domingo, 27 de agosto de 2017
jueves, 24 de agosto de 2017
La teoría de la evolución

Cuando Charles Darwin desembarcó en las Galápagos, lo vio claro. Allí ocurría algo distinto. Vio especies similares a las que existían en la América continental, pero notó que las de las islas tenían características distintas, habían progresado de forma paralela para convertirse en el mismo animal pero con distintos rasgos. Había nacido la teoría de la evolución natural que luego se convirtió en paradigma científico. Los mejores evolucionaban, la Naturaleza seleccionaba para perpetuar las especies que mejor se adaptaban al medio.
La música también evoluciona e incluso lo hacen géneros nacidos (en teoría) para quedarse estancados, alambicados en su esencia primigenia como pueden ser el flamenco o el blues. Pero centrémonos en el segundo que es el caso que nos ocupa. Hace unos días asistimos en La Isla del Blues (de vuelta a San Fernando tras unos años) al compromiso de tres bandas con la evolución de la música en general y del blues en particular. Tres variaciones del mismo género que dieron una visión bastante completita de lo que puede ofrecer el género a sus acérrimos seguidores.
Aaron Keylock venía del Reino Unido con un gran disco bajo el brazo, Cut against the grain. Juventud a raudales, potencia sonora, una voz rasgada típica de front man bluesero y power rock mezclado con grandes cantidades de blues fueron sus señas de presentación ante el público de La Isla del Blues. Un directo descarado e impetuoso que reverenció el discurso clásico del rock y del blues para impregnarlo de dosis enérgicas de nuevos sonidos que le vienen bien al género y más viniendo de gente joven que no tienen ningún reparo en mostrar modos y poses absolutamente necesarias para la evolución.
De evolución saben también mucho en CosmoSoul, combo multinacional (sus integrantes vienen de España, Italia, Argentina y Guinea Bissau), que lleva varios años llamando mucho la atención. Son tres discos ya en la andadura de la banda que tiene como voz cantante a Alana Sinkey y llegaban a San Fernando para presentar Walk, su último largo, que viene a reivindicarlos como una de las bandas con mejor presencia escénica del país. Alojados por la crítica especializada en el nicho del soul y el r&b, CosmoSoul se aleja de toda etiqueta cuando da su mejor versión sobre los escenarios. Una acertada mezcla de crudeza en las bases rítmicas y en la guitarra de Abel Calzetta junto con momentos de mayor intimismo y calidez surgidos de la omnipresente y fascinante voz de Alana Sinkey, en las que encontramos sus raíces africanas, sus susurros del fado portugués y el grito bluesero y rockero. Una mezcla excepcional que se apoya en una banda solvente, eficaz y virtuosa. Sus discos son puro gozo y su directo mejora la impresión que te dejan los discos.
Hablemos de fechas. El 19 de octubre en la madrileña Sala Clamores y el 11 de noviembre en el Teatro de las Cortes de San Fernando, son fechas importantes para Random Thinking (tercera pieza del cartel de La Isla del Blues) porque en ambos lugares presentarán su segundo disco que llevará por título Right here and now y que será la continuación de un primer trabajo homónimo que los ha catapultado como uno de los nombres a tener en cuenta en la evolución de la música española. Saludados por la crítica y por muchos medios como un soplo de aire fresco gracias a su combinación perfecta entre folk, pop y blues, Random Thinking pisaron el escenario del parque Almirante Laulhé de su tierra para confirmar lo ya sabido: que son una delicia para el alma musical de los asistentes, que aún estando desnudos, solo ataviados con sus guitarras y con un puñado de buenas canciones, están listos para dar el salto hacia una división superior. El segundo disco será un momento importante para ellos pero mientras llega, en cada actuación Random Thinking demuestran su versatilidad, su delicadeza, su amor por las raíces sonoras que saben catalizar en un directo que llega al corazón. Los arreglos musicales de cada tema, la voz pausada de Aurora, la pasión de Ángel por la guitarra (lo notas cuando lo ves dándolo todo extasiado sobre el escenario), son muestra del amor que estos chicos tienen por su profesión. Sonidos orgánicos, acústicos, muy empastados, compactos y que en directo alzan libre el vuelo para dar a conocer la buena nueva de Random Thinking.
Tres ejemplos de evolución partiendo de bases similares. Tres buenas noticias surgidas de propuestas frescas, jóvenes y con un futuro esplendoroso. El mismo que vislumbró el señor Darwin cuando volvió a Londres y empezó a cambiar la Historia cuando alumbró al mundo aquello de que el ser humano podía (también) evolucionar.
Fotos: @zuhmalheur.
miércoles, 23 de agosto de 2017
Guananá temé (al servicio de Primital Bros.)
De igual forma que el poderoso Zod hacía con sus súbditos terráqueos una vez sojuzgado el hijo de Jor-El, los habitantes del planeta Chiclana se reunieron atemorizados en el Teatro Moderno para lanzarle besitos al anillo de poder que portaba el gran jefe de The Primitals. Loado sea Él, el todopoderoso que con una simple muestra de su mano, todos caíamos rendidos a su magnificencia.¡Guananá temé! (que traducido resulta algo así como, "lo que usted diga, jefe").
Magnificencia y poder. Entre estos dos conceptos bascula The Primitals, montaje co producido entre Yllana y The Primital Bros. que cautivó a su paso por Chiclana en sus Miércoles de Teatro. Una propuesta única, sencilla como propuesta (comedia musical a capella) y que no engaña al espectador. Es justamente lo que se le ofreció... aunque el espectáculo fue digno de dioses (kryptonianos).
Magnificencia y poder porque se buceaba en la insondable idea del poder humano. ¿Qué ocurre cuando ansiamos querer más, ser más,... ser más que otros? Dos de estos aborígenes con portentosas facultades para el canto sufrieron en sus carnes la erótica del poder. Deseo, ira, venganza, castigo, rendición y vuelta a la realidad. Todo ese camino fue recorrido de la mano de un ramillete de temas (canciones populares, éxitos del pop y el rock, grandes bandas sonoras y excepcionales arias de ópera), en una hora y media de impresión bajo la fantástica doble dirección de The Primital Bros.: Santi Ibarretxe en la parte musical y Joe O'Curneen en la producción y dirección escénica.
Magnificencia y poder porque el público chiclanero asistió a una puesta en escena sobria pero que fue envuelta en ropajes de lujo con las voces de los actores. Intérpretes que sorprendieron por una infatigable entrega y por una esplendorosa propuesta surgida de sus prodigiosas gargantas. Es fabuloso comprobar cómo ciertas canciones o algunas arias apuntalan el discurso de la dramaturgia. Es fastuoso oír las voces de Íñigo García, Pedro Herrero, Manu Pilas y Adrián García. Versátiles, ágiles, potentes, plenas de sentido y embriagadoras, tanto como si se entona la inquietante Sweet dreams de Eurythmics, la épica Bohemian Raphsody de Queen o la perturbadora Nessum Dorma de Turandot. Momentos de emoción, de ebullición sentimental que sirvieron de temple a una puesta en escena cómica, dinámica y con muchísima personalidad. Un tenor agudo, un bajo barítono... Una locura y una envidia de voces. Un regalo para el público asistente que aplaudió con emoción los momentos más líricos de la representación.
El que esto suscribe no conocía de antemano el trabajo de The Primital Bros. Me fustigo por ello como el gran jefe hacía con su esclavo o como el imperturbable Zod hacia con los humanos inferiores. Pero no me extraña que Yllana haya tenido el buen ojo de acompañarlos en esta aventura magnífica... Y poderosa.
Magnificencia y poder. Entre estos dos conceptos bascula The Primitals, montaje co producido entre Yllana y The Primital Bros. que cautivó a su paso por Chiclana en sus Miércoles de Teatro. Una propuesta única, sencilla como propuesta (comedia musical a capella) y que no engaña al espectador. Es justamente lo que se le ofreció... aunque el espectáculo fue digno de dioses (kryptonianos).
| Foto: @zuhmalheur |
Magnificencia y poder porque se buceaba en la insondable idea del poder humano. ¿Qué ocurre cuando ansiamos querer más, ser más,... ser más que otros? Dos de estos aborígenes con portentosas facultades para el canto sufrieron en sus carnes la erótica del poder. Deseo, ira, venganza, castigo, rendición y vuelta a la realidad. Todo ese camino fue recorrido de la mano de un ramillete de temas (canciones populares, éxitos del pop y el rock, grandes bandas sonoras y excepcionales arias de ópera), en una hora y media de impresión bajo la fantástica doble dirección de The Primital Bros.: Santi Ibarretxe en la parte musical y Joe O'Curneen en la producción y dirección escénica.
Magnificencia y poder porque el público chiclanero asistió a una puesta en escena sobria pero que fue envuelta en ropajes de lujo con las voces de los actores. Intérpretes que sorprendieron por una infatigable entrega y por una esplendorosa propuesta surgida de sus prodigiosas gargantas. Es fabuloso comprobar cómo ciertas canciones o algunas arias apuntalan el discurso de la dramaturgia. Es fastuoso oír las voces de Íñigo García, Pedro Herrero, Manu Pilas y Adrián García. Versátiles, ágiles, potentes, plenas de sentido y embriagadoras, tanto como si se entona la inquietante Sweet dreams de Eurythmics, la épica Bohemian Raphsody de Queen o la perturbadora Nessum Dorma de Turandot. Momentos de emoción, de ebullición sentimental que sirvieron de temple a una puesta en escena cómica, dinámica y con muchísima personalidad. Un tenor agudo, un bajo barítono... Una locura y una envidia de voces. Un regalo para el público asistente que aplaudió con emoción los momentos más líricos de la representación.
El que esto suscribe no conocía de antemano el trabajo de The Primital Bros. Me fustigo por ello como el gran jefe hacía con su esclavo o como el imperturbable Zod hacia con los humanos inferiores. Pero no me extraña que Yllana haya tenido el buen ojo de acompañarlos en esta aventura magnífica... Y poderosa.
martes, 22 de agosto de 2017
La mujer de verde (crónica sentimental del No Sin Música)
Para acompañar la lectura, la galería gráfica de Berenjena Company:

Apostada en primera fila del concierto, se balanceaba cadenciosamente mientras movía al compás la cabeza azuzada por el rock transgresor y fronterizo de Furia Trinidad. De vez en cuando regalaba una mirada hacia su esposo que estaba escorado en una esquina, manos atrás, mirando con una sonrisa de felicidad cómo su mujer, la mujer vestida de verde a la que había querido todos esos años, se divertía con una música que no le pertenecía. Él, que no se veía con ganas (o con fuerzas) de participar en la alquimia sonora de los portuenses, sonreía satisfecho porque su chica se mostraba feliz en la noche gaditana.
El rock and roll tiene estas cosas. Es la comunión perfecta entre cuerpo y alma. La curación de todos los males, la transmisión del buen rollo y de la felicidad. Unas cuantas notas, un buen punteo, un riff certero y el postrero aullido del cantante (en este caso, los de Goli Supersummer, frontman de Furia Trinidad), son los ingredientes concretos con los que fundar nuestra alquimia, con los que conseguir el efecto deseado. Todo se suma y a los pocos minutos estamos hipnotizados, bailando como la mujer de verde, en pleno trance, en mayestático gozo.
Buscábamos en la quinta edición del No Sin Música, el festival de Cádiz, aquel que ha sabido crecer de forma progresiva y cauta, una confirmación: la de la sabia elección de artistas en los tres días de celebración mística del rock. En los cuatro pases anteriores, ha sido una tónica definitoria del evento que comenzó en el colegio de San Felipe Neri para desembocar en el Muelle y parecía que el primer lustro de su historia no se iba a clausurar con una disminución del nivel. La organización apostó sobre seguro: viejos conocidos como Rosendo y Amaral, promesas efervescentes en el escenario del Tricentenario (donde se vivieron momentos fantásticos) y realidades consolidadas en el panorama rockero nacional como Iván Ferreiro o Lori Meyers.
Y por fin, hemos encontrado la razón de ser de este festival entre tanto marasmo de iniciativas similares en los que solo cambia el nombre, puesto que poco más pueden ofrecer: la amalgama de estilos. Rock en distintas vertientes: desde el más popero al más tradicional y arraigado a las raíces, pasando por propuestas sonoras que derivaron en más de un éxtasis del personal asistente, que por cierto, fue mucho, señal de la buena salud del No Sin Música y de que las cosas se están haciendo bien.
LEONES RAMPANTES
Con diez segundos sabíamos que iban a ser una de las sensaciones del fin de semana. León Benavente arrasan en directo, elevando el listón del sonido que emiten empaquetado en sus discos. Son otros, suenan como otros, como zeppelines de plomo arrolladores auspiciados por el carisma de Abraham Boba, su cantante. El de ellos es un show eléctrico asentado en una marca sonora espectacular que queda indeleble en un público que se entrega desde el minuto uno. Letras ácidas, repletas de poesía urbana y que buscan huir de simbolismos, un arquetipo tan indie que hace que León Benavente deje de estar catalogado inmediatamente como tal.
Sensaciones eléctricas también nos depararon dos bandas del escenario Tricentenario. Ambas con estilos definidos, clásicos pero que fueron los primeros en avisar que en ese emplazamiento se iban a vivir emociones fuertes. Rock garajero, bonito de escuchar, de atinada viveza el de Sex Museum y sonidos acrisolados, pegados a la tierra, entre el tango, el rock y el folk de El Twanguero, un músico tan excelso como (desgraciadamente) desconocido. Y es que uno solo de sus fingerpicking equivale a carreras enteras de algunas estrellas firmadas por multinacionales. Ambos conciertos pecaron de lo mismo: fueron cortos para nuestro antojo.
Con Iván Ferreiro se apuesta a ganador. El gallego es un auténtico profesional de la escena y en esta gira de presentación de Casa, su último trabajo, cuenta con una banda maravillosa y solvente. Iván es detallista, perfeccionista y ama que el directo transfiera el espíritu de sus álbumes de estudio. Es un espectáculo que toca la fibra sensible del espectador, que busca la conexión física y química con el oyente y que rebusca en el alma de cada uno de los que asistimos a sus conciertos. En definitiva, Iván es un romántico empedernido, aunque no lo aparente y nosotros quedamos prendados de su sutileza, de su ética y de su épica desde el primer momento en que pisa el escenario hasta el lastimoso momento en que lanza ese triste verso... "y digámonos adiós...".
Un hola gigantesco le dimos a quien es historia del No Sin Música por derecho propio. Eva y Juan. Amaral. Potentes, descarnados, estrellas aunque haya pasado el furor y la presencia en medios de hace diez años. Una carrera más reposada, un acertado acercamiento intimista en Nocturnal, aunque en directo son la banda resolutiva que hace honor a su cartel de favoritos del público. Su show fue dinámico, centelleante, sin dejar atisbo al descanso y la presencia de Eva es lo más similar a un huracán que puede haber sobre un escenario. Otra gran profesional que busca la conexión permanente con la audiencia. Amaral lo logra. Es contar con un seguro de vida en cualquier evento. Por eso vuelven, ahora más veteranos, más experimentados, igual de impactantes que el primer día.
La primera noche deparó destellos de impresión en bandas como Sidonie, bien pertrechados en un show bien calculado y perfectamente ejecutado o en la eficacia de El Kanka.
DÉJAME QUE BAILE PARA TI
El día del rock. Un surtido de artistas empeñados en demostrar la vigencia de un estilo, de un modo de vida. Promesas en ciernes como Rocknrolla o Guillermo Alvah y Los Predicadores. Lobos con muchos tiros dados como Los Zigarros o Quique González e instituciones como Rosendo. Para acompañarles, gente como Pájaro, Mario Díaz o MClan. Se coló en la fiesta rockera El Langui, que aunó el flow de Pan Bendito con sonidos más comerciales y que gustó al personal.
Contratar a Quique González (en esta ocasión con la espalda cubierta por Los Detectives) es sinónimo de tranquilidad. De contar con un músico de excepción que hace soñar incluso al neófito en su ya larga carrera. Lo mismo podríamos decir de MClan, que firmaron un buen show... a secas. Gran ritmo de inicio pero que fue perdiendo fuelle en una parte central del concierto demasiado tranquila para lo que se presupone a una banda de corte rockero. Eso sí, el final fue hacia arriba con el colofón (y el acompañamiento de Los Zigarros) de ese himno que es Concierto salvaje. El dinamismo, el ritmo... ese pecado que ni en teatro ni en la música se puede uno permitir el lujo de cometer.
Pero para ritmo y tablas los de Rosendo. El de Carabanchel es patrimonio nacional. Demostró que él solo necesita su guitarra para montar un jolgorio de categoría. Sigue sacando discos, humildes, honestos y cañeros y en directo se muestra tal y como es. Sonidos sencillos, distorsión a tope, volumen al máximo y la voz convertida en aullido en aquellos himnos que calan entre la gente. Flojos de pantalón, Masculino singular, No dudaría, Agradecido y el colofón espléndido del recuerdo a Leño con Maneras de vivir. Fueron los 80 de nuevo, los 80 más golfos, más comprometidos con la sociedad y con la música. Algo con lo que Taburete (!), el grupito del niño de Bárcenas, jamás podrá soñar. Porque Rosendo solo hay uno y es patrimonio de todos.
EL RUIDO Y LA FURIA
Sonaban espléndidos los sevillanos Full cuando llegábamos al recinto portuario prestos a vivir una noche intensa... Pero no sabíamos que íbamos a vivir una de las grandes jornadas del No Sin Música en sus cinco años de vida. Nos pusieron sobre aviso Ángel y Aurora, integrantes de Random Thinking, una de las grandes revelaciones musicales de los últimos años. Se nos hizo corto, muy corto el concierto de un dúo que mezcla con tesón y sabiduría folk, blues, pop y rock con unas letras bien trabajadas. La sencillez encumbrada a niveles sonoros de gran calado. Lo dicho, tan corto se nos hizo que ya tenemos ganas de verlos de nuevo.
Buscamos más sensaciones fuertes cuando la tarde iba cayendo. Y Depedro dio con la clave. De menos a más fue su trabajo sobre el escenario principal. Un concierto convertido en ritual del rock, efectivo, sin alharacas ni poses, pero con un gusto esencial por el buen trato en directo al material de partida del músico madrileño. Envolviendo con cariño su vieja guitarra acústica, Jairo Zavala (alter ego de Depedro) da una clase soberana de qué debe ser la música: trabajo, dedicación, paciencia y saber colocar el producto. Vestigios americanos en la música, letras cercanas, un cóctel del que es imposible no enamorarse. Nubes de papel, Como el viento... Temas donde demuestra la sapiencia que ha ido atesorando en sus múltiples viajes sonoros, algunos de ellos acompañando a Calexico...
¡Ah, Calexico! Establecemos nexo de unión entre Depedro y Furia Trinidad a través de la banda liderada por Joey Burns y John Convertino. Porque ambos han trabajado con los de Arizona y porque también son deudores de un sonido fronterizo, americano, desértico y rabioso. Precisamente, el ratito que compartimos con Furia Trinidad es lo mejor que vimos en el No Sin Música 2017. Qué corto se nos hizo, qué maravilloso el esfuerzo de la banda portuense sobre un escenario al que poco a poco se fueron acercando acólitos del rock, fieles de la distorsión, creyentes en la palabra propagada por She and the sunshine, segundo largo de Furia Trinidad. Ya decíamos en nuestra previa que teníamos muchas ganas de presenciar la comunión entre artista y público y no nos equivocamos. Una experiencia bestial, trepidante y contagiosa. La música de Furia Trinidad, tomando retazos de grunge, de rock garajero, de post rock, huele a triunfo, a majestad. Tuvimos irremediablemente que ponernos de rodillas y saludar a nuestros nuevos apóstoles de la buena nueva del rock.
Por mantenernos en tensión también hicieron lo suyo los gaditanos Detergente Líquido (qué bien sonaron, oiga) y The Grooves, madrileñas que aunaron clase con potencia para depararnos un producto muy controlado, muy medido y del que aún estamos relamiéndonos. Otra banda a seguir con atención.
Y para el final dejamos a los tres cabezas de cartel de la última jornada...
Miss Cafeina envuelven un producto bonito, bien estructurado y bien trabajado aunque adolecen de riesgo. Gustan, son resolutivos en escena y enganchan con el público pero hay demasiados peces similares en el estanque.
Coque Malla es otro currante de la escena. Su show mantuvo un perfil muy estable durante la hora y algo de duración. Rock y pop bien engarzado, que se deja escuchar bien y que estimuló lo suficiente al personal tanto como para saber que no podemos vivir sin Lori Meyers. Los de Loja pusieron la pica en el Puerto de Cádiz y salvo un momentín en que quizás se pasaron de solemnidad, convirtieron Cádiz en una fiesta. Primero con una puesta de escena apabullante, tanto como lo es En la espiral, su último trabajo. Se nota la evolución, se nota el gusto por sonidos más progresivos, por letras enjundiosas. El resultado en vivo es espectacular en su traslación visual y sonora. Puro goce para los sentidos. La segunda parte del concierto se transformó en una gran fiesta a lomos de los himnos de los granadinos. Emborracharme, Mi realidad o Alta fidelidad sonaron épicos, tremendos y catárquicos bajo el manto estrellado de Cádiz.
Una noche, la del fin de fiesta del No Sin Música, que vio bailar a la mujer de verde. Empezó con Depedro, terminó con Lori Meyers y supo disfrutar de la música con la locura de Furia Trinidad. Al final, ella y él se echaron un bailecito. No recuerdo qué canción sonaba. Solo veía la felicidad en sus rostros. A veces sueño en ser como ellos.
Fotos: @zuhmalheur

Apostada en primera fila del concierto, se balanceaba cadenciosamente mientras movía al compás la cabeza azuzada por el rock transgresor y fronterizo de Furia Trinidad. De vez en cuando regalaba una mirada hacia su esposo que estaba escorado en una esquina, manos atrás, mirando con una sonrisa de felicidad cómo su mujer, la mujer vestida de verde a la que había querido todos esos años, se divertía con una música que no le pertenecía. Él, que no se veía con ganas (o con fuerzas) de participar en la alquimia sonora de los portuenses, sonreía satisfecho porque su chica se mostraba feliz en la noche gaditana.
El rock and roll tiene estas cosas. Es la comunión perfecta entre cuerpo y alma. La curación de todos los males, la transmisión del buen rollo y de la felicidad. Unas cuantas notas, un buen punteo, un riff certero y el postrero aullido del cantante (en este caso, los de Goli Supersummer, frontman de Furia Trinidad), son los ingredientes concretos con los que fundar nuestra alquimia, con los que conseguir el efecto deseado. Todo se suma y a los pocos minutos estamos hipnotizados, bailando como la mujer de verde, en pleno trance, en mayestático gozo.
Buscábamos en la quinta edición del No Sin Música, el festival de Cádiz, aquel que ha sabido crecer de forma progresiva y cauta, una confirmación: la de la sabia elección de artistas en los tres días de celebración mística del rock. En los cuatro pases anteriores, ha sido una tónica definitoria del evento que comenzó en el colegio de San Felipe Neri para desembocar en el Muelle y parecía que el primer lustro de su historia no se iba a clausurar con una disminución del nivel. La organización apostó sobre seguro: viejos conocidos como Rosendo y Amaral, promesas efervescentes en el escenario del Tricentenario (donde se vivieron momentos fantásticos) y realidades consolidadas en el panorama rockero nacional como Iván Ferreiro o Lori Meyers.
Y por fin, hemos encontrado la razón de ser de este festival entre tanto marasmo de iniciativas similares en los que solo cambia el nombre, puesto que poco más pueden ofrecer: la amalgama de estilos. Rock en distintas vertientes: desde el más popero al más tradicional y arraigado a las raíces, pasando por propuestas sonoras que derivaron en más de un éxtasis del personal asistente, que por cierto, fue mucho, señal de la buena salud del No Sin Música y de que las cosas se están haciendo bien.
LEONES RAMPANTES
Con diez segundos sabíamos que iban a ser una de las sensaciones del fin de semana. León Benavente arrasan en directo, elevando el listón del sonido que emiten empaquetado en sus discos. Son otros, suenan como otros, como zeppelines de plomo arrolladores auspiciados por el carisma de Abraham Boba, su cantante. El de ellos es un show eléctrico asentado en una marca sonora espectacular que queda indeleble en un público que se entrega desde el minuto uno. Letras ácidas, repletas de poesía urbana y que buscan huir de simbolismos, un arquetipo tan indie que hace que León Benavente deje de estar catalogado inmediatamente como tal.
Sensaciones eléctricas también nos depararon dos bandas del escenario Tricentenario. Ambas con estilos definidos, clásicos pero que fueron los primeros en avisar que en ese emplazamiento se iban a vivir emociones fuertes. Rock garajero, bonito de escuchar, de atinada viveza el de Sex Museum y sonidos acrisolados, pegados a la tierra, entre el tango, el rock y el folk de El Twanguero, un músico tan excelso como (desgraciadamente) desconocido. Y es que uno solo de sus fingerpicking equivale a carreras enteras de algunas estrellas firmadas por multinacionales. Ambos conciertos pecaron de lo mismo: fueron cortos para nuestro antojo.
Con Iván Ferreiro se apuesta a ganador. El gallego es un auténtico profesional de la escena y en esta gira de presentación de Casa, su último trabajo, cuenta con una banda maravillosa y solvente. Iván es detallista, perfeccionista y ama que el directo transfiera el espíritu de sus álbumes de estudio. Es un espectáculo que toca la fibra sensible del espectador, que busca la conexión física y química con el oyente y que rebusca en el alma de cada uno de los que asistimos a sus conciertos. En definitiva, Iván es un romántico empedernido, aunque no lo aparente y nosotros quedamos prendados de su sutileza, de su ética y de su épica desde el primer momento en que pisa el escenario hasta el lastimoso momento en que lanza ese triste verso... "y digámonos adiós...".
Un hola gigantesco le dimos a quien es historia del No Sin Música por derecho propio. Eva y Juan. Amaral. Potentes, descarnados, estrellas aunque haya pasado el furor y la presencia en medios de hace diez años. Una carrera más reposada, un acertado acercamiento intimista en Nocturnal, aunque en directo son la banda resolutiva que hace honor a su cartel de favoritos del público. Su show fue dinámico, centelleante, sin dejar atisbo al descanso y la presencia de Eva es lo más similar a un huracán que puede haber sobre un escenario. Otra gran profesional que busca la conexión permanente con la audiencia. Amaral lo logra. Es contar con un seguro de vida en cualquier evento. Por eso vuelven, ahora más veteranos, más experimentados, igual de impactantes que el primer día.
La primera noche deparó destellos de impresión en bandas como Sidonie, bien pertrechados en un show bien calculado y perfectamente ejecutado o en la eficacia de El Kanka.
DÉJAME QUE BAILE PARA TI
El día del rock. Un surtido de artistas empeñados en demostrar la vigencia de un estilo, de un modo de vida. Promesas en ciernes como Rocknrolla o Guillermo Alvah y Los Predicadores. Lobos con muchos tiros dados como Los Zigarros o Quique González e instituciones como Rosendo. Para acompañarles, gente como Pájaro, Mario Díaz o MClan. Se coló en la fiesta rockera El Langui, que aunó el flow de Pan Bendito con sonidos más comerciales y que gustó al personal.
Contratar a Quique González (en esta ocasión con la espalda cubierta por Los Detectives) es sinónimo de tranquilidad. De contar con un músico de excepción que hace soñar incluso al neófito en su ya larga carrera. Lo mismo podríamos decir de MClan, que firmaron un buen show... a secas. Gran ritmo de inicio pero que fue perdiendo fuelle en una parte central del concierto demasiado tranquila para lo que se presupone a una banda de corte rockero. Eso sí, el final fue hacia arriba con el colofón (y el acompañamiento de Los Zigarros) de ese himno que es Concierto salvaje. El dinamismo, el ritmo... ese pecado que ni en teatro ni en la música se puede uno permitir el lujo de cometer.
Pero para ritmo y tablas los de Rosendo. El de Carabanchel es patrimonio nacional. Demostró que él solo necesita su guitarra para montar un jolgorio de categoría. Sigue sacando discos, humildes, honestos y cañeros y en directo se muestra tal y como es. Sonidos sencillos, distorsión a tope, volumen al máximo y la voz convertida en aullido en aquellos himnos que calan entre la gente. Flojos de pantalón, Masculino singular, No dudaría, Agradecido y el colofón espléndido del recuerdo a Leño con Maneras de vivir. Fueron los 80 de nuevo, los 80 más golfos, más comprometidos con la sociedad y con la música. Algo con lo que Taburete (!), el grupito del niño de Bárcenas, jamás podrá soñar. Porque Rosendo solo hay uno y es patrimonio de todos.
EL RUIDO Y LA FURIA
Sonaban espléndidos los sevillanos Full cuando llegábamos al recinto portuario prestos a vivir una noche intensa... Pero no sabíamos que íbamos a vivir una de las grandes jornadas del No Sin Música en sus cinco años de vida. Nos pusieron sobre aviso Ángel y Aurora, integrantes de Random Thinking, una de las grandes revelaciones musicales de los últimos años. Se nos hizo corto, muy corto el concierto de un dúo que mezcla con tesón y sabiduría folk, blues, pop y rock con unas letras bien trabajadas. La sencillez encumbrada a niveles sonoros de gran calado. Lo dicho, tan corto se nos hizo que ya tenemos ganas de verlos de nuevo.
Buscamos más sensaciones fuertes cuando la tarde iba cayendo. Y Depedro dio con la clave. De menos a más fue su trabajo sobre el escenario principal. Un concierto convertido en ritual del rock, efectivo, sin alharacas ni poses, pero con un gusto esencial por el buen trato en directo al material de partida del músico madrileño. Envolviendo con cariño su vieja guitarra acústica, Jairo Zavala (alter ego de Depedro) da una clase soberana de qué debe ser la música: trabajo, dedicación, paciencia y saber colocar el producto. Vestigios americanos en la música, letras cercanas, un cóctel del que es imposible no enamorarse. Nubes de papel, Como el viento... Temas donde demuestra la sapiencia que ha ido atesorando en sus múltiples viajes sonoros, algunos de ellos acompañando a Calexico...
¡Ah, Calexico! Establecemos nexo de unión entre Depedro y Furia Trinidad a través de la banda liderada por Joey Burns y John Convertino. Porque ambos han trabajado con los de Arizona y porque también son deudores de un sonido fronterizo, americano, desértico y rabioso. Precisamente, el ratito que compartimos con Furia Trinidad es lo mejor que vimos en el No Sin Música 2017. Qué corto se nos hizo, qué maravilloso el esfuerzo de la banda portuense sobre un escenario al que poco a poco se fueron acercando acólitos del rock, fieles de la distorsión, creyentes en la palabra propagada por She and the sunshine, segundo largo de Furia Trinidad. Ya decíamos en nuestra previa que teníamos muchas ganas de presenciar la comunión entre artista y público y no nos equivocamos. Una experiencia bestial, trepidante y contagiosa. La música de Furia Trinidad, tomando retazos de grunge, de rock garajero, de post rock, huele a triunfo, a majestad. Tuvimos irremediablemente que ponernos de rodillas y saludar a nuestros nuevos apóstoles de la buena nueva del rock.
Por mantenernos en tensión también hicieron lo suyo los gaditanos Detergente Líquido (qué bien sonaron, oiga) y The Grooves, madrileñas que aunaron clase con potencia para depararnos un producto muy controlado, muy medido y del que aún estamos relamiéndonos. Otra banda a seguir con atención.
Y para el final dejamos a los tres cabezas de cartel de la última jornada...
Miss Cafeina envuelven un producto bonito, bien estructurado y bien trabajado aunque adolecen de riesgo. Gustan, son resolutivos en escena y enganchan con el público pero hay demasiados peces similares en el estanque.
Coque Malla es otro currante de la escena. Su show mantuvo un perfil muy estable durante la hora y algo de duración. Rock y pop bien engarzado, que se deja escuchar bien y que estimuló lo suficiente al personal tanto como para saber que no podemos vivir sin Lori Meyers. Los de Loja pusieron la pica en el Puerto de Cádiz y salvo un momentín en que quizás se pasaron de solemnidad, convirtieron Cádiz en una fiesta. Primero con una puesta de escena apabullante, tanto como lo es En la espiral, su último trabajo. Se nota la evolución, se nota el gusto por sonidos más progresivos, por letras enjundiosas. El resultado en vivo es espectacular en su traslación visual y sonora. Puro goce para los sentidos. La segunda parte del concierto se transformó en una gran fiesta a lomos de los himnos de los granadinos. Emborracharme, Mi realidad o Alta fidelidad sonaron épicos, tremendos y catárquicos bajo el manto estrellado de Cádiz.
Una noche, la del fin de fiesta del No Sin Música, que vio bailar a la mujer de verde. Empezó con Depedro, terminó con Lori Meyers y supo disfrutar de la música con la locura de Furia Trinidad. Al final, ella y él se echaron un bailecito. No recuerdo qué canción sonaba. Solo veía la felicidad en sus rostros. A veces sueño en ser como ellos.
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| La mujer de verde |
viernes, 18 de agosto de 2017
Barcelona
No hay insensatez mayor que matar por algo que no existe...
Pero el ser humano es así de cruel con sus congéneres. Barcelona se levantará mañana triste pero con ganas de seguir adelante. Es lo único que nos queda. Eso y confiar en que en algún momento, el ser humano se de cuenta de lo hijo de puta que puede llegar a ser.
Ánimo Barcelona, para mi sigues siendo la gitana hechicera que nos tiene encandilados desde siempre. Te queremos. T'estimem.
lunes, 14 de agosto de 2017
Cuerpo y alma
En paz con mente y cuerpo con esta entrevista que hicimos con Rafa García, asesor holístico de salud y gran amigo. A disfrutar y a visitar su web: http://natursaludcadiz.es/
lunes, 7 de agosto de 2017
Música para escribir (y para todo)
La de Kiko Veneno feat. (como dicen los modelnos) Andrés Calamaro, por ejemplo...
lunes, 31 de julio de 2017
El milagro de la bilocación
Bilocarse:
De bi- y el lat. locāre 'colocar', der. de locus 'lugar'.
1. prnl. Dicho de una persona: Hallarse en dos lugares distintos a la vez.
La Iglesia Católica, institución muy ducha en darnos lecciones absolutas de moral en nuestra vida cotidiana, confirma la existencia del milagro de la bilocación, sobre todo en algunos de sus santos más queridos como San Martín de Porres. Lo malo es que luego llegaba Santo Tomás de Aquino, o sea, uno de los suyos, afortunadamente un tipo con una mente más preclara, y negaba tal prodigio de la naturaleza o de la santidad, vaya usted a saber. El caso es que el truquito de magia de la bilocación sigue dando juego a lo largo de los siglos y si no que se lo digan a Íker Jiménez.
El pasado miércoles asistimos en el Teatro Moderno a otro ejercicio de bilocación. O se intentó. La compañía Qué Jarte, nueva por estos lares, aterrizaba en Chiclana de la mano de Pepa Rus en la dirección con un texto de Bernardo Rivera, a la sazón, actor único en este espectáculo. El curso de tu vida trata de desmontar en tono de comedia, ciertos nuevos usos que los ciudadanos (tontos) de este lugar llamado planeta Tierra, nos empeñamos en acometer. En este caso, el hacernos crudiveganos, que ya por el nombre tiene que ser una cosa horrorosa.
El curso de tu vida trata de desmontar todo eso. Trata. No lo consigue. Porque lo que pudiera ser un buen punto de partida para destrozar de forma inmisericorde la mojigatería que el ser humano está demostrando a pasos agigantados, se convierte en un quiero y no puedo, en un montaje plano donde la comedia se ausenta desde el primer momento, a no ser que por comedia se entienda tirar de tópicos y de chascarrillos localistas (el sevillano pijito, el tipo de Cuenca con pocas luces).
Lamentamos esta oportunidad desaprovechada porque Rivera yerra en varias cosas. En primer lugar, en un texto que no sabe hacia dónde ir. Tras más de una hora, el público no sabía qué se le estaba contando y se llega a un final atropellado, mal hilvanado y que apunta a una razón familiar escondida para explicar la actuación de cada uno de los personajes. En segundo lugar, los personajes. Solo hay un actor para cuatro o cinco caracterizaciones. El peligro de querer bilocarse cuando uno no puede hacer milagros. El problema viene cuando cada uno de ellos tiene que entrar y salir de escena como alma que lleva el diablo. Los huecos se tienen que rellenar y si no hay otro actor, se abusa de voces en off y de vídeos, que se hicieron pesados e innecesarios para la narración. En tercer lugar, la ausencia de comedia. Esa prisa a la hora de montar escena tras escena hizo perder fuelle a toda la obra, aunque dudamos que en el texto original existiera una huella más persistente de tan difícil género.
Y terminamos con el ritmo. A los 10 minutos de su inicio, pensamos que la representación se nos iba a hacer muy larga. En efecto. No veíamos dinamismo, no veíamos chispa. No ayudaba en nada a tanto cambio de personaje invadidos por la peligrosa sensación de que se nos estaba vendiendo como comedia un sucedáneo. El curso de tu vida fue la insípida quinoa cuando lo que queríamos todos era zamparnos un buen arroz caldoso que nos dejara tiritando... Al menos tiritando sí que salimos con el aire acondicionado. Lo de reirnos, ya lo dejamos para la próxima semana.
Foto: @zuhmalheur
De bi- y el lat. locāre 'colocar', der. de locus 'lugar'.
1. prnl. Dicho de una persona: Hallarse en dos lugares distintos a la vez.
La Iglesia Católica, institución muy ducha en darnos lecciones absolutas de moral en nuestra vida cotidiana, confirma la existencia del milagro de la bilocación, sobre todo en algunos de sus santos más queridos como San Martín de Porres. Lo malo es que luego llegaba Santo Tomás de Aquino, o sea, uno de los suyos, afortunadamente un tipo con una mente más preclara, y negaba tal prodigio de la naturaleza o de la santidad, vaya usted a saber. El caso es que el truquito de magia de la bilocación sigue dando juego a lo largo de los siglos y si no que se lo digan a Íker Jiménez.
El pasado miércoles asistimos en el Teatro Moderno a otro ejercicio de bilocación. O se intentó. La compañía Qué Jarte, nueva por estos lares, aterrizaba en Chiclana de la mano de Pepa Rus en la dirección con un texto de Bernardo Rivera, a la sazón, actor único en este espectáculo. El curso de tu vida trata de desmontar en tono de comedia, ciertos nuevos usos que los ciudadanos (tontos) de este lugar llamado planeta Tierra, nos empeñamos en acometer. En este caso, el hacernos crudiveganos, que ya por el nombre tiene que ser una cosa horrorosa.
El curso de tu vida trata de desmontar todo eso. Trata. No lo consigue. Porque lo que pudiera ser un buen punto de partida para destrozar de forma inmisericorde la mojigatería que el ser humano está demostrando a pasos agigantados, se convierte en un quiero y no puedo, en un montaje plano donde la comedia se ausenta desde el primer momento, a no ser que por comedia se entienda tirar de tópicos y de chascarrillos localistas (el sevillano pijito, el tipo de Cuenca con pocas luces).
Lamentamos esta oportunidad desaprovechada porque Rivera yerra en varias cosas. En primer lugar, en un texto que no sabe hacia dónde ir. Tras más de una hora, el público no sabía qué se le estaba contando y se llega a un final atropellado, mal hilvanado y que apunta a una razón familiar escondida para explicar la actuación de cada uno de los personajes. En segundo lugar, los personajes. Solo hay un actor para cuatro o cinco caracterizaciones. El peligro de querer bilocarse cuando uno no puede hacer milagros. El problema viene cuando cada uno de ellos tiene que entrar y salir de escena como alma que lleva el diablo. Los huecos se tienen que rellenar y si no hay otro actor, se abusa de voces en off y de vídeos, que se hicieron pesados e innecesarios para la narración. En tercer lugar, la ausencia de comedia. Esa prisa a la hora de montar escena tras escena hizo perder fuelle a toda la obra, aunque dudamos que en el texto original existiera una huella más persistente de tan difícil género.
Y terminamos con el ritmo. A los 10 minutos de su inicio, pensamos que la representación se nos iba a hacer muy larga. En efecto. No veíamos dinamismo, no veíamos chispa. No ayudaba en nada a tanto cambio de personaje invadidos por la peligrosa sensación de que se nos estaba vendiendo como comedia un sucedáneo. El curso de tu vida fue la insípida quinoa cuando lo que queríamos todos era zamparnos un buen arroz caldoso que nos dejara tiritando... Al menos tiritando sí que salimos con el aire acondicionado. Lo de reirnos, ya lo dejamos para la próxima semana.
Foto: @zuhmalheur
domingo, 30 de julio de 2017
Música para follar
La de Cosmosoul, por ejemplo... (por cierto, el próximo sábado en La Isla del Blues).
viernes, 28 de julio de 2017
Meridiano Cero. Cénit total
El punto más alto del cielo. Eso es el cénit, así explicado rápido. La vida te pone a pruebas muchas veces y cuando alcanzamos ciertos logros nos sentimos tocando el cielo, en todo nuestro apogeo, rayando el cénit que nos abriga. Pero esa vana sensación de seguridad y felicidad no hay que creérsela. El único secreto del éxito es el trabajo y si pueden añadirle unas gotas de humildad, mucho mejor.
De éxito, de ir poco a poco, no tentando a la suerte, sino yendo sobre seguro, saben mucho en la Familia Palmer, organizadores del Meridiano Cero Festival en la Isla de León. Loable también que un ayuntamiento, en este caso el de San Fernando, colabore en la organización de un evento musical, pequeño sí, pero con ganas de ofrecer alternativas al ocio oficial en esta época de canícula. Y por cierto, no he visto a vecinos isleños quejarse del "ruido" de los músicos. Tampoco a los hosteleros isleños bramar contra el festival. Será cuestión de buen gusto... y de tener cierta cultura.
A lo que íbamos. Sorpresa por el buen cartel y por la "mínima" organización. Todo muy familiar, todo muy cercano, quizás ahí radica el secreto. Y todo bien coordinado entre los dos escenarios del evento que no dejaba lugar para el descanso al respetable que se congregaba en el fantástico Parque del Barrero. Hasta los mosquitos se sumaron a la fiesta sonora donde pegaron buenas dentelladas rockeras las gentes de The Milkyway Express o las calores que nos entran de escuchar a los grandes Nueva Vulcano, tan esperados por el público. Y luego, una pléyade de artistas y bandas que junto a las mencionadas tienen en común una cosa por encima de todas: que buscan la diversión del personal a través de la propia satisfacción sobre el escenario. Así desde las bases de Zines hasta la fiesta de Kill Kill! pasando por Perlita o Los Ganglios, todos cumplieron el axioma a la perfección. El público sonreía. Buena señal.
Y aún más..., las tonalidades. Capas y capas de sonido. Sonido bonito, delicioso, para acariciar hasta no poder más. Sonidos para enamorarse, para bailar, para hacer pogo o para detenerse con una cerveza a descifrar letras, enigmas y sonidos. Apartamentos Acapulco son un poco así, de esto último. Es una de las sensaciones del último año y se están hartando de hacer bolos porque su propuesta llega. Su némesis sónica son los Smokers Die Young, a los que ya conocemos de batallas pasadas y que, sin incidencias técnicas de por medio, hubiesen firmado uno de sus mejores conciertos. Sensacionales a la hora de escoger el tracklist y a la hora de mezclar en la coctelera el hard rock de los 90, con sonidos alternativos que enlazan con la escena actual, estos tres chavales saben lo que se traen entre manos y lo hacen explotar delante de nuestras caras. No puedes quedar impasible ante su trabajo.
Impasible tampoco se queda Mar Gabarre, alma mater de Musgö, proyecto poliédrico de la chiclanera que sabe sacar a su arpa eléctrica toda una panoplia de tonos y sabores que encaja muy bien con una propuesta a medio camino entre el soul, el pop y el rock. Fantástico acompañamiento de guitarra y batería que apuntala un sonido peculiar pero que el buen hacer de Mar hace que suene familiar. Maravillosa su labor de difusión de nuevos instrumentos y nuevas sonoridades.
El apogeo del Meridiano Cero no ha llegado afortunadamente. Es una propuesta a construir que debe seguir la estela marcada. Nosotros lo tenemos claro. Apostamos por ellos.
Fotos: @zuhmalheur
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| Smokers Die Young. |
A lo que íbamos. Sorpresa por el buen cartel y por la "mínima" organización. Todo muy familiar, todo muy cercano, quizás ahí radica el secreto. Y todo bien coordinado entre los dos escenarios del evento que no dejaba lugar para el descanso al respetable que se congregaba en el fantástico Parque del Barrero. Hasta los mosquitos se sumaron a la fiesta sonora donde pegaron buenas dentelladas rockeras las gentes de The Milkyway Express o las calores que nos entran de escuchar a los grandes Nueva Vulcano, tan esperados por el público. Y luego, una pléyade de artistas y bandas que junto a las mencionadas tienen en común una cosa por encima de todas: que buscan la diversión del personal a través de la propia satisfacción sobre el escenario. Así desde las bases de Zines hasta la fiesta de Kill Kill! pasando por Perlita o Los Ganglios, todos cumplieron el axioma a la perfección. El público sonreía. Buena señal.
Y aún más..., las tonalidades. Capas y capas de sonido. Sonido bonito, delicioso, para acariciar hasta no poder más. Sonidos para enamorarse, para bailar, para hacer pogo o para detenerse con una cerveza a descifrar letras, enigmas y sonidos. Apartamentos Acapulco son un poco así, de esto último. Es una de las sensaciones del último año y se están hartando de hacer bolos porque su propuesta llega. Su némesis sónica son los Smokers Die Young, a los que ya conocemos de batallas pasadas y que, sin incidencias técnicas de por medio, hubiesen firmado uno de sus mejores conciertos. Sensacionales a la hora de escoger el tracklist y a la hora de mezclar en la coctelera el hard rock de los 90, con sonidos alternativos que enlazan con la escena actual, estos tres chavales saben lo que se traen entre manos y lo hacen explotar delante de nuestras caras. No puedes quedar impasible ante su trabajo.
Impasible tampoco se queda Mar Gabarre, alma mater de Musgö, proyecto poliédrico de la chiclanera que sabe sacar a su arpa eléctrica toda una panoplia de tonos y sabores que encaja muy bien con una propuesta a medio camino entre el soul, el pop y el rock. Fantástico acompañamiento de guitarra y batería que apuntala un sonido peculiar pero que el buen hacer de Mar hace que suene familiar. Maravillosa su labor de difusión de nuevos instrumentos y nuevas sonoridades.
El apogeo del Meridiano Cero no ha llegado afortunadamente. Es una propuesta a construir que debe seguir la estela marcada. Nosotros lo tenemos claro. Apostamos por ellos.
Fotos: @zuhmalheur
jueves, 27 de julio de 2017
Triple salto mortal
"¡Señoras y señores! ¡Sean bienvenidos al Gran Circo de Purito Beeeeeeníteeeeeez!
(Redoble de tambor y chasqueo de platillos).
En la función de hoy les ofreceremos lo mejor de lo mejor, el gran espectáculo del circo en vivo y en directo. Sin trampa ni cartón. Vivirán sensaciones alucinantes, sentirán de cerca el furor de mil fieras carnívoras, conocerán a nuestros afamados artistas, pasearán por el alambre de las emociones fuertes y reirán... Reirán como nunca han reído.
En primer lugar, amado público, desearía presentarles a la gran estrella de la función. Un hombre que con su fuerza extrema es capaz de... Un segundo... Querido público, mantengan la calma y ocupen sus localidades. Estamos experimentando pequeños problemas con la sujección de la carpa a consecuencia del aire que se está levantando. ¡Oh, cielos! La escasa brisa se ha convertido en gran tornado y ha despedido a aquella señora del pelo azul de su asiento. ¡Pero no se vaya, señora! ¡Señora!".
El año del gran tornado. Fue hace muchos años y aparte de despeinarnos el flequillo provocó una multitud de acontecimientos que se cuentan de forma detallada en la nueva obra que ha estrenado la insigne Compañía Furtiva de Teatro en su teatro intermitente de La Bodega de Artistas. La obra se llama así: El año del gran tornado.
Todo comienza con vientos aunque nunca llegan las tempestades porque supieron ser domadas por la voluntad y el buen hacer de la compañía, encarnada en los intérpretes sin obviar el maravilloso trabajo de Jimi Cobeña a los mandos técnicos. Carlos C. Laínez (autor del libreto) y Mili Lora no confirman las expectativas de Carta de mamá, su primer trabajo; las superan. Y lo hacen con un texto mucho más madurado y repensado, un planteamiento mucho más lírico y cercano a la temática circense tan del gusto de Laínez. Un punto de partida que se acompasa a las mil maravillas con un tour de force interpretativo que necesita de un absoluto control de la escena en cuanto a marcas, uso de la escenografía, atrezo, iluminación y música y que forja su éxito en un fantástico conocimiento de los personajes por parte de los actores. Y todo eso, lo tiene este nuevo montaje al que asistimos hace unos días.
¡Ah, los actores! Esa casta de la farándula tan preñada de divismos y que solo quieren aplausos. Pero los chicos de La Furtiva los merecen porque en lugar de intentar repetir éxito con una clonación de lo que hicieron hace un año, se aventuran a meter la cabeza en las fauces de la fiera y salen vivitos y coleando. Más personajes para Carlos y Mili, con atinados gestos y actitudes que hacen diferenciar con claridad cada una de las máscaras, a pesar del furibundo ritmo imprimido a la obra desde el minuto uno (cambios de vestuario incluidos). Se nota ahí la mano maestra de Mili Lora que con su primera caracterización marca la senda. Y es que el ritmo, cosa fundamental para todo aquel que se dedique al teatro, es uno de los logros de esta función superlativa con la que se supera esa Carta de mamá de la que fuimos destinatarios hace unos meses apenas. El año del gran tornado da más: en creación literaria y dramatúrgica, en puesta en escena, en pasión por los personajes, en la inclusión de herramientas para hacer más rica la función (ese número musical tan divertido como bello a cargo de Laínez justo a mitad de obra) y en duración, aunque apenas se nota pues el rato es gozoso y evidencia lo que ya barruntamos hace un tiempo, que la Compañía Furtiva de Teatro es una esplendorosa realidad en el mundillo teatral de Cádiz y prueba de ello es que se los están rifando en municipios vecinos para verlos en acción.
Naturalmente, la obra ganará en precisión y en riqueza en la caracterización de los personajes (aunque en este caso, el trabajo está más que pulido), así que les animamos a que los vean una vez... o dos... o tres, porque algo tiene de adictivo La Furtiva. Quien prueba repite, más de una vez y eso evidencia el amor y el mimo con el que Mili Lora y Carlos C. Laínez han preparado desde hace meses este nuevo proyecto teatral que desde ya es la sensación del verano chiclanero. Por eso no pueden ustedes perdérselo. ¿Cómo pueden adquirir sus boletos para asistir a la función del Gran Circo Purito Benitez, protagonista de El año del gran tornado? Fácil: llamen al 605583332 o al 615100691 y ahí les informarán de fechas, horarios y disponibilidad. Recuerden que el espacio es pequeño pero acogedor y se encuentra situado en La Bodega de Artistas (calle La Vid, 14). Cuando estén tomando la cerveza fresquita post obra, podrán ustedes debatir con los artistas, que para entonces habrán salido vivos del triple salto mortal con el que han mantenido el corazón en un puño de los asistentes durante una hora y pico.
Si es que por algo lo llaman el mayor espectáculo del mundo, oiga.
Fotos: @zuhmalheur
(Redoble de tambor y chasqueo de platillos).
En la función de hoy les ofreceremos lo mejor de lo mejor, el gran espectáculo del circo en vivo y en directo. Sin trampa ni cartón. Vivirán sensaciones alucinantes, sentirán de cerca el furor de mil fieras carnívoras, conocerán a nuestros afamados artistas, pasearán por el alambre de las emociones fuertes y reirán... Reirán como nunca han reído.
En primer lugar, amado público, desearía presentarles a la gran estrella de la función. Un hombre que con su fuerza extrema es capaz de... Un segundo... Querido público, mantengan la calma y ocupen sus localidades. Estamos experimentando pequeños problemas con la sujección de la carpa a consecuencia del aire que se está levantando. ¡Oh, cielos! La escasa brisa se ha convertido en gran tornado y ha despedido a aquella señora del pelo azul de su asiento. ¡Pero no se vaya, señora! ¡Señora!".El año del gran tornado. Fue hace muchos años y aparte de despeinarnos el flequillo provocó una multitud de acontecimientos que se cuentan de forma detallada en la nueva obra que ha estrenado la insigne Compañía Furtiva de Teatro en su teatro intermitente de La Bodega de Artistas. La obra se llama así: El año del gran tornado.
Todo comienza con vientos aunque nunca llegan las tempestades porque supieron ser domadas por la voluntad y el buen hacer de la compañía, encarnada en los intérpretes sin obviar el maravilloso trabajo de Jimi Cobeña a los mandos técnicos. Carlos C. Laínez (autor del libreto) y Mili Lora no confirman las expectativas de Carta de mamá, su primer trabajo; las superan. Y lo hacen con un texto mucho más madurado y repensado, un planteamiento mucho más lírico y cercano a la temática circense tan del gusto de Laínez. Un punto de partida que se acompasa a las mil maravillas con un tour de force interpretativo que necesita de un absoluto control de la escena en cuanto a marcas, uso de la escenografía, atrezo, iluminación y música y que forja su éxito en un fantástico conocimiento de los personajes por parte de los actores. Y todo eso, lo tiene este nuevo montaje al que asistimos hace unos días.
¡Ah, los actores! Esa casta de la farándula tan preñada de divismos y que solo quieren aplausos. Pero los chicos de La Furtiva los merecen porque en lugar de intentar repetir éxito con una clonación de lo que hicieron hace un año, se aventuran a meter la cabeza en las fauces de la fiera y salen vivitos y coleando. Más personajes para Carlos y Mili, con atinados gestos y actitudes que hacen diferenciar con claridad cada una de las máscaras, a pesar del furibundo ritmo imprimido a la obra desde el minuto uno (cambios de vestuario incluidos). Se nota ahí la mano maestra de Mili Lora que con su primera caracterización marca la senda. Y es que el ritmo, cosa fundamental para todo aquel que se dedique al teatro, es uno de los logros de esta función superlativa con la que se supera esa Carta de mamá de la que fuimos destinatarios hace unos meses apenas. El año del gran tornado da más: en creación literaria y dramatúrgica, en puesta en escena, en pasión por los personajes, en la inclusión de herramientas para hacer más rica la función (ese número musical tan divertido como bello a cargo de Laínez justo a mitad de obra) y en duración, aunque apenas se nota pues el rato es gozoso y evidencia lo que ya barruntamos hace un tiempo, que la Compañía Furtiva de Teatro es una esplendorosa realidad en el mundillo teatral de Cádiz y prueba de ello es que se los están rifando en municipios vecinos para verlos en acción.
Naturalmente, la obra ganará en precisión y en riqueza en la caracterización de los personajes (aunque en este caso, el trabajo está más que pulido), así que les animamos a que los vean una vez... o dos... o tres, porque algo tiene de adictivo La Furtiva. Quien prueba repite, más de una vez y eso evidencia el amor y el mimo con el que Mili Lora y Carlos C. Laínez han preparado desde hace meses este nuevo proyecto teatral que desde ya es la sensación del verano chiclanero. Por eso no pueden ustedes perdérselo. ¿Cómo pueden adquirir sus boletos para asistir a la función del Gran Circo Purito Benitez, protagonista de El año del gran tornado? Fácil: llamen al 605583332 o al 615100691 y ahí les informarán de fechas, horarios y disponibilidad. Recuerden que el espacio es pequeño pero acogedor y se encuentra situado en La Bodega de Artistas (calle La Vid, 14). Cuando estén tomando la cerveza fresquita post obra, podrán ustedes debatir con los artistas, que para entonces habrán salido vivos del triple salto mortal con el que han mantenido el corazón en un puño de los asistentes durante una hora y pico.
Si es que por algo lo llaman el mayor espectáculo del mundo, oiga.
Fotos: @zuhmalheur
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