jueves, 11 de diciembre de 2014

1999


Putas ganas de seguir el show
ni de continuar mintiendo
y en un travelling algo veloz
sale un "fin" en negro.





Peter Pain




I don’t want to be crippled and cracked
Shoulders, wrists, knees and back
Ground to dust and ash
Crawling on all fours
When you’ve got to feel it in your bones
When you’ve got to feel it in your bones
Now I can’t climb the stairs
Pieces missing everywhere
Prozac painkillers
When you’ve got to feel it in your bones
When you’ve got to feel it in your bones
And I used to fly like Peter Pan
All the children flew when I touched their hands
When you’ve got to feel it in your bones
When you’ve got to feel it in your bones


No quiero estar lisiado.
Hombros, muñecas, rodillas y espalda.
Reducido a polvo y cenizas,
arrastrándome a gatas.
Cuando debías haberlo sentido en carne viva.
Cuando debías haberlo sentido en carne viva.
Ahora no puedo subir escaleras.
Piezas que faltan en todas partes.
Analgésicos Prozac.
Cuando debías haberlo sentido en carne viva.
Cuando debías haberlo sentido en carne viva.
Solía volar como Peter Pan.
Los niños volaban al tocarles las manos.
Cuando debías haberlo sentido en carne viva.
Cuando debías haberlo sentido en carne viva.

Bones. Radiohead.



miércoles, 10 de diciembre de 2014

Reservoir pics VIII

Padre e hijo.




martes, 9 de diciembre de 2014

Acordes y acuerdos

Siente la punzada de la música dentro de tí, cerca del corazón. Que se te remuevan las tripas. No escuches con los oídos, trata de que se te meta dentro y deja la mente en blanco.

Así me enseñaron a escuchar música, sea el género que sea, aunque sirve especialmente para aquellos a los que menos acostumbrados estamos. Lo bueno es que eso me lo dijeron a mi (y a mis compis de clase) hace ya más de veinte años y me ha servido como guía para enfrentarme a desafíos sonoros.

Porque de desafío sonoro cabe calificar The Musgö Project, la propuesta musical y sensitiva de Mar Gabarre que presentó el sábado pasado en el Teatro Moderno. Un recorrido por su primera maqueta que intercaló con videoproyecciones y recitado de algunos poemas propios. Mar llevó hasta el Moderno los sonidos de su arpa paraguaya y los matices de una voz que combina tonalidades aguerridas con otras más delicadas, complemento ideal para un instrumento que no cansa al oído pero que resulta el compañero ideal del cancionero de la artista chiclanera porque en ocasiones llena la estancia donde es tocado. Así ocurrió en el Moderno y así lo pudimos sentir. Lástima que el espectáculo quedara algo deslucido en los cambios entre canción y canción. Algún acompañamiento musical (previsto, pero que al final no pudo concretarse), mientras Mar se preparaba para el siguiente número, habría dado mayor continuidad, coherencia y sintonía a un concierto que tuvo momentos líricos excitantes cuando el arpa se convertía en protagonista, pero que decaía algo cuando la cantante empuñaba la guitarra (aunque en estos números, la voz emergía como protagonista).

Sin embargo, el repaso que hizo a su maqueta nos dejó muestras de lo poderosa que puede llegar a ser esta artista si su empeño en dar un hueco al arpa en la música popular llega a cuajar, algo de lo que no dudamos en absoluto. Temas como Mama told me o Don't look back sonaron poderosos en escena, y en esencia los seis temas que conforman su primer trabajo nos hacen pensar en que Mar Gabarre se ha quedado corta en sus aspiraciones. Demuestra una pulsión de artista excitante y que el desarrollo de sus derroteros musicales con el arpa están aún por escribirse.

De acuerdo estamos en que la música de Mar Gabarre vuela alto, que hay que escucharla sin prejuicios, con ganas de experimentar. Solo así llegaremos a la sensación de que los acordes nos suenen plenos de significado. Solo nos queda animar y aplaudir a los artistas que, como Mar, se dedican a patearse caminos tan tortuosos, pero a la vez, interesantes.




lunes, 8 de diciembre de 2014

Ese 8 de diciembre de hace diez años

Unos días antes estaba un poco deshecho. Más bien hecho... hecho mierda. Había cerrado una etapa genial en mi vida. La había dejado atrás porque había que renovarse, hacer otras cosas, mirar hacia delante y no estancarse, pero me vi sumergido en ciertas decisiones poco afortunadas. A decir verdad, todo lo que hice en esos días fue beneficioso, aunque no demasiado lucrativo. No lo puedo remediar, le tengo gusto a la cosa crematística porque me da para sobrevivir.

Unos días antes estaba un poco deshecho, pero una llamada me alegró. Estaba viendo en mi casa Yo, robot (esa decepcionante adaptación de los relatos de Asimov) y hablar con Miguel fue como si me dieran un billete gratis para viajar en el Halcón Milenario surcando el hiperespacio. Al día siguiente, 8 de diciembre (festivo para más señas), debía estar con lápiz y papel en el Campo Municipal de Deportes. Partidazo del grupo X de Tercera División entre el Chiclana CF y el Betis B. ¿Así, Miguel, sin anestesia? Sin anestesia y con frío. Ese fue mi primer día "oficial" trabajando para Chiclana Información, el lugar donde me forjé como periodista, donde aprendí el oficio, donde me la pegué algunas veces, pero donde salimos triunfantes unas cuantas más.

La modesta pero inexplicablemente acogedora redacción del Información no era nueva para mi. Desde hacía un tiempo ejercía de columnista gracias a la amistad que mantenía con uno de los trabajadores de esa santa casa. Jesús Aragón fue el que me introdujo en ese mundo y el que me presentó a Miguel Verdugo, mi jefe desde aquel día. Congeniamos bien los tres y el aburrimiento y el no tener mejor cosa que hacer, provocaba que pasara mucho rato por allí. Eso, y que tenía internet gratis.

Pero volvamos a esa fría tarde de fútbol. Llego al Municipal y me presento. Me hacen poco caso, excepto algunos conocidos como Antonio Verdugo, entonces director de Radio Chiclana, que me ayudan a integrarme un poco. Pero lo importante no era hacer amigos, era salir del paso ese día. Chiclana y Betis B empataron a cero en un partido malísimo. Así que si seguía en el puesto después de la primera crónica, eso era lo que me esperaba. Fútbol de Tercera.

La redacción de Deportes del Información y dos ciclistas...

El gran Paco Muriel, fotógrafo del Información, me dio la tarjeta de memoria de la cámara y salí pitando en cuanto terminó el partido. Miguel me esperaba en la redacción. Me ayudaría a enviar la crónica a través del servidor, además de socorrerme en temas de maquetación y fotografía. Elegimos el diseño de página y empecé a escribir, mientras en Jerez (donde estaba la rotativa y donde aún está) se impacientaban porque mi página no llegaba. Tengo la sensación de que tardé mil años en acabar la crónica de un partido insulso que ni siquiera me dio la oportunidad de narrar un gol. Después haría cientos de crónicas en diez minutillos. Ese día repartí ceros a discreción entre casi todos los jugadores (ahí empezó mi fama de polémico en el mundo del deporte chiclanero) y después de corregir, aprender el sistema de guardado de páginas, fotos, etcétera, mandamos la crónica de ese interesantísimo choque. Fin de mi primera jornada laboral. Miguel se fue y yo me quité un peso de encima. Al día siguiente volvería...

Tras eso vinieron cuatro años de periodismo. Una carrera acelerada, examinándome cada día en cada especialidad: reportaje de investigación, entrevistas, crónica cultural, mucho deporte, mucha calle, ruedas de prensa inanes, llamadas telefónicas para buscar temas, enfrentamientos (algunos públicos y otros privados), muchos amigos y una intensa labor social que el Información desarrolló durante esos años, primero teniendo como compañero redactor a Jesús y luego a Ana Rodríguez para finalizar con Felipe Bello. Muriel también pululaba por allí como nuestro referente gráfico a pesar de que nos habían dado cámaras para hacer el trabajo que solo un fotógrafo sabe hacer. Al frente de la nave, Miguel y su habitual, su habitual... bueno, Miguel Verdugo es Miguel Verdugo. Se le quiere, y punto. Y yo en especial, le quiero porque me dio esa oportunidad en un momento jodido, porque me enseñó todo lo que sé de periodismo y porque diez años después sigue siendo amigo mio. Y mira que algún que otro desaire tuvimos a cuenta de según qué tipo de informaciones publicábamos, pero mientras fuera eso...

Falta Felipe Bello... pero es que se dejaba retratar poco. Además, llegó más tarde.

Podría llevarme horas escribiendo sobre mis recuerdos del Información. Tantas como todos los que trabajamos en ese proyecto le echamos a levantar un periódico que durante un tiempo supo ser el que publicara las noticias más jugosas de una Chiclana que vivía tiempos convulsos. El todopoderoso Diario de Cádiz tuvo que inclinar muchos días la cabeza ante un trabajo bien hecho en una redacción pequeñita que casi fue nuestra casa durante esos años. Ojalá se volvieran a vivir esos tiempos porque en este caso, el tiempo pasado sí que fue mejor.

Y todo eso empezó un 8 de diciembre. Hoy hace diez años...



domingo, 7 de diciembre de 2014

Reservoir pics VII

¡Tú!




sábado, 6 de diciembre de 2014

Reservoir pics VI

Pájaros de mucho cuidado.




viernes, 5 de diciembre de 2014

Oliva Sabuco. El olvido y la razón

Podría haber sido una mujer más. Una mujer del siglo XVI, de esas que por ser simplemente mujer, no eran nada. Pero Oliva eligió ser mujer y persona, y por ello tiró de rebeldía para enfrentarse a su mundo desde un pequeño pueblo de la Sierra del Segura para convertirse en una de las más eminentes humanistas que España ha dado.


La historia de Oliva Sabuco es injusta por el desconocimiento que existe sobre ella. El hecho de ser mujer ha pesado mucho en esta jugarreta que la Historia le impuso: el eliminar su rastro del olimpo de grandes nombres de la ciencia. Quizás también jugó en su contra el hecho de la controversia sobre sus logros. De nuevo, el hecho de ser mujer hizo que se quisiera negar la evidencia.

Pero, ¿quién fue Oliva Sabuco? En Albacete empecé a saber de ella. Un instituto de Secundaria lleva el nombre del padre. Leí algo sobre su vida en algún texto publicado por el Instituto de Estudios Albacetenses y luego me encontré con una referencia a su nombre en La habitación de Fermat, una película de hace unos años. Oliva no fue una mujer de su tiempo, porque ella supo ir más deprisa que los años que le tocó vivir. Oliva Sabuco es una humanista, concepción que creo atinada para describir los múltiples logros de una mujer que debe desprenderse del halo de olvido que le sobrevuela.

Hablamos de una España en la que reina Felipe II. La España imperial, donde no se ponía el Sol, donde gobernaba un rey a medio camino entre las tinieblas de sus profundas creencias católicas y su incesante cabezonería por saber y aprender. Porque el segundo de los Habsburgo que reinó en este país, por mucho que la Leyenda Negra inspirada por Guillermo de Orange quisiera ocultar, era un tipo ilustrado. En el retrato que Henry Kamen hizo de este monarca (Felipe de España, Ed. Siglo XXI, 1997), se ve a un rey preocupado por los avances de su época aunque la balanza se inclinara hacia un fanatismo e intolerancia justificada por su propensión a hacerle demasiado caso a la curia vaticana.

En ese contexto, el Renacimiento español llegó, se quedó un poquito, caló algo y se fue tal y como había venido. El aire fresco en la ciencia y las artes impregnó más a las segundas que a la primera, aunque de nuevo tuvimos que lamentar otra ocasión perdida para España. Da igual, estamos acostumbrados a perder trenes constantemente.

Quien sí se subió al tren renacentista fue una joven acomodada nacida en el seno de una familia radicada en Alcaraz (Albacete). Oliva Sabuco se aprovechó de un ambiente único en el seno familiar. La relación de su padre, un potentado boticario que luego probó suerte en la carrera política (fue procurador síndico y letrado), con los humanistas Pedro Simón Abril y Luis Vives, hizo que la joven Oliva se educara en casa bajo las enseñanzas de tan distinguidos preceptores y bajo el abrigo de una muy buena biblioteca en la que estuvo arropada por lecturas clásicas. Acudía regularmente a las tertulias ilustradas del pueblo donde completó enseñanzas y sin pisar suelo universitario se convirtió en una de las mentes más preclaras del país casi sin proponérselo.


Tan solo cuatro años después de desligarse de la tutela de Simón Abril, Oliva publicó en 1586 la Nueva Filosofía de la naturaleza del hombre, no conocida ni alcanzada de los grandes filósofos antiguos, la cual mejora la vida y salud humana. Compuesta por doña Oliva Sabuco. En resumidas cuentas, la Nueva Filosofía, un manual científico-filosófico y de medicina que Sabuco tardó menos de cuatro años en pergeñar y escribir, bajo la amenaza de una sociedad oscurantista y del riesgo de persecución religiosa. La Inquisición campaba a sus anchas y Oliva lo tenía todo para ser señalada: mujer y con "peligrosas ideas". Tan peligrosas como crear un corpus conceptual que atacaba la medicina tradicional procedente de las enseñanzas de Aristóteles, Hipócrates y Galeno.

Pero, ¿fue realmente Oliva Sabuco la autora de la Nueva Filosofía? Algunos autores lo discuten y se lo atribuyen a su padre Miguel, aunque los estudios más fiables y la lógica imperante, implican que fue la propia Oliva la responsable del texto. Su padre, únicamente trató de protegerla del Santo Oficio y para que no quedara "de mentirosa frente al Rey y la Inquisición". Luego, una rencilla familiar y el influjo de su segunda mujer, hizo que Miguel Sabuco impusiera la idea de que fue él el verdadero autor de la obra, aunque como ya he comentado, quedó desautorizada esta idea por postreras investigaciones.

Y es que no es baladí el debate sobre la autoría de una obra que es el culmen de la ciencia y la investigación a finales del XVI y principios del XVII: ideas novedosas sobre medicina, higiene y filosofía, demuestran una suma de conocimientos y una sagacidad poco comunes, especialmente en la manera sobre cómo atajar epidemias, observaciones sobre la circulación de la sangre (escasamente 30 años después de la muerte de Miguel Servet, quemado en la hoguera por sus investigaciones hematológicas), la localización del alma en el cerebro estableciendo una primacía orgánica de la masa gris sobre los testículos (según exponía Galeno), entre otras aportaciones singulares. La Iglesia, como es lógico, empezó a poner su vista sobre la Nueva Filosofía y Oliva Sabuco.

Sin embargo, ni la Iglesia ni la cerrazón social impidió que el tratado escrito por Oliva empezara a difundirse. Ediciones en Madrid, en Lisboa, en Braga... dieron fama a una obra que incluso vaticinó con siglos de antelación aspectos novedosos en las ramas de la Zoología (al hablar de que los animales comparten con los humanos cierta vida afectiva) y la política. Es curioso que en la parte de la Nueva Filosofía llamada Tratado de las cosas que mejoran la república, Sabuco hablara de la importancia del conocimiento de la naturaleza humana para el desarrollo de la política. Muy actual, como pueden ver.


La poderosa huella de Oliva Sabuco y de su Nueva Filosofía llega hasta hoy. En los últimos años han sido varias las monografías y los estudios dedicados a su figura y a su obra, incluso alguno llegado desde Estados Unidos, donde se publicó en 2007 por primera vez en inglés, la obra de Oliva Sabuco. A pesar de intentos últimos por hacer ver que fue Miguel y no Oliva, el autor de la Nueva Filosofía, las investigaciones más fehacientes sobre el contexto social y familiar de los Sabuco, indican que Oliva, a pesar de ser mujer en esa oscura España, tuvo la valentía y los conocimientos precisos para edificar una obra monumental. Una obra que nos ha llegado hasta nuestras días con plena vigencia y con la fuerza de una mujer memorable.

Démosle su sitio en la Historia.



jueves, 4 de diciembre de 2014

Reservoir pics V

Mi psicoanalista me advirtió de tu bisexualidad, pero eras tan guapa que cambie de psicoanalista.




miércoles, 3 de diciembre de 2014

El tipo duro que aprendió a tocar corazones


Querido Clint: Antes que nada, felicitarte por tus 84 primaveras tan bien llevadas, que llegar ahí es un logro. Desprendido del aroma de la cortesía, quiero enviarte con estas letras el deseo de que sean otros tantos años los que vivas para poder seguir maravillándonos con tu maestría. Queremos seguir viendo al Clint canalla de El sargento de hierro o El principiante, al Clint crepuscular de El jinete pálido o Sin perdón, al Clint implacable vestido de Harry Callahan, al Clint sentimental (sí, señores, él también sabe hacerlo), de Los puentes de Madison.


Es un deseo de muchos el que sigas al pie del cañón ofreciéndonos películas que se convertirán en obras maestras o no, pero que a buen seguro, darán que hablar porque eres CINE. Representas eso que ha dado en llamarse "la fábrica de sueños". Da igual que fueras vestido con ajado poncho, con traje de corte setentero, con atuendo de predicador con el alma atravesada por disparos lejanos o liándote a mamporros al lado de un simio gigante. Los que has hecho por nosotros no tiene precio. Nos has alegrado el día, nos enseñaste que el mundo se divide entre los que cavan y los que tienen un revólver (y que es mejor tener uno a mano y no necesitarlo, que necesitarlo y no tener uno a mano), y que los días de suerte son aquellos en que no tienes delante una Magnum 44.

Todo esto (y más) es Clint Eastwood, el tipo duro que creó escuela en las películas del Oeste de Sergio Leone y que, años después, se reinventó como analista minucioso de los sentimientos más intensos. El último gran clásico del cine.

De Almería al estrellato
Eastwood y su rostro impenetrable dieron clase al spaguetti western y convirtieron en icónica la imagen del sombrero, el poncho y el cigarrillo puro zurcido a la comisura de los labios en una trilogía para la historia: Por un puñado de dólares (1964), La muerte tenía un precio (1965) y El bueno, el feo y el malo (1966).

Esos papeles le llegaron después de protagonizar algunos filmes de serie B y encarnar durante siete años a Rowdy Yates en la popular serie estadounidense Rawhide, también ambientada en el Oeste. “Estaba cansado de interpretar al vaquero ejemplar”, reconoció el propio actor. “El héroe de Leone era diferente. Una figura enigmática con tonos satíricos que funcionaba en el contexto de la película”, añadió.

Con el último filme de la saga de Leone su fama se disparó y entró de lleno en el firmamento de Hollywood, lo que le permitió trabajar en varias ocasiones con Don Siegel (La jungla humana, 1968; Dos mulas y una mujer, 1970, y sobre todo El seductor, 1971), del que aprendió varias de las claves que posteriormente desarrollaría como cineasta. Y también su economía de medios, ya que Siegel se caracterizó por trabajar con presupuestos ajustados y tomas a la primera, señales patentes en el cine del Eastwood director. En ese mismo año debutó tras las cámaras con el thriller Escalofrío en la noche (1971), donde ya dejaba pistas sobre los terrenos pantanosos y perturbadores que le atraían como narrador, e interpretó uno de los papeles más recordados de su carrera: el del taxativo inspector de policía Harry Callahan y su Magnum 44 en Harry el sucio, de nuevo a las órdenes de Siegel, que vería hasta cuatro secuelas.

Sin embargo, el tándem con el director recogería sus mejores frutos en la mítica La fuga de Alcatraz (1979). En los 80 se volcó en su faceta como realizador y de ahí salieron éxitos como la cuarta parte de la saga de Harry Callahan, llamada Impacto súbito (1983) que a mi particularmente me encanta, o las recordadas El jinete pálido (1985) y El sargento de hierro (1986). Y cuando todos pensaban que el declive de Eastwood había llegado, el larguirucho californiano se reveló como uno de los autores más importantes del último cine estadounidense.

Premios
Ganó dos premios Oscar, a la mejor película y al mejor director, por Sin perdón (1992), en su primera colaboración con su amigo íntimo Morgan Freeman. Eastwood dedicó el filme en los títulos de crédito a Siegel y Leone.

Doce años después repitió éxito gracias a Million dollar baby, además de ser candidato en esas categorías por Mystic River en 2002 y Cartas desde Iwo Jima en 2006, en las que incluso se animó a componer la banda sonora, sustituyendo a su inseparable Lennie Niehaus.

Desde que filmara en 1988 Bird, la biografía sobre el saxofonista Charlie Parker, Eastwood sorprendió con una voz y estilo propios, encadenando trabajos de hondo calado emocional y reflexiva emoción. Logró, incluso, el milagro de enamorar a la reina del drama, Meryl Streep, en Los puentes de Madison (1995), que sí tios, es un peliculón.

Quién se lo iba a decir a ese bebé que pesó más de seis kilos al nacer en San Francisco, hijo de dos trabajadores de una fábrica, y que se libró de ir a la guerra en Corea, confinado en el cuartel como instructor de natación.

El mismo que tuvo cinco hijos con siete mujeres -se casó con Maggie Johnson y Dina Ruiz, con quien vivía desde 1996 y de la que se separó en 2013- y que manifestó que Gran Torino (2008) sería su testamento como actor, pero no, luego ha hecho otras... Eso sí, su carrera como director no cesa. Thriller sobrenaturales, testimonios costumbristas, biopics...

El mundo del cine, no obstante, se resiste a creer que ya no volverá a ver a Eastwood en la gran pantalla. Ese tipo de gesto hosco que pronunció frases para la posteridad tiene que volver. Necesitamos una garantía de ello, aunque seguro que él nos diría que si queremos una garantía, nos compremos un tostador.



martes, 2 de diciembre de 2014

Reservoir pics IV

Stanley Kubrick. Fotógrafo. Años 40. Revista Life.




lunes, 1 de diciembre de 2014

Take the money and run


15.750 euros. Eso es lo que se van a repartir las asociaciones y entidades culturales que solicitaron acogerse al programa de ayudas municipales. En concreto, once colectivos que presentaron su solicitud, programa, proyecto, lo que sea.

Me voy al pie de la letra. A la literalidad de lo que pide el Ayuntamiento a estas entidades: "La dotación de estos fondos sirve para intensificar el apoyo que desde Cultura se quiere dar a las diferentes actividades culturales que se llevan a cabo en Chiclana". Dicho de otra forma, dinero para aquellos colectivos que trabajen en pro de la cultura. Cultura... cultura, eh... Cultura como los toros. Una escuela taurina ¡municipal! y una peña ídem (que tiene la misma denominación y me juego el cuello a que la misma directiva) son beneficiarias de estas ayudas. Dos entidades (¿o una?) que se dedican a la muy elevada actividad cultural de los toros que se llevan no una, si no dos subvenciones.

Toros y... sí lo han adivinado. Mundo cofrade, capillitas y religiosos en general. Tres subvenciones para tres entidades que se dedican también a la muy elevada actividad cultural de la creencia en Dios. En el Dios católico, claro. Una peña de costaleros que todos los años hacen su "semana cultural"; una asociación que hace una exposición de carteles de Semana Santa y una asociación juvenil cuya subvención irá destinada a (y copio literalmente de la nota de prensa enviada por el equipo de Gobierno) "la segunda fase de restauración de San Juan Bautista". Suponemos que una talla del santo y no del templo en sí, porque si no, no sé qué puñetas pinta el Obispado en eso de "conservar el patrimonio eclesiástico". Ah no, que eso lo hacen el Estado o las autonomías con fondos de todos para el culto de unos pocos. En fin...

Lo que decía. Dos colectivos (¿o uno?) taurinos y tres entidades de corte religioso que se llevan los jurdós destinados a la promoción y el fomento de la cultura. Y luego algunos nos quejamos que no hay dinero para el teatro... ni para el Conservatorio... ni para comprar libros en la (única) Biblioteca... ni para la Banda de Música... ni para crear una filmoteca o un cine-club... ni para descentralizar la programación cultural... ni para tantas otras cosas...

Menos mal que sabremos más de toros y del Dios católico.