura de bar de la ciudad. Los habitantes de este lugar tienen un sentido único para departir y compartir momentos alrededor de una buena ginebra vieja (oude jenever) o de una cerveza con cuerpo. Aquí no son excluyentes. Cualquier cosa vale con tal de cobrarse una buena conversación. Y tenemos variedad en ambientes: desde aquel que se desvive por la cultura clubbera (Amsterdam es una de las mecas de este movimiento), hasta rockeros (nuestros preferidos) pasando por establecimientos añejos que ha visto pasar la Historia tanto en sus buenos como en sus malos momentos como por ejemplo Hoppe (Spui, 18-20). La mañana sin resaca nos despierta para invitarnos a ir a una isla cuasi desierta en mitad de la urbe. Un lugar de mítica tranquilidad donde se disfruta del silencio y se respira bienestar. Es el Begijnhof, una comunidad de mujeres devotas o beguinaje propia de los Países Bajos que surgió a finales de la Edad Media y que sorprende por lo aislado que parece estar del mundanal ruido. Visita obligada para templar ánimos antes de emprender camino.

Y ese camino nos llevó por primera vez fuera de Amsterdam. Seguimos con la improvisación. Nos hablaron de Zaandam, de Zaansche Schaans, de su historia, de sus molinos, de sus paisajes. Llegamos a la Estación Central para de repente, entrarnos ganas de quedarnos a vivir para siempre en Zaandam. Pueblo bello, tranquilo pero animoso. Calles luminosas y transitadas, cafés que desprenden buenos aromas y conversaciones pausadas. Y seguimos unas huellas marcadas en el camino hasta descubrir, en un recoveco, una casa. Una casa especial. No quisimos entrar en un primer momento por no parecer curiosos… pero la curiosidad nos mató y traspasamos el umbral de un sitio peculiar.

Habíamos llegado a la Casa del Zar Pedro I El Grande de Rusia (Czar PeterHuisje), el hogar que fue expresamente construido para tan alta personalidad cuando visitó esta ciudad en 1697 mientras aprendía de las artes de la construcción naval. Sus planes: replicar esas técnicas en Rusia para construir la flota militar más grande jamás conocida. Allí estuvo el Zar un tiempo, viviendo en esa casa. Fue tal la impronta que dejó en Zaandam que la casa se mantuvo a lo largo de los años y los siglos. Ilustres visitantes (Napoleón o Isabel II de España, por poner solo dos ejemplos) franquearon la entrada de esta pequeña cabaña, de pareceres humildes pero donde se siente en sus estancias aún el calor humano. Hoy es el centro de información de un episodio histórico que parece anecdótico pero que es fundamental para conocer una parte importante de la Historia del Imperio Ruso en sus relaciones internacionales (entonces escasas con el resto del continente). Y para atender a los visitantes, allí está Farida Guseynova, que te explica con sumo gusto y detalle (por si aún te has quedado con ganas de saber más) todos los procesos históricos que confluyeron en la construcción de esa pequeña casa en Zaandam. Una sorpresa luminosa, una estancia de sobresaliente. No se lo pierdan mientras van de paso a los campos de Zaanse Schaans.

El viento te da de cara mientras contemplas la maravillosa comunión entre el agua y la tierra. Los molinos mueven sus aspas acompasadamente te das cuenta de lo bien aprovechada que ha estado la semana mientras piensas en la fatalidad de volver a la rutina y dejar atrás un país maravilloso, una gente cálida y amable, un mundo por contemplar...

Foto: @zuhmalheur
Artículo originalmente publicado en Berenjena Company.




miércoles, 5 de diciembre de 2018

Apropiación cultural, ¿no?

No he escuchado en profundidad a Rosalía, pero me parece una gilipollez la que se está formando en este país a cuenta de su música. En fin, vamos a por más apropiaciones culturales (o no). Smash con Lole y Manuel.





martes, 4 de diciembre de 2018

¿Asaltar los cielos?


Poco podré decir sobre los resultados de las andaluzas que no hayan dicho ya mentes más privilegiadas que la mía, pero como me duele especialmente la izquierda y sobre todo Izquierda Unida, debo dejar mi postura en este Reino de Taifa al que acudo muy de vez en cuando.

El descalabro de la izquierda es un hecho consumado. Y no hablo del PSOE al que sus políticas en cuarenta años y sus bandazos ideológicos lo han condenado a ser pasto de la desilusión. Hablo de la alianza de Podemos e Izquierda Unida que ha demostrado que ciertas sumas restan. Se demostró en las generales de 2016 y en estas andaluzas. A pesar de la brillantez de sus candidatos, algo no funciona y ante esto, no se puede mirar a otro lado. Hay que cortar por lo sano.

Tras probar la alianza y ver que no se consigue aunar un apoyo mayoritario, opto por la separación de Podemos, recuperar el espacio de IU por exiguo que este sea y seguir dando caña, desde una posición realista de la izquierda. Basta ya de asaltar cielos inasaltables o de caminar por la utopía en plan godotiano. Necesitamos reacción ya. Y si eso pasa porque la actual dirección de IU de un paso atrás, que se haga. Hay que asumir responsabilidades y dejar de buscar culpables en otros lugares. Necesitamos la maravillosa minoría de una IU independiente como el comer.